EL BLOG DE LA BIBLIOTECA DEL I.E.S. "GOYA" DE ZARAGOZA


biblioteca.ies.goya@gmail.com


domingo, 24 de septiembre de 2017

"Domus Aurea", de Ana Rossetti


© Maria Maria Acha Kutscher


                          DOMUS AUREA

Haec omnia tibi dabo, si cadens adoraveris me*
                      MAT. 4, 9


Es la casa perfecta
donde ni un solo pétalo intenta aventurarse
más allá del jarrón y la luz no pretende
abrir un abanico en los espejos,
y el aire no consigue arrancarles palomas
a los libros, ni arrasarle el dosel
al tul de las cortinas, ni estremecer vidrieras.
Un decreto invisible afana su gamuza
sobre las porcelanas, mantiene intacto el brillo
de las cuberterías y pulidos los pomos,
los caireles; vigila el territorio 
de cada bibelot, la exacta inclinación 
de cada lámpara, la desnudez del mármol
de los aparadores
y garantiza
el orden y la muerte.
Es la casa perfecta
y mi amor vendaval, es aguacero, alondra
que no encuentra lugar donde quedarse.

De Yesterday, 1988

*El diablo tentó a Jesús mostrándole todos los reinos del mundo y le dijo:
"Todo esto te daré si te postras ante mí y me adoras".
-cairel, trozo de cristal que adorna candelabros, arañas, etc.
-bibelot, figura pequeña de adorno.

El poema toma el título del nombre que los romanos dieron al lujoso palacio  construido por el emperador Nerón (37-68 d. C.) en Roma tras el gran incendio del año 64: "Domus Aurea", literalmente, 'casa de oro'.

Entrada relacionada:

domingo, 17 de septiembre de 2017

"Quietud" y otros poemas de Giuseppe Ungaretti




                      Quietud
                                                  1929

La uva está madura, el campo arado,
el monte se destaca de las nubes.

En los espejos polvorientos del estío
ha caído la sombra,

entre los dedos inciertos
su resplandor es claro,
y lejano.

Y con las golondrinas huye
la última pena.

De Sentimiento del tiempo.Versión de Tomás Segovia


          Quiete
                                          1929

L'uva è matura, il campo arato.

Si stacca il monte dalle nuvole.

Sui polverosi specchi dell'estate
caduta è l'ombra.

Tra le dita incerte
il loro lume è chiaro
e lontano.

Colle rondini fugge
l'ultimo strazio.


             Da Sentimento del tempo, 1933


*      *      *      *


Mañana


          Santa María La Longa, 26 de enero de 1917

Me ilumino
de inmensidad.


   De La alegría. Versión de Carlos Vitale


Mattina


           Santa Maria La Longa il 26 gennaio 1917

M'illumino
d'immenso.


                Da Allegria di naufragi, 1919

*      *      *      *


El puerto sepulto


                         Mariano, 29 de junio de 1916


Aquí llega el poeta
y después vuelve a la luz con sus cantos
y los dispersa

De esta poesía
me queda
esa nada
del inagotable secreto


             De Puerto sepulto. Versión de Rodolfo Alonso

Il porto sepolto


                     Mariano il 29 giuugno 1916

Vi arriva il poeta
e poi torna alla luce con i suoi canti
e li disperde

Di questa poesia
mi resta
quel nulla
d'inesauribile segreto


Da Il porto sepolto, 1917

El poeta Giuseppe Ungaretti

Giuseppe Ungaretti fue un poeta italiano  precursor del hermetismo y uno de los poetas italianos más reconocidos del siglo XX, considerado por Eliot  uno de los pocos auténticos poetas de su generación. 

Hijo de emigrantes italianos originarios de la provincia toscana de Lucca, nació en 1888 en la ciudad egipcia de Alejandría, donde su padre, que falleció cuando el futuro poeta tenía dos años, encontró trabajo en la construcción del canal de Suez. Su infancia y adolescencia transcurrieron en un barrio de la periferia, próximo al desierto, donde su madre viuda regentaba una panadería que le permitió educar a su hijo en el Colegio Suizo de la ciudad. Así,  el espacio de su infancia está "delimitado por dos desiertos: el de la arena y el del mar", como señala Daniel del Percio ("Ungaretti y la invención del desierto" ). Por ello,  mar y desierto, son "dos realidades presentes en su poesía,  ambos iluminados por una luz que nunca olvidaría", según observa Miguel Ángel Flores en "Giuseppe Ungaretti: Vida de un hombre (1888-1975)".

