EL BLOG DE LA BIBLIOTECA DEL IES "GOYA" DE ZARAGOZA


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jueves, 4 de junio de 2020

"Rumores", de Cristina Peri Rossi

Berlín


Rumores


A finales del siglo XX se propagaron rumores sobre las ciudades. Algunos hablaban de su consunción; otros, de un raro renacimiento de los escombros. Grupos clandestinos y secretos cuchicheaban sobre ciudades todavía habitables, donde se podía caminar, ver un pájaro, recorrer un museo o contemplar el color del cielo. Pero eran las menos. Poco a poco se empezó a hablar de Berlín. No en público, ni en los diarios, ni en reuniones sociales. El nombre de Berlín empezó a circular como una clave secreta, una consigna mística, una cifra de iniciados sin sentido para los demás. Se hablaba de Berlín recogidamente, en la intimidad de la conversación luego del amor o en una habitación apartada, entre amigos escogidos. Una mujer desnuda, a la tenue luz de un cuarto privado, decía a su amiga, por ejemplo: 
    — He oído decir que en las calles de Berlín todavía crecen los tilos y hay cisnes en los lagos.
    O: 
   — Los mirlos cantan entre la nieve, en Berlín, y se bebe té en tazas de porcelana, con manteles de hilo.
    El hecho de que Berlín estuviera entre muros no desestimulaba a nadie: daba, a la ciudad, esa calidad de símbolo de los sueños que falta a tantas otras.
    Las amigas se pasaban recetas de strüdel entre ellas, como si de raros poemas se tratara, y al atardecer, detrás de las ventanas de metal o en los ásperos andenes deletreaban der traum in leben, a punto de comprender la lengua sólo por el deseo.
    Otros hablaban de San Francisco, pero una horrible peste anuló su prestigio: los elegidos eran también los apestados y la ciudad se hundió en un letargo de sábanas y cloroformo, convertida, de pronto, en una célula cancerosa en el redondel del mundo.
    Había ciudades —como Madrid— donde cundía una breve euforia, igual que la alegría antes de morir, y ciudades, como París, ensimismadas, vueltas hacia su antiguo prestigio, ahora llenas de indolencia.
   Pronto no quedó adonde ir y quienes huían hacia El Cairo, Praga, Buenos Aires o Varsovia lo hacían sin ilusión, sólo para demorar un poco más la muerte. La declinación de las ciudades se  extendió como una mancha de petróleo sobre las aguas.
    Quien esto escribe, en las postrimerías del siglo XX, no sabe si hay futuro, no sabe si hay ciudades, no sabe si hay lectura.

                  (Cristina Peri Rossi, Cosmoagonías, Laia/Literatura, Barcelona, 1988)


Cristina Peri Rossi
Cristina Peri Rossi nació en Montevideo, Uruguay, en 1941. Es una escritora y activista política, hija de inmigrantes italianos. Su madre, que era maestra, alentó su amor por la literatura y la música y la educó en los ideales feministas de igualdad. Trabajó y estudió hasta licenciarse en Literatura comparada. Ha sido profesora de literatura, traductora y periodista. Perseguida por la dictadura uruguaya, en 1972 se exilió en España, donde vive desde entonces. Se nacionalizó en 1975. Actualmente posee la doble nacionalidad.  Está considerada una de las escritoras más importantes en lengua castellana, de la que la crítica ha destacado su enorme imaginación y su lirismo. Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas. Cultiva el cuento, la poesía y la novela. Ha colaborado con El País, Diario 16 y El Periódico de Catalunya. 

