EL BLOG DE LA BIBLIOTECA DEL IES "GOYA" DE ZARAGOZA


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domingo, 28 de julio de 2019

"Yo soy un hombre sincero...", de José Martí





Yo soy un hombre sincero
de donde crece la palma,
y antes de morirme quiero
echar mis versos del alma.

Yo vengo de todas partes
y hacia todas partes voy:
arte soy entre las artes,
en los montes, montes soy.

Yo sé los nombres extraños
de las yerbas y las flores,
y de mortales engaños
y de sublimes dolores.

Yo he visto en la noche oscura
llover sobre mi cabeza
los rayos de lumbre pura
de la divina belleza.

Alas nacer vi en los hombros
de las mujeres hermosas:
y salir de los escombros
volando las mariposas.

He visto vivir a un hombre
con el puñal al costado,
sin decir jamás el nombre
de aquella que lo ha matado.

Rápida, como un reflejo,
dos veces vi el alma, dos:
cuando murió el pobre viejo,
cuando ella me dijo a diós.

Temblé una vez, en la reja,
a la entrada de la viña,
cuando la bárbara abeja
picó en la frente a mi niña.

Gocé una vez, de tal suerte
que gocé cual nunca: —cuando
la sentencia de mi muerte
leyó el alcaide llorando.

Oigo un suspiro, a través
de las tierras y la mar,
y no es un suspiro,  —es
que mi hijo va a despertar.

Si dicen que del joyero
tome la joya mejor,
tomo a un amigo sincero
y pongo a un lado el amor.

Yo he visto al águila herida
volar al azul sereno,
y morir en su guarida
la víbora del veneno.

Yo sé bien que cuando el mundo
cede, lívido, al descanso,
sobre el silencio profundo
murmura el arroyo manso.

Yo he puesto la mano osada,
de horror y júbilo yerta,
sobre la estrella apagada
que cayó sobre mi puerta.

Oculto en mi pecho bravo
la pena que me lo hiere:
el hijo de un pueblo esclavo
vive por él, calla y muere.

Todo es hermoso y constante,
todo es música y razón,
y todo, como el diamante,
antes que luz es carbón.

Yo sé que el necio se entierra
con gran lujo y con gran llanto,  
y que no hay fruta en la tierra
como la del camposanto.

Callo, y entiendo, y me quito
la pompa del rimador:
cuelgo de un árbol marchito
mi muceta de doctor.

 De Versos sencillos, 1891

José Martí [contactohoy.com.mx]
José Martí  fue un escritor y político cubano, considerado uno de los escritores más originales y brillantes de la lengua española y héroe nacional de Cuba. Hijo de valenciano y canaria, nació en La Habana en 1853, cuando Cuba era todavía una colonia española. En 1868 comienza en Cuba la Guerra de los Diez Años entre los independentistas cubanos y el gobierno español. Con este motivo publica  en 'El Diablo Cojuelo' su primer artículo revolucionario en colaboración con su amigo Fermín Valdés y  funda su propio periódico, 'Patria Libre'. A los dieciséis años fue condenado a seis años de prisión, pena conmutada después por destierro en la isla de Pinos,  acusado de traición a España por una carta escrita, con Valdés, a un compañero de colegio en la que lo tachaban de "apóstata" por haberse alistado como voluntario en el ejército español para combatir a los independentistas cubanos. Ingresa en la cárcel Nacional el 21 de octubre de 1869 y un año después llega a la isla de Pinos. Pero, finalmente, por gestiones realizadas por sus padres, fue deportado a España, y desembarcó en Cádiz el 15 de enero de 1871.

Dos placas en el nº 13 de la calle Manifestación  de Zaragoza
recuerdan la estancia de Martí en nuestra ciudad.(Zaragoza Guia.com)
Se estableció en Madrid donde, como alumno de enseñanza libre, comenzó estudios de Derecho en la Universidad Central, publicó "El presidio político en Cuba", donde denunciaba la represión del gobierno colonial español, y se enfrentó al periódico madrileño 'La Prensa' por denunciar el fusilamiento de ocho estudiantes de Medicina en La Habana.  En diciembre de 1872 viajó a Zaragoza con Fermín Valdés para asistir a la graduación de Eusebio Valdés-Domínguez. El ambiente de la capital aragonesa les pareció más favorable, motivo por el cual  en mayo de 1873 solicitó el traslado de expediente a la Universidad de  Zaragoza, ciudad donde vivió entre finales de mayo de 1873 y noviembre de 1874.

