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domingo, 29 de septiembre de 2024

"Ensayo de cántico en el templo" (Assaig de càntic en el temple), de Salvador Espriu

 

Pintura de Benjamín Palencia



Ensayo de cántico en el templo

Oh, qué harto estoy de mi
cobarde, vieja, tan salvaje tierra,
y cómo me gustaría alejarme,
hacia el Norte,
donde dicen que la gente es limpia
y noble, culta, rica, libre,
despierta y feliz.
Entonces, en la congregación, los hermanos dirían
desaprobando: "Como el pájaro que deja el nido,
así el hombre que marcha de su lugar",
en tanto que yo, muy lejos ya, me reiría
de la ley y de la antigua sabiduría
de este mi árido pueblo.
Pero no he de seguir jamás mi sueño
y aquí me quedaré hasta la muerte.
Pues soy también muy cobarde y salvaje
y amo además con un
desesperado dolor
esta mi pobre,
sucia, triste, desgraciada tierra.

VERSIÓN ORIGINAL EN CATALÁN:

Assaig de càntic en el temple

Oh, que cansat estic de la meva
covarda, vella, tan salvatge terra,
i com m'agradaria d'allunyar-me'n,
nord enllà,
on diuen que la gent és neta
i noble, culta, rica, lliure,
desvetllada i feliç!
Aleshores, a la congregació, els germans dirien
desaprovant: "Com l'ocell que deixa el niu,
així l'home que se'n vadel seu indret",
mentre jo, ja ben lluny, em riuria
de la llei i de l'antiga saviesa
d'aquest meu àrid poble.
Però no he de seguir mai el meu somni
i em quedaré aquí fins a la mort.
Car soc també molt covard i salvatge
i estimo a més amb un
deseperat dolor
aquesta meva pobra,
bruta, trista, dissortada pàtria.


De El caminant i el mur (El caminante y el muro), 1954.
En Antología lírica. Edición bilingüe de José Batlló.
Cátedra, 1983

Aproximación de José Emilio Pacheco:

Harto estoy de mi vieja tierra,
de mi país cobarde y salvaje.
Cómo quisiera ir hacia el norte.
Allí me dicen que la gente es limpia,
noble, culta, feliz, rica, despierta.
En la congregación
me desaprobarían mis hermanos.
"Como ave que deja el nido
es el hombre que parte de su lugar".
Yo, a lo lejos, cómo iba a reírme
de la ley y la antigua sabiduría
de este mi pueblo yermo.
Pero no cumpliré nunca mi sueño
y aquí voy a quedarme hasta la muerte.
Pues yo también soy cobarde y salvaje
y amo con un desesperante dolor
mi patria pobre, sucia y desdichada.

José Emilio Pacheco, Islas a la deriva, 1976

El caminant i el mur (1954) forma con Cimenteri de Sinera [Cementerio de Sinera] (1946), los cuatro libros de Les hores [Las horas] (1952), Mr. Death (1952) y Final del laberint [Final del laberinto] (1955) el llamado ciclo lírico de la obra de Espriu. Los poemas de estos cinco libros  tienen una dimensión esencialmente metafísica y "constituyen un ciclo completo de experiencia espiritual ascendente, cada vez más depurada, cada vez más desasida de lo accesorio, y cada vez más caritativa respecto de todo género de verdades y situaciones vitales", como señala Cristina Andrades. Este recorrido ascendente culmina con la experiencia mística de Final del laberint.  Pero los  libros de este ciclo reflejan también las tensiones del poeta con su pueblo, como ocurre en el poema "Ensayo de cántico en el templo".

El caminante y el muro forma parte, por tanto, de ese viaje espiritual emprendido por  el poeta. El caminante del título es el sujeto de ese viaje, en el que chocará con un muro, una barrera, que es término del camino, donde acaba la existencia humana. El muro es un símbolo polivalente que queda como testimonio de la pérdida de un mundo concreto y libre que el poeta trata de salvar con sus versos, análogo  en sentido metafísico al templo destruido de Jerusalén.  Persiste, pues,  en este poemario, presidido por el recuerdo de la madre muerta,  la meditación sobre la muerte presente en toda la poesía de Espriu, pero en este caso no le aísla de las preocupaciones terrenales. 

El poema seleccionado es, como explica Joaquín Marco,  uno de los más emblemáticos de la época e hilo que nos conduce hasta La pell de brau (La piel de toro), libro que constituye "una reflexión moral y política sobre la España de finales de los años cincuenta, formada por pueblos que se desconocen y se expresan en diversas lenguas". En este poema, escribe Marco, "La estructura paralelística, la abundancia de adjetivos precisos, definitivos, configuran una dolorosa y entrañable relación entre el poeta y su 'patria / tierra' ". 

En su ensayo " 'Alta traición', palabra en el tiempo", el escritor mexicano José Emilio Pacheco (1939-2014) cuenta que en 1973, tiempo después de escribir "Alta traición" —su poema más emblemático, incluido en No me preguntes cómo pasa el tiempo (1969)— halló este poema de Salvador Espriu, que, según el poeta mexicano, dice mucho mejor lo que él intentó expresar en "Alta traición". 

"Me apropié de él con la ayuda de Ramón Xirau y un diccionario catalán-castellano. "Ensayo de cántico en el templo" está en mi libro de 1976 Islas a la deriva. A una década de distancia la historia infortunadamente lo ha hecho más actual que entonces y me demuestra que la poesía sucede cuando otro encuentra las palabras justas para nombrar lo que pensamos y sentimos. En mi caso fue Salvador Espriu, que nunca estuvo en México ni vivió entre nosotros los horrores que hoy padecemos".


