EL BLOG DE LA BIBLIOTECA DEL IES "GOYA" DE ZARAGOZA


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domingo, 16 de enero de 2022

"Eva y las manzanas", de Ana Sofía Pérez-Bustamante

Peter Paul Rubens, Adán y Eva (1598-1600), detalle


Eva y las manzanas

Tú eres el fondo de mi corazón,
Adán, mi dulce Adán.
Mi soledad abriéndose en tus labios
antes de saber besar.
Cierro los ojos.
Te colgaba del árbol de costillas
como una manzanita de carne
muy roja y muy madura,
el corazón.
Colgaba el corazón cantando
sin parar, animal
descalzo por el parque y tan hambriento.
Adán, mi dulce Adán.
Me acerqué a tu cintura. Quise decir: cintura.
Con mi boca y mi lengua
rocé y abrí tus labios. Quise decir: fuego.
Con mis dientes
fui siguiendo dos ríos
que bajan por tu cuello desbocados y azules
hasta anudar los vértigos del agua
debajo de tu ombligo.
Yo era toda vergüenza.
Pero mis muslos no necesitaban
saber hablar. Su nido de sombra vulnerada
te devoró.
Aprendiste, aprendimos,
cómo grita manzanas el silencio.

                         De Sibilario, Rialp, 2018

Ana Sofía Pérez-Bustamante (diariodecadiz.es)
Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier (París, 1962), doctora en Filología hispánica, es profesora titular de Literatura española en la Universidad de Cádiz.

Especialista en el siglo XX, entre sus obras y ediciones figuran Las siete vidas de Álvaro Cunqueiro (1991), Don Juan Tenorio en la España del siglo XX (1998), Los pasos perdidos de Luis Berenguer (1999), 24 cuentos de José María Pemán (1999), La poesía de José Luis Tejada (2002), Fernando Quiñones. Crónicas del cristal y la llama (2002), El placer de la escritura o Nuevo retablo de Maese Pedro (2005), Revistas literarias españolas del siglo XX (1919-1975), (2005), El baúl del pirata (Colaboraciones en "Diario de Cádiz" (1958-1998) de Fernando Quiñones (2006), la "Biblioteca Pemán" (ocho volúmenes de obra escogida de J. Mª Pemán, 2006), la edición crítica de El mundo de Juan Lobón (Cátedra, 2010), de Luis Berenguer, la edición de Ave de mí, palabra fugitiva de Pilar Paz Pasamar (2013) y de Lorca, de Carlos Edmundo de Ory (2019).

De 2000 a 2006 dirigió "Textos y Estudios de Mujeres" del Servicio de  Publicaciones de la UCA. Desde 2017 dirige  la Revista de la Real Academia Hispano Americana de Cádiz. Comisarió la exposición dedicada a Pilar Paz por el CAL en 2015 y la dedicada a C.E. de Ory y J. E. Cirlot por la Fundación Ory (2015). Documentó el catálogo de Exiliarte. Memoria de una carpeta dedicada a Rafael Alberti (2018/2019). Como articulista obtuvo en 1989 el Premio Ciudad de Cádiz, en 1996 el accésit al Premio José Mª Pemán y en 2008 el XXV Premio Nacional de UNICAJA.  Desde 2004 es columnista de Diario de Cádiz.

Como poeta es autora de Mercuriales (2003, accésit del Premio Esquío), Libro de los pájaros (2006), Intus legere y Voz de las cosas (2013) y Sibilario (2018), Premio Alegría del Ayuntamiento de Santander. Atlántica y celeste (2021) reúne su poesía completa. De Sibilario -cuyo título procede de "sibila" y se inspira en las que pintó Miguel Ángel en la Capilla Sixtina- el jurado del premio Alegría destacó "su lirismo de gran hondura moral, brillante técnica poética y espléndido enraizamiento en las culturas clásica, bíblica y moderna". La autora, "a través de la evocación de las sibilas [...] o de personajes representativos del cristianismo [...], medita sobre la finitud de nuestro tiempo, el transcurso de la vida como filón de oro y la necesidad de reinventarnos como ejercicio de supervivencia y también vitalista para exprimir ese jugo que es la vida" (Juan Antonio Mota Navarro).

domingo, 9 de enero de 2022

"Vagón silencio", de Luis Bagué Quílez

 



Vagón silencio


1. PASILLO / VENTANILLA

Ulises vuelve a casa.