Abandonó Alejandría en el otoño de 1912 para proseguir estudios en la Sorbona, si bien parece que previamente viajó por primera vez a Italia, donde visitó Roma y Florencia. En París asistió a las clases del filósofo Henri Bergson y entró en contacto con representantes de las vanguardias, como Apollinaire -con quien trabará una estrecha amistad-, André Guide, Max Jacob o Pablo Picasso. Dos años después se instaló en Milán y allí publicó algunos de sus primeros poemas, escritos en 1914 y 1915,  en la revista Lacerba, fundada por Giovanni Papini. Posteriormente estas composiciones se incluirán en La alegría
Ungaretti, en la trinchera con un compañero de armas
En 1915, al entrar Italia en guerra, se enroló en el ejército y participó en la Primera Guerra Mundial luchando primero en el Corso y más tarde en la región francesa de Champagne. En el Corso, entre el 22 de diciembre de 1915 y el 2 de octubre de 1916, escribió los poemas de Il porto sepulto, de cuya publicación (una primera edición de ochenta ejemplares en diciembre de 1916) se encargó otro soldado  poeta. En 1923 verá la luz una segunda edición con prólogo de Benito Musolini, que se eliminará en las ediciones posteriores.  El título hace referencia al antiguo puerto de Alejandría, el de Faros, sepultado por los depósitos arrastrados por el Nilo. En este libro, según Giovanni Cantieri (Prólogo a De "Vida de un hombre", 1974),  el poeta vuelve a la ciudad de su infancia "por medio del recuerdo y la abandona de nuevo para hundirse en la luz, o sea en el presente". La guerra, con sus muertos y su destrucción, es el tema principal, pero también están presentes Alejandría y sus años transcurridos en París, es decir, toda su vida, porque la poesía de Ungaretti es una poesía autobiográfica, de ahí lo adecuado del título de su obra completa: Vida de un hombre. Como ha escrito Miguel Ángel Flores,  'El puerto sepultado' es a la vez el muelle faraónico de Alejandría y "el ser del poeta que de las profundidades extrae los secretos órficos para exponerlos a la luz", según se desprende del poema homónimo.

Il porto sepulto formará después la segunda sección de L'Allegria  (1931), titulado en principio Allegria di naufragi, es decir, la alegría de los que sobreviven, en este caso a la tragedia de la guerra. Considerado por Pasolini como "el más europeo de los libros italianos", reúne los poemas escritos  entre 1914 y mediados de 1919. En ellos adapta las fórmulas del simbolismo francés a las formas más nuevas, mediante versos  que no se atienen a ninguna métrica ni orden estrófico tradicional. Se trata de poemas muy breves, de versos cortos (en ocasiones, un monosílabo), en los que la ausencia de signos de puntuación y el empleo de una sintaxis propia dificultan la comprensión.  También utiliza los espacios en blanco para, a la manera de Mallarmé y Apollinaire, hacer que hablen los silencios y el blanco de la página. Como los simbolistas, "persigue una manera pura de hacer poesía; pero persigue esta forma para expresar sentimientos, mucho más que sensaciones", considera Cantieri, que añade:
[Ungaretti] ya se presenta como el poeta del tiempo, del tiempo perdido por el hombre, que sólo nos devuelven esas sensaciones despertadas por los colores y por las mil cosas cotidianas percibidas de improviso, como a la luz de un relámpago, en rápidas "iluminaciones" expresadas por medio de imágenes y analogías que, llevado por su ansia de encontrar fórmulas  cada vez más puras, convierte cada vez en más intraducibles, preparando, de tal forma, el camino a ese hermetismo que al cabo de no muchos años habría de triunfar con Montale* y Quasimodo*, entre otros.

Montale, Ungaretti y Quasimodo
Terminada  la guerra, regresó a París, donde se casó en 1920 con la profesora Jeanne Dupoix, y  en 1921 se instala en Roma. Son años difíciles, en los que obtiene un empleo en la Oficina de Prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores, colabora en diarios y revistas y forma parte de la redacción de Il Popolo d'Italia, órgano del partido fascista, al que se afilió en 1933. Su trabajo como periodista le permitió viajar al extranjero  (Bélgica, Egipto, Holanda, Praga...) y a distintas regiones italianas. En estos años, tras una grave crisis personal, recupera la fe (1928) y sufre la pérdida de su madre (1930). También traduce a Shakespeare, a Góngora, Mallarmé, Racine y Blake.

