Grupo de lectura "Leer juntos" del IES GoyaSesión del 19 de enero de 2026
Autora: Olga H. Vitoria
Obra comentada: El recuerdo exhausto, Avant, 2025
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| Olga Hernández Vitoria. (elfarodeceuta.es) |
LAS ESQUIRLAS DEL RECUERDO
OLGA HERNÁNDEZ VITORIA
Enfrentarse a un papel en blanco
cuando las ideas se te agolpan en la mente para escribir un texto, un relato,
una poesía, una novela, —un espacio virgen donde todos los formatos son
posibles, donde todas las palabras tienen cabida—genera un estado similar al
que uno sentiría enfrentándose a un horizonte infinito. ¿Por dónde empezar? ¿A
quién quiero dirigirlo? ¿Qué tono le quiero dar? ¿Qué historia quiero contar? El
papel vacío resulta un reto para la creación literaria, su blancura es el
infinito. ¿Qué referentes nos guiarán en nuestro propósito? ¿Cómo orientarnos
en el camino que pretendemos recorrer? ¿Cómo transformar su blanco silencio en
nuestra narrativa? Nuestro desafío será el de encontrar la voz—nuestra voz— y
la forma de la historia, como un escultor que va cincelando su figura mientras pule
el mármol inmaculado. La hoja en blanco que espera nuestras palabras es un
campo minado de inocencia donde va a nacer la creación literaria, donde la
ansiedad se transformará milagrosamente en acción creativa. El potencial
infinito de ese lienzo virgen es el que se despliega ante nosotros para
permitirnos expresar nuestro yo, nuestras emociones, nuestras experiencias. Y
todo ello con la ayuda de esa herramienta divina que el ser humano se dio a sí
mismo para dar forma al mundo, la palabra.
El creador cuenta, eso sí, con la energía más
poderosa para su cometido: su entusiasmo. Es lo que me sucedió a mí como autora
de la novela que nos ocupa -El recuerdo exhausto-. Enamorada de Balzac y
el mundo que recrea en La Comédie Humaine —85 novelas completas de un
proyecto más ambicioso que no pudo llevar a término debido a su muerte—, me vi
atrapada en la emoción de emularlo y escribir al estilo de su pluma. Todo un
desafío. Pero fue así, la novela realista me atrapó. ¿Sería yo capaz de recorrer
ese camino con mi escritura y llegar a buen puerto?
Los procedimientos
literarios del realismo tienen como característica el uso de la descripción
detallada y minuciosa. Gracias a su aguda observación de los detalles y a su
representación sin filtros de la sociedad, Balzac está considerado como uno de
los fundadores del realismo en la literatura europea. Es famoso por sus
personajes polifacéticos; incluso sus personajes menores son complejos, y,
sobre todo, plenamente humanos. El recuerdo exhausto, en este sentido,
puede considerarse una novela realista. Pero también una novela psicológica,
dado que no cuenta simplemente lo que acontece sino que profundiza en la mente
de los personajes. Lo que realmente interesa es lo que sucede por dentro,
porque lo que ocurre por fuera no hace sino traducirlo, sacarlo al exterior;
está a la vista. Si no sabemos interpretar lo que sucede interiormente, estamos
perdidos. Se trata de una novela de escritura introspectiva que intenta sacar a
la luz la historia subyacente. A este tipo de literatura podemos llamarla
novela del “ser interior”. Introspección porque todo lo que sucede fuera viene
motivado por lo que ocurre dentro. Los distintos personajes son complejos,
evolucionan e interactúan entre sí influyéndose mutuamente. El recuerdo exhausto
rinde cuenta de sentimientos muy humanos; sentimientos que perfilan a los
protagonistas con trazos muy firmes que los envuelven. Esos perfiles, masculinos
y femeninos, se engarzan unos con otros, pero son los de ellas los que
evolucionan y nos sorprenden. El recuerdo exhausto responde pues al
objetivo de dar a conocer la condición humana, algo fundamental en literatura. A
través de la narración el escritor se adentra en los aspectos que conforman la
experiencia humana, que son infinitos y cambiantes.
