EL BLOG DE LA BIBLIOTECA DEL IES "GOYA" DE ZARAGOZA


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domingo, 18 de agosto de 2019

"Cuarto de baño", de Gerardo Diego

Balthus, La salida del baño (1957)



         CUARTO DE BAÑO

                           A Eusebio Oliver.

    Qué claridad de playa al mediodía,
qué olor de mar, qué tumbos, cerca, lejos,
si, entre espumas y platas y azulejos,
Venus renace  a la mitología.

    Concha de porcelana, el baño fía
su parto al largo amor de los espejos,
que deslumbrados, ciegos de reflejos,
se empañan de un rubor de niebla fría.

    He aquí, olorosa, la diosa desnuda.
Nimbo de suavidad su piel exuda
y en el aire se absuelve y se demora.

    Venus, esquiva en su rebozo, huye.
Su alma por los espejos se diluye,
y solo -olvido- un grifo llora y llora.

                         De Alondra de verdad, 1941


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jueves, 15 de agosto de 2019

"El viaje", un microrrelato de Cristina Fernández Cubas

© Elliot Erwitt, 1949

    El viaje


Un día la madre de una amiga me contó una curiosa anécdota. Estábamos en su casa, en el barrio antiguo de Palma de Mallorca, y desde el balcón interior, que daba a un pequeño jardín, se alcanzaba a ver la fachada del vecino convento de clausura. La madre de mi amiga solía visitar a la abadesa; le llevaba helados para la comunidad y conversaban durante horas a través de la celosía. Estábamos ya en una época en que las reglas de clausura eran menos estrictas de lo que fueron antaño, y nada impedía a la abadesa, si así lo hubiera deseado, que interrumpiera en más de una ocasión su encierro y saliera al mundo. Pero ella se negaba en redondo. Llevaba casi treinta años entre aquellas cuatro paredes y las llamadas del exterior no le interesaban lo más mínimo. Por eso la señora de la casa creyó que estaba soñando cuando una mañana sonó el timbre y una silueta oscura se dibujó al trasluz en el marco de la puerta. "Si no le importa", dijo la abadesa tras los saludos de rigor, "me gustaría ver el convento desde fuera". Y después, en el mismo balcón en que fue narrada la historia, se quedó unos minutos en silencio. "Es muy bonito", concluyó. Y, con la misma alegría con la que había llamado a la puerta, se despidió y regresó al convento. Creo que no ha vuelto a salir, pero eso ahora no importa. El viaje de la abadesa me sigue pareciendo, como entonces, uno de los viajes más largos de todos los viajes largos de los que tengo noticias.

                Cristina Fernández Cubas, en Dos veces cuento. Antología de microrrelatos. Edición de José Luis González, Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid, 1988

Cristina Fernández Cubas, 2016. (Àlex García)

Cristina Fernández Cubas (Arenys de Mar, Barcelona, 1945) es periodista y escritora. Sus cuentos, en los que mezcla con maestría lo fantástico y lo cotidiano,  se han convertido en  referentes  del actual relato breve en castellano. Su trabajo como periodista, que abandonó para dedicarse en exclusiva a la creación literaria, la llevó a residir en El Cairo, Lima, Buenos Aires, París y Berlín.  Ha publicado libros de relatos -Mi hermana Elba (1980), Los altillos de Brumal (1983), El ángulo del horror (1990),  Con Ágatha en Estambul (1994), Parientes pobres del diablo (2006), Todos los cuentos (2009, por el que recibió los premios Ciudad de Barcelona, Salambó, Qwerty y Tormenta) y La habitación de Nona (2015, Premio de la Crítica 2015 y Premio Nacional de Narrativa 2016)-, novelas -El año de gracia (1985) y El columpio (1995)-, una obra de teatro -Hermanos de sangre (1998)-, el libro de memorias narradas Cosas que ya no existen (2001), Premio NH de relato, y el ensayo Emilia Pardo Bazán (2001). Bajo el seudónimo  de Fernanda Kubbs publicó la novela La puerta entreabierta (2013). Su obra ha sido traducida a diez idiomas.