Heráclito sostiene que ningún pasajero
puede viajar dos veces
en el mismo vagón.

Diógenes en cuclillas,
buscando la verdad en el modo linterna.

Hopper se autorretrata.
Allen Ginsberg aúlla.
Homero ronca. Boabdil llora.
La cucaracha Kafka se agita en el asiento.

Julio César ve un péplum
en el televisor.
El anhelado rey Sebastián
regresa del aseo de caballeros.

El chico que llamó Enola Gay
al avión que lanzó la bomba atómica
tiene el rostro de cadmio.

Karl Marx pone sus barbas a remojo.
Gandhi pide la paz y la palabra.

El encargado de supervisar 
los hornos crematorios de Mauthausen
contempla en la llanura incandescente
un hogar de ceniza.

El revisor Neruda ha perdido la cuenta
de los billetes falsos que despachó Rimbaud.

El terrorista guarda en la mochila
una explosión de rabia.

2. USEN LAS PLATAFORMAS

Cleopatra retuitea
el estado febril de Marco Antonio.

Lou Reed busca en el móvil
el número de Poe.

María Antonieta pierde la cabeza
si un youtuber llamado Robespierre
la pone en la picota.

Steve Jobs da un mordisco a la manzana
que despertó a Isaac Newton de la siesta
y expulsó a Eva del club Paraíso.

Bartleby se confunde con el grupo de WhatsApp.
Lolita triunfa en Istagram.

Fortunata en un reality show.
Jacinta en otro.

3. FIN DE TRAYECTO

En objetos perdidos,
las maletas de Goya y de Machado,
los huesos de Cervantes
y las gafas de Edipo.

La alta velocidad
no se detiene nunca.

El ruido de Occidente
en un andén vacío.

Un libro abierto
en el vagón silencio de la historia.

Con "Vagón silencio" Luis Bagué Quílez ganó el Premio Tren 2019, Antonio Machado de poesía.

[Imagen inicial: viajemosentren.com]

jueves, 6 de enero de 2022

"Un cuento de Reyes", de Ignacio Aldecoa

 


UN CUENTO DE REYES

El ojo del negro es el objetivo de una máquina fotográfica. El hambre del negro es un escorpioncito negro con los pedipalpos mutilados. El negro Omicrón Rodríguez silba por la calle, hace el visaje de retratar a una pareja, siente un pinchazo doloroso en el estómago. Veintisiete horas y media lleva sin comer; doce y tres cuartos, no contando la noche, sin retratar; la mayoría de las de su vida, silbando.

Omicrón vivía en Almería y subió, con el calor del verano pasado, hasta Madrid. Subió con el termómetro. Omicrón toma, cuando tiene dinero, café con leche muy oscuro en los bares de la Puerta del Sol; y copas de anís vertidas en vasos mediados de agua, en las tabernas de Vallecas, donde todos le conocen. Duerme, huésped, en una casita de Vallecas, porque a Vallecas llega antes que a cualquier otro barrio la noche. Y por la mañana, muy temprano, cuando el sol sale, da en su ventana un rayo tibio que rebota y penetra hasta su cama, hasta su almohada. Omicrón saca una mano de entre las sábanas y la calienta en el rayo de sol, junto a su nariz de boxeador principiante, chata, pero no muy deforme.

Omicrón Rodríguez no tiene abrigo, no tiene gabardina, no tiene otra cosa que un traje claro y una bufanda verde como un lagarto, en la que se envuelve el cuello cuando, a cuerpo limpio, tirita por las calles. A las once de la mañana se esponja, como una mosca gigante, en la acera donde el sol pasea sólo por un lado, calentando a la gente sin abrigo y sin gabardina que no se puede quedar en casa, porque no hay calefacción y vive de vender periódicos, tabaco rubio, lotería, hilos de nylón para collares, juguetes de goma y de hacer fotografías a los forasteros.

Omicrón habla andaluza y onometopéyicamente. Es feo, muy feo, feísimo, casi horroroso. Y es bueno, muy bueno; por eso aguanta todo lo que dicen las mujeres de la boca del Metro, compañeras de fatigas.

—Satanás, muerto de hambre, ¿por qué no te enchulas con la Rabona?

