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lunes, 28 de noviembre de 2016

Leer juntos Hoy: ‘Viaje a la aldea del crimen’, de Ramón J. Sender

Grupo de lectura "Leer juntos Hoy" del IES “Goya”
Sesión del 7 de noviembre de 2016
Autor: Ramón J. Sender
Obra comentada: Viaje a la aldea del crimen. Documental de Casas Viejas  (1934)
Reeditado por Libros del Asteroide en 2016, con prólogo de Antonio García Maldonado.


Sender y Casas Viejas
Los sucesos de Casas Viejas se desarrollaron entre el 10 y el 12 de enero de 1933. Sender llegó a la localidad tres días después de los hechos, como corresponsal del diario La Libertad, junto con Eduardo Guzmán del periódico La Tierra. Los periodistas del ABC de Sevilla y del Diario de Cádiz que habían acudido al lugar recogían en sus crónicas la versión oficial de los acontecimientos; Sender y Guzmán fueron los primeros en denunciar la actuación de las fuerzas del orden público y la responsabilidad del gobierno.


El libro, publicado en febrero de 1934, reestructura y pule las diez crónicas que Sender mandó diariamente a La Libertad  en enero de 1933  más los artículos que escribió en el mismo periódico en marzo de 1933 paralelamente al debate parlamentario que se produjo para delimitar responsabilidades. Además se completa con una serie de "episodios" donde los protagonistas de los hechos (familiares y víctimas de la represión posterior) toman la palabra; en la segunda parte del libro se repiten títulos como "Lo que dicen las madres de esos cuatro campesinos" (a partir de la página 111) en los que se incluyen testimonios literales de testigos de los hechos recogidos de las entrevistas realizadas por la comisión de investigación parlamentaria. El último episodio, a propósito del debate parlamentario, refleja la opinión muy crítica del autor con el gobierno y, por extensión, con la República. 
Antes de Viaje a la aldea del crimen, Sender ya había publicado, en 1933, una primera versión más reducida titulada Casas Viejas (en 2004 fue reeditada en la colección Larumbe de PUZ con prólogo de Ignacio Martínez de Pisón).
 

El carácter de reportaje periodístico marca en cierto modo el estilo y la estructura de la obra, que se ha relacionado con el "Nuevo Periodismo", caracterizado por técnicas narrativas de superposición de escenas al estilo de Truman Capote. Entre las modificaciones que introduce el libro respecto a los artículos publicados en enero y marzo de 1933 cabría destacar, además de los complementos de la última parte del texto, la estructura cerrada que se consigue recurriendo al diálogo del autor con María Mármol al principio ("episodio" 6, pág. 25) y al final ("episodio" 43, pág. 163). 

A la narración exhaustiva de los hechos hay que añadir las magníficas descripciones del paisaje, de las chozas o del hambre y miseria de los campesinos. El paisaje, más que escenario, se convierte en protagonista. Las primeras crónicas establecen una aproximación, a modo de zoom, al escenario de los sucesos; una vez salvadas en un tiempo récord, gracias al avión, las distancias entre Madrid y Andalucía, se juega con la escala (Sevilla- Medina Sidonia-Casas Viejas) para introducirnos en este mundo de pervivencias feudales donde los campesinos son distintos a los del resto de España, más pobres, hambrientos y miserables: 

Hambre negra, solitaria, en medio de una tierra feraz y de un clima suave (...) Estos hombres están condenados, como en ninguna otra región de España, a la hurañía, al aislamiento, a una triste soledad con su miseria (pág. 25). 

La narración se vivifica con abundantes diálogos de los que da fe el narrador-cronista. Los protagonistas se mueven y hablan como si estuvieran todavía vivos.

Llegan en parejas los hombres a la choza de Seisdedos, preguntando qué se hace. José Silva, su yerno, se adelanta a contestar:
—¿No está cortao el hilo del teléfono?
—Sí.
—Pues na. Al Sindicato.
Seisdedos los llama. Repite la pregunta de su yerno y los otros vuelven a afirmar. Entonces Seisdedos da una orden:
—Marchar ocho con picos a la carretera y abrir una sanja de lao a lao, que no puedan pasa los automóviles. Venís a desirlo cuando hayáis acabao. (pág. 62)
 
Las palabras de Antonio Muñoz Molina en la reseña que escribió con motivo de la reciente reedición del libro ilustran de forma excelente algunos de los recursos literarios utilizados por el autor: 

"Sender en ningún momento esconde que no asistió personalmente a una gran parte de lo que cuenta con una riqueza de detalles que solo puede conocer un testigo. Todo el libro está construido en torno a un artificio narrativo, lícito en una novela, pero no del todo aceptable en quien se presenta como cronista. 
Con espléndido brío literario, Sender empieza por contar el viaje en avión de Madrid a Sevilla tres o cuatro días después de los hechos. Esas páginas tienen un ritmo visual de cine, un nervio de narración vanguardista, arrebatada por la maravilla de la mecánica y la velocidad (...) la velocidad es tanta que imagina que va ganando tiempo al tiempo, y retrocede hasta unos días atrás, y así llegó al lugar de los hechos justo antes de que sucedieran, cronista no ya del presente sino del pasado inmediato, que se despliega ante él como una película. 
Todos están muertos cuando Sender llega a Casas Viejas, pero él reconstruye sus conversaciones y hasta sus pensamientos".