Se alojó primero en la fonda de Félix Sanz, situada en la calle Manifestación, 13 (entonces calle Platerías), y más tarde, en la calle del Olmo, principal 3ª. Continuó como alumno libre los estudios de Derecho iniciados en Madrid. Por otra parte solicitó al Director del Instituto de Zaragoza (actual Instituto Goya) que se le permitiera examinarse, sin asistir al curso regular,  de las asignaturas de bachillerato que había dejado sin concluir por su detención en La Habana. El 25 y 27 de junio de 1874 aprobó los dos ejercicios del grado de bachiller en Artes, lo que le permitió realizar el examen de licenciatura y obtener el grado de licenciado en Derecho Civil y Canónico. El 31 de agosto de ese mismo año se matriculó por libre de todas las asignatura de la carrera de Filosofía y Letras, de las que se examinó en octubre, obteniendo, como en Derecho, la calificación de sobresaliente. Sin embargo, al no disponer de dinero para abonar las tasas, no pudo recoger ninguno de sus títulos.

Durante su estancia en nuestra ciudad, colaboró en el 'Diario de Avisos' del republicano Calixto Ariño, escribió y publicó su libro La República española ante la revolución cubana (1873), y terminó  dos obras dramáticas: La adúltera (1874) y Amor con amor se paga (1875). Participó en diferentes actos sociales en los que conoció a Blanca Montalvo, de la que se enamoró, y asistió a los enfrentamientos del 4 de enero de 1874 en favor de la I República, que le inspiraron sus conocidos versos: "Estimo a quien de un revés / echa por tierra un tirano: / lo estimo, si es un cubano. / Lo estimo, si aragonés", pertenecientes a un poema incluido en Versos sencillos que es una declaración de amor a Aragón.

Después de viajar durante tres años por Europa y América, se instaló en México, donde en 1877 contrajo matrimonio con la cubana Carmen Zayas Bazán. De allí marcha a Guatemala, donde es nombrado catedrático de Literatura y de Historia de la Filosofía en la Escuela Normal Central y vicepresidente de la sociedad literaria "Patria y Libertad". Tras la paz de Zanjón, que puso fin a la Guerra de los Diez Años, pudo regresar a La Habana en 1878 y trabajar como abogado. El 22 de noviembre de ese mismo año nació su hijo, a quien dedicó el poema Ismaelillo (1882). En abril de 1879 es detenido de nuevo a causa de sus discursos en el Liceo de Guanabacoa, y deportado a España. De España marcha a Nueva York en 1881. Allí ejerció el periodismo y fundó el Partido Revolucionario Cubano (PRC) en 1892 y la revista 'Patria', con la finalidad de organizar la lucha por la independencia de su país. En sus escritos advirtió del peligro de la expansión política y económica de Estados Unidos a costa del desarrollo de los países iberoamericanos. Concebía una gran patria hispanoamericana independiente de todo imperialismo. En 1895 redactó el "Manifiesto de Monte Christi", programa para la revolución cubana que firmó junto con el general Máximo Gómez. Iniciada la Guerra de Independencia (1895-1898), regresó a Cuba al frente de un pequeño contingente. El 19 de mayo de 1895 fue abatido por las tropas españolas cerca de un lugar llamado Dos Ríos. Tenía cuarenta y dos años.