La trama de la
novela teje eventos y acciones entrelazados con causa-efecto. Hay momentos y hay personajes. Todos ellos están conectados
y van creando una urdimbre que objetos y acontecimientos sostienen conforme
avanza la acción. Los perfiles de las mujeres en esta novela son
potentes y diversos. Rosario, la protagonista, sigue su instinto natural guiada
por su ingenuidad. Marcada por el trauma, inicia vacilante el camino hacia su
redención. Olvido, su hermana, avanza en cambio impregnada de convicciones
religiosas que resultan determinantes. Manuela, la madre, es capaz de dejar
atrás su ignorancia a base de tesón. La Bosquera, madre del cura, es prisionera
de la superstición. Mme. D’Avezac representa la sabia voz que nos guía desde su
madurez. Hélène, en cambio, su sobrina, reta al mundo con su comportamiento de
machete. Las figuras masculinas que pivotan alrededor
de Rosario muestran, aunque con menor intensidad, perfiles interesantes en el
eje de relación hombre-mujer. Cada uno de ellos aporta una visión distinta en
este aspecto. Isidro, el cura, dictador piadoso que reparte bendiciones y
maneja las conciencias en nombre del Todopoderoso, se siente él mismo poderoso
manejando las conductas de las gentes a su cargo espiritual. Philippe de
Lamarque, rico empresario resinero de Las Landas, el conquistador a cuyos
encantos se rinden las mujeres, parece ser candidato a hacerse con el corazón
de Rosario. Alexandre Doussot, el joven médico del balneario, vive con Rosario una
experiencia sin mentiras amatorias, un regalo del espíritu por el mero hecho de
existir. St.Girons, hijo de Madeleine d’ Avezac, decide abandonar La Bruyère y
trasladar su residencia a Italia donde vivir la esencia del arte, pues ya no puede contentarse con
el que encuentra en las galerías.
El universo de
personajes que rodea a Rosario va conformando su personalidad en su camino
hacia la madurez. Todo proceso de maduración resulta un pilar de crecimiento
personal; se abandonan las ilusiones infantiles por una comprensión más cruda
de la realidad. Este choque al que hay que hacer frente, lleva a la
protagonista a la pérdida de la visión idealizada del mundo, que ya no resulta un
lugar simple y bueno, sino lleno de fallos y complejidades. Asistimos pues al
impacto emocional de la pérdida de la inocencia, ese estado puro y natural que
el niño/a que somos afronta conforme enfrentamos las realidades del mundo, un
proceso inevitable en la vida. Hay un daño irreparable en esa pérdida que
empapa tu existencia y destruye la capacidad de tu mirada limpia e inocente
sobre el mundo, un daño que significa un cambio profundo en la percepción y
comprensión de la realidad. Ese impacto emocional en la protagonista es
inevitable, anegada ahora de sentimientos de pérdida y nostalgia, pero también
de una nueva fortaleza, el inicio de una conciencia más adulta —un rito de paso
clave en la formación del individuo—, que irá desvelándose poco a poco en su
camino hacia la redención.
La
transformación de su identidad se realiza a través de un viaje: desde la España
profunda y rural de finales del s.XIX —donde impera el clasismo y la marcada
huella de una nobleza arcaica y dominadora, y de una iglesia que dirige las
conciencias de las pobres gentes a voluntad— a la Francia de principios del
s.XX, la Belle Époque, una etapa de optimismo en la que París consolidaba
su reputación como centro cultural, científico y artístico mundial.
RECUERDO Y
MIRADA
De todos los conceptos presentes en la novela,
quisiera destacar los dos que resultan determinantes: el recuerdo y la mirada.
El pensamiento
humano está intrínsecamente ligado a la memoria. A través de ella nos
relacionamos con un pasado que influye en nuestra percepción del presente y en
nuestra proyección hacia el futuro. Es ella, la memoria, quien nos ayuda a
constituirnos como individuos. Esta idea es crucial en la novela, no hay más
que pensar en el título, El recuerdo exhausto, algo de lo que Rosario no puede
desprenderse. Su estado natural se ve contaminado por ese recuerdo negativo que
la persigue, intrusivo y difícil de manejar. Invade su mente y esta no puede
procesarla. El adjetivo exhausto, cualidad aplicable solo a un ser animado,
expresa la transferencia de ese estado a una imagen pasiva archivada en la
memoria, con el ánimo de darle la categoría de algo vivo. Y ello responde a la
idea de la autora de que somos recuerdo. El pasado nos es, está siendo. Nos
estamos narrando continuamente; cada hecho, cada palabra contiene pasado, presente
y futuro. Kirkegaard señala que la vida solo puede ser comprendida mirando
hacia atrás —no siendo amnésicos— y vivida mirando hacia delante. El doloroso
recuerdo que marca a Rosario saca bandera blanca, exhausto, quiere desprenderse
de nuestra mente. Somos nosotros quienes no se lo concedemos y seguimos arrastrándolo.