(Párrafos extraídos del artículo de Antonio Muñoz Molina: En la aldea del crimen. Babelia, El País,5 de marzo de 2016)

 Casas Viejas en el contexto de la Segunda República
La insurrección de Casas Viejas se encuadra en el contexto socio-político del campo andaluz del primer tercio del siglo XX, dominado por estructuras agrarias latifundistas con una mayoría de jornaleros sometidos a condiciones de vida miserables. En este marco de polarización social se produjo el acercamiento y la identificación de amplios sectores del campo andaluz a los ideales anarquistas.


España contaba a comienzos de la década de los 30 con 23,6 millones de habitantes, la mayoría de los cuales vivía en núcleos rurales.  Los procesos desamortizadores del siglo XIX no habían solucionado los problemas del campo español: escasamente mil propietarios poseían más de la mitad de la tierra cultivable. Había más de un millón de campesinos jornaleros, no propietarios y sometidos a un paro estacional gravísimo. 

La proclamación de la República en abril de 1931 provocó grandes esperanzas en buena parte de la población, pero la lenta aplicación de la legislación social y laboral republicana desencadenó la oposición de la CNT y de la FAI ya desde los primeros meses del gobierno provisional; sucesos como la huelga de la Telefónica en Madrid, en mayo de 1931, marcaron el inicio de esa ruptura. En el campo, antes de Casas Viejas ya se habían producido levantamientos campesinos en varias localidades como Arnedo o Castilblanco.

En los casi dos años de gobierno de la coalición republicano-socialista, entre diciembre de 1931 y noviembre de 1933, se puso en marcha un ambicioso programa de reformas políticas y sociales. Dice el historiador Julián Casanova que nunca en la historia de España se había asistido a un periodo tan intenso de cambio y conflicto, logros democráticos y cambios sociales. Este amplio programa trató de afrontar, con soluciones democráticas y constitucionales, los grandes problemas que España arrastraba desde el siglo XIX; entre ellos, frente al problema social del campesinado sin tierras, la puesta en marcha de una Ley de Reforma Agraria. La implantación de las reformas no fue un camino de rosas tanto por la reacción hostil de la derecha y los propietarios, como por las movilizaciones y huelgas de obreros y campesinos por la lenta aplicación de las reformas, que acabaron demasiadas veces bañadas en sangre por la intervención de las fuerzas del orden (Guardia Civil y Guardia de Asalto, cuerpo de policía creado en 1931). 

En este contexto de conflictividad social la CNT y la FAI convocaron una huelga general para enero de 1933. Desde el 1 de enero se fueron produciendo movimientos en distintos lugares (Barcelona, Madrid, Zaragoza, Murcia, Oviedo, Valencia). Pero los sucesos más trágicos y de mayores consecuencias para la República se produjeron en Casas Viejas.

Los sucesos y sus consecuencias para la República

El día 10 de enero de 1933 un grupo de militantes anarquistas de Casas Viejas  tomó el cuartel de la Guardia Civil por asalto y quedaron heridos dos guardias civiles, que fallecieron después. Proclamaron el comunismo libertario, izaron la bandera rojinegra e incautaron los productos de primera necesidad dando a los tenderos un vale que les sería canjeado una vez triunfase la revolución. Cuando comenzó la revuelta en Casas Viejas, ya había fracasado en el resto del país, pero nadie avisó a los líderes anarquistas de la localidad.

Efectivos de la Guardia Civil y de la Guardia de Asalto se desplazaron a Casas Viejas,  detuvieron a varios campesinos y cercaron la choza de Francisco Cruz Gutiérrez, 'Seisdedos', un viejo militante anarquista de 72 años de edad. Dentro de la choza había varios familiares de 'Seisdedos' que se atrincheraron y dispararon con escopetas a los guardias de asalto, produciéndose un muerto y un herido. El capitán Rojas, al frente de la Guardia de Asalto, mandó disparar y lanzar bolas de algodón empapadas en gasolina e incendiadas sobre el techo de la choza. Seis personas quedaron completamente calcinadas, sobreviviendo sólo María Silva, 'la Libertaria', que logró huir con un niño.  Manuela Lago y Francisco García también lo intentaron, pero no tuvieron suerte y murieron acribillados. 