Referencias:

-Cristina Andrades, "Poética de Salvador Espriu. Comentario de poemas", en Innovación y Experiencias educativas. Revista digital, Nº 25-Diciembre 2009. Consultado en:  https://archivos.csif.es/archivos/andalucia/ensenanza/revistas/csicsif/revista/pdf/Numero_25/CRISTINA_ANDRADES_2.pdf
-Rosa M. Delor, El caminant i el mur (1954), Visat, núm. 12 (octubre 2011). Consultado en: 
https://visat.cat/traduccions-literatura-catalana/comentaris/salvador-espriu/el-caminant-i-el-mur-(1954)
-Joaquín Marco, "La obra de Salvador Espriu y el filtro del tiempo", Lecturas Turia. Consultado en: https://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-obra-de-salvador-espriu-y-el-filtro-del-tiempo
-Víctor Martínez-Gil, Salvador Espriu, en Lletra. Literatura catalana en línea. (UOC)

domingo, 19 de octubre de 2014

"Nubes", de José Emilio Pacheco



                    Nubes

En un mundo erizado de prisiones
Sólo las nubes arden siempre libres.

No tienen amo, no obedecen órdenes,
Inventan formas, las asumen todas.

Nadie sabe si vuelan o navegan,
Si ante su luz el aire es mar o llama.

Tejidas de alas son flores del agua,
Arrecifes de instantes, red de espuma.

Islas de niebla, flotan, se deslíen
Y nos dejan hundidos en la Tierra.

Como son inmortales nunca oponen
Fuerza o fijeza al vendaval del tiempo.

Las nubes duran porque se deshacen.
Su materia es la ausencia y dan la vida.

           De Tarde o temprano. Poemas 1958-2009,

Tusquets, 2009

El escritor mexicano Carlos Monsiváis (1938-2010), compañero de generación de Pacheco, ha escrito sobre este poema: 
"Nubes"  es notable en varios sentidos, convierte un elemento del paisaje de siempre en un cielo autónomo, identifica a las nubes con la libertad y la potencia que no conocerán los mortales, hace del recorrido por el aire una empresa que sólo atisba por instantes la mirada, ese testigo tan hecho de fragmentos. 

Entrada relacionada:

domingo, 2 de febrero de 2014

"Alta traición", de José Emilio Pacheco



ALTA TRAICIÓN

No amo mi Patria. 
Su fulgor abstracto 
es inasible. 
Pero (aunque suene mal)
daría la vida 
por diez lugares suyos, 
cierta gente, 
puertos, bosques de pinos, 
fortalezas, 
una ciudad deshecha, 
gris, monstruosa, 
varias figuras de su historia, 
montañas 
-y tres o cuatro ríos.

           José Emilio Pacheco, de No me preguntes cómo pasa
el tiempo 

José Emilio Pacheco Berny, poeta, narrador, ensayista y traductor mexicano, nació en Ciudad de México el 30 de junio de 1939. Estudió derecho y letras en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde inició sus actividades literarias. Colaboró en la revista 'Medio Siglo' y en el suplemento 'Ramas Nuevas' de la revista 'Estaciones', fue asimismo jefe de redacción del suplemento 'México en la cultura'. Impartió clases en diversas universidades de México, Estados Unidos, Canadá y Reino Unido.
      Considerado uno de los poetas más destacados de la generación del Medio Siglo o de La Casa del Lago (que agrupó a autores como Juan José Arreola, Salvador Elizondo, Elena Poniatowska o Carlos Monsiváis), es autor de una obra poética caracterizada por la extrema depuración y el compromiso social con su país, en la que la eliminación de los elementos ornamentales innecesarios y la utilización de un lenguaje cotidiano producen una engañosa apariencia de sencillez. La ironía y el humor negro impregnan su poesía, en la que son constantes temas como el paso del tiempo ("Solo parezco hablar de lo perdido"), la vida y la muerte. Poemarios como Los elementos de la noche (1963), No me preguntes cómo pasa el tiempo (1969), Los trabajos del mar (1984), Miro la tierra (1986),  Ciudad de la memoria (1989) y El silencio de la luna (1996) lo han convertido en uno de los poetas más importantes de la literatura mexicana, junto con Octavio Paz y Alfonso Reyes. 
      De su obra narrativa destacan su libros de relatos El viejo distante (1963), El principio del placer (1972), La sombra de la medusa y otros cuentos marginales (1990), y las novelas Morirás lejos (1967) y Las batallas en el desierto (1981). Fue, además, un excelente traductor de epigramas griegos y de autores tan diversos como Tennessee Williams, T.S. Eliot*, Oscar Wilde, Samuel Beckett o Yevgeny Yevtuschenko. Su labor ha sido reconocida con los más prestigiosos premios, entre los que se cuentan el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamerica (2009) y el Premio Cervantes (2009).
     José Emilio Pacheco falleció en Ciudad de México el 26 de enero de 2014, pocos días después de la muerte del escritor argentino Juan Gelman*, su vecino y amigo, acaecida el día 14 de enero.
     El poema elegido, convertido en un himno para la juventud mexicana, es una de las máximas referencias culturales para comprender al país y los sentimientos encontrados que genera en muchos mexicanos.

Otro poema del autor en este blog:


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