Sus primeras obras narrativas fueron los libros de cuentos Viviendo (1963),  Los museos abandonados (1969) e Indicios pánicos (1970), y la novela El libro de mis primos (1970, Premio Marcha). En 1971 apareció Evohé, su primer libro de poemas, que escandalizó por su erotismo transgresor. Entre su producción posterior destacan los poemarios Descripción de un naufragio (1975), Diáspora (1976), Lingüística general (1976),  Babel bárbara (1991, Premio Ciudad de Barcelona 1990), Estado de exilio (2003, Premio Rafael Alberti),  Habitación de hotel (2007, Premio Ciudad de Torrevieja), Playstation (Premio Loewe 2008) y Estrategias del deseo (2013, Premio Don Quijote de poesía); las novelas La nave de los locos (1985), su libro más conocido, Solitario de amor (1988),  La última noche de Dostoievski (1992), El amor es una droga dura (1999) y Todo lo que te pude decir (2017), además de sus colecciones de relatos La rebelión de los niños (1980), El museo de los esfuerzos inútiles (1983), Una pasión prohibida (1986), Habitaciones privadas (2010, Premio Vargas Llosa) y Los amores equivocados (2016). El erotismo, el humor y la angustia están siempre presentes en su obra narrativa

[Imagen inicial: Berlín es turismo. Foto de la autora: buscabiografías.com]

domingo, 31 de mayo de 2020

Dos poemas de Antonio Manilla



IMPROMPTU

El motivo inmutable 
es la muerte.

—la vida, variaciones
que un músico improvisa
sin partitura
ni cobijo, desentrañando
nota a nota la oculta melodía.

En el atril del mundo, 
las páginas en blanco de los días,
las horas fugitivas,
las inconformes nubes.


ELOGIO DEL PAISAJE

                                            J. G.

Los tensos chopos,
la orilla laboriosa,
el verde general del río, 
                                        nadie
supo observar jamás igual que tú,
con tan precisos adjetivos
y curiosa mirada 
el ser del hombre.

Este pasar y estar al mismo tiempo.

De Suavemente ribera, Visor, 2019



Antonio Manilla 
(León, 1967) es historiador, periodista y poeta español. Como periodista, colabora  desde 2013 en el Diario de León con la columna Cuerpo a tierra y le han sido otorgados el Premio Nacional de Periodismo Francisco Valdés y el Premio Don Quijote. Como poeta, ha publicado Canción de amor acaso (1993), Sin recuerdos ni afanes (1994), Una clara conciencia (1997), Salón de rechazados (1998), Canción gris (2003, Premio de Poesía Emilio Prados), Momentos transversales (2007, Premio José de Espronceda), Broza (2013), El lugar en mí (Premio Ciudad de Salamanca de Poesía 2013), Sin tiempo ni añoranza (2016), En caso de duda y otros poemas de casi amor (2016) y Suavemente ribera (2019, Premio de Poesía Generación del 27).  Consiguió, además, la beca Valle Inclán de literatura que concede el Ministerio de asuntos Exteriores en la Academia de España en Roma. Es autor asimismo de la biografía Un empresario modelo, sobre el magnate hispano- mexicano Antonio Fernández, así como del ensayo Ciberadaptados (2016), sobre cultura e Internet,  y de la novela Todos hablan (2019, Premio Encina de Plata). También ha realizado incursiones en la literatura infantil y juvenil con los títulos Mi primer libro del Real Madrid e Historia del Real Madrid para jóvenes. Actualmente es coordinador de poesía de la revista digital Epicuro.

El paso del tiempo (o "la melancolía de lo vivido") es el tema esencial de Suavemente ribera, cuyo título es un verso del poema "Preces", en el que pide al río que le permita ser "suavemente ribera / mientras el tiempo pasa". Está formado por 56 poemas ordenados en una meditada estructura con cinco secciones de ocho piezas (Suavemente ribera, Caminos de la tarde, Espacios despoblados, El tambor de la noche y Del lado de la aurora) y una de catorce (Tierra extraña), enmarcadas por un prólogo y un epílogo. El jurado destacó la "exquisita factura clásica" y el "depurado simbolismo" de  un libro en que "Los motivos paisajísticos funcionan como correlatos objetivos de una emoción íntima, se elevan a categoría simbólica y nos dan la clave de la temática del libro: son representaciones o trasunto de una serena angustia temporal".