Después, como escarmiento, fueron conducidos al lugar los detenidos en el pueblo y asesinados a sangre fría por las fuerzas del capitán Rojas, que previamente habían asesinado también a otro anciano, Antonio Barberán, de 74 años, que nada tuvo que ver con el asalto al cuartel de la Guardia Civil. 

El número de fallecidos varía según las fuentes: entre 21,  22, 23 civiles y tres guardias (dos Guardias civiles y uno de Asalto). En Viaje a la aldea del crimen Sender dice que  había veintidós muertos abandonados (pág.129) más dos mujeres que murieron posteriormente. 

Los sucesos de Casas Viejas tuvieron una gran repercusión. Rápidamente se desplazó una comisión parlamentaria al pueblo para redactar un informe. En el juicio celebrado un año más tarde, el capitán Rojas habla de una orden directa de Manuel Azaña ("ni heridos, ni prisioneros. Tiros a la barriga"). En los Cuadernos Robados, los diarios que Azaña escribió en 1932-1933,  se autoexculpa por desconocer el alcance de la masacre.

La imagen de Azaña y de la coalición republicano-socialista quedó muy dañada. El crimen de Casas Viejas significó un antes y un después para la República porque la gestión del suceso le costó a la izquierda el gobierno. El prólogo de A. G. Maldonado (en la edición de 2016) se titula, muy oportunamente, "Casas Viejas, la aldea donde la Segunda República perdió la inocencia". Este ambiente de tensión contribuyó al fracaso de la coalición republicano-socialista; las elecciones de noviembre de 1933 dieron el triunfo al Partido Radical de Lerroux y a la CEDA, liderada por Gil Robles.  En conjunto, la derecha pasó de sus 40 diputados en las Cortes de 1931, a 200 en las de 1933.


Casas Viejas durante el siglo XX
En 1933 Casas Viejas era una población perteneciente al municipio de Medina Sidonia (es municipio independiente desde 1991). El nombre de Casas Viejas se debía al buen número de chozas que servían de vivienda a los campesinos. Los pilares se hacían de ramas de olivos; la techumbre, de ciprés y caña; el suelo, de tierra o piedra. Vale la pena recordar una de las primeras descripciones de Sender al llegar a la aldea (pág 29-30): 

En Casas Viejas no hay casas viejas ni nuevas. Centenares de obreros—y el pueblo es muy pequeño—, cuando llegaron a la mayor edad y se separaron de sus padres, construyeron cerca de la de ellos su choza, con la mujer. (...) Un círculo o un cuadrado con tres metros de diámetro o de diagonal. Cavada la tierra, para ahorrar paredes porque cuesta dinero la piedra, y no digamos el ladrillo. Cuando el amplio hoyo alcanza la profundidad de un metro, termina la primera parte de la tarea y comienza la segunda, que consiste en amasar la tierra extraída con agua, y con el barro ligar un trenzado de ramas secas alrededor del hoyo. Las ramas se juntan por arriba y la casa está construida. No diremos que no las haya más complicadas. Hay quienes han construido sobre el suelo una cerca de piedra que a veces alcanza la altura de un metro. Como han socavado otro metro la habitación, tiene ya dos de altura. Sin contar con que las ramas secas, agrupadas en cono sobre la cerca, pueden alcanzar en su cúspide hasta un metro más.
El pueblo de Casas Viejas es eso. Tiene más de cuatrocientas viviendas —viejas o nuevas— que muchos animales, más exigentes, desdeñarían. 

Sender también nos proporciona una magnífica descripción de la choza de 'Seisdedos' (pág, 56-58): 

Por fuera tenía el techo un remiendo de lata y otro de hule, procedente, quizá, de la cuna de alguna casa y recogido de los vertederos. Son muchas las casas que hay aquí como la de Seisdedos. No se veía salida de humos. Luego vimos que no hacía falta. Dentro, la choza medía hasta cuatro metros de lado, y era cuadrada. Aunque parezca que no puede quedar espacio para dos habitaciones, lo cierto es que un pedazo de arpillera remendado con tela que un día pudo ser blanca y clavado en un larguero separaba un rincón donde había una cama de hierro (...)
La cama es el gran lujo del Seisdedos. El recinto estrecho donde aparece el túmulo de dos jergones de paja está comenzado a encalar. Hay paja también, amarilla y obscura a trozos, en el suelo. El viento hace crujir la techumbre y espolvorea de tierra la pequeña habitación.