—No me llames Satanás, mi nombre es Omicrón.

—¡Bonito nombre! Eso no es cristiano. ¿Quién te lo puso, Satanás?

—Mi señor padre.

—Pues vaya humor. ¿Y era negro tu padre?

Omicrón mira a la preguntante casi con dulzura:

—Por lo visto.

De la pequeña industria fotográfica, si las cosas iban bien, sacaba Omicrón el dinero suficiente para sostenerse. Le llevaban veintitrés duros por la habitación alquilada en la casita de Vallecas. Comía en restaurantes baratos platos de lentejas y menestras extrañas. Pero días tuvo en que se alimentó con una naranja, enorme, eso sí, pero con una sola naranja. Y otros en que no se alimentó.

Veintisiete horas y media sin comer y doce y tres cuartos, no contando la noche, sin retratar, son muchas horas hasta para Omicrón. El escorpión le pica una y otra vez en el estómago y le obliga a contraerse. La vendedora de lotería le pregunta:

—¿Qué bailas?

—No, no bailo.

—Pues, chico, ¡quién lo diría!, parece que bailas.

—Es el estómago.

—¿Hambre?

Omicrón se azoró, poniendo los ojos en blanco, y mintió:

—No, una úlcera.

—¡Ah!

—¿Y por qué no vas al dispensario a que te miren?

Omicrón Rodríguez se azoró aún más:

—Sí, tengo que ir, pero...

—Claro que tienes que ir, eso es muy malo. Yo sé de un señor, que siempre me compraba, que se murió de no cuidarla.

Luego añadió, nostálgica y apesadumbrada:

—Perdí un buen cliente.

Omicrón Rodríguez se acercó a una pareja que caminaba velozmente.

—¿Una foto? ¿Les hago una foto?

La mujer miró al hombre y sonrió:

—¿Qué te parece, Federico?

—Bueno, como tú quieras...

—Es para tener un recuerdo. Sí, háganos una foto.

Omicrón se apartó unos pasos. Le picó el escorpioncito. Por poco sale movida la fotografía. Le dieron la dirección: Hotel...

La vendedora de lotería le felicitó:

—Vaya, has empezado con suerte, negro.

—Sí, a ver si hoy se hace algo.

Rodríguez hizo un silencio lleno de tirantez. 

—Casilda, ¿tú me puedes prestar un duro?

—Sí, hijo, sí; pero con vuelta.

—Bueno, dámelo y te invito a café.

—¿Por quién me has tomado? Te lo doy sin invitación.

—No, es que quiero invitarte.

La vendedora de lotería y el fotógrafo fueron hacia la esquina. La volvieron y se metieron en una pequeña cafetería. Cucarachas pequeñas, pardas, corrían por el mármol donde estaba asentada la cafetera exprés.

—Dos, con leche.

Les sirvieron. En las manos de Omicrón temblaba el vaso alto, con una cucharilla amarillenta y mucha espuma. Lo bebió a pequeños sorbos. Casilda dijo:

—Esto reconforta, ¿verdad?

—Sí.

El "sí" fue largo, suspirado.

Un señor, en el otro extremo del mostrador , les miraba insistentemente. La vendedora de lotería se dio cuenta y se amoscó.

—¿Te has fijado, negro, cómo nos mira aquel tipo? Ni que tuviéramos monos en la jeta. Aunque tú, con eso de ser negro, llames la atención, no es para tanto.

Casilda comenzó a mirar al señor con ojos desafiantes. El señor bajó la cabeza, preguntó cuánto debía por la consumición, pagó y se acercó a Omicrón:

—Perdonen ustedes.

Sacó una tarjeta del bolsillo.

—Me llamo Rogelio Fernández Estremera, estoy encargado en el Sindicato del... de organizar algo en las próximas fiestas de Navidad. Bueno —carraspeó—, supongo que no se molestará. Yo le daría veinte duros si usted quisiera hacer el Rey negro en la cabalgata de Reyes.

Omicrón se quedó paralizado.

—¿Yo?

—Sí, usted. Usted es negro y nos vendría muy bien, y si no, tendremos que pintar a uno, y cuando vayan los niños a darle la mano o besarle en el reparto de juguetes se mancharán. ¿Acepta?

Omicrón no reaccionaba. Casilda le dio un codazo:

—Acepta, negro, tonto... Son veinte "chulís" que te vendrán muy bien.

