EL BLOG DE LA BIBLIOTECA DEL I.E.S. "GOYA" DE ZARAGOZA


biblioteca.ies.goya@gmail.com


domingo, 2 de abril de 2017

"Vientos del pueblo me llevan", de Miguel Hernández


Ortiz  Echagüe, Remero vasco


VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpago,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

            De Viento del pueblo, 1937

El pasado 28 de marzo se cumplieron 75 años de la muerte del poeta Miguel Hernández*(1910-1942).

M. Hernández, ante soldados del ejército republicano
(T.I.F. Fotos)
En los años treinta se produce una rehumanización de la poesía de Miguel Hernández, especialmente en la poesía compuesta durante la Guerra Civil. La de estos años es una poesía abiertamente comprometida, en la que se pasa de la intimidad lírica, del yo, al nosotros de la colectividad de la que precisamente surge el poeta, como expresa Miguel Hernández en la dedicatoria a Vicente Aleixandre* de su libro Viento del pueblo (1937):
Vicente: a nosotros, que hemos nacido poetas entre todos los hombres, nos ha hecho poetas la vida junto a todos los hombres. Nosotros venimos brotando del manantial de las guitarras acogidas por el pueblo, y cada poeta que muere deja en manos de otro, como una herencia, un instrumento que viene rodando desde la eternidad de la nada a nuestro corazón esparcido.
El poeta, comprometido con la causa republicana, se alista como voluntario y recorre los frentes organizando actividades culturales y recitando versos. Así nace Viento del pueblo, en cuyos poemas el poeta quiere ser la voz de todos los hombres, pues para Miguel Hernández la poesía nace del pueblo y es el poeta quien convierte la voz del pueblo en materia poética, como se desprende de estas palabras del prólogo: "Los poetas somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplando a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas ".

Está compuesto por veinticinco poemas que surgen al hilo de los acontecimientos y se
publican en diferentes revistas antes de ser reunidos en el libro. Escritos en los primeros meses de la contienda, en ellos predomina el entusiasmo, el optimismo, la confianza en la victoria. El libro se abre con "Elegía primera", dedicada a Federico García Lorca*, y continúa con un conjunto de composiciones en las que abundan las de tono épico y combativo, pero no faltan intensos poemas de amor como la "Canción del esposo soldado". Alternan las composiciones en versos octosílabos (sobre todo romances), tan abundantes en la poesía popular, con las composiciones en versos largos, de ritmo lento e incluso solemne, preferentemente alejandrinos. El lenguaje es sencillo y directo, pero conserva expresivas imágenes, así como diversos recursos característicos de su poesía.

El poema elegido, que da título al libro, fue publicado por primera vez el 2 de octubre de 1936 en la revista El  Mono Azul. Se trata de una arenga, una llamada a los diferentes pueblos de España (citados en una larga enumeración) en respuesta a aquellos que "quieren echar un yugo sobre el cuello de esta raza". El toro, símbolo recurrente en la poesía hernandiana, se convierte aquí, junto al águila y el león, en símbolo del valor y de la rebeldía contra el opresor, y se opone al buey, representación de quienes se conforman con vivir bajo el yugo de la dominación.
   El poema gozó de enorme popularidad en nuestro país durante los años setenta del pasado siglo, a lo que contribuyeron las versiones de algunos grupos musicales como 'Los lobos' o 'La bullonera'. 



*Entradas relacionadas:


No hay comentarios:

Publicar un comentario