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domingo, 21 de junio de 2015

Romance del amor más poderoso que la muerte (Romance del Conde Niño)





       ROMANCE
del amor más poderoso que la muerte

    Conde Niño, por amores
es niño y pasó la mar;
va a dar agua a su caballo
la mañana de San Juan.
Mientras el caballo bebe,
él canta dulce cantar;
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar,
caminante que camina
olvida su caminar,
navegante que navega,
la nave vuelve hacia allá.
    La reina estaba labrando[1],
la hija durmiendo está:
-Levantaos, Albaniña,
de vuestro dulce folgar[2],
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar.
-No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
sino es el Conde Niño,
que por mi quiere finar.
¡Quién le pudiese valer
es su tan triste penar!
-Si por tus amores pena,
¡oh, malhaya[3] su cantar!,
y porque nunca los goce,
yo le mandaré a matar.
-Si le manda  matar, madre,
juntos nos han de enterrar.
     El murió a la medianoche,
ella a los gallos cantar;
a ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar;
a él, como hijo de conde,
unos pasos más atrás.
De ella nació un rosal blanco,
dél nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar;
las ramitas que se alcanzan,
fuertes abrazos se dan,
y las que no se alcanzaban,
no dejan de suspirar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó  cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.
De ella naciera una garza,
dél un fuerte gavilán;
juntos vuelan por el cielo.
juntos vuelan par a par.





[1] labrando, cosiendo o bordando.
[2] folgar, holgar, descansar.
[3] malhaya,  que sea maldito.
Una versión de  este romance, muy mal conservada, aparece ya en un cancionero de finales del siglo XV. Su difusión oral debió de ser muy amplia pues existen numerosas variantes, tanto en castellano como en catalán y gallego. La que ofrecemos aquí se encuentra en Flor nueva de romances viejos, de Ramón Menéndez Pidal, quien tuvo  en cuenta las numerosas versiones modernas encontradas   en la Península, en América, Marruecos y Oriente. La mayor parte de estas versiones están contaminadas con la del Infante Arnaldos (motivos de la mañana de san Juan,  la orilla del mar y el canto órfico).  De autor anónimo, forma parte de la colección de romances denominada Romancero viejo, y pertenece al grupo de romances novelescos, que desarrollan temas y asuntos variados, si bien predominan los de asunto amoroso, como ocurre en el romance que nos ocupa.

En él, la mañana de san Juan la reina escucha la hermosa canción del Conde Niño y, al saber que el objeto del amor expresado en  la canción es la hija de la reina (la infanta), lo manda matar por no considerarlo digno de ella, a pesar de los ruegos de la infanta. Al conocer la muerte de su amado, esta muere de dolor. Ambos reciben sepultura en la misma iglesia pero en distintos lugares, acordes con la diferencia social que los separaba en vida. Sin embargo, la muerte no pone fin a su amor, pues los amantes vuelven a unirse  por medio del rosal y el espino nacidos de sus respectivas tumbas. La reina, furiosa, los manda cortar, pero las aves que surgen de los arbustos cortados  vuelan juntas por el cielo, lejos ya del alcance de la reina. 

Esta dramática historia de amor, celos y venganza, en la que la fuerza del amor vence al odio y a la muerte, comienza en la mañana del día de san Juan (el 24 de junio), momento mágico próximo al solsticio de verano en el que culmina la "estación del amor", iniciada en el mes de mayo.  Menéndez Pidal señala que el motivo de las maravillosas transformaciones de los dos amantes perseguidos  se halla en las literaturas orientales y en las europeas, por lo que está considerada como una leyenda universal. Otro tanto ocurre con el vínculo entre el amor y la muerte, presente en la literatura desde la antigüedad.

Escucha el romance, interpretado por Paco Ibáñez:


También puedes escuchar otra versión distinta, en las voces de María Elena Walsh y Leda Valladares:

En este enlace encontrarás un comentario de texto   de una versión algo diferente:

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