La ciudad de Zaragoza honró su memoria con la colocación, el 10 de abril de 1984, de sendas placas en el número 13 de la calle Manifestación y en la Universidad de Zaragoza. En 1995, centenario de su muerte, se hizo entrega al Ministerio de Cultura de Cuba de los títulos de Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras que el escritor no pudo recoger, y se colocó un busto de bronce en la entrada  del Paraninfo. La Universidad  de Zaragoza ha trabajado en los últimos años en la reactivación de su memoria con la publicación de libros,  la creación en 1996 de la primera Cátedra José Martí en Europa, orientada a la colaboración con la Universidad de La Habana, y la concesión en 2017 de su máxima distinción, la Medalla de Oro, a título póstumo.  Actualmente, una biblioteca pública y un edificio de un centro cívico llevan el nombre del autor cubano, y en 2016, la Feria del Libro presentó la Ruta literaria José Martí en Zaragoza.
Fachada de la antigua Universidad de Zaragoza, en la plaza
de la Magdalena, 1930

Su poesía se aleja de la estética romántica y de los modelos artísticos españoles, pues durante sus viajes por Europa y América se impregnó de las  nuevas corrientes literarias,  en busca de una expresión personal alejada de convencionalismos y tradiciones. Se convirtió así en uno de los iniciadores del Modernismo. Sin embargo, lejos de optar por  el exotismo y la evasión, compone una poesía comprometida con su país y con los problemas de su tiempo pues considera que la poesía debe  tener la raíz en la tierra, conmover la conciencia de los seres humanos y estar al servicio de la libertad. Su modelo fue el escritor norteamericano Walt Whitman, el cantor simbolista de la naturaleza y de la democracia norteamericana.  En la obra de Martí se observa cierta evolución: Ismaelillo (1882), poemas del destierro dedicados al hijo ausente, en los que la unión entre padre e hijo se proclama por medio de imágenes oníricas; Versos libres (1882, publicado póstumamente), con versos de métrica libre y el mismo tipo de imágenes en los que expresa su creciente pesimismo; Versos sencillos, su libro más representativo,  vuelve a la expresión tradicional para reflexionar sobre el mundo y el ser humano. Es autor, además, de  Amistad funesta (1885), una novela premodernista firmada con seudónimo, y de seis cuentos para niños publicados en la revista mensual 'La Edad de Oro'. La letra más conocida de la popular canción cubana "Guantanamera", adaptada por Julián Orbón, está basada en algunas estrofas de Versos sencillos.


[Imagen inicial: canalcaribe.icrt.cu]

domingo, 21 de julio de 2019

"Canción de la tristeza" y otro poema de Mariluz Escribano

© Peter Ilsted


CANCIÓN DE LA TRISTEZA

Aquí está la tristeza. 
No hay mar para abarcarla con latidos
de barcos por sus olas,
no hay albas más inciertas por sus bordes,
ni sueños que respiren
paisajes humanísimos y ocasos.

Porque está aquí y es sólo la tristeza
de saberse mujer como manzana
asomada a la lluvia del espejo,
a una historia desnuda de relatos
y a un pasado sin nombre y consecuente
y justamente azul, como debiera,
como debe erigirse en la memoria.

Ahora tengo una mano de marfil
y otra de ausencia
y ejerzo de tristeza y de noviembre.

De Canciones de la tarde, 1995


ESCRIBIRÉ UNA CARTA PARA CINCO

Cuando surja la luz de primavera,
y las rosas dibujen sonrisas de colores,
escribiré una carta para cinco muchachos,
contándoles lo mucho que gané con la vida.

Escribiré desde una nube blanca,
con una tinta azul que no la borre el tiempo,
porque no volveré a pisar las arcillas,
ni la dura tristeza del asfalto.

Contaré que mi vida
fue una historia muy larga,
con mapas y lecciones
en un palacio antiguo,
del fragor de los trenes
hacia el país del trigo,
la lluvia sobre el mar
y las arenas suaves.
El Cantábrico allí,
tan lejos de Granada.

Después vinieron ellos,
esos cinco muchachos,
y los días pasaron
con nanas y con besos,
con los ojos dormidos
en cuna almidonada.

Mi corazón estuvo
siempre en guardia con ellos.
Y ahora que ya han crecido
y conocen los mundos de las hierbas,
los nombres de los pájaros,
la música del mundo,
los placeres del libro,
creo que ya he cumplido
mi misión en la tierra.

Escribiré una carta para cinco
cuando la primavera arribe
y me inunde la casa de amarillos.