En 1933 aparece su segunda colección de poesías, Sentimento del tempo, que recoge los poemas compuestos a partir de 1919 y  marca una nueva etapa en su producción poética. Se trata de un libro más objetivo, más meditado, en el que el poeta se  aleja  de ciertas manifestaciones de vanguardia y vuelve a conectar con la tradición clásica (con Petrarca  y Leopardi, sobre todo), incluso recupera versos tradicionales y multiplica las alusiones al mundo clásico y a la mitología. El propio autor vincula el libro con la escultura y la pintura de Miguel Ángel, con aspectos metafísicos y religiosos del barroco italiano, con la transitoriedad del ser humano. Recurre sistemáticamente a la mitología porque para él la vida es creación y destrucción, en lo que "sigue a Leopardi y su poesía decadente, pero también a Petrarca y su poesía de renovación", según señala Rómulo Pardo Urías ("Mitología y poesía en Sentimiento del tiempo de Giuseppe Ungaretti").  Un libro del que  Salvatore Candido (La poesía de Giuseppe Ungaretti: 1954)  ha escrito:
El amor, expresado especialmente en la recolección homónima, el dolor, la muerte, los recuerdos de su tierra, los elementos del paisaje y los motivos de una crisis religiosa expresados en los Hymnos, constituyen el mundo poético de Sentimiento del tiempo, obra en la cual Ungaretti, por medio de un agudo sentido cromático y de una acentuación de motivos espirituales, revela un rostro nuevo y una sensibilidad profunda y antigua.
En 1936 le ofrecen la cátedra de Literatura italiana en Sao Paulo. Allí permanecerá desde 1937, año en que muere su hermano Constantino, hasta 1942, y allí verá morir a su querido hijo Antonietto, de nueve años. De regreso a Italia es nombrado miembro de la Academia italiana y delegado de su país en la Unesco. Desde ese momento hasta su jubilación en 1958 desempeñará la cátedra de Literatura italiana moderna y contemporánea en la Universidad de Roma. En 1962 fue elegido presidente de la Comunidad europea de escritores y en 1966 recibió el premio Taormina de poesía. Falleció en Milán el 1 de junio de 1970, pero fue sepultado en Roma.

De 1937 a 1946  compone los poemas de Il dolore (El dolor), publicado en 1947. Era el libro más querido por el autor, cuya fuente de inspiración es el dolor que sufrió tan profundamente en esos años: muerte de su hermano, de su hijo, la Segunda Guerra Mundial, la ocupación de Roma y el descubrimiento de los campos de exterminio nazis. Cada poema expresa un momento, un aspecto del dolor experimentado por la experiencia de la muerte de los demás, tanto a nivel íntimo como colectivo. Giovanni Cantieri considera esta obra como un paréntesis en la triada formada por La alegría, Sentimiento y La tierra prometida, "a través de la cual el poeta fue aproximándose cada vez más a esa poesía pura a la que siempre aspiró", y la considera casi una continuación de La alegría, ya que vuelve a aparecer la vena autobiográfica. De acuerdo con ello, habría que considerarla como un paréntesis en la tercera etapa de su producción poética, que comenzaría con La tierra  prometida.

En 1935 comenzó a escribir Terra promessa (La tierra prometida, 1950), pero la tarea se vio  interrumpida por su viaje a Brasil y por la composición de El dolor. La obra, inconclusa, fue concebida como un melodrama con orquesta y coros, del que solo llegó a componer siete poemas. Cuando Mondadori inició la publicación de sus obras completas, Terra promessa fue publicada bajo el título de Penultima Stagione ya que, escribe el autor,  se propone cantar  el otoño de la vida, la penúltima estación antes del invierno, en que todo morirá. Tanto el argumento como la estructura de la obra se desprenden de la Eneida de Virgilio y parece que tienen su origen en un recorrido del poeta por los lugares virgilianos en 1932. La "tierra prometida" no es la del Antiguo Testamento, sino aquella que le fue profetizada a Eneas cuando abandona Troya. El título inicial, no obstante, era "La fidelidad de Palinuro". Palinuro era el piloto de Eneas, muerto en las costas italianas e inmortalizado en una roca, el cabo del mismo nombre. Para Ungaretti, la empresa en la que participa Palinuro es "la loca empresa de encontrar un lugar de armonía, de felicidad, de paz: un país inocente, dije una vez". Y explica que la metamorfosis de Palinuro en peñasco simboliza la vanidad de todo esfuerzo humano.  Porque, como recuerda Miguel Ángel Flores, en este libro "están las angustias, todo el drama de la vida de un hombre, pero en su nivel supremo, en un  aire límpido de un cielo de otoño [...], en los ojos de un anciano rodeado por los recuerdos del fuego."

