EL BLOG DE LA BIBLIOTECA "IRENE VALLEJO" DEL IES GOYA DE ZARAGOZA


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martes, 4 de abril de 2017

Leer tiene premio



Ada Monleón Burguete, alumna de 1º C de ESO, ha sido la afortunada en el sorteo del libro correspondiente al segundo trimestre del curso. Esta mañana ha recogido el premio de manos de la directora.

¡Enhorabuena, Ada! Esperamos que te guste la novela y confiamos en que sigas siendo una usuaria habitual de la biblioteca.

domingo, 2 de abril de 2017

"Vientos del pueblo me llevan", de Miguel Hernández


Ortiz  Echagüe, Remero vasco


VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpago,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

            De Viento del pueblo, 1937

El pasado 28 de marzo se cumplieron 75 años de la muerte del poeta Miguel Hernández (1910-1942).

M. Hernández, ante soldados del ejército republicano
(T.I.F. Fotos)
En los años treinta se produce una rehumanización de la poesía de Miguel Hernández, especialmente en la poesía compuesta durante la Guerra Civil. La de estos años es una poesía abiertamente comprometida, en la que se pasa de la intimidad lírica, del yo, al nosotros de la colectividad de la que precisamente surge el poeta, como expresa Miguel Hernández en la dedicatoria a Vicente Aleixandre de su libro Viento del pueblo (1937):
Vicente: a nosotros, que hemos nacido poetas entre todos los hombres, nos ha hecho poetas la vida junto a todos los hombres. Nosotros venimos brotando del manantial de las guitarras acogidas por el pueblo, y cada poeta que muere deja en manos de otro, como una herencia, un instrumento que viene rodando desde la eternidad de la nada a nuestro corazón esparcido.
El poeta, comprometido con la causa republicana, se alista como voluntario y recorre los frentes organizando actividades culturales y recitando versos. Así nace Viento del pueblo, en cuyos poemas el poeta quiere ser la voz de todos los hombres, pues para Miguel Hernández la poesía nace del pueblo y es el poeta quien convierte la voz del pueblo en materia poética, como se desprende de estas palabras del prólogo: "Los poetas somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplando a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas ".

Está compuesto por veinticinco poemas que surgen al hilo de los acontecimientos y se
publican en diferentes revistas antes de ser reunidos en el libro. Escritos en los primeros meses de la contienda, en ellos predomina el entusiasmo, el optimismo, la confianza en la victoria. El libro se abre con "Elegía primera", dedicada a Federico García Lorca, y continúa con un conjunto de composiciones en las que abundan las de tono épico y combativo, pero no faltan intensos poemas de amor como la "Canción del esposo soldado". Alternan las composiciones en versos octosílabos (sobre todo romances), tan abundantes en la poesía popular, con las composiciones en versos largos, de ritmo lento e incluso solemne, preferentemente alejandrinos. El lenguaje es sencillo y directo, pero conserva expresivas imágenes, así como diversos recursos característicos de su poesía.

El poema elegido, que da título al libro, fue publicado por primera vez el 2 de octubre de 1936 en la revista El  Mono Azul. Se trata de una arenga, una llamada a los diferentes pueblos de España (citados en una larga enumeración) en respuesta a aquellos que "quieren echar un yugo sobre el cuello de esta raza". El toro, símbolo recurrente en la poesía hernandiana, se convierte aquí, junto al águila y el león, en símbolo del valor y de la rebeldía contra el opresor, y se opone al buey, representación de quienes se conforman con vivir bajo el yugo de la dominación.
   El poema gozó de enorme popularidad en nuestro país durante los años setenta del pasado siglo, a lo que contribuyeron las versiones de algunos grupos musicales como 'Los lobos' o 'La bullonera'. 