La mirada, por
su parte, es una herramienta poderosa en psicología, que nos permite comunicarnos,
expresar emociones, establecer relaciones y comprender mejor a los demás. Los
ojos son una de las partes de la cara en las que más centramos la mirada cuando
interactuamos con alguien. Esto, que parece natural y hasta obvio, es una
rareza dentro del reino animal.
Todas las
miradas reflejan interés o emoción. Distinguiremos entre:
—la mirada que
uno se dirige a sí mismo a través del espejo, convertido aquí en objeto mágico
que te hace descubrir tu propio cuerpo y darle identidad visual. En el caso de
Rosario, a través de ese descubrimiento, se desencadenan procesos enlazados:
mirada y pecado, mirada y culpa.
—la mirada que
uno dirige a los demás, o que los demás dirigen a ti pero tú no mantienes.
—la mirada que
dos personas se cruzan, la conciencia, por tanto, de ser observado. Ver que me
ven. El psicoanalista Jacques Lacan describió el estado de ansiedad presentado
por el conocimiento de que se está siendo observado. El efecto psicológico, en
su opinión, es la pérdida de autonomía del sujeto al darse cuenta de que es un
objeto visible. En El recuerdo exhausto aparecen varios ejemplos del efecto de
estas miradas en la protagonista.
Yendo un paso más allá podemos observar que
Rosario retira la mirada en diversas ocasiones. La “no-mirada” —llamémosle así—
puede tener su origen en el rechazo, la vergüenza —sentimiento centrado en la
identidad, el “ser”—o la culpa —sentimiento centrado en la acción, el “hacer”. La
vergüenza tiene mucho que ver con la mirada del otro y con mi propia mirada
sobre la mirada del otro. En cualquier caso, ambos sentimientos, vergüenza y
culpa, resultan mecanismos de autorregulación; nos mantienen dentro de las
normas sociales y nos ayudan a adaptarnos al grupo.
En resumen, El
recuerdo exhausto es un retrato que consolida la visión de una época. En la
novela encontramos:
- El
retrato social, tan jerarquizado, de una época. Sus escenas muestran de
manera contextualizada —dos momentos, dos países— los usos y costumbres que
rigen el comportamiento humano.
- Una
tierra olvidada, la España rural y desdeñada donde las normas sociales de
los poderosos marcan insoportables áreas de exclusión para los no elegidos,
pero también otra tierra boscosa al otro lado de la frontera, un paisaje
de mar, lagos, dunas y pinares donde encontrar descubrimiento, amparo y
protección.
- Mujeres
vulnerables que se enfrentan a realidades duras y desconocidas pero que
saben resurgir de sus cenizas, mujeres que echan a volar sus capacidades
escondidas, que crecen con el dolor atentas a lo que la vida les brinda;
mujeres que llevan a cabo su proceso de madurez con un crecimiento
personal prodigioso e inesperado, conscientes de ser responsables de sus
decisiones, de las acciones que marcarán su destino.
- Personajes
secundarios, complejos y moralmente ambiguos, perfilados para reflejar los
intereses y conductas de sectores sociales específicos. En ellos encontramos
comportamientos que responden a causas subrepticias enraizadas en su
interior: el rencor varado y oculto, (episodio de Blasito), las estratagemas
puestas en marcha para establecer una comunicación y gozar de la plenitud
de la vida a pesar de tenerlo todo en contra (el mozo de correos, a quien
la naturaleza le ha negado el habla) …
- Un alegato contra las
guerras (Cuba y Iª Guerra Mundial).
- El secreto, el enigma, el
azar, el pecado, el dictado de la Iglesia sobre las conciencias, la
superchería, el objeto mágico señalado por Propp (el espejo, la muñeca),
el deseo como motor de la voluntad, los lazos que nos atan al pasado, de
los que no podemos desembarazarnos…
- Nostalgia por lo que uno
ha dejado atrás. Hay incertidumbre y desconcierto cuando todavía llevas
sobre la piel las esquirlas del recuerdo pero hay reacción para enfrentar
los desafíos con valentía y sabiduría. Hay por tanto luz frente a la
oscuridad y hay vuelo liberador. Hay inteligencia para observar la salida
y crecer, hacernos otros que los que éramos en el punto de partida.