De El corazón de la gacela, 2015


Mariluz Escribano Pueo, ejemplo de conciencia ética, falleció ayer, 20 de julio de 2019,  en Granada, a los ochenta y tres años. Vinculada a colectivos como Mujeres Universitarias o Mujeres por Granada, que fundó y lideró durante algunos años, dio voz a las mujeres. La poeta crio sola a sus cinco hijos -a quienes dedicó el poema "Escribiré una carta para cinco"- después de que su esposo, catedrático de universidad, falleciera tempranamente en accidente de tráfico.

jueves, 18 de julio de 2019

"Sirenamente", un microrrelato de Miguelángel Flores

                       
      

                                                                   Sirenamente


Mi hijo se ha echado novia y es una sirena. La conoció en el trabajo, es marinero. Cuando la trajo a casa, yo me quedé muy parada. Y ella también. Pero ella porque no tiene piernas. Él la cogió en brazos y la sentó en en el sofá. Como es de polipiel, la pobre se resbalaba. Así que la metimos en la bañera para que estuviera más cómoda. Luego nos trasladamos todos al baño con ella y allí hicimos el aperitivo. De piscolabis puse unos gusanitos, de esos de queso, y unas cervezas con mucha espuma. Todo por ella. No se me ocurrió otra cosa. No sabía cómo se lo tomaría si ponía unas almejas, berberechos o algo así. No conozco la relación ni el parentesco que guarda con ellos, por eso preferí no arriesgarme. Es preciosa. Tiene un pelo rubio larguísimo y una cola muy plateada. Todo le brilla y le chorrea. Enseguida se mostró como pez en el agua. Aunque no es mucho de hablar, es más de boquear y de mover la colita. Yo a mi hijo lo veo muy feliz, no le quita ojo. Ni mi marido tampoco. Y es que tiene un pecho precioso; siempre al aire, eso sí. Ahora estoy yo aprendiendo a nadar, porque si un día se casan tendré que hacer de madrina y quiero estar a la altura. Y a la bajura, claro.

(En Los pescadores de perlas: Los microrrelatos de Quimera. Ed. de Ginés S. Cutillas, Montesinos, 2019, pág. 91)



Miguelángel Flores (Miguel Ángel Flores Martínez) es escritor español. El menor de doce hermanos, nació en Córdoba en 1967, pero en 1968 su familia emigró a Sabadell. Escribe microficción y teatro, y , en ocasines, también actúa y dirige. Ha colaborado en diversas antologías de minicuentos. En 2014 la editorial Talentura publicó su primer libro de microrrelatos, titulado De lo que quise sin querer.




[Imagen principal: pinterest.es]

domingo, 14 de julio de 2019

"1936", de Miguel Labordeta



1936


Fue en la edad de nuestro primer amor
cuando los mensajes son propicios al precoz embelesamiento
y los suaves atardeceres toman un perfume dulcísimo
en forma de muchacha azul o de mayo que desaparece
cuando
unos hombres duros como el sol de verano
ensangrentaban la tierra blasfemando
de otros hombres tan duros como ellos
tenían prisa por matar para no ser matados
y vimos asombrados con inocente pupila
el terror de los fusilados amaneceres
las largas caravanas de camiones desvencijados
en cuyo fondo los acurrucados individuos
eran llevados a la muerte como acosada manada
era la guerra el terror los incendios era la patria suicidada
eran los siglos podridos reventando
vimos las gentes despavoridas en un espanto de consignas atroces
iban y venían insultaban denunciaban mataban
eran los héroes decían golpeando
las ventanillas de los trenes repletos de carne de cañón
nosotros no entendíamos apenas el suplicio
y la hora alegre de un jardín con alegría y besos
fueron noches salvajes de bombardeo noticias lúgubres
la muerte banderín de enganche cada macilenta aurora
y héteme aquí solo ante mi vejez más próxima
preguntar en silencio
qué fue de nuestro vuelo de remanso
por qué pagamos las culpas colectivas
de nuestro viejo pueblo sanguinario
quién nos resarcirá de nuestra adolescencia destruida
aunque no fuese a las trincheras?