Después de La tierra prometida, publicó Un grido e paessaggi (Un grito y paisajes, 1952), crónica de los momentos más significativos de su vida; Il taccuino del vecchio (El cuaderno del viejo, 1960), Morte delle stagioni (Muerte de las estaciones, 1967) y Dialogo (1968). En 1977 se publicó su obra completa bajo el significativo título de Vita d'un uomo (Vida de un hombre), de un hombre que, según sus propias palabras, "siempre ha entregado al fuego su vida por algo más grande que el hombre, y esa cosa es la poesía".
Ungaretti, en 1968

domingo, 10 de septiembre de 2017

"Pareces dibujada en los cristales..." y otro poema de Esperanza Ortega




Pareces dibujada en los cristales
mientras dices adiós con la sonrisa.
¿Qué sentirás
ausente
de mis brazos?
¿Serás feliz? ¿Acaso
te internarás en selvas y en milagros?
¿Qué noches,
qué peligros
o qué amor?
Ni tú ni yo sabemos.

Niña de fuego y alas
mientras dices adiós con la sonrisa.

(Para Elisa, el primer día que iba en autobús al colegio)

                                     De Algún día, 1988


Hay días
huecos
sin horas sin minutos
simas en donde las voces caen
como las piedras y se pierden

horas felices hay
también
y tú las acaricias con dulzura
para no perturbar esa frágil quietud
desprevenida con que posan sus alas

cuando se van
renuncias obediente
a perseguir su vuelo inalcanzable

De Mudanza, 1994


Esperanza Ortega (Palencia, 1953) es escritora, traductora y editora española. Licenciada en Filología Románica, ha ejercido la docencia en varios institutos de la ciudad de Valladolid, donde reside desde muy joven. Está casada con el también escritor Gustavo Martín Garzo.
    Ha escrito poesía, narrativa y memorias, además de preparar antologías y estudios críticos, preferentemente sobre poesía clásica y contemporánea.  Es autora de los poemarios  Algún día (1988), Mudanza (1994), Hilo solo (1995, Premio Gil de Biedma), Como si fuera una palabra (2002), Poema de las cinco estaciones (2006) y la antología La mano sobre el papel (2010). Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan Ellas tienen la palabra. Dos décadas de poesía española (Hiperión), Las ínsulas extrañas. Antología de poesía en lengua castellana (1950-2000) y Poesía hispánica contemporánea, ambas editadas por Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores, así como Poesía soy yo. Poetas en español del siglo XX (1886-196o),  de Visor.
   Como narradora ha publicado  el relato El dueño de la casa (1993, Premio Jauja de cuento), la biografía novelada Garcilaso de la Vega (2003) y el libro de memorias de infancia Las cosas como eran (2009). De sus antologías y estudios sobre poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, así como las numerosas antologías del poeta Francisco Pino, de las que sobresale Siempre y nunca (2002).  Es autora también del ensayo pedagógico sobre escritura creativa El baúl volador (1984), galardonado con el Premio Giner de los Ríos a la mejora de la calidad educativa. 
    Ha traducido una selección de poemas de Humberto Saba y Atilio Bertolucci, además del libro La libélula. Panegírico de la libertad, de Amelia Roselli, y ha realizado una versión en verso del "Círculo de los lujuriosos", de la Divina Comedia. Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía El signo del gorrión y codirigió la colección Vuelapluma, dedicada a la difusión de la obra de autores de Castilla y León. Actualmente colabora en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.

