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domingo, 26 de marzo de 2017

"Los ojos de mi padre", de Mariluz Escribano

© Getty Images


                     LOS OJOS DE MI PADRE


Los ojos de mi padre,
los ojos de mi padre,
mirándome en la patria cereal de los trigos,
en un tiempo de cunas
mecidas por el viento de la guerra,
mirando cómo crezco
en los abecedarios
y conquisto sonidos primitivos,
balbuceos, palabras necesarias,
porque él me empuja y vuelve,
desde su corazón y sus espigas,
su corazón de tierra y manantiales,
patria de tierra y gritos apagados.
Mi padre es un silencio
que mira cómo crezco.
Sus manos me conforman,
me miran la estatura,
la dimensión del cuerpo,
averiguan gozosas
que me elevo en trigal.
Las manos de mi padre
tocan mi cuerpo y cantan,
y yo sé que me acunan
con nanas de caballos,
con la salmodia triste del judío,
del converso que habita por su sangre.
Pero paseo con mi padre.
Abandono en sus manos
mis manos tan pequeñas,
y al calor de su sangre
mis pulsaciones tienen
una ambición de tiempos.

En las luces inquietas de la tarde,
al borde de la noche,
vamos pisando hierbas, territorios,
ríos como torrentes, manantiales,
horizontes donde la niebla habita,
paisajes metalúrgicos y bosques,
ciudades, vientos, cordilleras,
blancas constelaciones.
Camino con mi padre.
Me nombra a las palomas,
pájaros migratorios,
aguanieves que rozan las praderas,
alcaudones de viento,
golondrinas, gorriones, avefrías.
Y todo pasa y llega de su mano,
y a mi infancia regresa
el calor confortable de su sangre.

Cuando llegan los días de septiembre,
láminas del otoño,
las madrugadas frías y estrelladas
detienen sus palabras.
Pero es sólo un instante
de sangre y de fusiles
porque mi padre vuelve del silencio
y pasea conmigo
el callado silencio de las calles,
y los campos sembrados
y las constelaciones,
y su voz de madera me acompaña, me mira cómo crezco.
Todo el mundo conoce
que heredé de mi padre una bandera.


                      De Umbrales de otoño, Hiperión, 2013



Mariluz Escribano en 2014. Foto: Ramón L. Pérez/
Ideal de Granada
Mariluz Escribano Pueo (Granada, 1935) es una poeta española perteneciente por edad a la generación de los 60, si bien no empieza a publicar hasta la década de los 90, cuando el tiempo había cicatrizado las heridas de la Guerra Civil: el asesinato de su padre y las represalias sufridas por  su madre.
     Su padre, Agustín Escribano, fue catedrático y Director de la Escuela Normal de Maestros de Granada de 1931 a 1936. Fue fusilado en septiembre de 1936. Su madre, Luisa Pueo Costa, huérfana desde muy niña, quedó al cuidado  de su tío Joaquín Costa, padre del regeneracionismo,  y llegó a Granada como Inspectora de Enseñanza Primaria. Allí conoció a quien sería su marido; durante el periodo republicano fue profesora de la Escuela Normal y Secretaria de la Residencia de Señoritas Normalistas. Como les ocurrió a otras maestras republicanas, perdió su plaza como profesora, que recuperaría muchos años después, y se vio obligada a abandonar Granada con su hija.
  Mariluz Escribano pasó sus primeros años entre Palencia y Burgos. Más tarde se le permitió regresar a Granada, donde cursó estudios de Filosofía y Letras y Magisterio y se doctoró en Filología Hispánica. Después de dos años como docente en el Antioch College de Ohio, ejerció como catedrática de Didáctica de Lengua y Literatura de la Facultad de Ciencias de la Educación  de la Universidad de Granada. Estudiosa de la oralidad y del folclore, ha sido columnista del diario Ideal de Granada, estuvo al frente de la revista Extramuros durante cinco años y dirigió la revista EntreRíos desde su fundación, además de desarrollar una carrera como pintora.
    Su obra se ha considerado ejemplo de la llamada "literatura sumergida" ya que, a pesar de la indudable calidad de sus trece poemarios,  ha gozado de escasa presencia en publicaciones culturales nacionales. Ha publicado Sonetos del alba (1991), Desde un mar de silencio (1994), Canciones de la tarde (1995), Cartas de Praga (1999), Sopas de ajo (2001), Memoria de Azúcar (2002), Ventanas al jardín (2002), El ojo de cristal (2004), Sonetos del alba (2005), Jardines pájaros (2007), Los caballos ciegos (2008), Umbrales de otoño (2013) y El corazón de la gacela (2015). Entre los reconocimientos recibidos están la Medalla de Oro de la ciudad de Granada y el Premio Andalucía de la Crítica.

En esta entrevista la autora habla de "Los ojos de mi padre":


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