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domingo, 18 de junio de 2023

"La misa de amor", romance

 



LA MISA DE AMOR

Mañanita de San Juan,
mañanita de primor,
cuando damas y galanes
van a oír misa mayor.
Allá va la mi señora,
entre todas la mejor;
viste saya sobre saya,
mantellín de tornasol,
camisa con oro y perlas
bordada en el cabezón.
En la su boca muy linda
lleva un poco de dulzor;
en la su cara tan blanca,
un poquito de arrebol,
y en los sus ojuelos garzos
lleva un poco de alcohol;
así entraba por la iglesia
relumbrando como sol.
Las damas mueren de envidia,
y los galanes de amor.
El que cantaba en el coro,
en el credo se perdió;
el abad que dice misa,
ha trocado la lición;
monacillos que le ayudan,
no aciertan responder, non,
por decir amén, amén, 
decían amor, amor.

NOTAS:
-mantellín de tornasol: especie de mantilla con reflejos tornasolados.
-cabezón: tira de lienzo doblada que forma el cuello de la camisa.
-arrebol: color rojo usado para dar color a las mejillas.
-garzo: de color azulado.
-alcohol: polvo negro muy fino y perfumado usado para alargar los ojos.

Menéndez Pidal, en su Flor nueva de romances viejos, comenta sobre este romance, perteneciente al grupo de romances líricos, lo siguiente:

  "Este encantador romance podría servir de muestra del artificio que suele creerse extraño a la poesía popular. Un gracioso y suave refinamiento domina en él, desde el dejo de inocente irreverencia en su asunto, hasta su embelesarse en los afeites de la dama, olvidando por completo las gracias naturales de la hermosura.
   Sólo conocemos una versión antigua de este romance, conservada por casualidad en cierta glosa hecha por Antonio Ruiz de Santillana en el siglo XVI. Versiones modernas faltan casi por completo en el centro de la Península; sólo las tengo de Cáceres, Salamanca y Segovia; en cambio, abundan mucho en Cataluña y también entre los judíos de Oriente.
   La versión catalana, única conocida a mediados del siglo pasado, adorna a la dama con las armas de la casa real de Aragón; por lo cual Milá, en 1853, creía que este romance era originariamente catalán, y que acaso envolvía el recuerdo de la hija de Jaime I; mas una vez divulgada la versión castellana del siglo XVI descubierta por Wolf, el mismo Milá, en 1874, allegándose al parecer del descubrimiento, supuso que el romance catalán era derivado de una versión castellana afín a la del siglo XVI. Esta suposición se convierte en certidumbre ahora que nosotros hemos encontrado tantas hermosas versiones de los judíos de Oriente y de otras provincias del reino de Castilla".

Puedes escuchar este romance, cantado por Amancio Prada: AQUÍ.

Otros romances medievales en este blog:
-"Romance de la doncella guerrera": AQUÍ.
-"Romance del amor más poderoso que la muerte": AQUÍ.
-"Romance del prisionero": AQUÍ.
-"Romance del infante Arnaldos: AQUÍ.

[Imagen: humanidades.com]

domingo, 25 de junio de 2017

"Romance del infante Arnaldos"




  EL INFANTE ARNALDOS


  
 ¡Quién  hubiera tal ventura
sobre las aguas del mar
como hubo el infante Arnaldos
la mañana de san Juan!
Andando a buscar la caza
para su falcón cebar[1],
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas,
la jarcia[2] de oro torzal[3],
áncoras tiene de plata,
tablas de fino coral.
Marinero que la guía
diciendo viene un cantar,
que la mar ponía en calma,
los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo,
arriba los hace andar;
las aves que van volando,
al mástil vienen posar.
   Allí habló el infante Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
-Por tu vida, el marinero,
dígasme[4] ora ese cantar.
   Respondióle el marinero,
tal respuesta le fue a dar:
-Yo no digo mi canción
sino a quien conmigo va.