Puedes leer otros poemas del autor en este blog:

-"Antes del odio": AQUÍ.
-"Me llamo barro aunque Miguel me llame": AQUÍ.
-"Las abarcas desiertas": AQUÍ.
-"Las nanas de la cebolla: AQUÍ.

miércoles, 29 de marzo de 2017

"El niño que se comía las palabras", un microrrelato de Manu Espada




 EL NIÑO QUE SE COMÍA LAS PALABRAS

A algunas personas les trasplantan los pulmones. A otras les realizan un trasplante de corazón o de córnea, pero siempre tiene que morir alguien. Mi caso fue distinto. Cuando era pequeño no podía hablar, al menos no como el resto de los niños. Cada sílaba requería el mayor de mis esfuerzos. Sin embargo, mi padre se ganaba la vida con las palabras. Paradójico. Aún recuerdo el domingo que llegó con una máquina de escribir antigua. Yo entré en su despacho mientras él ponía la vieja Olivetti sobre la mesa. Colocó un folio de papel cebolla en el rodillo, me cogió el dedo índice, y escribimos mi nombre. Mi padre lo recortó con unas tijeras, lo hizo una bolita y me dijo: "Rica". En cuanto el papel rodó por la garganta dije mi nombre en voz alta. Desde ese día, mi padre no pudo volver a pronunciarlo. Luego vinieron muchas palabras más. Mi padre me cogía el dedo, me susurraba cosas al oído, las tecleábamos y luego me metía las palabras en la boca. Él nunca más volvía a usarlas. Primero se quedó sin sustantivos, luego sin verbos, más tarde me pasó los adjetivos, los artículos, las preposiciones, hasta que me trasplantó todas las palabras del mundo. Hasta que se quedó mudo.

Manu Espada, Personajes secundarios, Menoscuarto, 2015




Manu Espada es el  seudónimo de Manuel Sánchez Vicente (Salamanca, 1974). Licenciado en Periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca, Máster en Radio por RNE y la Universidad Complutense de Madrid, y Máster de Experto en Trastorno del Espectro Autista por la Universidad de Alcalá de Henares,  desde 2000 trabaja como guionista en programas de ficción y entretenimiento en varias cadenas de televisión. Ha
ganado el Premio "Relatos en Cadena de la SER", el certamen de microrrelatos de la revista Eñe, el concurso Minificciones, finalista del concurso "La Tormenta en un Vaso", o el Premio de la Editorial Grupobúho, gracias al que publicó su primer libro de relatos, El desguace (2007), al que siguió el titulado Fuera de temario (Talentura, 2010). Es autor también de los libros de microrrelatos Zoom. Ciento y pico novelas a escala (Paréntesis, 2011) y Personajes secundarios (Menoscuarto, 2015), además de coautor de Un poquito de por favor. Manual para sobrevivir en una comunidad de vecinos (Ed. Temas de Hoy). Cuentos suyos han sido incluidos en publicaciones colectivas como Mar de Pirañas (Menoscuarto, 2015), La radio es un cuento (Minor Network, 2004), Relatos en Cadena 2008-2009 (Alfaguara, 2009), Velas al viento (Cuadernos del Vigía, 2010), Perversiones (Traspiés, 2010), Antología del microrrelato español (1906-2011)El cuarto género narrativo (Cátedra, 2012) , Desahuciados. Crónicas de la crisis (Traspiés, 2013), y en las revistas 'Al otro lado del espejo', 'BCN Week' y 'Miniatura'. Ha coordinado, junto a Rosana Alonso, De Antología: la logia del microrrelato (Talentura, 2013), que recoge textos de la denominada "Generación Blogger". Ha estrenado una obra de teatro y un cortometraje titulados El tercer día.





Personajes secundarios es, en opinión de Manu Espada, su libro más personal, pues se inspira en episodios de su propia vida. El autor dedica la obra a su hijo Daniel, cuya superación del autismo inspira gran parte de las historias, como la de "El niño que se comía las palabras", y sirve de hilo conductor del libro. El título hace referencia a los personajes de reparto que, por un instante, logran convertirse en protagonistas.




EL 2 DE ABRIL SE CELEBRA EL DÍA MUNDIAL DEL AUTISMO.