[Imagen inicial: rtve.es]

domingo, 24 de mayo de 2020

"Campos de tierra" y otro poema de Maribel Andrés Llamero





Campos de tierra

Esto es Castilla,
                          mi cuerpo tan seco,
esta carne prieta y dura como alpaca,
levantada por leves lomas, colinas
modestas, algún apacible remanso.
Esto es Castilla,
los ojos oscuros color de barro,
la piel y las trenzas recias, pardas.

Vengo de la tierra del pan y del vino,
donde otros antes que yo 
escondieron la cebada
que no saciaría su hambre ni su sed.
Soy nieta de emigrantes, carbón humano,
las entrañas unidas con alambre,
mujeres y hombres ceñidos de esparto
y entregados al delito del trabajo
manual. Ellos me levantaron el alma
con golpes de azada que aún retumban
en amor áspero y tierno que me puebla
los surcos de las severas costillas.
En frágiles pasos de albarcas me han traído
para que un día yo soltara
las hoces de la siega, la esteva del arado
y cantara estos poemas;
me han colmado la boca de trigales,
me han confiado toda la luz,
la digna primavera de la maleza.

Soy de un hogar que se seca y se adhiere
como costra en los codos de la tez morena.
Soy de un hogar compacto hasta la grieta,
donde el roble solo sangra si lo partes.
Ay del agua oculta  —dentro siempre dentro
en nuestro pecho, quién oirá este canto
de labranza que cargo en las espaldas,
quién este ruido de savia entre los huesos.

Esto es Castilla
y todos los árboles
que me brotan en hilera
señalan que debajo
fluye un río.


Far West

Esta planicie sigue siendo el oeste
y en mí siempre cupo el espanto
de los grandes desiertos, 
de la soledad de la encina de Castilla.
Jamás laberinto más terrible
que aquel que no conoce muros.

La noche se cierne aquí sobre nosotros
de una sola vez y por entero
y cuando el sol te inunda
—qué hacer si te calcina
nadie se puede guardar.

Abandonados somos a la llanura.


De Autobús de Fermoselle, Hiperión, 2019


Maribel Andrés Llamero (Salamanca, 1984) es licenciada en Filología portuguesa y en Teoría de la Literatura y Literatura comparada. Actualmente trabaja como profesora asociada de Literatura brasileña y portuguesa en la Universidad de Salamanca, al tiempo que imparte clases de Lengua y cultura españolas a extranjeros, y realiza su tesis doctoral en Filología hispánica en el ámbito del estudio del bilingüismo literario luso-español. La vida académica la ha llevado a vivir en París, Río de Janeiro, Buenos Aires y Lisboa. En 2018 publicó su primer poemario, La lentitud del liberto. Con el segundo, Autobús de Fermoselle, ganó el XXXIV Premio de Poesía Hiperión (ex aequo).

Como un "viaje vindicativo de la infancia y los orígenes en Castilla"  define Enrique García Pozo este libro que toma su título de una canción de Agustín García Calvo.  La localidad zamorana de Fermoselle funciona, según Luis Bagué Quilez, en este libro tan alejado de "la fascinación neorrural como del lamento elegiaco", "como metáfora germinativa del corazón  de Castilla: decorado de película del oeste, ruta trashumante donde convergen todos los caminos o campo horizontal en el que solo desentona la verticalidad del ciprés y de la cruz". El jurado ha destacado "la defensa de los valores éticos, vitales y familiares" y "su conciencia del medio natural y de la lucha por la vida de las generaciones anteriores, como acicate para actuar sobre un presente áspero y difícil".

[Imagen inicial: valladolidenbici.wordpress.com]

jueves, 21 de mayo de 2020

"El pueblo en la cara", de Miguel Delibes

Palomar en Tierra de Campos

El pueblo en la cara 


Cuando yo salí del pueblo, hace la friolera de cuarenta y ocho años, me topé con el Aniano, el Cosario, bajo el chopo del Elicio, frente al palomar de la tía Zenona, ya en el camino de Pozal de la Culebra. Y el Aniano se vino a mí y me dijo: "¿Dónde va el Estudiante?". Y yo le dije: "¡Qué sé yo! Lejos". "¿Por tiempo?" dijo él. Y yo le dije: "Ni lo sé". Y él me dijo con su servicial docilidad: "Voy a la capital. ¿Te se ofrece algo?". Y yo le dije: "Nada, gracias Aniano".

