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domingo, 1 de octubre de 2023

"Suspendida", un poema de Yolanda Castaño

 

Yolanda Castaño en la imagen promocional de su poemario 'Materia'.
(El Correo de Galicia)


SUSPENDIDA

Tan pronto el animal de la noche se aparea con el planeta,
puedo aventurar cuanto hubiera podido ser.

Una nación de pájaros estará del otro lado
si te embarcas en ser por fin esa emigrante.
Sí -digo yo- y no regresaré ya nunca
a las costas doradas de mi precario país.

Contempla ahora el pecho que no irá a reproducirse.

En algún lugar, alguna esfera,
tal vez estés andando, hija, con la niña que fui y que se murió.
Tal vez Jizo* y los niños del agua
vayan de la mano caminando contigo.
Solo tú vagas detrás del tiempo y no logras encontrarme.
Vana y perenne, esfera quieta;
miles de seres no nacidos buscan
entre las sombras los senos de sus madres.
Avanzan entre la niebla con los ojos encendidos,
bracean en lo oscuro, preguntan en voz alta.
Pero tú no me encuentras, hija mía.

No puedo imitar mis eles para hacerte las pestañas,
ni un punto y seguido para ponerte un lunar.
Mis poemas no me tiran del jersey,
ni me levantarán de madrugada presas del pánico.

Y mi pobre país y sus costas doradas.

Tu rostro se derrumba como a cámara lenta,
llevas derrumbándote desde que tengo diecisiete.
Te voy desabotonando los músculos,
destrenzando tus tejidos.

Hija mía: no puedo cargarte en mi regazo.

Quédate donde estás, queda tranquila.
Bajando las escaleras de las líneas de este poema,
apenas en la voz hilvanada de este verso,
le hablaré incluso muerta a una tú no nacida.
Te voy desganchillando los rasgos,
fibra a fibra desanudo,
y hago para ti una esfera donde nada puede dañarnos.

Deja de caminar y duerme, que allí nos encontraremos.
Nada tengo y nada pido
Un fulgor inasible y luego nada.


VERSIÓN ORIGINAL EN GALLEGO:

SUSPENDIDA

En canto o animal da noite se aparea co planeta
podo aventurarme a ver o que podería ser.

Un pais de paxaros estará do outro lado
se te embarcas  en ser por fin esa emigrante.
Si -digo eu- e non regresarei máis nunca
ás costas douradas do meu precario país.

Contempla agora o peito que non ha reproducirse.

Nalgún lugar, nunha esfera,
talvez esteas andando, filla, coa nena que fun e que morreu.
Talvez Jizo e os nenos da auga
estean da man a camiñar contigo.
Só ti vagas por detrás do tempo e non logras encontrarme.
Va e perenne, esfera quieta;
miles de seres non nacidos buscan
entre as sombras os seos das súas nais.
Avanzan entre a néboa cos ollos acendidos,
bracean dende o escuro, preguntan en voz alta.
Pero ti non me encontras, filla miña.

Non podo imitar os meus eles para debuxarche as pestanas,
nin un punto e seguido para poñerche un lunar.
Os meus poemas non me tiran do xerxei,
nin me erguerán ás tres da mañá presas do pánico.

E o meu pobre país e as súas costas douradas.

O teu rostro derrúbase como a cámara lenta,
levas derrumbándote dende que teño  dezasete.
Vouche desabotoando os músculos,
destrenzando os teus tecidos.

Filla, filla miña: non podo cargarte no meu colo.

Fica onde estás, queda tranquila.
Baixando polos chanzos das liñas deste poema,
apenas na voz ganduxada neste verso,
falareille aínda morta a unha ti non nacida.
Vouche desganchillando os trazos,
fibra a fibra desanoo,
e fago para ti unha esfera onde nada pode ferirnos.

Deixa de camiñar e durme, que alí nos encontraremos.
Nada teño e nada pido.
Un fulgor inasible e logo nada.

(De Materia, edición bilingüe, Visor. 2023. Traducción al castellano de la autora )

Yolanda Castaño (Santiago de Compostela, 1977), una de las máximas representantes de la poesía contemporánea gallega, es la ganadora del Premio Nacional de Poesía 2023 por su poemario Materia. El jurado ha destacado que la autora muestra en esta obra una poesía "metafórica" que dialoga con la "memoria personal y colectiva" y que es "directa, radical y feminista". "Explora de forma no complaciente, temas como la maternidad, la familia y las costumbres y logra sacar la realidad de su nebulosa habitual para concretarla en materia lingüística, destacando el juego verbal y rítmico que cuestiona lo establecido", añade el jurado, que valora la obra, además, por incluir "poemas de una metafísica doliente y original, que apunta tanto a la vanguardia como al origen con una extraordinaria fuerza evocativa y sensorial".

El poemario se hizo también con el Premio de la Crítica 2022 en el apartado de poesía en lengua gallega.


*Jizo es una de las deidades más populares de Japón. Es el protector de los niños que nunca llegaron a nacer o que murieron al poco tiempo. A estos se les llama "niños de agua" ('mizuko', en japonés) porque son incapaces de cruzar el río Sanzu -lo que, según los budistas japoneses es necesario para alcanzar la vida después de la muerte-, pero los niños no pueden hacerlo ya que no han reunido suficientes acciones buenas.  Por ello, permanecen en la orilla de la muerte esperando la compasión de Buda. Para salvarlos está Mizuko Jizo, quien los traslada a la orilla de la vida escondidos  en sus mangas.