La información sobre Manu Espada está tomada, fundamentalmente, del blog del autor: 
http://manuespada.blogspot.com.es/

Conocí el relato "El niño que se comía las palabras" por Belén Rueda, fisioterapeuta del hospital "Miguel Servet" de Zaragoza con quien he charlado mucho en las últimas semanas sobre libros y películas. 
                                                                                             Josefina López Granada

martes, 28 de marzo de 2017

Libros: Novedades

Os presentamos algunos de los libros que se han adquirido recientemente en la biblioteca de nuestro centro.

domingo, 26 de marzo de 2017

"Los ojos de mi padre", de Mariluz Escribano

© Getty Images


                     LOS OJOS DE MI PADRE


Los ojos de mi padre,
los ojos de mi padre,
mirándome en la patria cereal de los trigos,
en un tiempo de cunas
mecidas por el viento de la guerra,
mirando cómo crezco
en los abecedarios
y conquisto sonidos primitivos,
balbuceos, palabras necesarias,
porque él me empuja y vuelve,
desde su corazón y sus espigas,
su corazón de tierra y manantiales,
patria de tierra y gritos apagados.
Mi padre es un silencio
que mira cómo crezco.
Sus manos me conforman,
me miran la estatura,
la dimensión del cuerpo,
averiguan gozosas
que me elevo en trigal.
Las manos de mi padre
tocan mi cuerpo y cantan,
y yo sé que me acunan
con nanas de caballos,
con la salmodia triste del judío,
del converso que habita por su sangre.
Pero paseo con mi padre.
Abandono en sus manos
mis manos tan pequeñas,
y al calor de su sangre
mis pulsaciones tienen
una ambición de tiempos.

En las luces inquietas de la tarde,
al borde de la noche,
vamos pisando hierbas, territorios,
ríos como torrentes, manantiales,
horizontes donde la niebla habita,
paisajes metalúrgicos y bosques,
ciudades, vientos, cordilleras,
blancas constelaciones.
Camino con mi padre.
Me nombra a las palomas,
pájaros migratorios,
aguanieves que rozan las praderas,
alcaudones de viento,
golondrinas, gorriones, avefrías.
Y todo pasa y llega de su mano,
y a mi infancia regresa
el calor confortable de su sangre.

Cuando llegan los días de septiembre,
láminas del otoño,
las madrugadas frías y estrelladas
detienen sus palabras.
Pero es sólo un instante
de sangre y de fusiles
porque mi padre vuelve del silencio
y pasea conmigo
el callado silencio de las calles,
y los campos sembrados
y las constelaciones,
y su voz de madera me acompaña, me mira cómo crezco.
Todo el mundo conoce
que heredé de mi padre una bandera.


                      De Umbrales de otoño, Hiperión, 2013



Mariluz Escribano en 2014. Foto: Ramón L. Pérez/
Ideal de Granada
Mariluz Escribano Pueo (Granada, 1935) es una poeta española perteneciente por edad a la generación de los 60, si bien no empieza a publicar hasta la década de los 90, cuando el tiempo había cicatrizado las heridas de la Guerra Civil: el asesinato de su padre y las represalias sufridas por  su madre.
     Su padre, Agustín Escribano, fue catedrático y Director de la Escuela Normal de Maestros de Granada de 1931 a 1936. Fue fusilado en septiembre de 1936. Su madre, Luisa Pueo Costa, huérfana desde muy niña, quedó al cuidado  de su tío Joaquín Costa, padre del regeneracionismo,  y llegó a Granada como Inspectora de Enseñanza Primaria. Allí conoció a quien sería su marido; durante el periodo republicano fue profesora de la Escuela Normal y Secretaria de la Residencia de Señoritas Normalistas. Fue enviada a prisión con su hija de nueve meses y, como les ocurrió a otras maestras republicanas, perdió su plaza como profesora, que recuperaría muchos años después, y se vio obligada a abandonar Granada con su hija.
  Mariluz Escribano pasó sus primeros años entre Palencia y Burgos. Más tarde se le permitió regresar a Granada, donde cursó estudios de Filosofía y Letras y Magisterio y se doctoró en Filología Hispánica. Después de dos años como docente en el Antioch College de Ohio, ejerció como catedrática de Didáctica de Lengua y Literatura de la Facultad de Ciencias de la Educación  de la Universidad de Granada. Estudiosa de la oralidad y del folclore, ha sido columnista del diario Ideal de Granada, estuvo al frente de la revista Extramuros durante cinco años y dirigió la revista EntreRíos desde su fundación, además de desarrollar una carrera como pintora.
    Su obra se ha considerado ejemplo de la llamada "literatura sumergida" ya que, a pesar de la indudable calidad de sus trece poemarios,  ha gozado de escasa presencia en publicaciones culturales nacionales. Ha publicado Sonetos del alba (1991), Desde un mar de silencio (1994), Canciones de la tarde (1995), Cartas de Praga (1999), Sopas de ajo (2001), Memoria de Azúcar (2002), Ventanas al jardín (2002), El ojo de cristal (2004), Sonetos del alba (2005), Jardines pájaros (2007), Los caballos ciegos (2008), Umbrales de otoño (2013),  El corazón de la gacela (2015) y la antología Azul melancolía (2016). Entre los reconocimientos recibidos están la Medalla de Oro de la ciudad de Granada y el Premio Andalucía de la Crítica.

