EL BLOG DE LA BIBLIOTECA DEL I.E.S. "GOYA" DE ZARAGOZA


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domingo, 17 de diciembre de 2017

"El arte de perder", de Elizabeth Bishop


Elizabeth Bishop, con su gato Tobias, en 1954 (Vassar College Library)




                    UN ARTE

No es difícil dominar el arte de perder:
tantas cosas parecen llenas del propósito de ser perdidas,
que su pérdida no es ningún desastre.

Perder alguna cosa cada día. Aceptar aturdirse por la pérdida
de las llaves de la puerta, de la hora malgastada.
No es difícil dominar el arte de perder.

Después practicar perder más lejos y más rápido:
los lugares, y los nombres, y dónde pretendías
viajar. Nada de todo esto te traerá desastre alguno.

He perdido el reloj de mi madre. Y, ¡mira!, voy por la última
—quizás por la penúltima— de tres casas amadas.
No es difícil dominar el arte de perder.

He perdido dos ciudades, las dos preciosas. Y, más vastos,
poseí algunos reinos, dos ríos, un continente.
Los echo de menos, pero no fue ningún desastre.

Incluso habiéndote perdido a ti (tu voz bromeando, un gesto
que amo) no habré mentido. Por supuesto,
no es difícil dominar el arte de perder, por más que a veces
pueda parecernos (¡escríbelo!) un desastre.



Versión original en inglés:


                      ONE ART

The art of losing isn’t hard to master;
 so many things seem filled with the intent to be
 lost that their loss is no disaster.

Lose something every day. Accept the fluster
 of lost door keys, the hour badly spent. The art
 of losing isn’t hard to master.

Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.

I lost my mother’s watch. And look! my last,
or next-to-last, of three loved houses went. The
art of losing isn’t hard to master.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
 some realms I owned, two rivers, a continent
 I miss them, but it wasn’t a disaster.

—Even losing you (the joking voice, a gesture
 I love) I shan’t have lied. It’s evident
the art of losing’s not too hard to master though it may
look like (Write it!) like disaster.

Elizabeth Bishop, Obra poética. Edición bilingüe. Prólogo de 
Sam Abrams, estudio preliminar y traducción de S. Abrams y J. Margarit.
Igitur, Montblanc (Tarragona), 2008


Elizabeth Bishop (1911-1979) fue una poeta estadounidense (laureada en 1949 y Premio Pulitzer en 1956) que, como recuerda Natalia Carbajosa ("Poesía en movimiento: Elizabeth Bishop", en: www.jotdown.es), es una rara avis en la poesía contemporánea por  la escasez de su obra poética, por su ausencia del escenario literario angloamericano (debido a sus numerosos viajes y a sus años de residencia en Brasil) y por hacer una poesía "de una contención extrema, ajena a la poesía confesional de los años cincuenta, y concienzudamente basada en la forma, en evidente contraste con la espontaneidad y el coloquialismo preconizados por los poetas del movimiento Beat en los sesenta".

Nacida en Worcester (Massachusetts), perdió  a sus padres  prematuramente: su padre falleció cuando ella tenía apenas ocho meses, y su madre, aquejada de graves episodios de inestabilidad mental, fue internada en un manicomio cuando la futura escritora tenía cinco años y, a pesar de que vivió hasta 1934, no volvieron a verse más. Por ello, Elizabeth pasó su infancia y adolescencia en hogares ajenos: primero en un pequeño pueblo de Nueva Escocia (que después idealizará en su obra), a cargo de sus abuelos maternos, y más tarde, bajo la tutela de la familia paterna, personas adineradas de Massachusetts que no tardaron en internarla en la elitista Walnut Hill School for the Arts (en cuya revista The Blue Pencil aparecieron sus primeras publicaciones) y posteriormente en el Vassar College, institución que, tras la muerte de la autora,  custodia su legado. Sus años en el Vassar College fueron de enorme importancia para ella ya que  conoció a la  escritora Marianne Moore (que se convertirá en amiga, mentora y fuerza estabilizadora de su vida), y  fundó con otros estudiantes  la influyente revista literaria Con Spirito. Una vez graduada en 1934, vivió en Nueva York y viajó por Francia, España, Irlanda, Italia y norte de África. En 1938 se trasladó a Key West (Florida), donde escribió muchos de los poemas incluidos en su primer poemario Norte y Sur (1946), por el que ganó el Premio Houghton Mifflin de poesía.