Ya en el año cinco, al marchar a la ciudad para lo del bachillerato, me avergonzaba ser de pueblo y que los profesores me preguntasen (sin indagar antes si yo era de pueblo o de ciudad): "Isidoro, ¿de qué pueblo eres tú?". Y también me mortificaba que los externos se diesen de codo y cuchichearan entre sí: "¿Te has fijado qué cara de pueblo tiene el Isidoro?" o, simplemente, que prescindieran de mí cuando echaban a pies para disputar una partida de zancos o de pelota china y dijeran despectivamente: "Ése no; ese es de pueblo." Y yo ponía buen cuidado por entonces en evitar decir: "Allá en mi pueblo"... o "El día que regrese a mi pueblo", pero, a pesar de ello, el Topo, el profesor de Aritmética y Geometría, me dijo una tarde en que yo no acertaba a demostrar que los ángulos de un triángulo valieran dos rectos: "Siéntate, llevas el pueblo escrito en la cara". 

Y, a partir de entonces, el hecho de ser de pueblo se me hacía una desgracia y yo no podía explicar cómo se cazan gorriones con cepos o colorines con liga, ni que los espárragos, junto al arroyo, brotaran más recio echándoles porquería de caballo, porque mis compañeros me menospreciaban y se reían de mí. Y toda mi ilusión, por aquel tiempo, estribaba en confundirme con los muchachos de ciudad y carecer de pueblo que parecía que le marcaba a uno, como a las reses, hasta la muerte. Y cada vez que en vacaciones visitaba el pueblo, me ilusionaba que mis viejos amigos, que seguían matando tordas con el tirachinas y cazando ranas en la charca con un alfiler y un trapo rojo, dijeran con desprecio: "Mira el Isi; va cogiendo andares de señoritingo".

Así, en cuanto pude, me largué de allí, a Bilbao, donde decían que embarcaban mozos gratis para el Canal de Panamá y que luego le descontaban a uno el pasaje de la soldada. Pero aquello no me gustó, porque ya por entonces padecía yo del espinazo y me doblaba mal y se me antojaba que no estaba hecho para trabajos tan rudos y, así de que llegué, me puse primero de guardagujas y después de portero en la Escuela Normal y más tarde empecé a trabajar las radios Philips que dejaban una punta de pesos sin ensuciarse uno las manos.

Pero lo curioso es que allá no me mortificaba tener un pueblo y hasta deseaba que cualquiera me preguntase algo para decirle: "Allá, en mi pueblo, el cerdo lo matan así, o asao". O bien: "Allá, en mi pueblo, los hombres visten traje de pana rayada y las mujeres sayas negras, hasta los pies". O bien: "Allá, en mi pueblo, la tierra y el agua son tan calcáreas que los pollos se asfixian dentro del huevo sin llegar a romper el cascarón." O bien: "Allá, en mi pueblo, si el enjambre se larga, basta arrimarle una escriña agujereada con una rama de carrasca para reintegrarle a la colmena".

Y empecé a darme cuenta, entonces, de que ser de pueblo es un don de Dios y que ser de ciudad era un poco como ser inclusero y que los tesos y el nido de la cigüeña y los chopos y el riachuelo y el soto eran siempre los mismos, mientras las pilas de ladrillo y los bloques de cemento y las montañas de piedra de la ciudad cambiaban cada día y con los años no restaba allí un solo testigo del nacimiento de uno, porque mientras el pueblo permanecía, la ciudad se desintegraba por aquello del progreso y las perspectivas de futuro.

