Abrimos el nuevo curso escolar todavía con los ecos
del 180 aniversario del instituto que celebramos el curso pasado. De entre
todos los actos, rescatamos para este blog el bautizo de la biblioteca escolar
con el nombre de nuestra antigua alumna y brillante escritora Irene Vallejo,
quien nos acompañó en un día tan especial para la vida del Instituto Goya.
Tras el encuentro con las profesoras Cristina
Baselga, Inocencia Torres y Carmen Romeo,
la escritora Irene Vallejo pudo contemplar de primera mano en el patio el mural
donde aparece junto a la insigne filóloga María Moliner y a la laureada
deportista Marta Pimentel. Este mural sirve, desde que se pintó, como punto de
partida de las visitas guiadas a las bibliotecas del instituto que realizamos con los
nuevos alumnos al comenzar cada curso, como se puede comprobar en antiguas entradas
del blog.
Una vez en la biblioteca, acogimos a Irene con unas
palabras llenas de cariño y de verdad (reproduzco el discurso íntegro al final
de esta reseña del acto). Ella recibió a un público entregado con
agradecimiento, recuerdos y literatura. Ojalá, al leer estas líneas de
evocación, pudiéramos transmitir la emoción que vivimos aquel día de mayo. No
lo olvidaremos.
Como la inauguración de la biblioteca la vivimos
como una celebración de todo el instituto, desde el Departamento de Artes
Plásticas y el Departamento de Lengua y Literatura promovimos varios
concursos para hacer partícipes del momento a nuestros alumnos y a nuestras
alumnas.
En el concurso de Artes, modalidad de marcador de
páginas, las premiadas han sido Lucía Baiges, de 2º E ESO (primer premio), con
“El inventor de las mareas”, y Francesca Noelia Hoban de 2ºB ESO y Fedotova
Uliana de 2ºB ESO (segundo premio ex equo), con “El libro en un junco” y
“Sinergia del ser” respectivamente.
En la modalidad de vinilo para la puerta de la
Biblioteca “Irene Vallejo”, el primer premio lo ha obtenido la alumna de 2º H
de Bachillerato Vanesa Iorga con “Ecos del junco eterno”; el segundo premio ha
sido para Aitana Acedo Serena, del mismo curso, con “El ascenso al mundo
antiguo”.
Con respecto al concurso de relatos, los galardones
han recaído en las obras La carta del pasado, presente y futuro de
Lucía Aranda Acero de 2º ESO F (primer premio de su categoría) y El diario
de los seguidores de Goya de Maximillian Kohut Baran de 4º ESO D
y La sombra que habita la mirada de Lucía Clavería Lechuga de 2º
Bachillerato H (primer premio ex equo de su categoría).
Al finalizar todo lo que teníamos preparado para esta inauguración, Irene Vallejo firmó pacientemente sus obras y no dudó en satisfacer la curiosidad de quien se le acercaba, lo que le agradecemos de corazón, ya que al día siguiente tenía un importante viaje.
Bautizo
de la biblioteca escolar del Instituto Goya como “BIBLIOTECA IRENE VALLEJO”
Compañeros,
amigos y amigas del Instituto Goya, Irene:
Hoy
es un día de emoción, un día especial para todos los que amamos los libros y
estamos comprometidos con el Instituto Goya. Hoy, de manera oficial, damos
nombre a la biblioteca escolar del instituto, a esta biblioteca. Lo
excepcional, a diferencia de la Biblioteca Histórica María Moliner, que
inauguramos oficialmente en marzo, es que tenemos hoy con nosotros a quien va a
dar nombre a esta biblioteca escolar, a Irene Vallejo, antigua alumna.
Esta
biblioteca nació hace quince años por la iniciativa de la profesora Josefina
López y con el apoyo del entonces director, nuestro querido José Antonio Ruiz;
nació, decía, para poder conservar en condiciones los libros históricos y
dejarlos en su espacio original y para dar cabida en un lugar diferente a las
nuevas adquisiciones, tan necesarias. Y así, los libros ilustrados, los cómics,
la literatura juvenil, entre otras lecturas, inauguraron este espacio luminoso
del que enseguida se adueñaron nuestros estudiantes.
Este
verano (esa época en la que se supone que los profesores no trabajan), y parte
del mes de septiembre, con el apoyo de nuestra querida directora, Ana Ínigo, a
través de un duro trabajo, sacamos adelante entre todos, incluido el alumnado,
una reforma que la ha mejorado y por la que hemos ganado más sitio. Todavía
estamos probando algunos aspectos organizativos, la decoración está sin acabar,
es una biblioteca viva.
