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domingo, 29 de octubre de 2023

"Cuando me vaya", de Mariluz Escribano Pueo

 

Hayedo de Peña Roya y refugio de la fuente del Sacristán , Parque Natural del Moncayo.
 /Eduardo Viñuales. (elperiodicodearagon.com)


CUANDO ME VAYA

Dejaré un silencio en el recuerdo,
sonidos de una voz que fue muy joven,
y un aroma de sándalo y cipreses
para que no me olvides.

Y ahora, cuando el sol desaparece,
y hay promesa de una noche clara,
las estrellas se esconden
y están muertas de tanta nívea luz.

Dejaré abierta la ventana.
Un gorrión divulgará mi huida,
y un frescor de mañana
anunciará mi marcha,
con trémula voz para llamarte.

Cuando me vaya,
perderé las praderas,
los bosques encendidos de noviembre,
el verde del jardín en primavera,
la tenue luz de los planetas,
la sonrisa de un niño,
el calor de un amigo,
lágrimas de dolor por los caminos
que transité tan alta,
la caricia de un perro
que dio fuego a mis manos.

Cuando me vaya,
habré perdido tantas cosas
que creceré en trigal por no morirme.

(De Geografía de la memoria (2018). En Poesía completa. 
Ed. de Remedios Sánchez, Cátedra, 2ª ed, 2023,
 págs. 303-304)


Sobre Geografía de la memoria, último poemario publicado por Mariluz Escribano Pueo (1935-2019), escribe la profesora Remedios Sánchez que se trata de un libro claramente sensorial:

vista, oído y olfato son los tres sentidos prioritarios para apreciar los matices de los colores, la trascendencia de dejarse llevar  por los sonidos de la naturaleza, de percibir los perfumes del jardín... En todo esto encuentra la paz de espíritu postrera: reactualizando la "Oda a la vida retirada" de fray Luis de León.

"Cuando me vaya", poema que cierra su poesía completa por expreso deseo de la autora, es para Morales Lomas  un canto a la vida con rebordes de "despedida  juanramoniana" que contiene un inventario de todo aquello que la poeta no hubiera querido dejar nunca (Fernando Valverde). Los tres últimos versos, observa Remedios Sánchez, definen su concepción de la existencia:

Así, esta metáfora honda hace ver que Mariluz Escribano concibe la vida como un ciclo eterno, semejante al del trigo del que, tras cada cosecha y, antes de llevarlo a moler para convertirlo en harina, se guarda una fracción como simiente que se utilizará para la siembra del siguiente año. Es la forma de perdurar más hermosa para quien tanto amó el mundo vegetal: ser parte de ella habitando eternamente la tierra feraz y nutricia que está en el origen de todo lo creado.
Puedes leer otros poemas de la autora publicados en este blog:
-"Los ojos de mi padre": AQUÍ.
-"Canción de la tristeza" y "Escribiré una carta para cinco": AQUÍ.

domingo, 21 de julio de 2019

"Canción de la tristeza" y otro poema de Mariluz Escribano

© Peter Ilsted


CANCIÓN DE LA TRISTEZA

Aquí está la tristeza. 
No hay mar para abarcarla con latidos
de barcos por sus olas,
no hay albas más inciertas por sus bordes,
ni sueños que respiren
paisajes humanísimos y ocasos.

Porque está aquí y es sólo la tristeza
de saberse mujer como manzana
asomada a la lluvia del espejo,
a una historia desnuda de relatos
y a un pasado sin nombre y consecuente
y justamente azul, como debiera,
como debe erigirse en la memoria.

Ahora tengo una mano de marfil
y otra de ausencia
y ejerzo de tristeza y de noviembre.

De Canciones de la tarde, 1995


ESCRIBIRÉ UNA CARTA PARA CINCO

Cuando surja la luz de primavera,
y las rosas dibujen sonrisas de colores,
escribiré una carta para cinco muchachos,
contándoles lo mucho que gané con la vida.

Escribiré desde una nube blanca,
con una tinta azul que no la borre el tiempo,
porque no volveré a pisar las arcillas,
ni la dura tristeza del asfalto.

Contaré que mi vida
fue una historia muy larga,
con mapas y lecciones
en un palacio antiguo,
del fragor de los trenes
hacia el país del trigo,
la lluvia sobre el mar
y las arenas suaves.
El Cantábrico allí,
tan lejos de Granada.

Después vinieron ellos,
esos cinco muchachos,
y los días pasaron
con nanas y con besos,
con los ojos dormidos
en cuna almidonada.

Mi corazón estuvo
siempre en guardia con ellos.
Y ahora que ya han crecido
y conocen los mundos de las hierbas,
los nombres de los pájaros,
la música del mundo,
los placeres del libro,
creo que ya he cumplido
mi misión en la tierra.

Escribiré una carta para cinco
cuando la primavera arribe
y me inunde la casa de amarillos.

De El corazón de la gacela, 2015


Mariluz Escribano Pueo, ejemplo de conciencia ética, falleció ayer, 20 de julio de 2019,  en Granada, a los ochenta y tres años. Vinculada a colectivos como Mujeres Universitarias o Mujeres por Granada, que fundó y lideró durante algunos años, dio voz a las mujeres. La poeta crio sola a sus cinco hijos -a quienes dedicó el poema "Escribiré una carta para cinco"- después de que su esposo, catedrático de universidad, falleciera tempranamente en accidente de tráfico.