(De Viejas historias de Castilla la Vieja, 1964)

Fotografía "Entre el cielo y el suelo" de Alfredo López Hernangómez. (eladelantado.com)


Miguel Delibes Setién (Valladolid, 1920-2010) fue escritor, periodista y profesor. Era el tercero de ocho hijos de una familia acomodada, en la que el padre, de ascendencia francesa e ideología liberal, era catedrático de Derecho Mercantil, y la madre, conservadora, era hija de un abogado carlista. Terminó el bachillerato en 1936 y, una vez comenzada la Guerra Civil (1936-1939), se enroló como voluntario en la Marina del ejército sublevado. Tras la contienda estudió Comercio y Derecho, y en 1945 obtuvo la cátedra de Derecho Mercantil de la Escuela de Comercio de Valladolid. Dos años antes había sido contratado como caricaturista  y crítico cinematográfico del diario El Norte de Castilla y, durante años compaginó la labor periodística con la dedicación literaria. Llegó a ser director de ese periódico, al que imprimió una orientación liberal no ajena a las reivindicaciones sociales en la línea del Concilio Vaticano II, lo que le ocasionó en los años sesenta serios problemas con la censura que acabaron con su salida del diario en 1963. En 1946 contrajo matrimonio con Ángeles Castro, con quien tuvo siete hijos, tres mujeres y cuatro varones. En 1947 obtuvo el Premio Nadal con su primera novela, La sombra del ciprés es alargada. Aunque siempre residió en la ciudad de Valladolid, viajó por España y por el extranjero y fue profesor visitante en universidades norteamericanas. La muerte de su esposa en 1974 lo sumió en una profunda tristeza. Años más tarde escribió sobre la experiencia del duelo en Señora de rojo sobre fondo gris. Ha obtenido numerosos premios, entre ellos el Príncipe  de Asturias en 1982 y el Cervantes en 1993. Desde 1972 fue académico de la RAE.

Delibes cuenta con una amplia obra narrativa  que evoluciona desde un relato de concepción tradicional a otro de técnica más novedosa. Sus obras de ambiente rural castellano alternan con otras sobre la burguesía provinciana. La contraposición entre la vida sencilla del campo frente al progreso incontrolado o la deshumanización de la ciudad, la denuncia de las injusticias sociales y la rememoración de la infancia son  motivos recurrentes en su obra, junto con la representación de los hábitos y el habla propia del mundo rural, muchos de cuyos términos incorpora al texto literario. Su visión crítica, que aumenta progresivamente, se centra sobre todo en la pequeña burguesía y en la  violencia de la vida urbana.