El señor interrumpió:

—Coja la tarjeta. Lo piensa y me va a ver a esta dirección. ¿Qué quieren ustedes tomar?

 —Yo un doble de café con leche —dijo Casilda—, y éste un sencillo y una copa de anís, que tiene esa costumbre.

El señor pagó las consumiciones y se despidió.

—Adiós, piénselo y venga a verme.

Casilda le hizo una reverencia de despedida.

Orrevuar, caballero. ¿Quiere usted un numerito del próximo sorteo?

—No, muchas gracias; adiós.

Cuando desapareció el señor, Casilda soltó la carcajada.

—Cuando cuente a las compañeras que tú vas a ser Rey se van a partir de risa.

—Bueno, eso de que voy a ser Rey... —dijo Omicrón.


Omicrón Rodríguez apenas se sostenía en el caballo. Iba dando tumbos.

Le dolían las piernas. Casi se mareaba. Las gentes, desde las aceras, sonreían al verle pasar. Algunos padres alzaban a sus niños.

 —Mírale bien, es el rey Baltasar.

A Omicrón Rodríguez le llegó la conversación de dos chicos:

—¿Será de verdad negro o será pintado?

Omicrón Rodríguez se molestó. Dudaban por primera vez en su vida si él era blanco o negro, precisamente cuando iba haciendo de Rey.

La cabalgata avanzaba. Sentía que se le aflojaba el turbante. Al pasar cercano a la boca del Metro, donde se apostaba cotidianamente, volvió la cabeza, no queriendo ver reírse a Casilda y sus compañeras. La Casilda y sus compañeras estaban allí, esperándole; se adentraron de la fila; se pusieron frente a él y, cuando esperaba que iban a soltar la risa, sus risas guasonas, temidas y estridentes, oyó a Casilda decir:

—Pues, chicas, va muy guapo; parece un rey de verdad.

Luego, unos guardias las echaron hacia la acera.

Omicrón Rodríguez se estiró en el caballo y comenzó a silbar tenuemente. Un niño le llamaba haciéndole señas con la mano:

—¡Baltasar, Baltasar!

Omicrón Rodríguez inclinó la cabeza solemnemente. Saludó.

—¡Un momento, Baltasar!

Los flashes de los fotógrafos de Prensa los deslumbraron.

(Ignacio Aldecoa, La tierra de nadie y otros relatos, 1970)


El escritor Ignacio Aldecoa. (españaescultura.es)
Ignacio Aldecoa (Vitoria, 1925-Madrid, 1969) fue un escritor español perteneciente a la Generación del 50 o del medio siglo. Está considerado uno de los mejores cuentistas españoles del siglo XX.

Nacido en el seno de una familia burguesa de la capital alavesa, estudió bachillerato en el colegio Marianistas de su ciudad. En 1942 marchó para estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de Salamanca, donde cursó Comunes y coincidió con Carmen Martín Gaite, compañera de generación. Su traslado a Madrid en 1945 para continuar estudios, que no llegó a concluir, propició el contacto  con otros jóvenes, futuros escritores de su generación como Sánchez Ferlosio, Fernández Santos, Alfonso Sastre y la que posteriormente sería su esposa, la escritora y pedagoga Josefina Rodríguez, conocida posteriormente como Josefina Aldecoa, con la que contrajo matrimonio en 1952. Participó en la creación de la Revista Española, impulsada por Rodríguez Moniño.

Comenzó su actividad literaria escribiendo  poesía en la órbita de los postistas: Todavía la vida (1947) y Libro de las algas (1949), pero pronto se decantó por la narrativa, en la que hay que distinguir una doble vertiente: la del relato breve y la de la novela. Sus primeros relatos aparecieron en revistas como La Hora, Juventud, Haz y Alcalá. En 1953 obtuvo el premio de la revista Juventud por el cuento "Salir de pobres". En sus relatos breves, en los que aúna concisión y expresividad con extraordinarias dotes de observador,  se muestra como un verdadero maestro del género. Para Santos Sanz Villanueva*, sus cuentos "son, en buena parte, fragmentos de una vida, sin grandes complicaciones argumentales, con historias insignificantes pero llenas de calor humano". Publicó los libros de relatos Espera de tercera clase y Vísperas del silencio (1955), El corazón y otros frutos amargos (1959), Caballo de pica (1961), Cuaderno de Godo (1961), Los pájaros de Baden-Baden (1965),  Santa Olaja de Acero (1968) y La tierra de nadie y otros relatos (1970). Sus relatos fueron recogidos en dos volúmenes publicados póstumamente bajo el título de Cuentos completos (1973).