Todavía en los años 60 las chozas seguían cumpliendo la función de vivienda, tal y como lo documenta el antropólogo norteamericano Jerome R. Mintz en sus fotografías tomadas durante sus repetidas visitas al lugar, a partir de la primera en 1965. Mintz es autor de una amplísima obra gráfica sobre Casas Viejas y en general sobre los jornaleros de esta zona de Andalucía (seis documentales y miles de fotos). Recogió la narración de los sucesos en el libro Los anarquistas de Casas Viejas, editado en Estados Unidos en 1982 (la primera edición española, bajo el patrocinio de la Diputación de Cádiz, data de 1994).

Durante varias décadas Casas Viejas cayó en el olvido y ni siquiera mantuvo el nombre, ya que durante el franquismo se eliminó 'Casas Viejas' del topónimo del lugar (Benalup-Casas Viejas). A partir del restablecimiento de la democracia se publicaron investigaciones sobre los sucesos y se recuperó 'Casas Viejas' en la denominación oficial del término municipal (desde 1999 se llama de nuevo Benalup-Casas Viejas). En 2009, fue declarado Bien de Interés Cultural. El sitio que ocupaba la choza de 'Seisdedos', junto con otros restos de los sucesos, actualmente es un "Lugar de Memoria".

Pilar Cancer Pomar


Tengo malas noticias de lo de Casas Viejas. Me temo lo peor. 
M. Azaña, Diarios 1932-1933. Los cuadernos robados. 
13 de febrero 1933
 
La sesión de lectura del pasado lunes 7 de noviembre sobre la novela de Ramón J. Sender, Viaje a la aldea del crimen, fue un largo e intenso debate que puso claramente de manifiesto las distintas perspectivas, intereses y opiniones con las que abordamos, por ejemplo, un libro.

La obra recoge las crónicas publicadas por Sender como periodista del diario La Libertad de Madrid de enero a marzo de 1933, recopiladas y publicadas ya en 1933 con el título de Casa Viejas, y en 1934, de forma novelada, con el título Viaje a la aldea del crimen. Casi olvidada, esta novela ha merecido varias reediciones en los últimos años.  La primera versión fue publicada en 2004 en la Colección Larumbe de Prensas Universitarias de Zaragoza. La novela se editó en el año 2000 en Ediciones VOSA con prólogo de José María SalgueroRodríguez y en 2016, en Libros del Asteroide con prólogo de Antonio G. Maldonado.

La lectura de Sender no dejó a nadie indiferente. 

Pilar Cancer Pomar ha hecho una estupenda disección del libro, sobre todo desde el punto de vista histórico, que comparto plenamente, así que aquí apuntaré tan solo los comentarios literarios de la sesión.

Viaje a la aldea del crimen es una obra “de juventud” de Sender, aunque ya había publicado, por ejemplo, Imán y Siete domingos rojos, obras también de importante carga política. Pionero en el “periodismo literario”, el autor construye la novela a partir de unos hechos reales, utilizando algunas ficciones (por ejemplo, en lo temporal: el veloz viaje en avión le permite recuperar, incluso, el tiempo y llegar al lugar de los hechos antes de que estos empezaran a suceder, para, como testigo, poder dar fiel cuenta de ellos). 

El estilo periodístico impone una gran velocidad a la narración, acentuada en el primer capítulo con la propia velocidad del vuelo, preciosa descripción de una novedad tecnológica del momento con elementos incluso autobiográficos (uno de los hermanos de Ramón J. Sender fue piloto).

La novela comienza con la descripción de la situación social en Andalucía, muy diferente a otros lugares de España. En cierto modo cierra el círculo de los bandoleros de Sierra Morena. Aquí es manifiesto el origen periodístico del relato, con evidente intención e interés político de esta prensa comprometida social o políticamente.
Pero el mayor valor literario de la obra está en la descripción, la descripción del hambre, de la dureza de la vida, la ley que obliga a las personas a ser miserables:

¿Que si hay hambre aquí?
De propagandas rojas o de delitos comunes hay hombres siempre en la cárcel. Hombres y mujeres, porque aquí, en el campo andaluz, si no hay igualdad de derechos, por lo menos las necesidades y apremios hace tiempo que es un hecho entre hombres y mujeres. Trabajan juntos, sudan sobre la tierra cuando pueden alcanzar esa oportunidad, que siempre o casi siempre les huye. Además ellas son gracia y juventud. Y compañía. Y maternidad. Si llega el caso, la mujer, como el hombre va a la cárcel. (pag. 26)


Podemos ver el color cetrino de los personajes, masticar el polvo de las chumberas, oír los ruidos en una tripa hambrienta. El texto evoca escenas goyescas, terribles. Es la representación del hambre, de la miseria, algo que no hace, no puede hacer, la historia pero sí la literatura.