Su evolución  permite distinguir varios periodos distintos por los temas abordados y por su tratamiento formal:
  • A su etapa de iniciación (1947-1949) se adscriben sus dos primeros libros: La sombra del ciprés es alargada, con el que se dio a conocer, y Aún es de día (1949). Es una etapa de tanteo caracterizada por utilizar el esquema narrativo del realismo tradicional al servicio de argumentaciones filosóficas superficiales impregnadas de pesimismo. 
  • Su segunda etapa (1950-1962), de realismo crítico, se distingue por la depuración del lenguaje y el empleo de una técnica más moderna y objetiva, junto con el tratamiento de la problemática del momento y la observación atenta  de su entorno. Comienza con El camino (1950) y sigue con  Mi idolatrado hijo Sisí (1953), en la que se hace patente la crítica antiburguesa; Diario de un cazador (1955) y Diario de un emigrante (1958), acerca de temas tan queridos para el autor como la defensa del campo, la protección de la naturaleza y la caza; La hoja roja (1959), sobre la soledad de un pensionista, y Las ratas (1962), en la que se denuncian las duras condiciones de vida del protagonista.
  • La tercera etapa o de madurez se distingue por la renovación técnica,  una mayor conciencia, desarrollando temas como la deshumanización del hombre contemporáneo, y el interés por las experiencias personales del escritor. Se inicia con Cinco horas con Mario (1966) novela con la que emprende la vía de experimentación propia de la década de los 60. Se trata de un largo monólogo de la protagonista  durante la noche en la que vela el cadáver de su marido, en el que su visión conservadora y mediocre contrasta con las preocupaciones sociales de su marido. Parábola del náufrago (1969) es una parodia del hombre moderno, alienado por la sociedad capitalista, y del vanguardismo literario del momento. Otras novelas de  esta etapa son El príncipe destronado (1973), La guerra de nuestros antepasados (1975), El disputado voto del señor Cayo (1978) y Los santos inocentes (1981), otro de los hitos de su narrativa, en la que vuelve de nuevo al mundo campesino para denunciar la miseria, la explotación y el trato vejatorio sufrido por los débiles. A esta seguirán Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso (1983), 377 A, madera de héroe (1987), Señora de rojo sobre fondo gris (1991) y la novela histórica El hereje (1998), Premio Nacional de Narrativa.
Delibes es autor asimismo de una treintena de relatos recogidos en El loco (1953), Los raíles (1954), La partida (1954), Siestas con viento Sur (1957), La mortaja (1970) y El tesoro (1985). Abundan en su producción los libros dedicados a la caza y la pesca, sus grandes aficiones, (El libro de la caza menor, 1964; Mis amigas las truchas, 1977; Las perdices del domingo, 1981...), a la tierra castellana (Castilla, 1960; Viejas historias de Castilla la Vieja, 1964; Castilla, lo castellano y los castellanos, 1979), a sus recuerdos personales (Un año de mi vida, 1972; La censura de prensa en los años 40, 1985; Mi vida al aire libre, 1989) y los libros de viajes: Por esos mundos (Sudamérica con escala en las Canarias), 1961; Europa: parada y fonda, 1963; La primavera de Praga, 1968; Dos viajes en automóvil, Suecia y Países Bajos, 1982. Recopiló  muchos de sus artículos periodísticos en libros como Vivir al día (1968) y Pegar la hebra (1990).

Tierra de Campos, Valladolid, 1962. Foto: Ramón Masats. La foto ilustró la portada de la edición de 1964

Delibes escribió Viejas historias de Castilla la Vieja  a petición de Jaume Pla, para ilustrar una serie de grabados realizados por el artista. El libro apareció en 1960 con el título abreviado de Castilla, en una edición limitada, en la que el texto de Delibes ilustra los grabados de Pla, y no al contrario, como puntualizó el escritor en su momento. Posteriormente Lumen recuperó el texto de Delibes para su colección 'Palabra e Imagen', donde se publicó con  el título completo e ilustrado por treinta y dos fotografías de Ramón Masats, tomadas principalmente en la comarca de Tierra de Campos. Previamente, en 1962, Miguel Delibes había acompañado al fotógrafo en un recorrido de un día por la zona, para conocer los parajes en que se ambienta el relato. Masats regresó unos días después para tomar unas instantáneas que reflejan la vida dura y la pobreza de un mundo que empieza a agonizar debido a la emigración a las ciudades.  El escritor confesó a César Alonso de los Ríos, en sus Conversaciones, que esta  obra  es consecuencia de la censura periodística:
En cierto modo Las ratas y Viejas historias de Castilla la Vieja son la consecuencia inmediata de mi amordazamiento como periodista. Es decir, que cuando a mí no me dejan hablar en los periódicos, hablo en las novelas.
Delibes retrata en diecisiete estampas (de las que hemos seleccionado la primera) el mundo rural del que proviene Isidoro, el protagonista, un mundo del que no logra desvincularse cuando emigra a la ciudad a comienzos del siglo XX. Isidoro tiene "el pueblo en la cara". Sus modales y pensamientos campesinos dificultarán que se confunda  con las multitudes de la ciudad y permitirán que su memoria rescate el universo del que proviene.  A través de Isidoro, que tras cuarenta y ocho años de ausencia decide regresar a su pueblo, el autor refleja la problemática del mundo rural y las consecuencias de la emigración de los campesinos  castellanos  en la primera mitad del pasado siglo.