Vanas son las preguntas a la piedra
y mudo el destino insaciable por el viento
mas quiero hablarte aquí de mi generación perdida
de su cólera paloma en una sala de espera con un reloj parado para siempre
de sus besos nunca recobrados
de su alegría asesinada
por la historia siniestra
de un huracán terrible de locura.

 De Los Soliloquios, 1969 
          

En este poema, escrito cuando tenía más de cuarenta años, Miguel Labordeta rememora su primera juventud, "la edad de nuestro primer amor", rota por el estallido de la Guerra Civil. El poeta, que no toma partido por ninguno de los bandos de la contienda, se erige en voz de su generación, una "generación perdida", y  se pregunta "quién nos resarcirá de aquella adolescencia destruida". Este es quizá, en opinión de Miguel Díez R. y Paz Díez Taboada (Antología comentada de la poesía lírica española, 2005), el testimonio lírico "más tremendamente desolado" de entre todos los proporcionados por poetas que  vivieron aquella experiencia siendo niños o adolescentes:
Sin ningún signo de puntuación, el poema avanza entrecortado y vacilante, con ritmo sinuoso, entremezclando, en aparente desorden, el asombrado mundo juvenil y los negros brochazos de la insania fraticida.

[imagen: lemetropolitan.fr]

domingo, 7 de julio de 2019

"Canción del emperador", de Antonio Moreno

Carl Holsoe, Interior con cello



CANCIÓN DEL EMPERADOR


De Carlos V dicen que a menudo
halló consuelo en esta misma música.
Hacía repetirla: mil tristezas,
mil penas -mille regrets- de abandonaros,
pues dejo atrás vuestro amoroso rostro.

Entras, sol de la tarde, al interior
de la casa y enciendes las paredes,
rozas la partitura del amigo
y el humo de las tazas y este día.

Hay tanta calma aquí, tanta belleza,
que ninguno diría ya si existe
salvo en la luz de ahora y en la música
donde un emperador halló sosiego.

           De Nombres del árbol, Tusquets, 2010



"Canción del emperador" ilustra a la perfección lo que leemos en la solapa del libro: 
Pocas veces en la poesía española última, la naturaleza, el paisaje, la luz y el tiempo detenido en un momento del día han sido un correlato objetivo tan depurado, tan cargado de resonancias, de enseñanzas y de sabiduría. 
A la luz de la tarde  se suma  la música. La  intertextualidad, tan presente en la poesía actual, es otra de las características de este poema.

"Mille regretz" ("Mil pesares", en francés antiguo) es una canción polifónica muy popular en el siglo XVI. Se desconoce la fecha de composición y, en cuanto a su autoría, se atribuye al músico flamenco Josquin des Prez (1440-1521) en una tablatura* de 1538 del español Luis de Narváez (ca. 1500-1552). Se trata de la transcripción para vihuela de la canción a cuatro voces "Mille regretz", a la que se refiere Narváez como "Canción del emperador", por ser la favorita de Carlos V. El texto de la canción está formado por cuatro versos endecasílabos con rima ABBA. Su temática entronca con el comiat o canción de despedida trovadoresca.


Texto original en francés antiguo: 

Mille regretz de vous abandonner / et d'eslongier votre fache amoureuse. /J'ay si grant doeul et peine doloreuse / qu'on me verra brief mes your deffiner.

Texto en francés moderno:

Mille regrets de vous abandonner /et d'être éloigner de votre visage amoreux./J'ai si grand deuil et peine douloureuse /qu'on me verra vite mourir.

En español:

Mil pesares [siento]por abandonaros / por alejar de mí vuestro amoroso rostro. /Tengo un dolor tan grande y una pena tan dolorosa /que en breve verán todos acabar mis días.

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*Notación musical especial y simplificada para ciertos instrumentos que se basa en la representación de la posición de la nota en la cuerda o tecla del instrumento con que esta se toca.