domingo, 11 de agosto de 2019

"La abandonada", de Olga Orozco



Foto: Saul Leiter, c. 1948


                                     LA ABANDONADA

Aún no hace mucho tiempo,
cuando el mundo era un vidrio del color de la dicha, no un
          puñado de arena,
te mirabas en alguien igual que en un espejo que te
          embellecía.
Era como asomarte a las veloces aguas de las ilimitadas
          indulgencias
donde se corregían con un nuevo bautismo los errores,
se llenaban los huecos con una lluvia de oro, se bruñían las
          faltas,
y alcanzabas la espléndida radiación que adquieren hasta en
          la noche los milagros.
Imantabas las piedras con pisarlas.
Hubieras apagado con tu desnudez el plumaje de un ángel.
Y algo rompió el reflejo.
Se rebelaron desde dentro las imágenes.
¿Quién enturbió el azogue?, ¿quién deshizo el embrujo de
          la transparencia?
Ahora estás a solas frente a unos ojos de tribunal helado
          que trizan los cristales,
y es como si en un día la intemperie te hubiera desteñido
y el cuchillo del viento hecho jirones y la sombra del sol
          desheredado.
No puedes ocultar tu pelambre maltrecha, tu mirada de
          animal en derrota,
ni esas deformaciones que producen las luces violentas en
          las amantes repudiadas.
Estás ahí, de pie, sin indulto posible, bajo el azote de la 
          fatalidad,
prisionera del mismo desenlace igual que una heroína en el
          carro del mito.
Otro cielo sin dioses, otro mundo al que nadie más vendrá
sumergen en las aguas implacables tu imperfección y tu
          vergüenza. 

                 De En el revés del cielo, 1987


Olga Orozco
Olga Nilda Gugliotta Orozco, conocida como Olga Orozco, fue una poeta argentina nacida en Toay, La Pampa, en 1920. Hija de un siciliano y una pampeña, cuando contaba ocho años su familia se trasladó a Bahía Blanca y, ocho años después, a Buenos Aires. Se graduó como maestra, profesión que nunca ejerció, y más tarde se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de Buenos Aires. Muy joven, formó parte del grupo literario surrealista Tercera Vanguardia, al que pertenecía Oliverio Girondo. Más tarde colaboró en la revista 'Canto', que aglutinó a la llamada Generación del 40, y en otras como 'Sur', 'Cabalgata' y 'Anales' de Buenos Aires. Trabajó como periodista y, con frecuencia, firmaba sus trabajos con distintos seudónimos, pues escribió biografías,  páginas de consultas sentimentales y, de 1968 a 1974, redactó los horóscopos del diario 'Clarín'. Fue actriz de radio-teatro y secretaria general del 'Teatro de la Luna'.  Realizó estudios en Europa becada por el Fondo Nacional de Las Artes (1961) y por el Gobierno italiano (1976). Falleció en Buenos Aires en 1999.

Su obra poética, de gran intensidad y coherencia, ha sido definida por Graciela Maturo como una poesía metafísica "tocada por la ansiedad de lo eterno", cuyos grandes motivos líricos enumera Edelweis Serra en "Exploración de la realidad y estrategia textual en la poesía de Olga Orozco":
El motivo del tiempo con su devenir continuo y su fugacidad; el motivo de la nostalgia de un pasado viviente en la actualidad adulta; el motivo de la vida y el motivo de la muerte como dos caras del destino en busca de una realidad incontingente que apenas se vislumbra.
Publicó los poemarios Desde lejos (1946), Las muertes (1952), Los juegos peligrosos (1962), Museo salvaje (1974), Cantos a Berenice (1977), Mutaciones de la realidad (1979), La noche a la deriva (1984), En el revés del cielo (1987) y Con esta boca, en este mundo (1994), además de dos libros de relatos y una obra de teatro. Su obra poética ha sido traducida a varios idiomas y galardonada con prestigiosos premios como el Primer Premio Nacional de Poesía (1988), el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (1989), el Konex de Platino (1994) y el Premio Juan Rulfo  de Literatura Iberoamericana y del Caribe en 1998. 

domingo, 4 de agosto de 2019

"Ella es luna, sol, tallo que nace..", de Abbada al-Qazzaz


Pintura de Sir Lawrence Alma-Tadema



Ella es luna, sol, tallo que nace
y perfume de almizcle.
Perfecta, brillante, floreciente
y aroma enamorado.
Quien la mira se prenda de ella
pero es coto cerrado.