Actualización (20/07/2019):
Mariluz Escribano Pueo ha fallecido  en Granada hoy, 20 de julio de 2019, a los 83 años. En enero de este año recibió el Premio Elio Antonio de Nebrija.  En 2018 apareció su último libro, Geografía de la memoria, que incluye el poema "Cuando me vaya".

En esta entrevista la autora habla de "Los ojos de mi padre":


Otros poemas de la autora en este blog:
-"Canción de la tristeza" y "Escribiré una carta para cinco": AQUÍ.
-"Cuando me vaya": AQUÍ.

domingo, 19 de marzo de 2017

Tres poemas de Derek Walcott




                  Archipiélagos

"Al final de esta frase, empezará a llover.
Y al filo de la lluvia, una vela.
Lentamente la vela perderá de vista las islas;
La creencia en los puertos de toda una raza
Se perderá entre la niebla.
La guerra de los diez años ha terminado.
El pelo de Helena, una nube gris.
Troya, un foso de ceniza blanca
Junto al mar donde llovizna.
La lluvia se tensa como las cuerdas de un arpa.
Un hombre con los ojos nublados la toca con los dedos
Y tañe el primer verso de La Odisea."


De Dichoso el viajero, 1981


             Cul de Sac Valley IV

Al oeste de las estrofas
escritas por el amanecer,
las plantaciones de plátanos responden
a su luz; por encima,
un halcón que describía círculos
con mi corazón en su pico
hasta el borde del mundo,
lo trae de vuelta
al puente que se desvanece,
al río que se revuelve
en su lecho, al risco
donde regresa el árbol
tras sus lecciones, tarde.
¿Cuál era su cabaña?
Ella asciende en línea recta
por los escalones de este verso,
y se sienta para cenar
pan y pescado frito
mientras los árboles repiten su
umbrío inglés.
Las ventanas de la cabaña resplandecen.
Las verdes luciérnagas describen arcos,
incendiando Forestière,
Orléans, Fond St. Jacques,
y el bosque se duerme,
sus ojos cerrados,
a excepción de una mirada
desde una choza iluminada;
ahora, por encima del libro cerrado
de pequeñas cabañas que se deslizaban
bajo los faros del coche, la cima 
de una colina como una pirámide.
En la noche caliente como un horno
vuelan las brasas. La puerta de una tienda
proyecta un recuadro de luz
sobre la carretera y un olor
a pescado en salazón. Un montón de arena seca
se esparce en estrellas.
Similar a un gato, la isla de la Paloma
aferra el mar con sus garras.


De El testamento de Arkansas, 1987

    En Puedo sentirla viniendo de lejos y otros poemas.
          Muestrario de Poesía 20, septiembre 2008


El amor después del amor

Llegará el día en que, exultante,
te vas a saludar a ti mismo al llegar 
a tu propia puerta, en tu propio espejo,
y cada uno sonreirá a la bienvenida del otro,
y dirá, siéntate aquí. Come.
Otra vez amarás al extraño que fuiste para ti.
Dale vino. Dale pan. Devuélvele el corazón
a tu corazón, a ese extraño que te ha amado
toda tu vida, a quien ignoraste 
por otro, y que te conoce de memoria.
Baja las cartas de amor de los estantes,
las fotos, las notas desesperadas,
arranca tu propia imagen del espejo.
Siéntate. Haz con tu vida un festín.