Otro poema del autor en este blog:


miércoles, 3 de julio de 2019

"El abuelo Martín", un relato de Claudia Piñeiro

 Paul Cézanne, Campesino sentado

   El abuelo Martín

    Pasa a buscar a su hijo a las nueve en punto, como cada sábado. Así lo acordó con Marina cuando se separaron. El niño se le abraza a las piernas en cuanto su madre abre la puerta. Casi sin más palabras que un saludo, ella le da su mochila. Hernán le pide una campera. "No creo que le haga falta", dice ella, pero él insiste. No le aclara que llevará a Nicolás fuera de la ciudad, a la casa del abuelo Martín, donde la temperatura siempre es menor en unos grados. Para qué, ella empezaría con sus recomendaciones: que los caballos pueden patear al chico, que el estanque es peligroso, que no vaya a treparse a ningún árbol. Las mismas recomendaciones que daba cuando estaban casados y que hicieron que Hernán dejara de ir. Ahora que es tarde, se arrepiente. La muerte del abuelo Martín, tres meses atrás, canceló cualquier posibilidad de reparación.
    Es un día de sol y la ruta está vacía. Hernán pone uno de los cedés preferidos de Nicolás, pero antes de salir de la ciudad su hijo ya está dormido. Siendo así él prefiere el silencio y dedicarse a pensar en lo que tiene que hacer,  su madre le encargó ocuparse de la venta de la casa. A él no le cayó bien el encargo; bastante tiene con sus cosas, pero era el candidato natural para la tarea y no pudo negarse. No sólo había sido el preferido de su abuelo, sino que además es arquitecto. Qué mejor que un arquitecto para poner a punto una casa que se quiere vender. En la familia se dice que Hernán es arquitecto por el abuelo Martín. Mientras sus hermanos y primos andaban a caballo o se metían en el estanque, él lo acompañaba en las múltiples tareas que le demandaba la casa. El abuelo tenía una empresa constructora y aunque no estudió arquitectura era como si lo hubiera hecho. Incluso mejor, muchas tareas las realizaba con sus propias manos: levantar una pared, pintar un ambiente, reparar los techos. Por el cariño que le tiene y si no fuera tan desastroso el estado de sus finanzas después del divorcio, lejos de venderla, Hernán se quedaría con esa casa.
    Pasa la tranquera y se alegra de que su madre se haya ocupado al menos de deshacerse de los animales. Para él queda, además de las reparaciones, contactar una inmobiliaria, fijar un precio de venta, mandar hacer una limpieza profunda. Sin embargo, Hernán tiene muy claro qué será lo
primero: tirar la pared que su abuelo levantó en medio del living, una pared sin sentido arquitectónico que divide el ambiente en dos e interrumpe el paso. Levantada para tapar un dolor o fijarlo para siempre. Porque en medio de esa pared, frente al sillón preferido de su abuelo, cuelga el retrato de Carmiña Núñez, su abuela, a quien Hernán apenas conoció. Muchas tardes, cuando bajaba el sol, vio a su abuelo sentarse con un vaso de whisky frente a esa pared y admirar el retrato. Una mujer morena, bonita, luciendo un vestido de encaje blanco que tal vez haya sido el que llevó puesto el día de su casamiento. Pasaban los años y el abuelo Martín parecía seguir enamorado de ella, aferrado al recuerdo de su mujer muerta. O eso creía Hernán, hasta que un día se lo comentó a su madre. Ella puso mala cara: "De esa mujer yo no hablo". Entonces se dio cuenta de que casi nadie en la familia mencionaba a su abuela, sólo el abuelo Martín que, cuando insinuaban algún enojo, decía: "Todos hablan, pero nadie sabe". Muchos años después se enteró por una prima de que su abuela no estaba muerta sino que se había ido con otro hombre. Nadie supo más de ella, si formó otra familia en alguna parte del mundo, ni siquiera si seguía viva o no. Nadie volvió a mencionarla, excepto el abuelo. Para él, ella seguía inmaculada, en su vestido de encaje con el que la contempló tantas tardes, frente a la pared que Hernán se dispone a tirar.
    A poco de llegar, Nicolás ya se mueve en el lugar como si viviera allí. "¿Me querés ayudar ?", le dice Hernán cuando pasa junto a él con las herramientas. "No", contesta el niño y se sube a la hamaca que cuelga de un árbol. Él se ríe, le gusta que Nicolás haga lo que tenga ganas. Entra a la casa, deja las herramientas contra la pared y descuelga el retrato. Lo deja a un costado, ya verá cómo deshacerse de él más tarde. Toma cincel y martillo y empieza a golpear. Se pregunta si Marina, a pesar de haberlo negado, lo habrá dejado por otro, como hizo su abuela. El cincel se clava con facilidad, la pared es hueca. No le sorprende, no debía sostener nada, apenas un cuadro. Apoya el cincel y golpea otra vez, los ladrillos casi se le desarman en la mano. Y una vez más. Hasta que el cincel se engancha y queda atrapado. Hernán tira y la herramienta sale con un pedazo de encaje blanco, sucio, envejecido. Siente un mareo, como si el aire se hubiera enviciado con algo más que el polvillo, le cuesta respirar. Se detiene un instante a la espera de no sabe qué. Sus ojos clavados en ese muro a medio demoler. Y de repente, como si ahora sí lo supiera, rompe la pared con los puños, la desarma, va haciendo a un lado los pedazos, hasta que aparece el vestido de su abuela y su esqueleto sostenido por la tela que impidió que se convirtiera en un manojo de huesos. Se le nubla la vista. Busca luz mirando a través de la ventana.
    Nicolás acaba de saltar de la hamaca y viene hacia la casa.