[1] su falcón cebar, entrenar su halcón para la caza.
[2] jarcia, jarcias, aparejos y cabos de un barco.
[3] oro torzal, cordoncillo de seda entretejido con oro.
[4] dígasme ora, dime ahora.


Esta versión  del "Romance del infante Arnaldos", que acaba con un corte repentino -el final de "más tensión poética", según Menéndez Pidal, "pues da a la canción del marinero un misterio inefable"-, fue divulgada por cancioneros y pliegos sueltos en el siglo XVI. Incluida por Menéndez Pidal en Flor nueva de romances viejos (1938), está considerada como una obra maestra del Romancero.
  En la mágica mañana de san Juan, el infante Arnaldos (conde, en otras versiones) presencia un suceso prodigioso: la aparición de una fantástica galera construida con materiales preciosos, en la que viaja un misterioso marinero que, como un nuevo Orfeo, con el poder de su canto atrae y domina los elementos  de la naturaleza (el mar, el viento, las aves y los peces). El infante  conmina al marinero para que le diga su cantar, pero la respuesta de este indica que la revelación del poderoso canto conlleva afrontar el riesgo de embarcarse en una aventura desconocida.
   Los estudiosos lo clasifican como un romance novelesco centrado en el poder órfico del canto del marinero, ya que la "ventura" no llega a conocerse, y la negativa del marinero potencia su ambigüedad y su misterio. Por otra parte, está considerado como un texto fragmentario por el desequilibrio existente entre la extensa introducción y su rápido y abrupto final, aparentemente truncado.
  
Existen otras versiones y variantes de este romance, pertenecientes unas a la tradición escrita y otras a la oral:
  1. La del Cancionero de Amberes sin año, publicada entre 1548 y 1549 es  para algunos estudiosos la más lograda estéticamente. Presenta un final abrupto y es muy similar a la recogida por Menéndez Pidal. 
  2. La de uno de los manuscritos (Ms Add. 10.430) del Cancionero de Londres, fechada entre 1430 y 1440, cuyo final está contaminado  por el "Romance del Conde Olinos"*.
  3. La variante del Cancionero de Amberes de 1550 y de ediciones posteriores del mismo, en que se introduce la canción del marinero tras el verso 18 de la versión del Cancionero de Amberes s. a.
  4. En un pliego suelto del siglo XVI de la Biblioteca Universitaria de Praga, se conserva una variante muy similar a la del Cancionero de 1550, pero con la canción algo más breve.
  5. Posteriormente se recogieron entre los sefardíes de Marruecos otras versiones orales que introducen nuevos episodios. La más famosa, recogida en 1944, es la que incluye Paul Bénichon en su Romancero judeo español de Marruecos
A partir de estas versiones más extensas -que aclaran la gran ventura a la que se alude en el primer verso: hallar a sus familiares-, Menéndez Pidal reconstruye la supuesta "versión original completa", un romance de aventuras y reconocimientos en el que "el infante Arnaldos se embarca en la nave desconocida y encuentra en ella a sus familiares y criados, que andaban buscándole" (Flor nueva de romances viejos, pág. 204). Es decir, el romance continúa en estas versiones con la entrada del infante en la galera, el cautiverio, su confesión de que es hijo del rey de Francia y la respuesta final del marinero: "Si tú me dices verdá /tú eres nuestro infante Arnaldos, /y a ti andamos a buscar [...]", tras lo cual el infante es devuelto a su patria de la que estaba ausente desde hacía mucho tiempo. 