En cuanto a su labor novelística, explica Sanz Villanueva que su proyecto de escribir tres trilogías en las que pensaba tratar el trabajo del mar, el trabajo de las minas y el mundo de los guardias civiles,  gitanos y toreros se vio frustrado debido a su temprana muerte. Solo llegó a escribir, de la primera, Gran sol (1957, Premio de la Crítica 1958), sobre la pesca de altura, con protagonista colectivo y temporalidad simultánea; y de la tercera, El fulgor y la sangre (1954), sobre la vida de una pequeña guarnición de la guardia civil, y Con el viento solano (1956), en torno al mundo de los gitanos. Al margen de estas trilogías, publicó otra novela de tema marino: Parte de una historia (1967). 

En todas sus narraciones, bien sean relatos o novelas, busca retratar la vida cotidiana, la "épica de las pequeñas cosas", según él mismo afirmó, con una ajustada técnica objetivista. Aunque narra desde una actitud distanciada, su afecto hacia los personajes humildes y el reflejo de sus duras condiciones de vida, implican una preocupación social, a pesar de que evita siempre el mensaje explícitamente político. La crítica ha elogiado especialmente su cuidada prosa, su capacidad descriptiva, la humanidad de los personajes y su rigor de construcción. 

*Sanz Villanueva, Santos: "La prosa narrativa desde 1936", en J. Mª Díez Borque (coord.), Historia de la Literatura española, IV, Siglo XX, Taurus, Madrid, 1980.

Ignacio Aldecoa y Josefina Rodríguez. (diariodeleon.es)

[Imagen inicial: diariodearousa.com]

domingo, 2 de enero de 2022

"Tacto", de Fernando Beltrán

©Neil Hall / Reuters (El País)

TACTO

Nada será como antes.

La lluvia no será ya la lluvia,
será celebración aún más gozosa,
mirarla cómo cae traerá un milagro
de panes y de peces llegando desde el cielo
para empujar la flor, el trigo, la memoria
de tu cuerpo y mi cuerpo aquella tarde
que fue todas las tardes.

Las cosas no serán la misma cosa,

los árboles 
no serán ya los árboles,
serán ahora un abrazo sin contagio
al alcance de todos, descubrirás
que su sombra es más sombra
y que incluso en invierno, ya sin hojas,
se ven todos los nidos con mayor nitidez,
vacíos, pero intactos.

Las cosas no serán la misma cosa,

las calles no serán ya las calles,
la alegre muchedumbre
será ahora una extraña pasajera
con su maleta a solas
aconteciendo a un mundo que no entiende,
y aunque la gente ocupe las aceras
tú las verás vacías, y hacia dentro
extraviadas quizás, preguntándote ellas
cómo se llega a ti.

Las cosas no serán la misma cosa,

las ventanas no serán ya ventanas,
las miradas no serán ya miradas,
no habrá aplausos sin lágrimas,
sin que llore mi cuerpo al recordar
con hiel agradecida
las manos que sin manos
se acercaban a mí,

no amaré ya jamás como allí amé
el tacto de aquel guante
con sus dedos de plástico.

Las cosas no serán la misma cosa,

la piel no será ya la piel
ni el desnudo el desnudo,
habrá que comenzar a desvestirse
por el botón del miedo, y al besarnos
quitada ya la ropa, aprender que había huecos
antes nunca tocados,

por fin seremos tacto,

recorrerá mi lengua muy despacio
la isla abandonada, estallaremos juntos
como si fuera un último deseo 
cumplido cuando ya no crees en nada.

Las cosas no serán la misma cosa,

nosotros no seremos los mismos,
los otros no serán ya los otros,
el amor no será ya el amor,
será solo el amar, y será más.

No habrá piel, habrá carne

jugándose la vida.

De La curación del mundo, Hiperión, 2020


Fernando Beltrán (biblioasturias.com)

Fernando Beltrán (Oviedo, 1956) es un poeta y experto en identidad corporativa. Reside en Madrid.