- Permiso para sentir y
procesar las emociones. Hay sanación a través de los personajes, aquellos
que nos rodean, nos escuchan y nos acompañan, a condición de proyectar
sobre ellos miradas inteligentes con las que extraer esencias
vivificadoras, descubrir nuestra fortaleza interna y desarrollar una mayor
sabiduría.
- Intimismo en el lenguaje y
un suave pero determinante feminismo en los actos: el ser humano mujer
abriendo camino para encontrar su lugar en el mundo en un momento en que,
por lugar y tiempo, le es vedado.
No me queda
sino animar a su lectura. Quienes lo hagan descubrirán aspectos profundamente
humanos con los que se sentirán identificados porque nos invitan a reflexionar
sobre los vínculos que nos atan al pasado y nuestra capacidad para superar
herencias recibidas y no siempre satisfactorias ni deseadas. Espero que mis
lectores disfruten con esta historia de coraje y reconciliación.
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| Carmen Romeo y Olga Hernández Vitoria, durante la tertulia |
¿Quién es Olga Hernández Vitoria?
Una catedrática de francés, y escritora, a la que tuve la suerte de conocer desde sus tiempos en el instituto de Alagón.
Después, fuimos compañeras aquí en el Goya, los años que el INBAD (Instituto Nacional de Bachillerato a Distancia) tuvo aquí su sede. Y no perdimos la relación cuando se trasladó al Elaios.
Ahora, junto con otras profesoras de esta tertulia: Cristina Baselga, Teresa Fernández, Concha Gaudó e Inocencia Torres, compartimos militancia pacifista en WILPF (Women`s International League for Peace and Freedom o Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad).
Precisamente, en esta novela, en una escena en la que Rosario está conversando con David Wlerick escuchamos unas afirmaciones que podrían ser manifiestos de WILPF: “Las mujeres, en cambio, son la quintaesencia de la lucidez. Ellas no paren hijos de su vientre para las guerras, y lo saben” (p. 241). Esta escena se desarrolla durante la Primera Guerra Mundial, cuando se fundó WILPF (1915).Y las dos pertenecemos a la Asociación de Escritores Aragoneses.
Su trayectoria literaria.
En 1977 se licenció en Filología Francesa con premio extraordinario. Esta super profesora, según algunos de sus alumnos, ha publicado abundantes artículos pedagógicos sobre la enseñanza del francés.
En literatura creativa ha recibido abundantes premios de microrrelatos y de poesía, géneros que incrusta muy bien en la novela que ahora comentamos.
El recuerdo exhausto es su primera novela. Ed. Avant, 2025. Premio 2024 de la novela Avant, Ciudad de
Ceuta.
La novela, El
recuerdo exhausto.
El recuerdo
exhausto
es una figura retórica que abre y cierra la novela. Una metáfora de situación
que sustenta el significado y la trama.
Hace
referencia a la memoria fatigada que reflexiona sobre un pasado perdido y
fragmentado.
Una
metáfora, ya símbolo, que se hizo famosa con “Funes el memorioso” de Jorge Luis
Borges, cuya memoria se vuelve una carga insoportable. No es un recuerdo
cansado en sí mismo, no. Es un recuerdo que agobia a la persona que lo arrastra.
Y esa persona aplastada busca una salida, un camino que la lleve a la
redención.
No
connota el pesimismo de otros tópicos de la memoria. Se aleja de la nostalgia del Ubi sunt, que lamenta lo que hemos
perdido; y del Memento mori, que nos
recuerda que la muerte nos espera. En el Recuerdo
exhausto sufrimos por lo que no podemos, pero queremos, olvidar. Y luchamos
para liberarnos.
Olga
lo utiliza como un puente emocional entre el trauma que atenaza a Rosario desde
su adolescencia (p. 82) y la búsqueda de redención. Y todo engastado en los
puntos clave en los que se apoya la literatura de redención.
La introspección
femenina.
“Los
recuerdos (son) lanas del espíritu con que tejen su vida las mujeres” (p. 81).
Toda la novela es una madeja de recuerdos de mujeres que perpetúan el dolor.
Una galería de rostros dolientes, como el de Liberia, que llevaba prendida la
“banalización del sufrimiento” (p. 105).
A
medida que vamos leyendo descubrimos que Rosario se siente encadenada a un
dolor que se originó en el mundo rural y que la liberación solo le llegará con
el olvido. Madame Madeleine la puso en el camino, pero no lo consiguió hasta
que no quemó la última carta de su madre. Esa que tardó tanto tiempo en llegar
porque la olvidó el cartero.