Menéndez Pidal ("Poesía tradicional en el Romancero hispano-portugués", 1943) explica también  que "la misteriosa negativa del marinero, así como todos los elementos fantásticos descriptivos [...] fueron introducidos en varias refundiciones posteriores". Y añade:
En versiones sucesivas se ve patente el intento de varios recitadores de suprimir esa repatriación final como no interesante. Un recitador tuvo la feliz idea de dar fin al romance en la respuesta esquiva del marinero [...]. Otro recitador añadió los versos de la descripción ideal de la galera. Otro, en fin, tomó de otro romance los dos versos que describen el poder sobrenatural del canto.
Sin embargo, no faltan los estudiosos que dudan de que la "versión completa" narre la "verdadera historia del infante Arnaldos", entre otros motivos, porque la crítica no se ha puesto de acuerdo sobre la antigüedad de las versiones, es decir, sobre si la del Cancionero de Amberes s. a.  es un fragmento de la de Bénichon o si esta es una ampliación de la primera. Itziar López Guil ("Romancero y tradición oral: hacia una nueva interpretación del Romance del Conde Arnaldos", en Blätter im Wind: Homenaje a Maya Schärer-Nussberger, 2006) observa que  si la versión más difundida fuese un fragmento indicaría que, en la época en que se imprimió, se entendió como un texto completo y los versos que supuestamente faltan, como información superficial. Por el contrario, si a dicha versión se le añadieron versos posteriormente, es porque en esa época el texto no resultaba ya comprensible y se le incorporaron elementos que le dieran sentido para la comunidad que lo cantaba.

Sin duda, podemos aplicar a la versión seleccionada lo que Itziar López Guil dice sobre la versión 1: defiende el carácter no fragmentario del romance, basándose en su peculiar estructura proléptica, esto es, que la exclamación inicial anticipa el final del relato:
Señalar que el conde Arnaldos fue afortunado sobre las aguas del mar implica necesariamente que el conde Arnaldos subió al barco después de su conversación con el marinero; y también que esa acción tuvo un resultado positivo, aquel que el narrador desearía para sí mismo.  No se trata de un relato "incompleto" sino que en él sigue una estrategia narrativa que busca poner de relieve no tanto el desenlace como la condición impuesta por el marinero al conde Arnaldos, reservándole el lugar más destacado del texto, el que normalmente ocupa el final de la acción narrada.
También  señala que, como consecuencia de la depuración a que se ha visto sometido el romance debido a su trasmisión oral, se produce una condensación de significados en sus significantes, que acaban convertidos en símbolos, empleados para referirse a un significado distinto del literal. De acuerdo con ello, el romance tendría un sentido literal y otro simbólico.
    El primer indicio de su carácter  simbólico es la mención a la mañana de san Juan, pues en la lírica tradicional "hallarse cerca del agua en la mañana de San Juan es sinónimo de búsqueda amorosa". Cuando el sujeto es un hombre, como en este caso, la búsqueda suele representarse por medio de la actividad cinegética, la que realiza el infante, que anda "a buscar la caza /para su falcón cebar", actividad para la que no parece muy apropiado el lugar elegido, la orilla del mar, salvo que lo interpretemos en clave simbólica, como "caza de amor"*.

Ya A. Hauf y J. M.  Aguirre ("El simbolismo mágico-erótico de El infante Arnaldos", 1969) habían interpretado el romance en clave simbólica amorosa, pero la profesora López Guil introduce algunas novedades. Considera la galera como símbolo del cuerpo femenino (se describe su belleza y se personifica mediante la expresión de su deseo: "a tierra quiere llegar").  El marinero que gobierna la galera representa la parte reflexiva del ser humano, que domina los deseos corporales.  La galera quiere llegar a tierra, el ámbito de la caza amorosa, pero el marinero la obliga a permanecer en el agua, y con su canto calma el mar y el viento (las pasiones y el espíritu) y atrae a sus habitantes: los peces (símbolo de la fecundidad) y a las aves, pertenecientes al mundo superior. Es decir, la mujer, con su canto, calma el impulso pasional del hombre. El infante desea que el marinero le diga la canción que calma sus pasiones y su espíritu, pero la respuesta del marinero le indica que  para ello "ha de arriesgarse a compartir su viaje con la mujer, que es barco y marinero". La mujer no debe acceder al territorio de la caza, sino persuadir al hombre "acogiéndole en su bella galera". Itziar López Guil concluye que el romance "no solo relata una experiencia sexual, sino que expone pautas comportamentales que aseguran, tanto para el hombre como para la mujer, una venturosa relación amorosa".

