En este poema, que el autor define como su poética y que se dirige a sí mismo para darse ánimos, Fermín Herrero defiende el uso de "las palabras viejas de Castilla" porque, como ha explicado el poeta, "decantadas durante siglos", encierran "el sabor de lo auténtico y lo verdadero". Esas palabras, añade, como la "sintaxis implícita y seca" de los habitantes de esa tierra, procede "de una civilización campesina a punto de finiquitarse, la que conservaba un castellano natural propio de la hermosura de la prosa de santa Teresa de Jesús".
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[Imagen: Meganicho]