Su falta de arraigo le ocasionó dolencias y traumas que arrastrará toda su vida (alergias, depresión, alcoholismo) y que pondrán en peligro su carrera literaria. Para dejar atrás esa vida deprimente que incluía una grave  crisis de creatividad, en 1951, becada por el Bryn Mawr College, se embarca en Nueva York en un carguero, con intención de circunnavegar América del Sur. Aprovecha la  escala en el puerto brasileño de Santos para visitar a una compatriota y a su pareja (la arquitecta y paisajista Carlota Costallat de Macedo Soares, Lota), a quienes había conocido cuatro años antes. Una virulenta reacción alérgica que le obliga a guardar cama durante semanas trastoca sus planes, de manera que lo que iba a ser una breve visita se convertirá en una estancia de quince años. Lota, hija de un magnate de la prensa carioca, la acoge en su hacienda Samanbaia, en Petrópolis, y se inicia entre ellas una relación amorosa de catorce años que acabó con el  suicidio de Lota en 1967, tras el abandono de Elizabeth a causa del deterioro de la relación. Después de la muerte de Lota, la escritora alterna sus estancias en la  casa que había restaurado en el pintoresco pueblo minero de Ouro Preto, en el sureste de Brasil, con sus viajes a Estados Unidos.   Por primera vez en su vida, la tímida y frágil Elizabeth  había conseguido echar raíces en un lugar. Durante su estancia en Brasil ganó el Premio Pulitzer en 1956 por el volumen  titulado Poemas: Norte y Sur-Una primavera fría (1955), reunión de sus dos primeros poemarios; y compuso, además,  un tercero, Cuestiones de viaje, que vio la luz en 1965. En 1969 publicó su Poesía completa, galardonado con el National Book Award.

En 1970 regresa a su país para sustituir a su amigo Robert Lowell (que había aceptado un puesto en la Universidad de Essex, Inglaterra) como profesora en la Universidad de Harward, donde permanecerá siete años. Antes había impartido cursos durante un breve periodo de tiempo en la Universidad de Washington; después enseñará en la de Nueva York y, finalmente, en el Instituto Tecnológico de Massachusetts.  En 1977 apareció su cuarto  y último poemario, Geografía III, con el que obtuvo el Neustadt International Prize for Literature, que ninguna mujer había ganado antes. Falleció de una hemorragia cerebral en su casa de Lewis Wharf (Boston), a los sesenta y ocho años, y fue enterrada en su ciudad natal. Sus derechos literarios fueron heredados por Alice Methfessel, su pareja en los últimos años. Con tan solo cuatro poemarios, uno por década, y poco más de cien poemas publicados en vida, está considerada  uno de los poetas  estadounidenses más importantes del siglo XX.