Esta es una de las posibles interpretaciones, pero López Guil apunta también la posibilidad de una lectura metapoética, según la cual, la mañana de san Juan remitiría al momento "cuasi mágico" de la creación, y la caza a la búsqueda poética, mientras que el barco y el marinero serían "el material poético que sólo puede lograr si se aventura, si se compromete en su actividad". Existen, no obstante,  otras interpretaciones: sentido místico y religioso, relación esotérica con el trasmundo o el poder órfico del canto, ya que, como expresa López Guil, el poema es una "encrucijada de símbolos que se superponen y coexisten".

Puedes escuchar el romance, cantado por Amancio Prada:
https://www.youtube.com/watch?v=rjJ9mm4lXcM

En este enlace encontrarás un comentario de texto del romance:

*Entradas relacionadas:

domingo, 14 de mayo de 2017

"Romance del prisionero"


Foto: José Ruiz./eltiempo.antena3


ROMANCE DEL PRISIONERO

Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor,
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.



El poema, compuesto por dieciséis versos octosílabos con asonancia en los pares, es un romance anónimo perteneciente al Romancero viejo* y, dentro de este, a los romances líricos y novelescos. De las numerosas versiones de este conocido romance, ofrecemos la más breve, en la que, como dice Menéndez Pidal (Flor nueva de romances viejos), "con sabio tino se han eliminado los recargados detalles que la completaban como canción carcelera, y se concreta todo el interés en una simple nota de emoción".  Se produce, pues, el fragmentarismo característico de los romances tradicionales: eliminación de elementos anecdóticos, innecesarios para la intensidad estética del poema, y final abrupto, truncado en el punto de máxima tensión. En palabras de Donald McGrady ("Misterio y tradición en el romance del Prisionero", en AIH. Actas X. 1989), "la grandeza del romance  [...] estriba en su magnífico uso del silencio, pues utiliza el mínimo de detalles necesarios para sugerir la historia que hay detrás de lo poco relatado".  El "Romance del prisionero" guarda una estrecha relación con las "mayas", canciones tradicionales que exaltaban la llegada del mes de mayo. En este caso, se pone en boca de un prisionero -todo el romance es un monólogo, una queja del yo poético- a quien le está vedado gozar de la primavera; se trata, por tanto, de un canto carcelero que constituye el culmen de nuestro  Romancero viejo
    En la primera parte (vv. 1-8) se describe el mundo exterior, la explosión de vitalidad que representa la primavera, en una gradación que comienza con la naturaleza (mes de mayo, calor, trigos, flores), sigue con el mundo animal (canto del ruiseñor y la calandria) y concluye con los seres humanos (los enamorados). En la segunda parte (vv. 9-14), introducida por la conjunción adversativa sino, se expresa, en contraste con la claridad y alegría del exterior, la triste situación del prisionero, único ser excluido del goce de la belleza y el amor, que solamente distingue el día de la noche por el canto de una avecilla, su único contacto con el mundo exterior y, por tanto, su exclusivo consuelo y su alegría. Por eso,  en la tercera parte, cuando el ballestero mata a la avecilla, el prisionero lo maldice amargamente. 

