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Ernesto Cardenal
Todas las tardes paseaba con
su madre por la Landstrasse
y en la esquina de la Schmiedtor, todas las
tardes,
estaba Hitler esperándola, para verla
pasar.
Los taxis y los ómnibus iban llenos de
besos
y los novios alquilaban botes en el
Danubio.
Pero él no sabía bailar. Nunca se atrevió a
hablarle.
Después pasaba sin su madre, con un
cadete.
Y después no volvió a pasar.
De ahí más tarde la Gestapo, la anexión de
Austria,
la Guerra Mundial.
(De Epigramas, 1961)
Como latas de cerveza
Como latas de cerveza vacías y colillas
de cigarrillos apagados, han sido mis días.
Como figuras que pasan por una pantalla de televisión
y desaparecen, así ha pasado mi vida.
Como automóviles que pasan rápidos por las carreteras
con risas de muchachas y músicas de radios...
Y la belleza pasó rápida, como el modelo de los autos
y las canciones de los radios que pasaron de moda.
Y no ha quedado nada de aquellos días, nada,
más que latas vacías y colillas apagadas,
risas en fotos marchitas, boletos rotos,
y el aserrín con que al amanecer barrieron los bares.
(En Antología, Laia, Barcelona, 1979)
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Ernesto Cardenal (Granada, Nicaragua,
1925), poeta, escultor, sacerdote y teólogo defensor de la teología de la
liberación. Nacido en una influyente familia, estudió literatura en México y
Estados Unidos. De regreso a Nicaragua en 1950, participó activamente en la
vida cultural del país y en la lucha contra la dictadura del general Somoza.
Tras el fracaso de la Revolución de Abril de 1954 (un complot para asesinar a
Somoza), se retiró a un monasterio estadounidense, posteriormente estudió teología y se ordenó sacerdote en Managua
en 1965. En una de las islas del archipiélago de Solentiname fundó una
comunidad cristiana de vida ascética, experiencia que recogió en su libro El
Evangelio de Solentiname.
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Juan Pablo II amonestando a Cardenal durante la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto de Managua, el 4 de marzo de 1983. (AP Foto/Barricada, archivo)
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Colaboró con el Frente Sandinista de Liberación
Nacional en su lucha contra Somoza y, tras el triunfo de la Revolución
Sandinista en 1979, fue nombrado ministro de cultura, cargo que ocupó hasta
1987. En 1983, la imagen de Cardenal, arrodillado ante Juan Pablo II (de visita
oficial) y amonestado severamente por el Pontífice ante las cámaras de televisión
por sus ideas religiosas y su actividad política, dio la vuelta al mundo. En
1994 abandona el Frente Sandinista por discrepancias con la política de su
dirigente, Daniel Ortega, para apoyar más tarde al Movimiento de Renovación
Sandinista. En 2009 obtuvo el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, en
2010 fue elegido miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua,
y en 2012 su obra fue reconocida con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.
Su poesía, atenta
siempre los problemas sociales, sitúa al ser humano en su centro sin dejar de atender
a las fuerzas de la naturaleza. Entre sus obras, se encuentran Epigramas (1961), Oración por Marilyn Monroe y otros poemas (1965), El estrecho dudoso (1966) y Homenaje a los indios americanos (1969),
con claras influencias de la generación Beat americana. Sus últimos libros
editados han sido Telescopio en la noche
oscura (1983), Quetzatcóatl (1985), Cántico Cósmico (1989),
una de las obras más trascendentes de la poesía hispánica, en la línea del Canto General de Neruda, y Vida perdida (1999).
Actualización:
Ernesto Cardenal falleció en Managua el 1 de marzo de 2020 a los 95 años.