En la caracterización de los personajes, Sender destaca el profundo estoicismo del campesino andaluz, de una “naif” cultura política revolucionaria, mientras a los funcionarios los caricaturiza en su decimonónica ineficacia.

Preciosas metáforas, muy hermoso el diálogo de los campesinos con la tierra (extraído de la literatura popular, desde el Romancero).

“La explicación histórica le quita a la novela de Sender en bruto y en potencia lo que va a venir”, una opinión. Para mí, la novela sin la historia sería una truculencia, no un gran libro. Seguramente por esto nos orientamos unas hacia la literatura, otras hacia la historia y otras/otros hacia otros derroteros, aunque todos nos incitan a seguir leyendo. 

Los Diarios de Azaña

A la vuelta de la sesión de lectura logré encontrar en mi biblioteca los diarios de Azaña, Memorias políticas y de guerra  y Los cuadernos robados (los había buscado antes pero no aparecieron; ya sabéis, los libros, a veces, se esconden). He pasado unos días entusiasmada en su lectura: lectura sin ficción, relato trepidante, corrección literaria. Me atrevo a recomendároslos, eso sí, a quienes tengan una afición por la historia y la política (absténganse soñadoras/es). El gobierno republicano-socialista pendía de un hilo; el episodio de Casa Viejas sólo fue una gota más que determinó su caída.
Concha Gaudó Gaudó

Entrada relacionada:
http://elhacedordesuenos.blogspot.com/2014/04/ramon-j-sender-estudiante-en-zaragoza.html


Nuestra contertulia habitual Inmaculada Martín nos obsequia en esta ocasión con un par de láminas tituladas "Recreo del Goya":


martes, 29 de abril de 2014

Ramón J. Sender, estudiante en Zaragoza



Sender visto por Luis Grañena

Parque Crónica del alba. Foto: Josefina López
El escritor Ramón J. Sender (1901-1982) regresa estos días a la actualidad cultural e informativa por la celebración de la XI Semana de las Letras del barrio de Torrero, centrada en el recuerdo y homenaje al autor aragonés, con conferencias, exposiciones, proyección de películas y la inauguración del parque Crónica del alba, hermoso y sugerente nombre tomado del título de una de sus  novelas más conocidas y ambiciosas.
   Es de sobra conocido  que Ramón José  Sender Garcés nació en Chalamera (Huesca), donde su padre trabajaba como secretario del ayuntamiento, pero vivió muy poco tiempo en esta localidad ya que su familia se trasladó pronto a Alcolea de Cinca (población de la que eran originarios sus padres), más tarde a Tauste y posteriormente a Zaragoza.
   En Tauste inicia su relación  con Valentina Ventura, hija del notario de la localidad, y recibe clases de mosén Joaquín, capellán del convento de Santa Clara, quien lo prepara para el examen de Ingreso  y de algunas materias de Bachillerato, de las que se examina como alumno libre en el Instituto General y Técnico de Zaragoza (actual IES Goya), situado entonces en un edificio anexo a la universidad, en la plaza de la Magdalena. Y es precisamente de  su paso por este centro de enseñanza de  lo que vamos a tratar en estas líneas.

