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domingo, 18 de agosto de 2019

"Cuarto de baño", de Gerardo Diego

Balthus, La salida del baño (1957)



         CUARTO DE BAÑO

                           A Eusebio Oliver.

    Qué claridad de playa al mediodía,
qué olor de mar, qué tumbos, cerca, lejos,
si, entre espumas y platas y azulejos,
Venus renace  a la mitología.

    Concha de porcelana, el baño fía
su parto al largo amor de los espejos,
que deslumbrados, ciegos de reflejos,
se empañan de un rubor de niebla fría.

    He aquí, olorosa, la diosa desnuda.
Nimbo de suavidad su piel exuda
y en el aire se absuelve y se demora.

    Venus, esquiva en su rebozo, huye.
Su alma por los espejos se diluye,
y solo -olvido- un grifo llora y llora.

                         De Alondra de verdad, 1941

Aunque  publicado en  1941, Alondra de verdad fue compuesto entre 1926 y 1936. Está considerado el libro más importante de Gerardo Diego entre los pertenecientes a su "poesía de expresión", la más cercana a los metros y temas tradicionales. Se trata de un conjunto de cuarenta y dos sonetos en los que junto al molde métrico clasicista utiliza las metáforas vanguardistas, para tratar temas como el amor, la naturaleza, Dios y la música. 

En el poema elegido el autor recrea el mito del nacimiento de Venus en la evocación de una escena cotidiana: la salida de una mujer de la bañera. Como observa Andrés Ortega Garrido ("El nacimiento de Venus en los poetas españoles de vanguardia", en Espéculo, nº 47), diversos aspectos de la iconografía mitológica (como el olor de mar, las espumas, la concha o el pudor de la mujer) articulan el poema. El título del soneto es el elemento clave para su correcta interpretación, como advierten Miguel Díez R. y Paz Díez Taboada (Antología comentada de la poesía lírica española, Cátedra, 2005), a partir del cual "el lector admite una serie de imágenes en cadena, que se vislumbran coherentes con respecto al título".

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domingo, 22 de febrero de 2015

"Brindis", de Gerardo Diego

Apunte de Inmaculada Martín


                                        BRINDIS


                                                            A mis amigos de Santander que festejaron
                                                                                    mi nombramiento profesional.


Debiera ahora deciros: —«Amigos,
muchas gracias», y sentarme, pero sin ripios.
Permitidme que os lo diga en tono lírico,
en verso, sí, pero libre y de capricho.
Amigos:
dentro de unos días me veré rodeado de chicos,
de chicos torpes y listos,
y dóciles y ariscos,
a muchas leguas de este Santander mío,
en un pueblo antiguo,
tranquilo
y frío,
y les hablaré de versos y de hemistiquios,
y del Dante, y de Shakespeare, y de Moratín (hijo),
y de pluscuamperfectos y de participios,
y el uno bostezará y el otro me hará un guiño.
Y otro, seguramente el más listo,
me pondrá un alias definitivo.
Y así pasarán cursos monótonos y prolijos.
Pero un día tendré un discípulo,
un verdadero discípulo,
y moldearé su alma de niño
y le haré hacerse nuevo y distinto,
distinto de mí y de todos: él mismo.
Y me guardará respeto y cariño.
Y ahora os digo:
                              amigos,
brindemos por ese niño,
por ese predilecto discípulo,
por que mis dedos rígidos
acierten a moldear su espíritu,
y mi llama lírica prenda en su corazón virgíneo,
y por que siga su camino
intacto y limpio,
y por que este mi discípulo,
que inmortalice mi nombre y mi apellido,
... sea el hijo,
el hijo
de uno de vosotros, amigos.


            Gerardo Diego,  de Versos humanos, 1925


[Selección del profesor Javier Lacueva]

Gerardo Diego


En abril de 1920, Gerardo Diego llega a la ciudad de Soria para ocupar la cátedra de Lengua y Literatura del Instituto de Segunda Enseñanza, el mismo donde Antonio Machado fue profesor de Francés desde 1907 hasta 1912. El día previo a su partida hacia Soria, su primer destino como catedrático,  Gerardo Diego ofrece este poema a sus amigos santanderinos.



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El poeta Gerardo Diego en uno de los conciertos que impartió en el Casino de Soria
(sorianoticias.com)


domingo, 6 de julio de 2014

"Quisiera ser convexo...", de Gerardo Diego




Quisiera ser convexo
para tu mano cóncava.
Y como un tronco hueco
para acogerte en mi regazo
y darte sombra y sueño.
Suave y horizontal e interminable
para la huella alterna y presurosa
de tu pie izquierdo
y de tu pie derecho.
Ser de todas las formas
como agua siempre a gusto en cualquier vaso
siempre abrazándote por dentro.
Y también como vaso
para abrazar por fuera al mismo tiempo.
Como el agua hecha vaso
tu confín - dentro y fuera - siempre exacto.

                       Gerardo Diego, de Versos humanos,1918-1925

Gerardo Diego (Santander, 1896-Madrid, 1987), poeta y crítico español perteneciente a la generación del 27. Catedrático de instituto en Soria, Gijón, Santander y Madrid, alternó la enseñanza y  la creación literaria con el cultivo de la música. Fundó y dirigió las revistas 'Carmen' y 'Lola', y participó, con Larrea y Huidobro, en el movimiento creacionista.  Se   convirtió en un gran impulsor de la generación del 27 con la publicación en 1932 de una importante antología (Poesía española. Antología 1915-1931) que recogía ya numerosas muestras de los poetas del grupo.

Su amplia obra poética se caracteriza por la musicalidad y perfección formal, así como por la variedad formal y temática. En ella alterna el más radical vanguardismo  con el neopopularismo, el neogongorismo y los moldes clasicistas. En esta diversidad, el autor distinguía dos vertientes: la "poesía de creación", poesía de vanguardia, libre de metro y de rima, y la  "poesía de expresión", más cercana a las formas y temas tradicionales.  

De su poesía vanguardista destacan varios títulos: Imagen (1922) y Limbo (1919-1921, publicado en 1951), que muestran  la concepción de la poesía como juego intrascendente, propia del ultraísmo; Manual de espumas (1924), que manifiesta la voluntad creacionista de convertir el poema  en objeto autónomo independiente de la realidad inmediata, y Fábula de Equis y Zeda (1932), parodia de las fábulas mitológicas, inscrita dentro de la tendencia a imitar a Góngora.

Su poesía tradicional cuenta con obras de metro clásico y temática variada, como El romancero de la novia (1918), Soria (1923) y Versos humanos (1925, premio Nacional de Literatura, ex aequo con Alberti), junto a otros de temática religiosa: Viacrucis (1931) y Ángeles de Compostela (1940). Pero quizá su libro de tipo tradicional  más importante sea Alondra de verdad (1941), conjunto de  cuarenta y dos sonetos, en el que junto al molde métrico clasicista  abundan las metáforas vanguardistas.

Miembro de la Real Academia Española desde 1947, en 1961 obtuvo el premio de Literatura de la Fundación Juan March, en 1967 fue condecorado con la gran cruz de la Orden  de Alfonso X el Sabio, en 1968 se le concedió la medalla de oro al Mérito en el Trabajo, y en 1980, el premio Miguel de Cervantes, compartido con Jorge Luis Borges*.


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