De Uvas de mar, 1976.Versión de 
Héctor Abad Faciolince* y Alex Jadad [www.elmalpensante.com]




Derek Walcott, pintor, poeta y dramaturgo, nació en Castries, capital de la isla de Santa
Lucía, una de las Antillas Menores, el 29 de enero de 1930. Era hijo de una profesora nativa, descendiente de esclavos negros, y de un pintor británico blanco que falleció cuando el escritor y su hermano gemelo, Roderick,  eran niños. Cursó estudios de licenciatura en la Universidad de las Indias Occidentales, en Jamaica. Se dio a conocer como pintor, afición que cultivó durante toda su vida. En el año 2000 reunió todas sus acuarelas en Tiepolo's Hound (El sabueso de Tiepolo). En 1948 apareció 25 Poems, cuya edición costeó el joven poeta con un préstamo de su madre, y al año siguiente, su segundo poemario: Epitaph for the Young. En 1953 se traslada a la cercana isla de Trinidad en busca de oportunidades. Allí fundó y dirigió (1959-1976) el Taller de Teatro de Trinidad, donde estrenó sus primeros textos dramáticos y se representaron obras de Wole Soyinka (Premio Nobel de Literatura 1986), Chejov y Tennessee Williams, entre otros. Obtuvo su primer éxito como poeta con In a Green Night (En una noche verde), publicado en Londres en 1962. Durante la década de los 80 fue profesor en distintas universidades del Caribe.

En 1981 marcha a Estados Unidos donde impartió clases en la Universidad de Harvard, y después fue catedrático de literatura y composición en la de Boston. Durante estos años, alternó sus estancias en Trinidad y Tobago con Boston.  Sigue escribiendo y se va convirtiendo en una de las voces fundamentales de la poesía caribeña. Su Collected Poems 1948-1984 (1986) fue aclamado por crítica y lectores, pero el definitivo reconocimiento internacional le llegó con Omeros (1990), un magno poema épico en el que traslada la historia mítica al Caribe (Aquiles y Héctor son aquí pescadores locales que conviven con un oficial inglés retirado y su familia, Helena es una esclava negra y Ulises va en busca de sus antepasados a la costa occidental de África), narrada por un aprendiz de brujo, trasunto del propio poeta. En 1992 le concedieron el Premio Nobel de Literatura por "una obra poética de gran luminosidad, con una visión histórica fruto de un compromiso multicultural". Poco después la Unesco lo nombró miembro de la Comisión Mundial de la Cultura y el Desarrollo. Gran amante de nuestro país, viajó  a España en varias ocasiones y le dedicó una sección en The Bounty (1997). Después de dejar la docencia en 2007, regresó a Santa Lucía. Tras una larga enfermedad, falleció en su casa  de la isla de Santa Lucía el 17 de marzo de 2017.

Es autor de quince libros de poesía y más de treinta obras de teatro. Entre sus poemarios destacan, además de los anteriormente citados, Otra vida (1973), Uvas de mar (1976), Dichoso el viajero  (1981) y El testamento de Arkansas (1987). Sueño en la montaña del mono (1970) es lo más sobresaliente de su producción teatral. Martín López-Vega ("Derek Walcott, el poeta de los seis sentidos". El Cutural, 17/03/2017) ha escrito que Walcott pertenece una generación de poetas de distinto origen -entre los que incluye a J. Brodsky*, S. Heaney, C. Milosz y Y. Amijai- que comparten una "preocupación común: la de convertir cada poema en una reflexión sobre nuestro lugar en el mundo que aunase análisis autobiográfico y conciencia de nuestro lugar en la historia." Estos poetas dan testimonio de "la derrota diaria del ser humano, y también de su capacidad para encontrar la dicha en las cosas cotidianas". Lo que distingue a Walcott de otros compañeros de generación es, según López-Vega:
su fraseo, inconteniblemente épico, que transforma cualquier experiencia, por banal que sea, en un arrebato de intensidad que envuelve al lector atrapado en una poesía que apela a los cinco sentidos como pocos autores han sido capaces antes. A los seis sentidos, habría que decir en realidad, pues a la sensualidad pluriforme de su verso hay que añadir su capacidad para apelar a nuestro sentido de la historia.
Otro poema del autor en este blog:

*Entradas relacionadas:

sábado, 18 de marzo de 2017

Día Mundial de la Poesía 2017





Área de prioridades


De nada vale decir
aquí estoy yo,
gobierno y mando,
si al pasar por Castilla
y ver el sol crujiendo tras
los olmos,
uno no sabe dar gracias a Machado.
De nada sirve
montar revoluciones, modernizar
las leyes,
si al entrar en Moguer y abrir sus muros
blancos,
uno no escucha, como un geranio púrpura,
la voz en los balcones de Juan Ramón
Jiménez.
Muy poco importa
marcharse tan deprisa a tantas partes
a todas a ninguna,
sin pararse una vez, y al coger nuevo
aliento y mirar el camino,
sentir sobre la piel: Palabras
para Julia*.
Sin duda alguna
España no va bien, como el resto
del mundo y el fondo de la vida.
Necesitamos agua, pan, un poco
de esperanza. Y poesía.

                        (Aurelio González Ovies)

*"Palabras para Julia" es el título de un poema
muy conocido de José Agustín Goytisolo.


Desde el año 2001, el 21 de marzo se celebra el Día Mundial de la Poesía, coincidiendo con el equinoccio de primavera, estación del año vinculada tradicionalmente a la palabra poética. La celebración, proclamada por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) en su 30.ª Conferencia General, celebrada en París en 1999, es "una invitación a reflexionar sobre el poder del lenguaje y el florecimiento de las capacidades creadoras de cada persona".  
   Bajo diferentes denominaciones (Fiesta de la poesía, Poetry day, Le Printemps des Poètes...), se organizan en diferentes países múltiples actividades en las que participan poetas y lectores. El hacedor de sueños quiere sumarse a la celebración con un poema de Aurelio González  Ovies sobre la necesidad de la poesía en el mundo actual.

El georgiano Nikoloz Baratashvili (1817-1844) es el poeta celebrado por la UNESCO en 2017.





Mensaje de la Directora General de la UNESCO

No tenemos alas, no podemos elevarnos,
mas tenemos pies para trepar y escalar
paso a paso, más y más,
las nubosas cumbres de nuestros tiempos.

En una época en que los retos a que nos enfrentamos, desde el cambio climático, la desigualdad y la pobreza hasta el extremismo violento, parecen tan ingentes, las palabras del poeta Henry Wadsworth Longfellow nos aportan esperanza.

Compuesta de palabras, coloreada con imágenes, tañida con la métrica perfecta, la poesía tiene un poder singular. El poder de arrancarnos de la vida cotidiana y recordarnos la belleza que nos rodea y la resiliencia del espíritu humano que compartimos.

La poesía es una ventana a la diversidad excepcional de la humanidad. En la Lista Representativa  del Patrimonio  Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO se incluyen decenas de formas de expresión oral y poesía, desde el duelo poético Tsiattista de Chipre o la poesía cantada Ca trù de Viet Nam hasta Al-Taghrooda, la poesía cantada tradicional de los beduinos de los Emiratos Árabes Unidos y Omán. La poesía es tan antigua como el lenguaje, y en los periodos turbulentos es más necesaria que nunca, como fuente de esperanza, como manera de compartir lo que significa vivir en este mundo.

El poeta Pablo Neruda escribió que "la poesía es siempre un acto de paz". La poesía es única por su capacidad de hablar a través del tiempo, el espacio y la cultura, de llegar directamente a los corazones de las personas de todo el mundo. Es un manantial de diálogo y entendimiento y ha sido siempre una fuerza para desafiar a la injusticia y promover la libertad. Como dijo Deeyah Khan, Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO para la libertad y la creatividad, todas las formas de arte, incluida la poesía, tienen la capacidad extraordinaria de expresar resistencia y rebelión, protesta y esperanza.

La poesía no es un lujo. La poesía es una parte esencial de quiénes somos en cuanto que mujeres y hombres que vivimos juntos en el presente, nos valemos del patrimonio de las generaciones pasadas y somos custodios del mundo para nuestros hijos y nietos. Hoy, al celebrar la poesía, celebramos también nuestra capacidad de unirnos en un espíritu de solidaridad para trepar y escalar "las nubosas cumbres de nuestros tiempos". Necesitamos hacerlo para llevar adelante la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, para aplicar el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, para asegurarnos de que ninguna mujer ni hombre se quede atrás.


Irina Bokova