ESTUDIANTE DE BACHILLERATO

Según consta en el expediente conservado en nuestro centro (del que existe un exhaustivo estudio  del profesor Mariano Amada), realizó el examen de Ingreso el 17 de junio de 1912 (ver solicitud abajo), y en la convocatoria de junio de ese mismo año se examina, como alumno libre, de Lengua Castellana y de Geografía general y de Europa, materias de primer curso de Bachillerato; mientras que en septiembre realiza las pruebas de Caligrafía y de Nociones de Aritmética y Geometría (en ambas obtiene la calificación de sobresaliente).
   Con arreglo al Real decreto de 17 de agosto de 1901, los estudios generales del Grado de Bachiller se cursaban en seis años; había que aprobar un total de veintisiete asignaturas y se podía cursar, además,  Religión en los tres primeros cursos.
En la convocatoria de junio del curso 1912-13, Sender supera los exámenes de todas las materias a las que se presenta: dos asignaturas de 1º (Lengua latina y Gimnasia) y dos de 2º (Geografía especial de España y Aritmética).
   Pero a comienzos del curso 1913-14 ingresa  como alumno interno en el colegio de San Pedro Apóstol de los Hijos de la Sagrada Familia de Reus (Tarragona). Según consta en la Certificación Académica expedida por el Instituto General y Técnico de Reus, al acabar el curso tenía aprobadas trece asignaturas.
  Los cursos siguientes los realiza como alumno oficial en el Instituto de Zaragoza. De sus vivencias de aquellos años ha dejado constancia en El mancebo y los héroes, cuarto libro de Crónica del alba (1942-1966), extraordinario testimonio de  la vida española durante las cuatro primeras décadas del siglo XX. El joven Pepe Garcés, protagonista de la novela y alter ego del autor, refleja así el ambiente de la ciudad y del instituto mientras Europa se veía inmersa en la Primera Guerra Mundial:
En nuestros días la ciudad seguía siendo liberal. Los periódicos más importantes, como "Heraldo de Aragón" y "La Crónica", eran liberales. La opinión media de la gente era, pues, contraria a los alemanes.
Sólo era germanófilo "El Noticiero", diario de la grey beata, que leía mi padre. Yo compraba los otros dos y los llevaba a mi casa de un modo ostensible.
En el instituto, las clases duraban desde las ocho hasta las doce. También había allí mayoría de chicos partidarios de la victoria de los aliados. Así, pues, mi atmósfera era de optimismo y alegría, al menos por la mañana. Por la tarde -en mi casa-, depresiva y sombría.
   (Crónica del alba, 1. Colección Áncora y Delfín, Destino, 2ª ed., Barcelona, 1977, pág. 410)
 A pesar de todo, muestra pronto su decepción ante lo que el centro (donde en cada clase había alrededor de ciento diez o ciento quince alumnos) le ofrece, si bien el lugar le resulta agradable e incluso idílico:
Desde el principio yo comprendí que el instituto no tenía interés. La cultura -si tal cosa existía- debía estar en otra parte. Todo era incómodo y falso. Nadie leía la lección ni ponía fe alguna en lo que estaba haciendo. Se trataba de engañar a los profesores.
La cosa no tenía el menor atractivo.
Estaba el instituto en el costado izquierdo de una vasta manzana de edificios, todos dedicados a la enseñanza. Por el frente principal que daba al Coso se entraba a la universidad ( facultades de Letras y Derecho). En el flanco hacia el río daban algunas clases de escuela Normal. En aquel lado había también un cuartelillo de policía
La parte nuestra -el instituto- era limpia, moderna, bastante agradable. Los claustros de la planta baja o del piso superior alrededor de un vasto patio cuadrado, estaban cubiertos de cristales. En la primavera, cuando se sentía calor, abrían algunos paneles y entraba el aire perfumado por los árboles en flor. (pág. 411)
                                                                                        

José María -uno de los amigos de instituto del joven Garcés, con vocación de editor profesional- lo nombra redactor jefe de la revista "El Escolar", en cuyo segundo número Garcés publica un artículo sobre Las memorias de un revolucionario, de Kropotkin, que le "dieron de pronto en el instituto una reputación de hombre peligroso." Junto a su amigo adquiere en esta época "un sentido romántico de la literatura  y un respeto por la letra impresa que me han durado hasta hoy".

Los cursos 1914-15 y 1915-16  pasan para el rebelde Ramón José Sender "sin pena  ni gloria"; en ellos aprueba, con calificaciones nada brillantes, diez nuevas asignaturas. Tan solo le faltaban cuatro materias para obtener el título de Bachillerato, pero en el curso 1916-17, cuando cursa 6º, estallan los problemas: suspende las cuatro asignaturas en junio (en tres de ellas consta como No Admitido), intenta recuperarlas en septiembre, pero suspende dos, Agricultura y Química general, que tampoco consigue superar  en la convocatoria extraordinaria de enero de 1918. Sin duda, el centro estaba castigando así la conducta inadecuada del alumno Sender. En su expediente académico no aparece ninguna referencia al respecto.

¿Qué  había sucedido? Pepe Garcés, el personaje literario, lo explica así:
En el instituto las cosas fueron de mal en peor. Los chicos de sexto año, los más grandes, se declararon en huelga, insultaron al director, agredieron al profesor de química en el laboratorio (aprovechando la oscuridad de un experimento con sales de plata) y se declaró la huelga. Abandonamos las clases, gritamos en los pasillos y abucheamos al director.
[...]
Aquellos días yo me agitaba mucho y el director me echó la culpa a mí, tal vez porque hasta él había llegado mi reputación de secuaz y correligionario del príncipe Kropotkin. Eso me molestaba y me halagaba al mismo tiempo. Pero los desórdenes alcanzaron cierta gravedad. Un día asaltamos el tranvía donde acababa de montar el director y rompimos los cristales. El pobre director salió corriendo hasta que pudo alcanzar un coche de alquiler. No pensábamos agredirle, sino solo asustarlo.
Todos me echaron la culpa a mí, a causa de mi artículo sobre Kropotkin. Yo no había hecho sino secundar la huelga, cuya iniciativa salió de no sé dónde. En vano, el bedel Guadalaxara declaró ante el director en favor mío. Por fin, resuelta la huelga y vueltos a la normalidad, el director me llamó y me dijo que yo era el culpable de todo. Añadió que perdería los cursos y que podía trasladar la matrícula a otro instituto. Me negué, con lo cual debí tomar un aire de reto y desafío.
-Entonces -dijo el director altivo-, aténgase a las consecuencias.
Perdí todos los cursos aquel año. Me suspendieron en todas las asignaturas. (páginas 510-511)
Conviene recordar, no obstante, que nunca debemos confundir vida y literatura aunque, como  en este caso, caminen muy próximas la una a la otra. La versión no literaria de los hechos  se recoge en el Libro de Actas del Claustro del Instituto. En el acta correspondiente a la sesión celebrada el 30 de noviembre de 1916, se hace constar el agradecimiento del director del Instituto a los miembros del Claustro, autoridades académicas y gubernativas, a la prensa y a los padres de familia "por la eficaz colaboración prestada para lograr la normalidad en las enseñanzas de este establecimiento, perturbada por los alumnos de sexto año, en los días 24, 25 y 27 del corriente, dentro del Instituto [...]".