Es profesor del Instituto Europeo de Diseño y de la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, y creador del estudio El Nombre de las Cosas -pionero en España en la creación de denominaciones para marcas-, fundador del Aula de las Metáforas, así como de una Biblioteca poética y espacio para la imaginación en la Casa de Cultura del Grado (Asturias).

Su obra poética abarca, entre otros, los títulos Aquelarre en Madrid (1983, 1998, 2005), Ojos de agua (1985), Cerrado por reformas (1988), Gran Vía (1990), El gallo de Bagdad (1991), Amor ciego (1995), Bar adentro (1997, 1998, 1999, 2000), La semana fantástica (1996), Trampas para perder (2003), El corazón no muere (2006), el libro de prosas poéticas Mujeres encontradas (2008) y La curación del mundo (2020), Premio Francisco de Quevedo 2021. Su obra ha sido recogida en la antología El hombre de la calle (2001), traducida al francés con el título L'Homme de la Rue,  en la antología de temática amorosa La amada invencible (2006) y en Donde nadie me llama (2011). Es autor de los manifiestos "Perdimos la palabra" (1987) y "Hacia una Poesía Entrometida" (1989). Sus artículos y ensayos han sido publicados por la Universidad de Valladolid bajo el título de La vida en ello (2017). Ha sido galardonado con el Premio Asturias de las Letras y el premio Foro Europeo.

"Tacto" pertenece a la serie de poemas que Fernando Beltán escribió tras su ingreso hospitalario por Covid 19 -enfermó en marzo de 2020 y tardó meses en recuperarse-, reunida en La curación del mundo. El poema está dedicado a la enfermera Eva García Perea, y se editó como plaquette en mayo de 2020. Fernando Beltrán plasma en este libro el miedo y la esperanza de las víctimas de la pandemia. Jesús García Calero (abc.es) explica que el libro nació a las puertas de la UCI, mientras el poeta luchaba por salvar su vida:

Se aferraba a las palabras, y con algunas de ellas buscaba un sentido a las manos enguantadas de la enfermera, a las agujas, al pájaro que se posó en la ventana, al sonido del tren que atravesaba el paisaje de su angustia, que es también una ciudad confinada. Metáforas le nacieron del temor o fueron el salvavidas que le guiaba en su recuperación.

En entrevista concedida a Marcos Gutiérrez (lavozdeasturias.es),  Beltrán explica así la génesis de esta obra:

Surge porque de pronto aparece una luz en las persianas del hospital, tras la noche más infernal de la que pensé no saldría jamás vivo, y uno escribe mentalmente en su cabeza tres versos: Nunca / la luz del día / tanta luz. Versos celebratorios que luego resultaron ser los primeros de una serie, pero sin voluntad de libro. Eso viene luego, meses después. Como la voluntad de compartirlos.

lunes, 27 de diciembre de 2021

Los mejores libros de 2021: cómics

Seleccionamos 15 de las mejores novelas gráficas que nos ha dado el año que está a punto de terminar, basándonos en las críticas de la prensa general española y en las de portales especializados:

 

 1)  Contrapaso. Los hijos de los otros. Teresa Valero. Norma Editorial, 152 págs.

Madrid, 1956. Léon Lenoir, hijo de un comunista muerto en la Guerra Civil, y Emilio Sanz, militante falangista, investigan para la sección de sucesos de «La Capital» crímenes que chocan con la imagen idílica que el dictador quiere dar del país. Su temeraria necesidad de revelar la verdad tras un supuesto suicidio los llevará a enfrentarse a la represión de la dictadura y a desvelar una oscura trama que implica a algunos de los médicos más prestigiosos del régimen.
 
 

2) Todo bajo el sol. Ana Penyas. Salamandra Graphic, 160 págs. 

Historia de una familia a principios de los 60 en la costa levantina que sufre las devastadoras consecuencias del turismo de masas, motor principal del desarrollismo económico en tiempos de Franco. A lo largo de las décadas, el auge del neoliberalismo trunca las esperanzas y los proyectos de los miembros de esta familia, cuyo testimonio nos habla de una época en que los paisajes y su riqueza natural se transformaron para siempre. Sin embargo, hay un lugar que resiste: entre el casco antiguo de las ciudades y los pueblos costeros -convertidos en ciudades de vacaciones-, se extiende la huerta, baluarte de un estilo de vida amenazado por el avance implacable del ladrillo.
 