(Claudia Piñeiro,  Quién no, Alfaguara, 2019, pp. 129-136)

Claudia Piñeiro. (wmagazin.com)
Claudia Piñeiro (Burzaco, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1960) es narradora, dramaturga, guionista de televisión y colaboradora de distintos medios gráficos. Estudió la carrera de Económicas, y ejerció la profesión durante diez años, antes de dedicarse en exclusiva a la creación literaria. Como narradora, tiene fama de excelente constructora de tramas, si bien a la escritora le interesan sobre todo los personajes. Es autora de las novelas Las viudas de los jueves (Premio Clarín de Novela 2005), Tuya (2005), Elena sabe (2007, Premio LiBeraturpreis 2010), Las grietas de Jara (2009, Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2010), Betibú (2011), Un comunista en calzoncillos (2013), Una suerte pequeña (2015) y Las maldiciones (2017). Ha publicado también cuentos para niños y el libro de relatos Quién no.

Por el conjunto su obra literaria  ha obtenido otros premios nacionales e internacionales: en 2014  fue galardonada con el XII Premio Rosalía de Castro del PEN  Club gallego (Club de Poetas, Ensayistas y Narradores de Galicia) que distingue anualmente la trayectoria relevante de cuatro autores en lengua portuguesa, castellana, catalana y vasca, y en 2018  el festival BCNegra le concedió  el  XIV Premio Pepe Carvalho de novela negra, que reconoce la trayectoria de autores de prestigio en el ámbito de la novela negra. El jurado de este premio valoró que "con línea clara dibuja argumentos y personajes que generan preguntas sin respuestas fáciles y cómodas; construye buenas tramas y buenos personajes, elige temas importantes para su comunidad, usa tanto la acción y la denuncia como el sentido del humor, y todo lo hace con una falsa facilidad que esconde esfuerzo, ambición y coraje". Varias de sus novelas han sido llevadas al cine, y es una de las escritoras argentinas más traducidas a otros idiomas.

Quién no reúne dieciséis relatos -escritos para periódicos, revistas o antologías  a lo largo de los años- que, "como breves escenas cotidianas, abordan situaciones en las que todos podemos vernos reconocidos". En ellos trata temas constantes en su obra: los secretos, las cosas no dichas, las relaciones de pareja, la violencia en la familia, la soledad, el aborto, la duplicidad, la incomunicación y los miedos. Los textos  revelan pequeñas rarezas cotidianas ocultas en lo más profundo de los personas, que bajo una apariencia de normalidad resultan, como todos nosotros, un poco raros para los demás, porque, como dice uno de los personajes, "¿Quién no es un poco raro?". En todos ellos, según la autora, "los personajes están ante un abismo, y ese abismo es el mundo que te devuelve una respuesta diferente a la que tú esperabas", y ante ese abismo tienen que tomar una decisión y actuar.