-Encontrarás más información sobre la autora, así como su poema "Manzanas del huerto de Tolstoi": AQUÍ.

domingo, 4 de octubre de 2020

"Manzanas del huerto de Tolstoi", de Yolanda Castaño



MANZANAS DEL HUERTO DE TOLSTOI

Yo,

que bordeé en automóvil las orillas del Neretva,

que apuré en bicicleta las calles húmedas de Copenhague.

Yo que medí con mis brazos los boquetes de Sarajevo,

que atravesé, al volante, la frontera de Eslovenia

y sobrevolé en avioneta la ría de Betanzos.

Yo que partí en un ferry que arribaba a las costas de Irlanda,

y a la isla de Ometepe en el Lago Cocibolca;

yo que nunca olvidaré aquella tienda en Budapest,

ni los campos de algodón en la provincia de Tesalia,

ni una noche en un hotel a los 17 años en Niza.

Mi memoria va a mojar los pies a la playa de Jurmala en Letonia

y en la sexta avenida se siente como en casa.

Yo,

que pude morir una vez viajando en un taxi en Lima,

que atravesé el amarillo de los campos brillantes de Pakruojis

y crucé la misma calle que Margarett Mitchell en Atlanta.

Mis pasos pisaron las arenas rosadas de Elafonisi,

cruzaron una esquina en Brooklyn, el puente Carlos, Lavalle.

Yo que atravesé desierto para ir hasta Essaouira,

que me deslicé en tirolina desde las cumbres del Mombacho,

que no olvidaré la noche que dormí en plena calle en Amsterdam,

ni el Monasterio de Ostrog, ni las piedras de Meteora.

Yo que pronuncié un nombre en el medio de una plaza en Gante,

que surqué una vez el Bósforo vestida de promesas,

que nunca volví a ser la misma después de aquella tarde en Auschwitz.

Yo,

que conduje hacia el este hasta cerca de Podgorica,

que recorrí en motonieve el glaciar de Vatnajökull,

yo que nunca me sentí tan sola como en la rue de Sant Denis,

que jamás probaré uvas como las uvas de Corinto.

Yo, que un día recogí

   manzanas del jardín de Tolstoi,

quiero volver a casa:

el escondite

que prefiero

de A Coruña

 

justo en ti.


VERSIÓN EN GALLEGO:

MAZÁS DO XARDÍN DE TOLSTOI

Eu,
que bordeei en automóbil as beiras do Neretva,
que rebañei en bicicleta as rúas húmidas de Copenhague.
Eu que medín cos meus brazos os buratos de Saraxevo,
que atravesei ao volante a fronteira de Eslovenia
e sobrevoei en avioneta a ría de Betanzos.
Eu que collín un ferry que arribase ás costas de Irlanda,
e á illa de Ometepe no Lago Cocibolca;
eu que non esquecerei aquela tenda en Budapest,
nin os campos de algodón na provincia de Tesalia,
nin unha noite nun hotel aos 17 anos en Niza.
A miña memoria vai mollar os pés á praia de Jurmala en Letonia
e na sexta avenida síntense coma na casa.
Eu,
que houben morrer unha vez viaxando nun taxi en Lima,
que atravesei o amarelo dos campos brillantes de Pakruojis
e crucei aquela mesma rúa que Margarett Mitchell en Atlanta.
Os meus pasos pisaron as areas rosadas de Elafonisi,
cruzaron unha esquina en Brooklyn, a ponte Carlos, Lavalle.
Eu que atravesei deserto para ir ata Essaouira,
que me deslicei en tirolina dende os cumios do Mombacho,
que non esquecerei a noite que durmín na rúa en Amsterdam,
nin o Mosteiro de Ostrog, nin as pedras de Meteora.
Eu que pronunciei un nome no medio dunha praza en Gante
que unha vez suquei o Bósforo vestida de promesas,
que nunca volvín ser a mesma despóis daquela tarde en Auschwitz.
Eu,
que conducín cara o leste até preto de Podgorica,
que percorrín en motoneve o glaciar de Vatnajökull,
eu que nunca me sentín tan soa coma na rue de Sant Denis,
que xamáis probarei uvas coma as uvas de Corinto.
Eu, que un día recollín
   mazás do xardín de Tolstoi,
quero voltar a casa:
o recanto
que prefiro
da Coruña

xusto en ti.

(En A Coruña à luz das letras, Trifolium, 2008)



Yolanda Castaño.  (Fundación Centro de Poesía José Hierro)

Yolanda Castaño
(Santiago de Compostela, 1977) es poeta en lengua gallega y crítica literaria. Se licenció en Filología hispánica por la Universidad de A Coruña, ciudad en la que reside desde la década de los noventa. La obtención del Premio Fermín Bouza Brey de Poesía, cuando apenas contaba diecisiete años, le permitió darse a conocer con la publicación del libro premiado, Elevar los párpados (1995). Posteriormente ha publicado alguno de los títulos más destacados de la poesía gallega actual: Vivimos en el ciclo de las erofanías (1998, Premio Johán Carballeira y Premio de la Crítica Española), Profundidad de campo (2007, Premio Espiral Maior, Premio Ojo Crítico RNE),  La segunda lengua (2014, Premio de Poesía Afundación) y la antología Un cobertizo lleno de significados sospechosos (2020). Es autora de poesía para niños, además de guionista y presentadora de televisión, traductora, ensayista y comisaria de exposiciones de arte y de poesía. Dirige en A Coruña el ciclo poético "Poetas Di(n)versos" y coordina el Taller Internacional de Traducción Poética que se celebra cada año en la isla de San Simón. Fruto de su interés por la fusión de la poesía con otras artes son publicaciones como el libro-cd Edénica (2000) o su colaboración como letrista de músicos como Guadi Galego  o Rosa Cedrón.

-Puedes leer su poema "Suspendida": AQUÍ.

[Imagen inicial: Agriculturers.com]