Otros poemas de la autora en este blog:
-"Los ojos de mi padre": AQUÍ.
-"Cuando me vaya": AQUÍ.

domingo, 26 de marzo de 2017

"Los ojos de mi padre", de Mariluz Escribano

© Getty Images


                     LOS OJOS DE MI PADRE


Los ojos de mi padre,
los ojos de mi padre,
mirándome en la patria cereal de los trigos,
en un tiempo de cunas
mecidas por el viento de la guerra,
mirando cómo crezco
en los abecedarios
y conquisto sonidos primitivos,
balbuceos, palabras necesarias,
porque él me empuja y vuelve,
desde su corazón y sus espigas,
su corazón de tierra y manantiales,
patria de tierra y gritos apagados.
Mi padre es un silencio
que mira cómo crezco.
Sus manos me conforman,
me miran la estatura,
la dimensión del cuerpo,
averiguan gozosas
que me elevo en trigal.
Las manos de mi padre
tocan mi cuerpo y cantan,
y yo sé que me acunan
con nanas de caballos,
con la salmodia triste del judío,
del converso que habita por su sangre.
Pero paseo con mi padre.
Abandono en sus manos
mis manos tan pequeñas,
y al calor de su sangre
mis pulsaciones tienen
una ambición de tiempos.

En las luces inquietas de la tarde,
al borde de la noche,
vamos pisando hierbas, territorios,
ríos como torrentes, manantiales,
horizontes donde la niebla habita,
paisajes metalúrgicos y bosques,
ciudades, vientos, cordilleras,
blancas constelaciones.
Camino con mi padre.
Me nombra a las palomas,
pájaros migratorios,
aguanieves que rozan las praderas,
alcaudones de viento,
golondrinas, gorriones, avefrías.
Y todo pasa y llega de su mano,
y a mi infancia regresa
el calor confortable de su sangre.

Cuando llegan los días de septiembre,
láminas del otoño,
las madrugadas frías y estrelladas
detienen sus palabras.
Pero es sólo un instante
de sangre y de fusiles
porque mi padre vuelve del silencio
y pasea conmigo
el callado silencio de las calles,
y los campos sembrados
y las constelaciones,
y su voz de madera me acompaña, me mira cómo crezco.
Todo el mundo conoce
que heredé de mi padre una bandera.


                      De Umbrales de otoño, Hiperión, 2013



Mariluz Escribano en 2014. Foto: Ramón L. Pérez/
Ideal de Granada
Mariluz Escribano Pueo (Granada, 1935) es una poeta española perteneciente por edad a la generación de los 60, si bien no empieza a publicar hasta la década de los 90, cuando el tiempo había cicatrizado las heridas de la Guerra Civil: el asesinato de su padre y las represalias sufridas por  su madre.
     Su padre, Agustín Escribano, fue catedrático y Director de la Escuela Normal de Maestros de Granada de 1931 a 1936. Fue fusilado en septiembre de 1936. Su madre, Luisa Pueo Costa, huérfana desde muy niña, quedó al cuidado  de su tío Joaquín Costa, padre del regeneracionismo,  y llegó a Granada como Inspectora de Enseñanza Primaria. Allí conoció a quien sería su marido; durante el periodo republicano fue profesora de la Escuela Normal y Secretaria de la Residencia de Señoritas Normalistas. Fue enviada a prisión con su hija de nueve meses y, como les ocurrió a otras maestras republicanas, perdió su plaza como profesora, que recuperaría muchos años después, y se vio obligada a abandonar Granada con su hija.
  Mariluz Escribano pasó sus primeros años entre Palencia y Burgos. Más tarde se le permitió regresar a Granada, donde cursó estudios de Filosofía y Letras y Magisterio y se doctoró en Filología Hispánica. Después de dos años como docente en el Antioch College de Ohio, ejerció como catedrática de Didáctica de Lengua y Literatura de la Facultad de Ciencias de la Educación  de la Universidad de Granada. Estudiosa de la oralidad y del folclore, ha sido columnista del diario Ideal de Granada, estuvo al frente de la revista Extramuros durante cinco años y dirigió la revista EntreRíos desde su fundación, además de desarrollar una carrera como pintora.
    Su obra se ha considerado ejemplo de la llamada "literatura sumergida" ya que, a pesar de la indudable calidad de sus trece poemarios,  ha gozado de escasa presencia en publicaciones culturales nacionales. Ha publicado Sonetos del alba (1991), Desde un mar de silencio (1994), Canciones de la tarde (1995), Cartas de Praga (1999), Sopas de ajo (2001), Memoria de Azúcar (2002), Ventanas al jardín (2002), El ojo de cristal (2004), Sonetos del alba (2005), Jardines pájaros (2007), Los caballos ciegos (2008), Umbrales de otoño (2013),  El corazón de la gacela (2015) y la antología Azul melancolía (2016). Entre los reconocimientos recibidos están la Medalla de Oro de la ciudad de Granada y el Premio Andalucía de la Crítica.

Actualización (20/07/2019):
Mariluz Escribano Pueo ha fallecido  en Granada hoy, 20 de julio de 2019, a los 83 años. En enero de este año recibió el Premio Elio Antonio de Nebrija.  En 2018 apareció su último libro, Geografía de la memoria, que incluye el poema "Cuando me vaya".

En esta entrevista la autora habla de "Los ojos de mi padre":


Otros poemas de la autora en este blog:
-"Canción de la tristeza" y "Escribiré una carta para cinco": AQUÍ.
-"Cuando me vaya": AQUÍ.