El escritor José Martínez Ruiz, "Azorín"*, nos  ofrece su personal visión del romance en Al margen de los clásicos:
Es por el mes de mayo. La tierra respira vitalidad y sensualidad. Ya los árboles están cubiertos de follaje nuevo. La luz tiene una viveza que antes no tenía; las sombras -la del alero de un tejado, la de un viejo muro- adquieren imperceptibles colores: sombras rojas, sombras violetas, sombras azules. Canta el agua como antes no cantaba, y sentimos un irreprimible deseo de ahondar las manos en las fuentes claras, límpidas y frescas. Los insectos zumban; pasan rápidos en el aire los panzudos y torpes celonios que van a sepultarse en el seno de las rosas...  
Un prisionero está en su cárcel. No puede él gozar de la Naturaleza que despierta exuberantemente. Su encarcelamiento es rigurosísimo, cruel, bárbaro. Obscuro completamente en su calabozo; no entra en él la luz del día. Ni sé cuándo es de día, ni cuándo las noches son, dice lamentándose el prisionero. Es decir, sí lo sabe; mejor dicho, lo adivina. Llega hasta el calabozo el canto de una avecilla; cuando esta avecilla canta, el prisionero sabe que ya en el mundo es de día y que los seres, las plantas, las cosas -¡todos menos él!- gozan de la luz del sol. Esta avecica (como la arañita de otro célebre prisionero) era su único consuelo. ¡Cómo llegaban hasta su alma angustiada los trinos de este pajarito libre y feliz! 
 Y ya el prisionero no oye esta avecica: Matómela un ballestero. ¡Déle Dios mal galardón!

En los siguientes enlaces encontrarás sendos comentarios del romance:

domingo, 21 de junio de 2015

Romance del amor más poderoso que la muerte (Romance del Conde Niño)





       ROMANCE
del amor más poderoso que la muerte

    Conde Niño, por amores
es niño y pasó la mar;
va a dar agua a su caballo
la mañana de San Juan.
Mientras el caballo bebe,
él canta dulce cantar;
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar,
caminante que camina
olvida su caminar,
navegante que navega,
la nave vuelve hacia allá.
    La reina estaba labrando[1],
la hija durmiendo está:
-Levantaos, Albaniña,
de vuestro dulce folgar[2],
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar.
-No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
sino es el Conde Niño,
que por mi quiere finar.
¡Quién le pudiese valer
es su tan triste penar!
-Si por tus amores pena,
¡oh, malhaya[3] su cantar!,
y porque nunca los goce,
yo le mandaré a matar.
-Si le manda  matar, madre,
juntos nos han de enterrar.
     Él murió a la medianoche,
ella a los gallos cantar;
a ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar;
a él, como hijo de conde,
unos pasos más atrás.
De ella nació un rosal blanco,
dél nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar;
las ramitas que se alcanzan,
fuertes abrazos se dan,
y las que no se alcanzaban,
no dejan de suspirar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó  cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.
De ella naciera una garza,
dél un fuerte gavilán;
juntos vuelan por el cielo.
juntos vuelan par a par.





[1] labrando, cosiendo o bordando.
[2] folgar, holgar, descansar.
[3] malhaya,  que sea maldito.
Una versión de  este romance, muy mal conservada, aparece ya en un cancionero de finales del siglo XV. Su difusión oral debió de ser muy amplia pues existen numerosas variantes, tanto en castellano como en catalán y gallego. La que ofrecemos aquí se encuentra en Flor nueva de romances viejos, de Ramón Menéndez Pidal, quien tuvo  en cuenta las numerosas versiones modernas encontradas   en la Península, en América, Marruecos y Oriente. La mayor parte de estas versiones están contaminadas con la del Infante Arnaldos (motivos de la mañana de san Juan,  la orilla del mar y el canto órfico).  De autor anónimo, forma parte de la colección de romances denominada Romancero viejo, y pertenece al grupo de romances novelescos, que desarrollan temas y asuntos variados, si bien predominan los de asunto amoroso, como ocurre en el romance que nos ocupa.

En él, la mañana de san Juan la reina escucha la hermosa canción del Conde Niño (en otras versiones, el conde Olinos) y, al saber que el objeto del amor expresado en  la canción es la hija de la reina (la infanta), lo manda matar por no considerarlo digno de ella, a pesar de los ruegos de la infanta. Al conocer la muerte de su amado, esta muere de dolor. Ambos reciben sepultura en la misma iglesia pero en distintos lugares, acordes con la diferencia social que los separaba en vida. Sin embargo, la muerte no pone fin a su amor, pues los amantes vuelven a unirse  por medio del rosal y el espino nacidos de sus respectivas tumbas. La reina, furiosa, los manda cortar, pero las aves que surgen de los arbustos cortados  vuelan juntas por el cielo, lejos ya del alcance de la reina. 