Abbada al-Qazzaz, considerado uno de los mejores autores de moaxajas, nació en Málaga en 1060 y vivió en la corte de Al Mutasim Ibn Sumadih, señor de Almería, en la época de los reinos de Taifas.

jueves, 1 de agosto de 2019

"Mi jockey", un relato de Lucia Berlin



                                                       Mi jockey

     Me gusta trabajar en Urgencias, por lo menos ahí se conocen hombres. Hombres de verdad, héroes. Bomberos y jockeys. Siempre vienen a las salas de urgencias. Las radiografías de los jinetes son alucinantes. Se rompen huesos constantemente, pero se vendan y corren la siguiente carrera. Sus esqueletos parecen árboles, parecen brontosaurios reconstruidos. Radiografías de San Sebastián.
       Suelo atenderlos yo, porque hablo español y la mayoría son mexicanos. Mi primer jockey fue Muñoz. Dios. Me paso el día desvistiendo a la gente y no es para tanto, apenas tardo unos segundos. Muñoz estaba allí tumbado, inconsciente, un dios azteca en miniatura, pero con aquella ropa tan complicada fue como ejecutar un elaborado ritual. Exasperante, porque no se acababa nunca, como cuando Mishima tarda tres páginas en quitarle el kimono a la dama. La camisa de raso morada tenía muchos botones a lo largo del hombro y en los puños que rodeaban sus finas muñecas; los pantalones estaban sujetos con intrincados lazos, nudos precolombinos. Sus botas olían a estiércol y sudor, pero eran tan blandas y delicadas como las de Cenicienta. Entretanto él dormía, un príncipe encantado.
       Empezó a llamar a su madre incluso antes de despertarse. No solo me agarró de la mano como algunos pacientes hacen, sino que se colgó de mi cuello, sollozanzo "¡Mamacita, mamacita!"*. La única forma de que consintiera  que el doctor Johnson lo examinara fue acunándolo en mis brazos como a un bebé. Era pequeño como un niño, pero fuerte, musculoso. Un hombre en mi regazo. ¿Un hombre de ensueño? ¿Un bebé de ensueño?
       El doctor Johnson me pasaba una toalla húmeda por la frente mientras yo traducía. La clavícula estaba fracturada, había al menos tres costillas rotas, probablemente una conmoción cerebral. No, dijo Muñoz. Debía correr en las carreras del día siguiente. Llévelo a Rayos X, dijo el doctor Johnson. Puesto que no quiso tumbarse en la camilla, lo llevé en brazos por el pasillo, estilo King Kong. Muñoz sollozaba, aterrorizado; sus lágrimas me mojaban el pecho.
       Esperamos en la sala oscura al técnico de Rayos X. Lo tranquilicé igual que habría hecho con un caballo. "Cálmate, lindo, cálmate. Despacio... despacio." Se aquietó en mis brazos, resoplaba y roncaba suavemente. Acaricié su espalda tersa. Se estremeció, lustrosa como el lomo de un potro soberbio. Fue maravilloso.

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* Se mantiene la cursiva original de las expresiones y de los diálogos en español, rasgo característico de los relatos de Lucia Berlin. (N. de la T.)

(De Manual para mujeres de la limpieza. Traducción del inglés de Eugenia Vázquez Nacarino, Alfaguara, 9ª edición, 2016, pp. 63-64)
Pintura de Edgar Degas

Lucia Berlin. © Buddy Berlin
Lucia Brown Berlin, conocida como Lucia Berlin, fue una escritora estadounidense cuyo estilo ha sido comparado con el de Raymond Carver o Charles Bukowski.  Hija de un ingeniero de minas, nació en Juneau, Alaska, el 12 de noviembre de 1936. Publicó sus primeros relatos a los veinticuatro años en 'The Atlantic Monthly' y en la revista 'The Noble Savage'.  Siguió escribendo esporádicamente hasta los años ochenta y, tras la insistencia del poeta Ed Dorn, decidió publicar su primer volumen de relatos, Angels Laundromat

Sus historias se inspiran en sus propios recuerdos: su infancia en distintas poblaciones mineras de Idaho, Kentucky y Montana, su adolescencia entre la alta sociedad de Santiago de Chile, sus estancias en El Paso, Nueva York, México o California, sus tres matrimonios fallidos, su alcoholismo, o los distintos trabajos que desempeñó para mantener a sus cuatro hijos: enfermera, telefonista, limpiadora, profesora de escritura en distintas universidades y en una cárcel. 

Publicó seis libros de cuentos, pero casi toda su obra se puede encontrar en Homesick: New and Selected Stories (1990, galardonado con el American Book Award), So Long: Stories 1987-1992 (1993) y Where I Live Now: Stories 1993-1998 (1999). Falleció en 2004 en Marina del Rey, California, el día de su cumpleaños. Manual para mujeres de la limpieza, con prólogo de Lydia Davis e introducción de Stephen Emerson, es una exhaustiva selección de sus mejores relatos, editados por primera vez en español. En 2018 Alfaguara publicó una nueva selección titulada Una noche en el paraíso. El relato de cinco párrafos "Mi jockey" ganó el Jack London Short Prize de 1985.

[Imagen principal: Pinterest]