Los
responsables de esta biblioteca escolar, Josefina López que ideó y organizó
este lugar, Javier Aznar, mi antecesor, con su trabajo discreto e impecable, o
yo misma en la actualidad, intentamos llevar a cabo lo que María Moliner
expresaba en su breve, aunque ilustradora obra, Instrucciones para el
servicio de pequeñas bibliotecas, del año 1937, donde
dice de una manera directa y práctica sobre la labor del bibliotecario:
“Y
ahí radica precisamente tu misión: en conocer los recursos de tu biblioteca y
las cualidades de tus lectores de modo que aciertes a poner en sus manos el
libro cuya lectura les absorba hasta el punto de hacerles olvidarse de acudir a
otra distracción”.
Sin
embargo, en esta época de distracciones tan potentes para nuestros jóvenes
resulta cada vez más difícil lograr atrapar a los lectores. En los últimos años
comprobamos cómo quienes recién llegan al centro devoran los libros de nuestra
biblioteca e incluso pueden llegar a dudar de esta especie de cueva de Alí Babá
que se les entrega. Porque el curso pasado, en una de las visitas con un grupo
de 1º ESO, tras contarles de todo lo que disponían en esta sala, al finalizar,
una muchacha menuda se acercó y me preguntó si estos servicios que les ofrecía
costaban dinero. Otro alumno quería saber si podía venir los recreos de todos
los días o tenía que turnarse con los compañeros. A veces no nos damos cuenta
de la suerte que tenemos. Pero en años posteriores el número desciende en
cuanto se instala el móvil en sus vidas y van quedando como en goteo
estudiantes que siguen sacando libros; se les ve, eso sí, con verdadero placer.
Un goteo que hace que no perdamos del todo la esperanza.
A
través del buzón de sugerencias, sobre todo las alumnas (son más lectoras) nos
escriben los títulos que desean y nos contagian su efusividad sin filtros al
comprobar en la mesa de novedades que su ansiado título por fin ha llegado.
En
este lugar en el que nos encontramos ahora se promueven también actividades,
como la muestra del pasillo, en la que ha colaborado buena parte del
profesorado con una selección de citas literarias para conmemorar el Día del
Libro; realizamos exposiciones en colaboración con el departamento de Artes,
con su siempre dispuesta jefa, Gloria García, al frente; convocamos concursos
literarios … Sobre la mesa he dejado algunas de estas publicaciones que a lo
largo de los años han ido recogiendo las ficciones de nuestros jóvenes
escritores, de nuestras escritoras. Por ejemplo, los del concurso de la
Literatura de Misterio y Terror, que ya va por la decimoséptima edición y que
pronto saldrá a la luz ilustrada por el alumnado del Bachillerato de Artes del
instituto.
Aquí,
en los recreos, se completan deberes, se dan los últimos repasos, y a veces
sirve como fortaleza y castillo eventual o permanente para quienes no
encuentran su sitio entre sus iguales durante este tiempo. A todos ellos, a
todas las alumnas que vienen a esta biblioteca escolar por una razón u otra
aconsejamos, sobre todo escuchamos, los que estamos al frente de esta
biblioteca, yo como encargada en la actualidad, pero junto a mí un grupo de
empeñados profesores. Como nos recuerda
Irene Vallejo en el Manifiesto por la lectura con palabras sencillas
pero rotundas “Es imprescindible cuidar a quien lee”.
Pero
esto no puede ser tarea de unos pocos profesores, ni siquiera de unos pocos
departamentos. En estos tiempos, la resistencia y el compromiso tienen que ser
misión de todos.
Por
ello, tengo que retomar las demandas del día de la inauguración de la
Biblioteca Histórica María Moliner.
En
primer lugar, pido un compromiso institucional para que las bibliotecas tengan
un presupuesto anual propio en nuestra comunidad, porque todo lo que se gasta,
también los ejemplares que compramos para la tertulia, pese a estar dentro del
programa oficial “Leer juntos” sale del presupuesto no muy holgado del
instituto. Por supuesto también las reformas. También solicito que se faciliten
los medios para la conservación y la consulta de los fondos de la Biblioteca
Histórica María Moliner. Por otro lado, necesitamos un apoyo a la lectura
también en los programas de Bachillerato, sobre todo en las condiciones de su
aplicación. Y necesitamos recuperar la sensatez al respecto en los currículos
de algunas materias porque entre prisas
y desesperación de profesores y alumnos es imposible la promoción de la lectura
y mucho menos el disfrute, como bien nos lo confiesan incluso las alumnas
lectoras de siempre que aún conservamos al llegar a 2º de Bachillerato.