Este relato, de apenas 70 páginas, era uno de los libros más queridos de Miguel Delibes, del que anota en Mi mundo y el mundo (1964):
En este breve relato resumo todo mi amor por la naturaleza y por la región donde he nacido y vivo, Castilla, país de agricultores pobres y hombres duros y resistentes.

EL 17 DE OCTUBRE SE CUMPLEN CIEN AÑOS DEL NACIMIENTO DE MIGUEL DELIBES.

Ángeles de Castro y Miguel Delibes, entonces novios. Foto:
Archivo familiar, cortesía de Círculo de lectores (diariodemallorca.es)


Otra imagen de Delibes (Elcasar.com)

domingo, 17 de mayo de 2020

Un poema de Julio Llamazares




Desde esta misma roca contemplaron la doma de los potros que habrían
   de montar en el combate.

Junto a este mismo río levantaron sus cabañas, derramaron sus rebaños y
   leyendas y bebieron el profundo licor de las grosellas.

Y, en noches de luna llena como esta, cortaron con sus hoces sagradas
   plantas de muérdago para ofrecer al dios de las montañas.

Todavía se escucha, cuando nieva en la noche, el eco de sus flautas y
   cítaras perdidas.

Todavía se escucha, cuando nieva en la noche, el rumor de sus gritos
   guerreros.

Pero de nuevo brilla el sol, se deshace la nieve y el dios de las montañas
   queda solo.

Solo y lejano como mi corazón ahora. Como mi corazón ahora.


      De Memoria de la nieve, Hiperión, 1985


Memoria de la nieve, segundo poemario de Julio Llamazares, vio la luz originalmente en 1982, tras ganar la cuarta edición del Premio Jorge Guillén de poesía. En 1985 apareció bajo el sello Hiperión, en edición conjunta con La lentitud de los bueyes, su primer libro de poemas. En 2009 la misma editorial, bajo el título de Versos y ortigas, volvía a reunir ambos poemarios y les añadía algunos poemas inéditos. Diez años después, Nórdica ha publicado una edición de Memoria de la nieve ilustrada  por Adolfo Serra.

En Memoria de la nieve el poeta evoca, en largos versos libres cargados de melancolía, su infancia y el pasado de su tierra. El título procede del verso que abre esta evocación: "Mi memoria es la memoria de la nieve". En él recoge los dos símbolos presentes en todo cuanto escribe, como reconoce el autor:
Son símbolos de mi biografía: la nieve, los bueyes, las montañas, etcétera. Otros tendrían el mar, los cañaverales, el sol, como paisaje de su historia. Pero la mía es ésta, de esta simbología parte lo que digo, y surge lo mismo en prosa que en poesía. Ese título, Memoria de la nieve, resume muy bien no solo la poesía sino toda mi obra. Creo, además, que es una redundancia: la memoria es como la nieve, escribes sobre ella, y mientras escribes se va derritiendo. Es como si siempre escribiera sobre la nieve, no sobre el papel.
Podría decirse que, en realidad,  nieve y memoria forman parte de un único símbolo: "seguramente es el mismo en dos variantes descriptivas, porque al final la memoria es como la nieve, que se va derritiendo poco a poco, y la nieve es como la memoria, que también va desapareciendo poco a poco".

[Imagen: elhorizonte.mex]