Bishop concibe la poesía como una necesidad de expresar la realidad contemplada, no la vivida. Evita en sus versos la emoción así como lo autobiográfico, busca  la distancia y la perfección formal. No  obstante,  Sam Abrams observa en su obra un difícil equilibrio entre la contención, el retraimiento, y la expansión:
Elizabeth Bishop controlaba a la perfección la distancia entre ella y el lector, en definitiva, entre ella y el mundo. Sus poemas son muy personales, próximos, solidarios con los otros y con el entorno, pero a la vez la poeta ejerce un sutil sentido de la reserva, de la reticencia y del replegamiento [...]. Se podría decir que existe un punto de tensión equilibrada entre ambas tendencias, la tendencia a la expansión y la tendencia al retraimiento, de modo que nuestra autora disfrutaba del uso calculado de una curiosa y nueva mezcla entre la herencia del romanticismo, con la proyección de la personalidad, y la modernidad, con la huida de la personalidad. Y sobre esta base Bishop supo construir una obra que tiene el calor humano de la particularidad y la fuerza intelectual atemporal de la universalidad. Este punto  de vista tan peculiar que supo crear Bishop para canalizar su discurso poético acabó manifestándose también en la visión de la realidad subyacente en toda su obra [....]. Creo que no hay mejor poeta que Bishop para ayudarnos a entender el dilema de la condición humana en la actualidad, con todas sus dudas, su falta de certezas, su profundo sentido de la provisionalidad. 
Escrito en la madurez e incluido en Geografía III, "One Art" es el poema más antologado de Elizabeth Bishop. En él se sirve de la villanelle, estructura métrica tradicional basada en la repetición -formada por cinco tercetos (aba) y una cuarteta (abaa)-, que también utilizaron autores del siglo XX como Dylan Thomas o Sylvia Plath. 
  Lo que comienza como una reflexión de carácter general sobre la inevitabilidad de las pérdidas y la necesidad de aceptarlas, pronto da paso al recuento de sus propias pérdidas personales y el impacto de las mismas sobre ella (tercetos 3º y 4º). En la última estrofa aparece la verdadera razón del poema: la pérdida de una persona, si bien los detalles están silenciados y solo en el paréntesis se revela la importancia de esa pérdida. Aunque el yo poético reitera que ninguna pérdida representa un desastre, la cuarteta final, dirigida a la persona perdida, revela que su pérdida la ha dejado devastada. Es decir, lo que  el poema pone de manifiesto, en realidad,  es  la imposibilidad de superar las pérdidas, esto es, que el perder es un arte que nunca logra dominar. Porque, como ha señalado Elizabeth Dodd, el poema es, al menos en parte, "una elegía profundamente sentida, pero Bishop usa una forma estricta y difícil y un tono informal y coloquial para silenciar la intensidad emocional". En palabras de Natalia Carbajosa, "Es el artificio extremo el que le permite enfrentarse a la enormidad de la pérdida".

domingo, 10 de diciembre de 2017

"Defensa de Violeta Parra", de Nicanor Parra

Violeta Parra



DEFENSA DE VIOLETA PARRA


Dulce vecina de la verde selva
Huésped eterna del abril florido
Grande enemiga de la zarzamora
Violeta Parra

Jardinera
                  locera
                              costurera
Bailarina del agua transparente
Árbol lleno de pájaros cantores
Violeta Parra

Has recorrido toda la comarca
Desenterrando cántaros de greda
Y liberando pájaros cautivos
Entre las ramas

Preocupada siempre de los otros
Cuando no del sobrino
                                          de la tía
Cuándo vas a acordarte de ti misma
Viola piadosa

Tu dolor es un círculo infinito
Que no comienza ni termina nunca
Pero tú te sobrepones a todo
Viola admirable

Cuando se trata de bailar la cueca
De tu guitarra no se libra nadie
Hasta los muertos salen a bailar
Cueca valseada

Cueca de la Batalla de Maipú
Cueca del Hundimiento del Angamos
Cueca del Terremoto de Chillán
Todas las cosas

Ni bandurria
                        ni tenca
                                       ni zorzal
Ni codorniza libre ni cautiva
Tú 
solamente tú
                        tres veces tú
                                              Ave del paraíso terrenal

Charagüilla gaviota de agua dulce
Todos los adjetivos se hacen pocos
Todos los sustantivos se hacen pocos
Para nombrarte

Poesía
            pintura
                         agricultura
Todo lo haces a las mil maravillas
Sin el menor esfuerzo
Como quien se bebe una copa de vino

Pero los secretarios no te quieren
Y te cierran la puerta de tu casa
Y te declaran la guerra a muerte
Viola doliente

Porque tú no te vistes de payaso
Porque tú no te compras ni te vendes
Porque hablas la lengua de la tierra
Viola chilensis

¡Porque tú los aclaras en el acto!