Esta dramática historia de amor, celos y venganza, en la que la fuerza del amor vence al odio y a la muerte, comienza en la mañana del día de san Juan (el 24 de junio), momento mágico próximo al solsticio de verano en el que culmina la "estación del amor", iniciada en el mes de mayo.  Menéndez Pidal señala que el motivo de las maravillosas transformaciones de los dos amantes perseguidos  se halla en las literaturas orientales y en las europeas, por lo que está considerada como una leyenda universal. Otro tanto ocurre con el vínculo entre el amor y la muerte, presente en la literatura desde la antigüedad.

Escucha el romance, interpretado por Paco Ibáñez:


También puedes escuchar otra versión distinta, en las voces de María Elena Walsh y Leda Valladares:

En este enlace encontrarás un comentario de texto   de una versión algo diferente:

Entrada relacionada:

domingo, 13 de abril de 2014

Romance de la doncella guerrera


Romance de la doncella guerrera


—Pregonadas son las guerras   de Francia con Aragón,* 
¡cómo las haré yo, triste,   viejo y cano, pecador! 
¡No reventaras, condesa,   por medio del corazón, 
que me diste siete hijas,   y entre ellas ningún varón! 
Allí habló la más chiquita,   en razones la mayor: 
—No maldigáis a mi madre,   que a la guerra me iré yo; 
me daréis las vuestras armas,   vuestro caballo trotón. 
—Conoceránte en los pechos,   que asoman bajo el jubón. 
—Yo los apretaré, padre,   al par de mi corazón. 
—Tienes las manos muy blancas,   hija, no son de varón. 
—Yo les quitaré los guantes   para que las queme el sol. 
—Conoceránte en los ojos,   que otros más lindos no son. 
—Yo los revolveré, padre,   como si fuera un traidor. 
Al despedirse de todos,   se le olvida lo mejor:
—¿Cómo me he de llamar, padre?   —Don Martín el de Aragón. 
—Y para entrar en las cortes,   padre, ¿cómo diré yo? 
—Bésoos la mano, buen rey,   las cortes las guarde Dios. 
Dos años anduvo en guerra   y nadie la conoció 
si no fue el hijo del rey   que en sus ojos se prendó. 
—Herido vengo, mi madre,   de amores me muero yo; 
los ojos de don Martín   son de mujer, de hombre no. 
—Convídalo tú, mi hijo,   a las tiendas a feriar, 
si don Martín es mujer,   las galas ha de mirar. 
Don Martín como discreto,   a mirar las armas va: 
—¡Qué rico puñal es este,   para con moros pelear! 
—Herido vengo, mi madre,   amores me han de matar; 
los ojos de don Martín   roban el alma al mirar. 
—Llevaráslo tú, hijo mío,   a la huerta a solazar; 
si don Martín es mujer,   a los almendros irá. 
Don Martín deja las flores,   una vara va a cortar: 
—¡Oh, qué varita de fresno   para el caballo arrear! 
—Hijo, arrójale al regazo   tus anillos al jugar: 
si don Martín es varón,   las rodillas juntará; 
pero si las separase,    por mujer se mostrará. 
Don Martín muy avisado   hubiéralas de juntar. 
—Herido vengo, mi madre,   amores me han de matar; 
los ojos de don Martín    nunca los puedo olvidar. 
—Convídalo tú, mi hijo,   en los baños a nadar. 
Todos se están desnudando;   don Martín muy triste está: 
—Cartas me fueron venidas,   cartas de grande pesar, 
que se halla el Conde mi padre   enfermo para finar. 
Licencia le pido al rey    para irle a visitar. 
—Don Martín, esa licencia    no te la quiero estorbar. 
Ensilla el caballo blanco,   de un salto en él va a montar; 
por unas vegas arriba    corre como un gavilán: 
—¡Adiós, adiós, el buen rey,   y tu palacio real; 
que dos años te sirvió   una doncella leal!. 
Óyela el hijo del rey,   tras ella va a cabalgar. 
—Corre, corre, hijo del rey,   que no me habrás de alcanzar 
hasta en casa de mi padre   si quieres irme a buscar. 
Campanitas de mi iglesia,   ya os oigo repicar; 
puentecito, puentecito   del río de mi lugar, 
una vez te pasé virgen,   virgen te vuelvo a pasar. 
Abra las puertas, mi padre,   ábralas de par en par. 
Madre, sáqueme la rueca   que traigo ganas de hilar, 
que las armas y el caballo   bien los supe manejar. 
Tras ella el hijo del rey    a la puerta fue a llamar. 