Tomemos, por favor, en serio estas palabras del Manifiesto
por la lectura:
“Leer
no solo nos enseña a superar desniveles y reparar ruinas, es también gimnasia
que vela por nuestra salud”.
Finalmente,
llegamos al momento más emocionante. Después de hablar de todo lo que nos
importa este lugar, decimos que, a propuesta de quienes conforman la tertulia
literaria del Instituto Goya desde hace más de 15 años, presentes ahora aquí, y
con la aprobación del claustro de profesores por unanimidad, hacemos en estos
momentos oficial el nombre de Biblioteca Escolar Irene Vallejo.
La
justificación del nombre para nuestra biblioteca escolar es sencilla. Y aunque
tu trayectoria, Irene, ya es larga, como se puede comprobar en la selección de
algunas de tus obras que hemos expuesto en la mesa, solo con El infinito en
un junco has extendido en más de cuarenta idiomas el placer por el
conocimiento del mundo clásico, de sus autores y de sus autoras, por todos los
rincones, no solo desde el papel, sino con tu presencia activa en largos
periplos por América Latina, por ejemplo, o recientemente en tierras de Egipto.
Como una nómada de los relatos llevas también por medio de la palabra oral tus
historias hasta quienes te escuchan, que son muchos, y la llevas a lugares
señeros, como a la Nueva Biblioteca de Alejandría hace unos días, o a espacios
más sencillos pero importantes, como a escuelas o institutos, de pequeños
pueblos o de tu ciudad, como ahora en el Instituto Goya, tu instituto.
Has
seguido manteniendo una estrecha relación, como acabamos de ver, con antiguas
profesoras y has vuelto ya como autora a la tertulia de nuestro centro,
momentos que todavía resuenan en el blog de esta biblioteca “El hacedor de
sueños” en unas reseñas de 2015, en las que elogian ya lo que el tiempo después
ha confirmado. De ese día conservamos en el ejemplar que nos regalaste de El
silbido del arquero la siguiente dedicatoria: “Para la biblioteca del
Instituto Goya este libro de una antigua alumna que aquí soñaba los argumentos
para novelas futuras”.
Nos sentimos en el Goya parte de la
precuela de tu exitosa vida actual. Y no hablo solo de la brillantez
intelectual, que desbordas, y así como moscas acudimos a tu miel, que son las
historias propias y también de otros, de otras, pasadas por tus labios,
modeladas por tu especial sensibilidad y por tu dulce voz. Hablo además de
otras cualidades que cualquier miembro del claustro en estos 180 años de
educación del Instituto Goya ni se habría atrevido a soñar en sus estudiantes:
brillante en conocimientos, elocuente, generosa, atrevida, apasionada. Tu
elegancia y dulzura envuelven asimismo unas sólidas convicciones que te llevan
a defender lo público, la sanidad, la educación, como garantía de justicia
social. En el resumen que preparé para alumnos y profesores sobre ti,
finalizaba con algo que te define muy bien además de lo evidente ya señalado,
botón que ojalá quedara como enseña de nuestro centro: “Es una buena
persona y precisamente defiende un mundo más justo en el que las personas
buenas no sean vistas como débiles”.
Hoy
el Instituto Goya te devuelve lo que tú has sembrado en quienes formamos
actualmente esta comunidad de casi dos siglos; y así tu nombre nombrará nuestra
biblioteca escolar anexa a la que tu viviste y usaste como estudiante, en la
que quizá se concibió ese premiado relato, La fisonomía del soldado, que
inauguró tu carrera literaria todavía en el instituto, premio que fuiste a
recoger junto a tu profesora de Literatura Carmen Romeo a Madrid. Te has
convertido en la biblioteca de tu propio instituto. Representas el pasado,
presente y futuro de esta institución.
Y
cada año explicaremos en esta biblioteca a quienes acudan al centro por primera
vez quién eres y lo que significas para nuestra casa: conocimiento compartido,
fantasía, justicia, gratitud, generosidad, cuidado… En definitiva, amor, el que derrochas, el que
provocas. Gracias, Irene, por volver nuevamente al Instituto Goya y por aceptar
esta invitación. Tu presencia aquí hoy nos recuerda que esto vale la pena, que
sí tú confías nosotros también lo haremos.