Cómo van a quererte
                                       me pregunto
Cuando son unos tristes funcionarios
Grises como las piedras del desierto
¿No te parece?

En cambio tú
                         Violeta de los Andes
Flor de la cordillera de la costa
Eres un manantial inagotable
De vida humana

Tu corazón se abre cuando quiere
Tu voluntad se cierra cuando quiere
Y tu salud navega cuando quiere
Aguas arriba!

Basta que tú los llames por sus nombres
Para que los colores y las formas
Se levanten y anden como Lázaro
En cuerpo y alma

¡Nadie puede quejarse cuando tú
Cantas a media voz o cuando gritas
Como si te estuvieran degollando
Viola volcánica!

Lo que tiene que hacer el auditor
Es guardar un silencio religioso
Porque tu canto sabe adónde va
Perfectamente

Rayos son los que salen de tu voz
Hacia los cuatro puntos cardinales
Vendimiadora ardiente de ojos negros
Violeta Parra

Se te acusa de esto y de lo otro
Yo te conozco y digo quién eres
¡Oh corderillo disfrazado de lobo!
Violeta Parra

Yo te conozco bien
                                  hermana vieja
Norte y sur del país atormentado
Valparaíso hundido para arriba
¡Isla de Pascua!

Sacristana cuyaca de Andacollo
Tejedora a palillo y a bolillo
Arregladora vieja de angelitos
Violeta Parra

Los veteranos del setenta y nueve
Lloran cuando te oyen sollozar
En el abismo de la noche oscura
¡Lámpara a sangre!

Cocinera
                niñera
                            lavandera
Niña de mano
                           todos los oficios
Todos los arreboles del crepúsculo
Viola funebris

Yo no sé qué decir en esta hora
La cabeza me da vueltas y vueltas
Como si hubiera bebido cicuta
Hermana mía

Dónde voy a encontrar otra Violeta
Aunque recorra campos y ciudades
O me quede sentado en el jardín
Como un inválido

Tu delantal estampado de maqui
¡Río Cautín!
                      ¡Lautaro!
                                       ¡Villa Alegre!
¡Año mil novecientos veintisiete
Violeta Parra!

Pero yo no confío en las palabras
¿Por qué no te levantas de la tumba
A cantar
               a bailar
                             a navegar
En tu guitarra?

Cántame una canción inolvidable
Una canción que no termine nunca
Una canción no más
                                     una canción
Es lo que pido

Qué te cuesta mujer árbol florido
Álzate en cuerpo y alma del sepulcro
Y haz estallar las piedras con tu voz
Violeta Parra

Esto es lo que quería decirte
Continúa tejiendo tus alambres
Tus ponchos araucanos
Tus cantaritos de Quinchamalí
Continúa puliendo noche y  día 
Tus toromiros de madera sagrada
Sin aflicción
                       sin lágrimas inútiles
O si quieres con lágrimas ardientes
Y recuerda que eres
Un corderillo disfrazado de lobo

       De Obra gruesa, 1969



El pasado 4 de octubre se cumplieron cien años del nacimiento de Violeta Parra (1917-1967), cantautora, pintora, escultora y ceramista chilena, considerada una de las más importantes folcloristas de América del Sur y gran divulgadora de la música popular de su país. Por esta razón, no podíamos terminar el año sin recordar su figura y rendirle nuestro pequeño homenaje  mediante  la selección del poema "Defensa de Violeta Parra",  escrito por su hermano mayor, el antipoeta Nicanor Parra*.


Violeta y Nicanor Parra, en la carpa La Reina (1966)

La versión de "Defensa de Violeta Parra" incluida en Obra gruesa es la segunda  del poema de Nicolás Parra. Con el poema original, formado por dieciséis estrofas e incluido en el volumen recopilatorio titulado La cueca larga (1958), el poeta pretendía, como indica su título, hacer una defensa de su hermana Violeta, pues consideraba que no había recibido el reconocimiento ni la ayuda que merecía en su afán de descubrir y difundir las expresiones más auténticas de la cultura chilena.  La segunda versión, mucho más extensa (31 estrofas),  se transforma en una elegía tras la muerte de su hermana el 5 de febrero de 1967.