Y en un  anexo se da detallada cuenta de los sucesos de esos días. Como antecedente de los disturbios, se cita la denuncia del alumno Sr. Gonzalvo, expresada en la  clase de química del 22 de noviembre,  de la existencia de "un escrito y un dibujo pornográfico" que iba pasando de mano en mano entre los estudiantes. El viernes 24, en la clase de la misma asignatura, se constituye un Jurado escolar, "resultando autores de un escrito inmoral e indecoroso y de un dibujo pornográfico" los alumnos C.C.* y F.U.*, "los cuales se declaran convictos y confesos. En su virtud fueron expulsados de la clase de química por el Catedrático y esta expulsión fue ratificada  y confirmada por unanimidad de los alumnos. Este acuerdo se comunicó por oficio  a los padres de los interesados y a los Catedráticos de 6º curso". Así pues, en las conclusiones del Jurado no se establece ninguna relación de Ramón J. Sender  con  dicho escrito, como se ha querido insinuar en alguna ocasión.

Los disturbios de los días 25 y 27 de noviembre se resumen así en el citado anexo:
a) Sábado 29 de noviembre de 1916. A las 8 menos cuarto de la mañana grupos de  alumnos de 6º curso del Instituto y algunos de la Escuela de Comercio intentaron estorbar la entrada a los de Matemáticas y no lo consiguieron porque el Director vigilaba desde las 7 1/2  frente a la Iglesia de la Magdalena y porque intervino enérgicamente en la calle.
b) A las 9 los alumnos de 6º curso se esfuerzan por impedir la entrada a la clase de Agricultura, desoyendo al Catedrático; interviene el Director y consigue que entren; pero una vez dentro, arman formidable estruendo, aullando y pateando en presencia del Catedrático Sr. Sánchez. El Director tiene que intervenir dirigiéndoles la palabra y reflexiones oportunas acerca de los deberes escolares y logra calmarles y que se dé la clase.
A las 10 se repite el alboroto a la entrada de Historia Natural y a las 11 en la clase de Lógica. Los mismos propósitos albergan los estudiantes respecto a  la jornada del lunes 27, para lo que han pedido colaboración al alumnado de la Escuela Normal, por lo que el director convoca Claustro de Catedráticos a las 8 horas del día 27. En esta sesión se autoriza unánimemente al director "para conminar con la exclusión de exámenes de Mayo a los alumnos de 6º curso, que persistiendo en su actitud de rebeldía y desacato, se nieguen a entrar en clase". Y continúa el relato como sigue:
9 de la mañana. Se presentan los alumnos de 6º curso, acompañados de un centenar de estudiantes de otros centros, especialmente de la Escuela Normal de Maestros y de la de Comercio y hacen irrupción violenta y atronadora en la escalera y en la galería del Instituto. Con alardes de desobediencia y con tenacidad insolente gritan y vociferan, impidiendo la entrada de los alumnos y penetran en la clase de Agricultura, intentando con violencia inusitada sacar a los alumnos que deseaban se diese la clase.
Apiñados dentro de la clase de Agricultura, tratan de ahogar la voz del Director, que los exhorta con reflexiones de afecto paternal, y ya duró la lucha más de 1/2 hora cuando el Director invita a que se reúnan en torno suyo a los concurrentes de aspecto más varonil, especialmente de la Escuela Normal de Maestros, y consigue convencerles de que por estar mal informados, defienden una causa mala y fea. Desde ese momento la revuelta está dominada y los elementos extraños deponen su actitud y, a ruego del Director, dejan a los alumnos del Instituto en libertad de marcharse o quedarse.
[...]
A las 10, clase de Historia natural y a las 11, clase de Lógica, los alumnos de 6º curso sin apoyo de elementos extraños, y a pesar de la presencia de todos los Catedráticos, de Directores de Colegios y de honorables padres de familia que prestan con su presencia apoyo moral al Director del Instituto, repiten una obstinada resistencia a entrar en clase con igual actitud de griterío e insubordinación, viéndose el Jefe del Establecimiento oficial obligado a conminar repetidas veces con la pérdida de curso y diciéndoles por último: "Señores, a la calle o a la Cátedra; a la calle que significa pérdida de curso; o a Cátedra que significa ponerse en condiciones de ganarlo".
Los alumnos se sometieron y las clases todas se dieron por fin en este día.
Tales son los hechos principales, cuyo recuerdo debe conservarse para tenerlo en cuenta en ocasión oportuna.
Ni una sola mención a Ramón J. Sender, quien parece haber sufrido la misma suerte que  otros alumnos participantes en la revuelta. Sin embargo, el autor  transforma el plural en singular y hace  de su protagonista Pepe Garcés una especie de héroe romántico, un joven revolucionario convertido en cabeza de turco de la revuelta debido a su ideología. No obstante,  la crónica de los hechos, tal como se recoge en el acta mencionada, parece demostrar que el escritor no se significó especialmente en los disturbios. Su comportamiento no fue el de un   héroe pero tampoco el de  un villano, pues queda meridianamente claro que no se le puede atribuir el escrito pornográfico con que se inició la revuelta estudiantil.