jueves, 14 de mayo de 2020

'Internamiento', de Samira Ahmed


FICHA BIBLIOGRAFÍCA:
Titulo: Internamiento
Autor: Samira Ahmed
Editorial: Fandom Books. España, 2019
Número de páginas: 398
PRESENTACIÓN:
Género: Ficción
Público al que va dirigida la obra: novela juvenil
LA AUTORA:
Samira Ahmed nació en Bombay, (India) y actualmente reside en Estados Unidos y tiene la nacionalidad americana. Es novelista y lleva publicando libros desde el 2016. Su literatura va dirigida a adultos jóvenes. Escribe los géneros de ficción, no ficción y poesía. Ha estado en las listas de superventas del New York Times con Internamiento y su primera novela  Amor, Odio y otros filtros.
Samira Ahmed (wikipedia)
PERSONAJES:
Layla: protagonista de la historia, hija de musulmanes con origen indio. Vive en un campo de internamiento y es una revolucionaria.
Ayesha: amiga de Layla, se conocen en el campo y ayudara a Layla con todas sus revoluciones.
Cabo Reynolds: guardia de exclusión del campo.
David: novio de Layla. Vive fuera del campo e intentara ayudar a Layla a filtrar información del campo al exterior.
ESPACIO Y TIEMPO:
La acción se desarrolla en Estados Unidos, en un futuro cercano y aterrador. Comienza en una pequeña ciudad universitaria pero la historia se desarrolla en Manzanares, que es un campo de internamiento de la Segunda Guerra Mundial rehabilitado para internar a los musulmanes.
ARGUMENTO:
En Estados Unidos los musulmanes son declarados una amenaza para el país; por eso a Layla y a sus padres, junto a otras familias musulmanas, se les obligará a dejar sus hogares para pasar a vivir en un campo de internamiento. En el campo vivirán en caravanas y divididos según su país de procedencia. Layla conocerá a Ayesha y junto a ella y otras personas del campamento intentarán rebelarse contra las normas impuestas.
VALORACIÓN PERSONAL:
Este ha sido un libro que me ha gustado mucho a pesar de no ser el tipo de género que habitualmente me gusta. Es una novela que se me ha hecho amena y los temas que trata me han parecido muy interesantes y me han hecho ver hasta qué punto pueden llegar a llevar la  xenofobia por otras culturas.
RECOMENDACIONES:
Lo recomendaría porque trata un tema de la actualidad política y social y se lo recomendaría a lectores de 13 o 14 años en adelante.
Agnés Petronila Sorolla Muñoz, 2º ESO B

domingo, 10 de mayo de 2020

"El otro costado", de Miguel Florián




EL OTRO COSTADO

Este ocaso que se apaga,
¿qué es lo que tiene detrás?
J.R.J.

Qué mundo podrías darme tú 
que fuera más dulce que este mundo.

¿Acaso en él las ramas se alzarían
desde su sombra hasta alcanzar la luz,
y caería el agua para calmar la sed
profunda de los árboles? ¿Y los ojos
oscuros de una mujer nos raptarían
hacia el confín del alma, donde el alma
no existe? No ambiciono otra carne,
ni otros besos. Dame los mismos días
encendidos. Dame las mismas noches
y sus cielos poblados de secretos.

¿Qué delicioso pan me saciaría?
¿En qué seno, de mujer o de ángel,
hallaría reposo? Amo el fulgor 
dorado del mar en las pupilas,
la ciencia generosa de algún vino.

No preciso otro mundo sino éste
que ya me has otorgado. Y sus afanes,
y poderlo decir. No me des paraísos
que el corazón no sepa contener. 

De Los mares, las memorias, 1992

Los mares, las memorias, primer poemario de Miguel Florián, pertenece a una etapa de su trayectoria poética que abarca hasta Memoria común (1998). En ella, según Francisco Martínez Cuadrado*, celebra la plenitud del instante, la manifestación de los pequeños seres y cosas, el advenimiento de la luz, la emoción de la belleza, el estremecimiento del cuerpo enamorado, el don de la palabra transformada en memoria. Los poemas suelen ser breves y rescatan el instante epifánico a menudo asociado a la revelación de la luz, símbolo de un estado de pureza e inocencia. Este es el Florián más próximo a Juan Ramón Jiménez, a Claudio Rodríguez, e incluso a Vicente Aleixandre.

*F. Martínez Cuadrado, "La poesía de Miguel Florián. Conciencia y coherencia", estudio preliminar en Cuerpo nombrado. Antología poética de Miguel Florián, Algaida, Sevilla, 2005, págs. 9-19.

[Imagen: PxHere]