Elvira Santana Dubreuil ("Entre la tradición y la antiposesía: Defensa de Violeta Parra"), para quien el poema es una "elegía antipoética",  descubre identidades textuales  entre los dos primeros versos del poema y el comienzo de la oda "Al céfiro" del poeta español Esteban Manuel de Villegas (1589-1669), en cuyos versos iniciales leemos: "Dulce vecino de la verde selva, /huésped eterno del abril florido". Observa, además, la asimilación del modelo estrófico de la citada oda (la estrofa sáfica), con algunas modificaciones. 

La estrofa sáfica o sáfico adánica  (cuyo origen se remonta al siglo VI a. C. en la isla griega de Lesbos, donde vivió Safo, quien le dio nombre)  consta, según Navarro Tomás, de cuatro versos sueltos, los tres primeros endecasílabos sáficos (con acentos en 4ª, 6ª u 8ª y 10ª) y el cuarto pentasílabo dactílico, llamado generalmente "adónico". Como observa Elvira Santana, la estructura tradicional de la estrofa sáfica se encuentra "desplazada, fragmentada y diseminada" en algunas de las  estrofas del poema de Nicanor Parra.  Al esquema métrico tradicional se adscriben 18 de las 31 estrofas, pero la puntuación se ha suprimido totalmente y en 13 estrofas los endecasílabos sáficos "se han fragmentado y diseminado en diferentes tipos de líneas versales, predominantemente escalonados". Y, en cuanto a la estrofa final, cuenta con once líneas poéticas de versos de diferentes medidas, con predominio de los endecasílabos sáficos, uno de los cuales se encuentra fragmentado en dos líneas. 

El poema se adscribe a la antipoesía ya que cuenta con algunos de los rasgos propios de esta estética, según ha señalado Elvira Santana:
En síntesis, las estructuras formales de "Defensa de Violeta Parra" se ciñen a la estética de la antipoesía, si bien no están presentes el humor y la ironía, debido al tema que la motiva, pero es posible encontrar las otras formas antipoéticas como: mezcla del lenguaje lírico con el cotidiano, distanciamiento, limitado por el tema que involucra emocionalmente al hablante; narración o testimonio del ser de Violeta; prosaísmo manifiesto en algunos casos con giros del habla coloquial o lugares comunes; léxico que apunta a realidades ontológicas y, finalmente, imágenes escuetas como representaciones plásticas o hechos puntuales de la realidad carentes de complejidad semántica.
No obstante, en opinión de Santana, la mayor innovación  reside en su métrica, un nuevo elemento antipoético: la antimétrica, resultante de la descomposición de un modelo consagrado por la tradición, originando una nueva estructura versal. El "gran desendecasilabador" que es Nicanor Parra (así se proclama en uno de sus Artefactos) ha desestructurado los endecasílabos sáficos, creando una nueva estrofa de raíz sáfica.

*Entrada relacionada:





domingo, 3 de diciembre de 2017

'La niebla', de José Mateos, [fragmento]




     LA NIEBLA (I)

                [FRAGMENTO]


Un faro entre la niebla. Sólo eso.
Un faro entre la niebla. Lo veías
pintado en el papel de las paredes
de aquella casa que alquilasteis juntos,
por unos meses, frente a un mar lejano.

Allí, toda mentira y daño fuera;
allí, mañanas en que aún era nuevo
despertar en sus brazos; y allí alegres
tardes de estudio, noches sin orillas,
y el café para dos viendo la lluvia.

En ese tiempo amar era tan fácil.
Te sentabas con ella en las continuas
barandillas del muelle, cara al viento,
o en las escalinatas de una iglesia,
y el brazo se te iba hacia sus hombros
o se escapaba un beso, una caricia,
porque la luna, el cine, los exámenes...

