HIMNO DE LA IMAGINARIA VENTANA ABIERTA
No celebraré sólo la casa en que nací
ni el arroyo que además no existió durante mi niñez.
No quiero ser el poeta menor de la infancia y de las inexistentes
alegrías perdidas
ni quiero llorar los primeros amores, que sólo fueron los mejores
porque no tenía ninguna experiencia en amar.
Celebraré entonces la imaginaria ventana abierta
a la que ella se asomaba para decirme adiós cuando yo no
pasaba,
celebraré los campos que no vi pero que estaban cubiertos por
el rocío en el momento en que los imaginé,
celebraré la vida que ante mí se abre, las ciudades de cemento
armado y calles claras que la noche cubre con su misterio
dulcemente medieval.
Cantaré a los hombres que trabajan, sueñan y se desesperan, y
caminan torpemente hacia una muerte anónima y hacia
el domingo,
todo lo celebraré, pero sólo como quien necesita la soledad para
comunicarse con la vida,
celebraré los ríos, los océanos, las estrellas que en realidad
existen, las bahías, los estrechos, las tempestades, las
noches en que la lluvia cae sobre la vejez de la tierra,
celebraré los momentos en que me detengo frente a las cosas
sin sentir temor,
celebraré la alegría y la tristeza, la desolación de las almas,
celebraré el esplendor de la poesía sin ninguna aflicción
romántica ardiendo en el corazón, y si ese dolor
surgiera lo escupiré y me sentiré fuerte y joven,
celebraré las olas, princesas de plata desnudas en el océano,
lo celebraré todo sin orden ni concierto, para que todo sea
un único instante tembloroso,
celebraré el mar, los viajes, el momento en que otro hombre
distinto a mí, y que me ignora, siente lo que yo siento
sin sentirme dentro de él.
Si viniera un mundo nuevo, no lo llaméis aurora. La aurora
nace todos los días. Llamadlo mundo nuevo, y que sea
realmente nuevo.
Yo continuaré celebrando todo esto que es el aire que respiro,
el paseo en barca con mi amiga, rumbo a una isla que
tan sólo es una isla hecha de tierra y playa, sin ningún
abrigo pero con alguna tranquilidad.
Celebraré, lo celebraré todo, pero dadme la libertad de cantar
sin imponerme el nombre de las ciudades y de los ríos,
sin sugerirme los temas.
Oh, solamente soy un poeta que no quiere alabar los asuntos
de la decrepitud, sino el tiempo en que existían rosas
esperando el fulgor de los ojos.
Celebraré los pájaros en el aire, los peces en el mar, la materia
de mi tiempo y las otras sustancias, aquellas que
guardo en mí y son palabras abriéndose, campanas
tocando en un amanecer de palabras.
Y volveré a celebrar la imaginaria ventana abierta que la
ausencia de mi amada hizo visible la noche en que no
pudo decirme adiós,
y después moriré, pero no me améis en exceso, ni me
despreciéis demasiado, sin embargo, guardad mi nombre y
buscadme en los versos exactamente tal como soy: mezclado
entre los otros, rebelde, inconsecuente, confuso y lírico.
No me preguntéis nunca por la casa de infancia ni por el amor
de juventud.
¡Oh!, no me preguntéis nada, escuchadme si queréis, y observad
la imaginaria ventana abierta.
No existe. ¡Mirad lo que no existe. Creadlo y seréis poetas!
VERSIÓN ORIGINAL EN PORTUGUÉS:
CANTO DA IMAGINÁRIA JANELA ABERTA
Não cantarei apenas a casa em que nasci
nem o regato que aliás não existiu durante a minha infância.
Não quero ser o poeta menor da infância y das inexistentes
alegrias perdidas
nem quero chorar os primeiros amores, que só foram os melhores
porque eu não tinha nenhuma experiência de amar.
Cantarei entretanto a imaginária janela aberta
onde ela se debruçava para me dar adeus quando eu não
passava,
cantarei os campos que não vi mas estavan cobertos de orvalho
no momento em que os imaginei,
cantarei a vida que se desenrola diante de mim, as cidades de
cimento armado e de ruas claras que a noite cobre com
o seu mistério docemente medieval.
Cantarei os homens que trabalham, sonham e se desesperam,
e caminham rudemente para a morte anônima e para
o domingo,
cantarei tudo, mas apenas como um cantor que necessita da
solidão para poder comunicar-se com a vida,
cantarei os rios, os oceanos, as estrelas que realmente existem,
as baías, os estreitos, as tempestades, as noites em que
a chuva cai sobre a velha terra,
cantarei os momentos em que paro diante das coisas e me sinto
impávido,
cantarei a alegria e a tristeza, a desolação das almas,
cantarei o esplendor da poesia sem nenhuma pequena dor
romântica ardendo no coração, e se essa dor surgir
eu a cuspirei e me sentirei forte e jovem,
cantarei as vagas, princesas de prata nuas no oceano,
cantarei tudo aos solavancos, para que tudo seja apenas
um instante fremente,
cantarei o mar, as viagens, o momento em que outro homem
diferente de mim, e que me ignora, sente o que sinto sem
me sentir dentro dele.
Se vier um mundo novo, não o chamem de aurora. A aurora
nasce todos os dias. Chamem-no de mundo novo, e que
seja realmente novo.
Eu continuarei a cantar tudo isto que é o ar que respiro,
o passeio com a minha amiga em uma barca, a caminho
de uma ilha que é apenas uma ilha feita de terra e de
praia, sem nenhum refúgio, mas com algum descanso.
Cantarei, cantarei tudo, mas que me dêem liberdade de cantar,
sem escolherem o nome das cidades e dos rios, sem me
indicarem os temas.
Oh! sou apenas um poeta que não quer cantar as coisas da
decrepitude, mas o tempo em que havia rosas esperando
a cintilação dos olhos.
Cantarei os pássaros no ar, os peixes no mar, a matéria de meu
tempo e as outras matérias, aquelas que guardo em mim
e são palavras desabrochando, sinos tocando num
amanhecer de palavras.
E voltarei a cantar a imaginária janela aberta, sugerida pela
ausência de minha namorada que não me podia dar
adeus em uma noite,
e depois morrerei, mas que não me amem demais, nem me
desprezem demais, porém guardem meu nome, e me
procurem nos versos exatamente como sou: misturado aos
outros, rebelado, inconseqüente, confuso e lírico.
Não me perguntem nunca pela casa da infância nem pelo amor
da juventude.
Oh! não me perguntem nada, escutem-me se quiserem, e olhem
a imaginária janela aberta.
Ela não existe. Olhai o que não existe. Criai-o, e sereis poetas!
De Ode e elegia (1945). En La aldea de sal. Selección y
traducción de Guadalupe Grande y Juan Carlos Mestre. Calambur, 2009
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