*Debido a la extensión del romance, adoptamos esta disposición  en  versos de dieciséis sílabas divididos en dos hemistiquios.


Los romances son breves poemas épico-líricos  que se cantaban al son de un  instrumento, los más antiguos datan generalmente del siglo XV. El conjunto de estos romances medievales o tradicionales se denomina Romancero viejo, por oposición  al Romancero nuevo, corpus de romances compuesto por poetas cultos durante los siglos XVI y XVII. Los romances medievales son de  autor desconocido y se han transmitido de forma oral (de ahí que presenten variantes), si bien algunos se conservaron escritos en cancioneros manuscritos o impresos o bien en colecciones de romances denominadas romanceros. Están formados por versos octosílabos con asonancia en los pares y los impares sueltos. Respecto a su origen, existen distintas teorías; una de las cuales considera que los primeros romances son fragmentos desgajados de los cantares de gesta, ello explicaría la abundancia de romances épicos y el fragmentarismo (comienzo abrupto, in medias res, y final truncado); otros, sin embargo, piensan que los romances nacen como un género originalmente independiente de los cantares de gesta (así se comprendería la existencia de numerosos romances líricos y novelescos).

Sobre la difusión y conservación de los romances, escribe  Menéndez Pidal:
Los romances empiezan a ser oídos en los palacios  desde 1445, que sepamos, en la corte de Alfonso V de Aragón, desde 1462 en la de Enrique IV de Castilla, y luego en la de los Reyes Católicos; en Aragón servían de modelo a la poesía trovadoresca; en Castilla eran principalmente estimados en su aspecto de poesía política, destinados a mantener el público interés despierto hacia la guerra de Granada.
Como  poesía histórica, las crónicas y las historias los incorporaron a veces en sus relatos. Luego la música de salón, la de los vihuelistas, cultiva el romance tradicional en las cortes de Carlos V y Felipe II; muestras de esta moda hallamos desde el arte de la vihuela del caballero Luis Milán (1535) hasta el tratado de música de Salinas (1577).
                                                                           (Flor nueva de romances viejos, página 54)

Pronto los incorpora el teatro y, en menor medida, la novela. Incluso el Quijote debe su idea inicial a una parodia del Entremés de romances. También la poesía religiosa imitaba los romances profanos, tanto en sus cancioneros  y romances sagrados como en los autos sacramentales. Los romances se mantienen vivos en la memoria de todos hasta la segunda mitad del siglo XVII; durante el siglo XVIII desaparecieron casi por completo de la literatura y se refugiaron en las zonas rurales, entre las gentes menos letradas. Pero una corriente de rehabilitación iniciada en Inglaterra a mediados del siglo XVIII y continuada en Alemania y Francia supuso una nueva revalorización del romance por parte de los escritores románticos españoles, que se ha mantenido hasta la época actual.

El "Romance de la doncella guerrera", del que se conservan un centenar de versiones distintas,  está incluido en Flor nueva de romances viejos, de Menéndez Pidal.  Aunque no figura en cancioneros antiguos ni pliegos sueltos, era muy popular en el siglo XVI. De Castilla se difundió por Cataluña y es conocido por los judíos de Tánger, Marruecos, así como por los de Hungría, Servia, Grecia, Constantinopla, Asia Menor y Palestina; traducido al portugués se conoce en Portugal y las islas Azores.

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