En este enlace puedes escuchar una interesante entrevista con  la autora: https://youtu.be/Klkc-twQk3Q

domingo, 3 de septiembre de 2017

"Palabras para colgar de una ventana rota", de Ángel García López




Palabras para colgar de una ventana rota

Este balcón da al mar. Toco la espuma
viajera, inagotable, de la orilla.
Sobre el balcón, volcado en La Costilla*,
mis ojos dan al mar.
                                    Lejos, la bruma
dibuja un horizonte que navega 
mi corazón.
                      Conozco cada grano
de esa arena, su nombre, su verano,
su apellido. Y el agua se me entrega
joven y dulce en la mañana. Y canta
su septiembre de sol.
                                       En los cristales
crece la flor de luz de los corales,
ruge lo azul de la escolar garganta
del día.
              Y aquel niño, aquel desvelo
que antaño fui, se asoma. Y ve.
                                                      Y en Rota
esta ventana es mar, y gaviota
que le devuelve lo mejor del cielo.

               De Mester Andalusí, 1978

*La Costilla es una playa de la ciudad de Rota (Cádiz).

Ángel García López. /La Voz de Cádiz

Ángel García López (Rota, Cádiz, 1935) es un poeta español perteneciente al grupo poético de los 60, conocido también como "generación del lenguaje" por la relevancia dada a la palabra en la composición del poema. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid, ha sido profesor de Lengua castellana y Literatura en bachillerato hasta su jubilación, ocupación que ha compaginado con su actividad como Técnico Superior de Servicios Bibliográficos. Durante años dirigió la revista Literatura (en sistema Braille), dependiente de la Sección de Cultura de la ONCE.

Señala Antonio Rivero Machina ("JOSÉ JURADO MORALES, La poesía de Ángel García López", en Castilla. Estudios de Literatura, 3 [2012]:IV-VII) como características de la poesía de este autor, tan versátil en temas y formas, el cuidado formal y la experimentación: 
Una de las constantes en la poesía de Ángel García López es su entrega a la precisión métrica, al pulimiento de la palabra poética exacta, a la forma métrica como valor en sí mismo, ya desde sus primeros libros. Se sitúa así al compás de otros autores que en esa década de los años sesenta tratan de renovar la poesía española más allá del testimonialismo social imperante entonces. La "BELLEZA", en mayúsculas, es el norte y referente de Ángel García López, la estrella polar de su quehacer poético. Pero lo más interesante es su constante interés por experimentar, por renovarse. El poeta de Rota no puede ser simplemente encasillado como un poeta clásico y monótonamente formal, sino como un gran innovador dentro de los márgenes -de los amplios márgenes- de la tradición métrica.
El autor ha confesado las dificultades que encontró para empezar a publicar su obra poética, en razón a sus dos apellidos, tan comunes en España, y el impulso que representaron los primeros premios obtenidos. En 1963 vio la luz su primer libro, Emilia es la canción,  en el que predominan los sonetos, composición que cultivará a lo largo de toda su obra y en la que alcanzará una rara perfección. En él ya se advierten, bajo la influencia de Gerardo Diego y de Lope de Vega, la manifestación directa del sentimiento, la armonía en la expresión y el cuidado en la disposición acentual, como ha señalado Vicente Granados (La obra poética de Ángel García López). A esta obra inaugural seguirán, entre otras, Tierra de nadie (1968, Accésit Premio Adonais 1967), A flor de piel (1970, Premio Adonais 1969), libro en que el empleo del verso libre supone una gran renovación formal; Volver a Uleila (1971, Premio Álamo-José María Gabriel y Galán 1970), Elegía en Astaroth (Premio Nacional de Literatura 1973), Retrato respirable en un desván (1974, Premio Ciudad de Irún 1973), Mester andalusí (1978, Premio Leopoldo Panero 1976 y Premio de la Crítica 1978), Auto de fe (1979, Premio Boscán 1974), Trasmundo (1980, Premio José María Lacalle 1979), Los ojos en las ramas (1981, Premio Ciudad de Martorell 1979), Memoria amarga de mí (1983, Ayuda del Ministerio de Cultura a la Creación Literaria 1980 y Premio Antonio Camuñas 1983),  De latrocinios y virginidades (1984, Premio Tertulia Hispanoamericana del Instituto de Cooperación Iberoamericana 1983), Medio siglo, cien años (1988, Premio Hispanoamericano Juan Ramón Jiménez 1988), Perversificaciones (1990, Premio Rafael Morales 1989), Territorios del Puma (Premio Ciudad de Melilla 1991), Apócrifo castellano para Durmiente Bella (Premio Villa de Madrid- Francisco de Quevedo 1995), Glosolandia (1998, Premio Ciudad de Salamanca 1997), Mitologías (2000, Premio Internacional de Poesía Generación del 27, 1999), Universo sonámbulo (2006, Premio Villa de Rota 2005), Posdata (XXVI Premio Unicaja de Poesía y XIX Premio Andalucía de la Crítica), Desde la orilla (2013, XXV Premio Cáceres, Patrimonio de la Humanidad) y Cuando todo es ya póstumo (2016).