 

3)  Warbug & Beach. Jorge Carrión y Javier Olivares. Salamandra Graphic, 76 págs.

     Durante las primeras décadas del siglo xx, el historiador alemán Aby Warburg y la librera estadounidense Sylvia Beach llevaron a cabo dos magníficos proyectos intelectuales que hoy día forman parte de la mitología cultural de la modernidad. La biblioteca Warburg, en Hamburgo, y la librería Shakespeare & Company, en París, redefinieron la relación entre los lectores y los escritores, el arte, los libros, la literatura. Los destinos paralelos de ambos personajes dialogan en estas páginas con los de otras figuras revolucionarias del mundo del arte y la escritura.

 
 
 

        4)   Monstruos. Barry Windsor-Smith. Dolmen, 384 págs.  

 Estamos en 1964. Bobby Bailey no se da cuenta de que va a enfrentarse a su trágico destino al entrar en una oficina de reclutamiento del Ejército de los EE.UU. Reservado, herido, inocente, intentando olvidar un pasado y buscando un futuro, Bobby es el candidato perfecto para un programa experimental del gobierno estadounidense, la infame continuación de un programa genético descubierto en la Alemania nazi 20 años antes, durante los últimos días de la II Guerra Mundial. El único aliado y protector de Bailey, el sargento McFarlane, interviene y desencadena una serie de acontecimientos en cascada que escapan al control de todo el mundo.

    5) Blacksad 6. Todo cae (Primera parte). Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido. Norma Editorial, 60 págs.

     John Blacksad desciende a las entrañas de la ciudad en una aventura que combina teatro, periodismo y corrupción municipal. Blacksad recibe el encargo de proteger al líder del sindicato de trabajadores del metro, amenazado por la mafia de las comadrejas. Pero su investigación desafiará a los poderes políticos y empresariales que rigen los destinos de la ciudad, y estos no dudarán en aplastar cualquier obstáculo que pueda alterar sus planes.

 
 
 6)  El pacto. Paco Sordo. Nuevo Nueve, 112 págs.
Miguel Gorriaga es un aspirante a dibujante en la Barcelona de los años 50 que está dispuesto a todo por conseguir hacerse profesional. Persona perturbada mentalmente que acabará tomando un camino poco habitual para conseguir su objetivo: raptar al gran Vázquez y obligarle a hacer historietas para él. Miguel se encargará de entintarlas y escribir los diálogos, Vázquez de dibujarlas. El resultado, inesperadamente, es un enorme éxito. Historia enmarcada en la época en la que algunos autores de la editorial Bruguera la abandonan para montar la revista Tío Vivo.
 
 
 
  

    7)  Romeo Muerto. Santiago Sequeiros. Reservoir Books, 80 págs.

      Preludia la orquesta, la batuta del dios muerto silencia el patio. Da comienzo la Semana de Pasión en la ciudad expresionista, decadente, libidinosa y mórbida de La Mala Pena. Los tejados antiguos muerden la losa del cielo negro. Las cofradías se arrastran por las calles bajo la lluvia de orujo que parpadea. Los críos juegan en el cementerio, el único lugar que permiten los adultos. Y en el osario de las lápidas, se da sepultura a la Mamá Grande, antigua gobernanta, dulcísima madrastra de esta ciudad consagrada a la transgresión y al desamparo… Álbum gráfico espectacular y gigantesco, lleno de sueños muertos que se pudren en sus propios sueños con el cuidado de un orfebre demente y acabados de lujo.

 

     8)  Carta blanca. Jordi Lafebre. Norma Editorial, 152 págs.

Una deliciosa comedia romántica que lo pone todo del revés. Ana y Zeno son dos amantes platónicos destinados a encontrarse en la distancia, protagonistas de un romance en el que el final es en realidad un nuevo comienzo. Ella es la alcaldesa de una pequeña ciudad de provincias volcada en su trabajo, él un espíritu libre y soñador difícil de encasillar. La vida parecía empeñada en mantenerlos separados… hasta que a ambos se les acaban las excusas para reencontrarse.

 

 

     9) La mentira por delante. Lorenzo Montatore. Astiberri, 224 págs. 