En 1917 la familia de Sender había fijado su residencia  en  Caspe, donde el padre había vuelto a ejercer
como secretario tras la ruina económica a la que se vio abocado  por la compra de bonos alemanes, entre otros motivos. Pero el escritor, que tenía serias diferencias con su padre,  se traslada a Alcañiz en 1918 para trabajar como mancebo de botica, oficio que había aprendido durante su estancia en Zaragoza. Desde allí, en instancia fechada el 12 de abril de 1918, solicita el traslado de expediente alegando que "según acredita la certificación adjunta el exponente tiene obligación de residir en esta ciudad de Alcañiz donde se halla ganando la vida y como existe colegio de segunda enseñanza donde poder continuar estudios, el cual colegio se halla incorporado al Instituto de Teruel, se ve en la precisión de trasladar sus estudios a este último Instituto para no tenerlos que abandonar".
    La certificación adjunta a que se refiere es un certificado del farmacéutico Alberto López con el visto bueno del alcalde de Alcañiz, ciudad donde aprueba finalmente las dos asignaturas pendientes, lo que le permite obtener el título de Bachiller.


SELLO CONMEMORATIVO

En el año 2001, con motivo de la conmemoración del centenario del nacimiento del autor, el claustro de profesores  del IES Goya solicitó la emisión de un sello conmemorativo, cuyo primer día de circulación fue el 31 de marzo de 2003, como consta en el matasellos especial diseñado por un profesor del centro; en él figura la imagen del autor, en primer término,  y la fachada de la antigua universidad, al fondo.



CARMEN SENDER, PROFESORA DEL I.E.S. GOYA

No acaba aquí la relación del IES Goya con la familia Sender, pues Carmen Sender Garcés, la menor de los hermanos del escritor, ejerció durante muchos años en nuestro centro como profesora de Lengua y Literatura. Persona de gran discreción y profesionalidad, formó parte del claustro de profesores desde 1960 hasta su jubilación. Tras su fallecimiento, sus compañeros del Departamento de Lengua y Literatura se reunieron en sesión extraordinaria, celebrada el 5 de octubre de 2007, para honrar su memoria. En el acta correspondiente se puede leer lo que sigue:
      Se reúnen todos los miembros del Departamento para recordar a Carmen Sender Garcés, antigua profesora de este instituto, que falleció el día 29 de junio.
      Llegó al Instituto Goya, mediante concurso de traslado del Instituto Ramón y Cajal de Huesca, y tomó posesión como Agregada de Lengua y literatura el día 1 de noviembre de 1960. Aquí ejerció de profesora hasta su jubilación, el día 27 de enero de 1988.
     Sus compañeros de Departamento recordamos a Carmen como una persona cálida y cercana; de trato afable y humano; como una luchadora incansable por la enseñanza y por la solidaridad. 
La lectura del poema "A Carmen Sender ante Ítaca", compuesto por el profesor  Emilio Gutiérrez, puso fin a tan emotivo acto en recuerdo de la  compañera desaparecida.
                                                                                           
                                                                                                  Josefina López Granada, profesora del IES Goya

*El derecho al olvido nos lleva a citar a los alumnos responsables con sus iniciales.

Agradezco la colaboración de las exprofesoras Concha Gaudó y Carmen Romeo, quienes me han orientado en la búsqueda de información.

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