Una presencia
permanente de la culpa y el dolor.
De
eso se encargará Isidro, el cura, y las gentes de su entorno más cercano.
El
recuerdo de su trauma se vuelve exhausto por la eterna repetición. Como en el
mito de Sísifo, da vueltas en el interior. Por eso es envolvente y circular. El recuerdo exhausto aparece en el
título y en la última frase de la novela: “se está desprendiendo de un recuerdo
ya exhausto del que ha sido rehén” (p. 256).
Una tramoya en
la que se representa la comedia humana.
El
relato es un encaje de bolillos precioso y preciosista. Un encaje minucioso y
perfecto, como si fuera el gran teatro del mundo en el que se cuentan historias
de las Mil y una noches. O como si
discurriera ante nosotros una comedia humana hispano francesa de finales del
siglo XIX y principios del XX.
Y
todo, con una constante digressio ornamental,
sostenido por un narrador omnisciente, ambivalente, que se aleja y se acerca a
los personajes, como si fueran marionetas. Un impecable manejo de los hilos de
la intriga, sin dejar cabos sueltos.
Detrás,
la tramoyista ha apoyado su aparato en los pilares
clásicos de la composición:
El
paralelismo de situaciones, la oposición o juego de contrarios, la alternancia
descripción-narración, que marca el ritmo de la novela. Y dos que aquí están
muy destacados: la intertextualidad y la digressio
ornamental o amplificatio.
La
intertextualidad
consiste en hacer referencia a otra obra literaria con la que dialoga el texto, de
forma consciente o inconsciente. Es una forma de enriquecer el sentido y la
trascendencia de lo narrado.
El
concepto tiene su origen en los estudios literarios de Mijaíl
Bajtín (1895-1975), aunque no usó el término "intertextualidad". Sentó
las bases con el concepto “dialogismo”: el texto es un diálogo con voces y
textos previos. Julia Kristeva (1941), acuñó el término intertextualidad en un
artículo dedicado a analizar la obra de Bajtín. Descubrió que todas las obras
literarias son un mosaico de citas, a veces ocultadas por el narrador.
En
ellas los textos previos se relacionan: se absorben, se transforman y enriquecen
el significado. Es una especie de tertulia en el texto, en la que el nuevo
narrador dirige a las voces antiguas. Según el significado que queramos
transmitir invitaremos a unos u a otros. Ese proceso de selección es una decisión
del que escribe.
Unas
veces cita o evoca a las obras o los autores de forma directa. Otras, va dejando las
trazas en el escrito. En esta novela nos llega el eco de una pléyade de
escritos anteriores.
Es
muy evidente el diálogo textual con el soneto más famoso de Pierre de Ronsard
(p. 96); con Cumbres borrascosas de
Emily Brontë (p. 98); con La filosofía en
el tocador del Marqués de Sade (165); con La vida está en otra parte de Milan Kundera; con Madame Bovary de Gustave Flaubert (256).
Asimismo, encontramos referencias a la Comedia
humana de Honoré de Balzac y alusiones a Gargantúa
y Pantagruel de François Rabelais.
Otras
veces son guiños. De repente nos topamos con una pequeña acotación que podría
ser de un esperpento de Valle Inclán: “un bulto más perdido entre la negrura de
las mujeres de los bancos” (p. 171). O una estructura como la de la escena del
entierro de la madre de Isidro, la que comienza con “Antes de la llegada de los
feligreses…” (p. 175), que nos trae a la mente el Réquiem de R. J. Sender.
La digressio ornamental o amplificatio es una técnica recomendada
por los tratados de retórica clásica. Consiste en ir abriendo historias dentro
de otras historias, en ir creando una especie de marasmo, para cerrarlas
después poco a poco. Son escenas, o personajes que aparecen y desaparecen
cuando ya han cumplido su función en el relato. Se trata de crear una atmósfera
de incertidumbre que funcione como un entorno catártico. Es una forma de ayudar
a la protagonista a purgar su culpa.
Además,
Olga, una autora muy premiada en el género del microrrelato, muestra su
destreza. En cada personaje, en cada situación, que abre una historia encuentra
una ocasión para brindarnos un microrrelato. Este es el secreto por el que recordamos
tan bien a la multitud de personajes que pueblan esta comedia humana.
Gracias,
Olga. Ha merecido la pena leer y releer tu libro. He aprendido y he disfrutado
mucho. De verdad.
Carmen Romeo Pemán