En la primera biografía gráfica realizada sobre Francisco Umbral, Lorenzo Montatore retrata los pilares del pensamiento y los momentos clave de la vida del escritor valiéndose de fragmentos de sus obras, artículos de prensa y entrevistas: desde las pinceladas sobre su infancia y el Umbral sencillo y casero hasta el dandy que asegura que “el mundo no se merece la verdad” y se codea con la sociedad del momento en su amado Madrid. Su relación con los libros y la literatura, sus admirados Valle-Inclán y Gómez de la Serna, su íntimo amigo Delibes…

 

 

10)  Justin. Nadar y Julien Frey. Astiberri, 200 págs.

París, 1943. Justin tiene veintidós años. Está enamorado de Renée y quiere casarse con ella. Pero el Gobierno colaboracionista de Vichy crea el STO, el Servicio del Trabajo Obligatorio, para surtir de mano de obra al país invasor. Como centenares de miles de jóvenes franceses, Justin es obligado a irse a Alemania. Igual que todos ellos, ignora lo que le espera allí. Toda su vida, Justin se arrepentirá de haber obedecido a Vichy. ¿Pudo elegir?
 
 
 
 
 
 11)  Ethel y Ernest. Una historia verdadera. Raymond Briggs. Blackie Books, 120 págs.

Puede que ningún autor haya sabido hablar de su vida como lo hizo Raymond Briggs. Y su vida –él lo sabía– era imposible de contar sin la de sus padres. Esta biografía emotiva, con toques de ingenuidad y candidez geniales, recorre la historia del matrimonio Briggs, desde que se saludan por primera vez a través de una ventana hasta su fallecimiento. Pero es también la historia de una generación la que vivió la Segunda Guerra Mundial y temió el avance fascista; la que vio nacer el estado de bienestar y tuvo que inventarle un hueco al televisor en su sala de estar.

 

 12)  Semillas. David Aja y Ann Nocenti. Astiberri, 128 págs.

En un mundo roto, un contumaz grupo de rebeldes románticos le ha dado la espalda a una sociedad obsesionada por la tecnología para crear la suya propia... y un puñado de alienígenas ariscos ha llegado al planeta para cosechar las últimas semillas de la humanidad. Cuando uno de ellos se enamora de una humana, la idealista reportera Astra estará tentada de dar a conocer la noticia y escribir el artículo de su vida, pero pronto llegará a la conclusión de que eso podría destruir la última esperanza de un planeta agonizante. ¿Hasta dónde estará dispuesta a llegar en pos de la verdad?

 

      13)  Medea a la deriva. Fermín Solís. Reservoir Books, 144 págs. 

Una novela gráfica sobre la mujer más fascinante de la mitología griega. Medea, la princesa maga de la Cólquida, la que fue esposa de Jasón y mató a sus hijos por desamor, la que tuvo que huir de Corinto, Atenas y Asia Menor, acosada por humanos y dioses, objeto de la furia de Zeus, va a la deriva en un enorme bloque de hielo que mengua día a día, camino de un destino desconocido. Pero esta no es su única angustia: es un ser inmortal y no puede morir, ni por su propia mano. Está condenada a vivir hasta el fin de los días.

 

 

14)   Us. Sara Soler. Astiberri, 144 págs.

 ¿Qué pasa cuando la vida que tenías asumida da un giro de 180 grados? Nada... Y también todo. Us es la historia de amor de Sara y Diana, y también la historia de la transición de género de Diana. Tras los primeros miedos de que ese repentino giro en su relación acabara con ella, se dan cuenta de que se siguen gustando y queriendo, y que nada ha cambiado entre ellas. Ahora, tendrán que salir del armario y enfrentarse a la mirada de su entorno familiar y social.

 

 

 15)  Vernon Subutex (Primera parte). Virginie Despentes y Luz. Salamandra Graphic, 304 págs.

Vernon Subutex, antiguo propietario de la legendaria -y extinta- tienda de discos Revólver, ha entrado en una crisis personal y en una espiral de decadencia. Sin dinero, trabajo ni familia, se ve obligado a acudir a sus pocas amistades para intentar sobrevivir. Explosiva fusión de música, dibujo y literatura, esta adaptación gráfica de Vernon Subutex es una obra maestra del dúo más rockero de la escena literaria y artística francesa.

 

 

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