Resulta paradójico que un poeta tan premiado no goce de un reconocimiento general, como observa Antonio Rivero Machina, para quien  la figura de Ángel García López oscila "entre el más indiscutible de los reconocimientos y un paradójico estado de olvido".



domingo, 27 de agosto de 2017

Tres poemas de Ana Pérez Cañamares





           Las piedras

Durante las vacaciones
recogemos las piedras
que el mar nos regala.

Son las piedras con las que luego,
en el invierno, reconstruimos
las ruinas de nuestras guerras.

No sólo les pedimos
que resistan.
También que nos recuerden
que el mar existe.

       De Alfabeto de cicatrices
Baile del Sol, 2010


*            *         *         *

Soy lista como un ángel
los segundos previos
a escribir un poema.

En el poema soy prudente:
cada verso es un tablón
para cruzar el abismo.

Lejos del poema soy torpe
y los recuerdos no traen sabiduría
sino imágenes talladas en granito.

No vuelo, ni ando, ni me hundo.
Escribo palabras como barandillas.

Me asomo desde ellas y no me caigo.



*          *          *         *

Cuando el sol ya sólo se adivina
en su reflejo sobre los pájaros
que vuelan fuera de tu alcance

es la hora de cerrar los oídos
a los gritos que te apremian
y escuchar los ecos que vienen
de lejos para susurrarte:

defiende tus alas.

   De Las sumas y los restos
Devenir, 2013


Ana Pérez Cañamares (Santa Cruz de Tenerife, 1968) es poeta y narradora española residente en Madrid. Licenciada en Filología Hispánica, trabaja como administrativa para la Universidad Nacional de Educación a Distancia. En 2003 publicó su libro de relatos En días idénticos a nubes (reeditado en 2009). Su carrera poética comienza con La alambrada de mi boca (2007, 2009), libro al que siguen los poemarios Alfabeto de cicatrices (2010), Entre paréntesis. Casi cien haikus (2012), Las sumas y los restos (2013, V Premio de Poesía Blas de Otero-Villa de Bilbao 2012), Economía de guerra (2014), De regreso a nosotros (2016) y el libro de aforismos La conservación del momento (2016).
     Algunos de sus relatos han aparecido en antologías como Por favor sea breve (Páginas de Espuma), Mujeres cuentistas (Baile del Sol), Beatitud. Visiones de la Beat Generation (Baladí) o Al otro lado del espejo. Narrando contracorriente (Escalera). Poemas suyos han sido incluidos en las antologías Resaca /Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowki (Random House Mondadori), 23 Pandoras. Poesía alternativa española (Baile del Sol), La manera de recogerse el pelo. Generación Bloguer (Bartleby), Mujeres en su tinta. Poetas españolas del siglo XXI (UNAM+Atemporia), Por donde pasa la poesía (Baile del sol), PoeTrastos (LVR), Nocturnos (Origami) y El Último Jueves (Calima), entre otras, así como en diversas publicaciones impresas y digitales. Desde el año 2005 administra el blog El alma disponible, dedicado a la poesía.

jueves, 24 de agosto de 2017

"Ínfulas de pájaro", un microrrelato de Antonio Serrano Cueto



ÍNFULAS DE PÁJARO   

En  la plaza madrileña de Santa Ana un volatinero limeño hace cabriolas. Se ha ganado la fama de ser el mejor artista ingrávido del mundo. Su cuerpo menudo traza giros y volutas que enjaulan el aire y perduran hasta el final del número. En las tardes en que la plaza relumbra con pájaros y niños, el público suele preguntarle por sus secretos de saltimbanqui, y él se sienta sobre un  bucle del aire a firmar autógrafos.  Hoy ha venido un niño regordete con mirada de cóndor y un enorme tirachinas en la mano. Asustado, el volatinero ha iniciado una pirueta suprema, pero, cuando se había elevado una docena de metros por encima del suelo, ha sentido el peso de la gravedad y se ha precipitado velozmente, cascándose como un huevo.
De Fuera pijamas. Incluido en Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español. Edición de Fernando Valls. Menoscuarto, Palencia, 2012