Por la Torre Tavira*, en unas tiendas
llenas de gente en días de mercado,
le comprabas bombones, cigarrillos,
un libro de poemas que enlazase
dos corazones a una misma música,
en un mismo papel dos garzas blancas.

Ahora el trabajo, el piso, las facturas
se acumulan. No hay tiempo. Pasa fuera
semanas, meses..., tiempo. Nunca hay tiempo.
Sólo para morir hay tiempo ahora,
para ir envejeciendo entre periódicos
que nunca dicen cómo te hace falta
su risa, el ritmo de una casa propia.

Qué grieta antigua. Qué gotera triste.
Qué armazón de años idos y nostalgia.
Qué harapos ebrios ondeando al viento.
Qué faro erguido es este amor que puede
sobrevivir al excesivo roce
de dos vidas que imploran, hieren, sudan,
bostezan, se defraudan... Qué isla grande.
Qué mástil de ternura en la tormenta.
Qué lámpara indecisa en la alta noche.
Qué tabla y qué naufragio al mismo tiempo.


            De La niebla, Pre-Textos, 2003

*Torre Tavira es una torre vigía de la ciudad de Cádiz y
el punto más alto del casco antiguo.


José Mateos. /ABC.es

José Mateos 
es seudónimo de José Rosales Mateos, poeta y pintor español nacido en Jerez de la Frontera (Cádiz) en 1963. Allí cursó sus primeros estudios en el colegio La Salle y en el instituto Padre Luis Coloma. Después de vivir en Cádiz y comenzar la carrera de Filosofía Pura en la Universidad de Sevilla, con veinticuatro años  regresa a su ciudad natal. Por esta época entra en contacto con el escritor Francisco Bejarano, que le publicará sus primeros poemas en la revista  Fin de Siglo y lo pondrá en contacto con otros poetas de su generación (Felipe Benítez Reyes**, José Manuel Benítez Ariza, Pedro Sevilla o Julio Cabanillas). En la década de los noventa comienza a trabajar en el Diario de Jerez coordinando, primero con Juan Bonilla** y más tarde en solitario, el suplemento cultural Citas. Ha desarrollado una intensa actividad al frente de proyectos culturales como la colección literaria Cuadernos de La Moderna, la revista Nadie parecía (que dirigió junto a Abel Feu y Enrique García-Máiquez) o los ciclos de conferencias y exposiciones Pasión por el libro. Es, además, editor de "Libros Canto y Cuento".


En 1990 publicó su primer libro de poemas, Una extraña ciudad (Renacimiento), al que siguieron Días en claro (Pre-Textos, 1995), Canciones (Pre-Textos, 2000), La niebla (Pre-Textos, 2003), Haikus y otras pinceladas (El Sitio, 2003),  y Otras canciones (Pre-Textos, 2016). En 2006 recogió toda su poesía publicada hasta la fecha en Reunión (Comares). También es autor del libro de relatos Historias de un Dios menguante (2011) y de otros libros de difícil clasificación como Soliloquios y divinanzas (2007), La razón y otras dudas (2008) y Un año en la vida (2015). Poemas suyos han sido incluidos por el cantante Loquillo en el disco La vida por delante, por Luis Balaguer en el disco Abrida, y por Carmen Garrido en el disco Poetas españoles. Su obra ha sido traducida y publicada en portugués, italiano, árabe e inglés.

**Entradas relacionadas:

-Felipe Benítez Reyes:
-Juan Bonilla:
http://elhacedordesuenos.blogspot.com.es/2010/09/poema-de-la-semana_26.html

Escucha el poema "Julia Reis", de su libro Una extraña ciudad, musicado por Gabriel Sopeña e interpretado por Loquillo:


[La imagen del faro procede de: poohadventures.wikia.com; la información sobre el autor está tomada de su blog]

domingo, 26 de noviembre de 2017

"Lluvia", de Juan Gelman


Foto: Christophe Jacrot


LLUVIA


hoy llueve mucho, mucho,
y pareciera que están lavando el mundo
mi vecino de al lado mira la lluvia
y piensa escribir una carta de amor /
una carta a la mujer que vive con él
y le cocina y le lava la ropa y hace el amor con él
y se parece a su sombra /
mi vecino nunca le dice palabras de amor a la
mujer /
entra a la casa por la ventana y no por la puerta /
por una puerta se entra a muchos sitios /
al trabajo, al cuartel, a la cárcel,
a todos los edificios del mundo /pero no al mundo /

ni a una mujer / ni al alma /
es decir / a ese cajón o nave o lluvia que llamamos así /
como hoy / que llueve mucho /
y me cuesta escribir la palabra amor /
porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa /
y sólo el alma sabe dónde las dos se encuentran /
y cuándo / y cómo /
pero el alma qué puede explicar /
por eso mi vecino tiene tormentas en la boca /
palabras que naufragan /
palabras que no saben que hay sol porque nacen 
y mueren la misma noche en que amó /
y dejan cartas en el pensamiento que él nunca
escribirá /
como el silencio que hay entre dos rosas /
o como yo / que escribo palabras para volver
a mi vecino que mira la lluvia /
a la lluvia /
a mi corazón desterrado /



De Eso ( 1983-1984). 
Incluido en Poesía reunida, Seix Barral,2012



Sobre este libro de Juan Gelman y sobre el poema elegido, ha escrito María Ángeles Pérez López (Juan Gelman: Ese oficio ardiente llamado poesía):

Aunque Eso no se publica hasta Interrupciones II (1986), su escritura se remonta a los años 1983-1984. De ahí sus puntos en contacto con otros libros de ese periodo: la tensión agónica con el pasado personal (el olvido, el exilio, el hijo ausente en "Niños") y el carácter obsesivo de su trabazón verbal. Además, del "corazón desterrado" del poeta nacen preguntas que se agotan en sí mismas, y para las que parece siempre insalvable la distancia que media entre el amor y la palabra amor (del mismo poema "Lluvia"). Sólo un sentido tiene entonces la poesía, pero no es menor ni secundario: que el yo lírico vuelva / al vecino que mira la lluvia / a la lluvia / a su corazón desterrado.
Entrada relacionada:


domingo, 19 de noviembre de 2017

"Las personas sensibles" (As pessoas sensíveis), de Sophia de Mello Breyner Andresen






Las personas sensibles

Las personas sensibles no son capaces
De matar gallinas
Pero son capaces
De comer gallinas


El dinero huele a pobre y huele
A la ropa de su cuerpo
Aquella ropa
Que después de la lluvia se secó sobre el cuerpo
Porque no tenían otra
El dinero huele a pobre y huele
A ropa
Que después del sudor no fue lavada
Porque no tenían otra


“Ganarás el pan con el sudor de tu rostro”
Así nos fue impuesto
Y no:
“Con el sudor de los otros ganarás el pan”


Oh vendedores del templo
Oh constructores
De las grandes estatuas huecas y pesadas
Oh llenos de devoción y de provecho


Perdónalos Señor
Porque ellos saben lo que hacen.



                       De Libro sexto, 1962


VERSIÓN ORIGINAL EN PORTUGUÉS:

As pessoas sensíveis

As pessoas sensíveis não são capazes
De matar galinhas
Porém são capazes
De comer galinhas


O dinheiro cheira a pobre e cheira
À roupa do seu corpo
Aquela roupa
Que depois da chuva secou sobre o corpo
Porque não tinham outra
O dinheiro cheira a pobre e cheira
A roupa
Que depois do suor não foi lavada
Porque não tinham outra


“Ganharás o pão com o suor do teu rosto”
Assim nos foi imposto
E não:
“Com o suor dos outros ganharás o pão.”


Ó vendilhões do templo
Ó constructores
Das grandes estátuas balofas e pesadas
Ó cheios de devoção e de proveito


Perdoai-lhes Senhor
Porque eles sabem o que fazem.



         De Livro sexto, 1962



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