Antonio Serrano Cueto (Cádiz, 1965) es poeta y narrador español. Ejerce como profesor de Filología Latina en la Universidad de Cádiz. Ha publicado numerosos trabajos académicos sobre literatura latina de los siglos XV y XVI. Entre sus libros destacan los poemarios No quieras ver el páramo (2010),  Son caminos (2012) y Aún trémulo el ramaje (2016); los libros de relatos y microrrelatos Fuera pijamas (2010), Zona de incertidumbre (2011), Papeles secundarios (2013) y París en corto (2015), además de estar presente en las antologías Los microrrelatos de La nave de los locos (2010), Antología del microrrelato español 1906-2011 (2012), Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español (2012) y El cuarto género narrativo (2012). 

[La imagen inicial está tomada de lalapida.blogspot.com]

domingo, 20 de agosto de 2017

"¡Todo era amor... amor! No había nada más que amor...", de Oliverio Girondo





¡Todo era amor... amor! No había nada más que amor. En todas partes se encontraba amor. No se podía hablar más que de amor.
Amor pasado por agua, a la vainilla, amor al portador, amor a plazos. Amor analizable, analizado. Amor ultramarino. Amor ecuestre.
Amor de cartón piedra, amor con leche... lleno de prevenciones, de preventivos; lleno de cortocircuitos, de cortapisas.
Amor con una gran M, con una M mayúscula, chorreado de merengue,
cubierto de flores blancas...
Amor espermatozoico, esperantista. Amor desinfectado, amor untuoso...
Amor con sus accesorios, con sus repuestos; con sus faltas de puntualidad, de ortografía; con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.
Amor que incendia el corazón de los orangutanes, de los bomberos. Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas, que arranca los botones de los botines, que se alimenta de encelo y de ensalada.
 Amor impostergable y amor impuesto. Amor incandescente y amor incauto. Amor indeformable. Amor desnudo. Amor amor que es, simplemente, amor. Amor y amor... ¡y nada más que amor!

                                                                          De Espantapájaros (al alcance de todos), 1932                                                   


Oliverio Girondo (Buenos Aires, 1881-1967) es un poeta argentino que, junto a Borges* y Raúl González Tuñón, renovó la poesía de su país en los años veinte y treinta. 
    La situación acomodada de su familia le permitió viajar tempranamente a Europa y estudiar en el colegio Epsom de Londres y, más tarde, en la Escuela "Albert le Grand" de Arcueil, cerca de París. De vuelta a Argentina, aceptó estudiar Derecho (carrera que no ejercerá) con la condición de que, durante las vacaciones, su familia le permitiera viajar a Europa, donde pudo entrar en contacto con los círculos literarios de las nuevas corrientes estéticas: participó en las veladas surrealistas en París, y en Madrid, Ramón Gómez de la Serna lo recibió en su tertulia del café Pombo. En esta época colaboró en revistas literarias como Plus Ultra, suplemento mensual del semanario Caras y caretas.  
    Su primer libro, Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922), fue publicado en Francia e ilustrado por el autor bajo la influencia de Apollinaire. En 1924, junto a Evar Méndez y otros,  fundó en Buenos Aires la revista Martín Fierro, que propugnaba una cultura americana autónoma y sirvió de escaparate a las vanguardias. En 1943 contrajo matrimonio con la escritora Norah Lange, después de un largo periodo de convivencia. En 1961 fue atropellado por un automóvil y quedó inválido. Todavía en 1965 realizó con Norah un último viaje a Europa, en el que se produjo el reencuentro en Roma con Rafael Alberti y María Teresa León, a quienes habían conocido durante su exilio en Argentina. Falleció en Buenos Aires el 24 de enero de 1967 y fue inhumado en el cementerio de Recoletas.
   Entre sus obras figuran Calcomanías (1925), Persuasión de los días (1942), Campo nuestro (1946), En la masmédula (1956), en la que la audacia experimental llega al límite, sin por ello abandonar su peculiar humor, y Topatumba (1958).