EL BLOG DE LA BIBLIOTECA "IRENE VALLEJO" DEL IES GOYA DE ZARAGOZA


biblioteca.ies.goya@gmail.com


Mostrando entradas con la etiqueta Pedro Salinas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pedro Salinas. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de octubre de 2013

"¡Si me llamaras, sí...!", de Pedro Salinas


Pintura de Jack Vettriano

[4]

¡Si me llamaras, sí;
si me llamaras!

Lo dejaría todo,
todo lo tiraría;
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú que no eres mi amor,
¡si me llamaras!

Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
-¡si me llamaras, sí; si me llamaras!-
será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.
Nunca desde los labios que te beso,
nunca
desde la voz que dice: "No te vayas."

          (Pedro Salinas, de La voz a ti debida, 1933)

[Selección del profesor  Arturo Ansón Navarro]

La voz a ti debida pertenece a la segunda etapa de la producción poética de Pedro Salinas (1891-1951). Con Razón de amor y Largo lamento, constituye una especie de "cancionero sentimental", una trilogía sobre el amor, entendido este como proceso de autoconocimiento del yo a partir del tú. La voz a ti debida, que toma el título de Garcilaso de la Vega, está concebido como un largo poema dividido en setenta secuencias, sin título ni orden numérico, que refleja las distintas fases de una relación amorosa y la reflexión sobre el amor efectuada por el yo poético. Para Monserrat Escartín,  el verdadero protagonista  del libro es "la etopeya de la amada, su ser íntimo desvelado para que ella lo reconozca. Ayudarla en su autoconocimiento es casi una pedagogía amorosa por parte del enamorado, cual socrático partero que ha rechazado su ser aparente y se esfuerza en asistirla en el alumbramiento de su identidad" para intentar "sacar/ de ti tu mejor yo./ Ese que no te viste y que yo veo / nadador por tu fondo". 
   Durante algún tiempo la crítica ha dudado de la existencia real de esa amada, pero hoy se sabe con certeza que estos poemas se basan en un amor real, el que el poeta vivió con la profesora estadounidense Katherine Whitmore, a quien conoció en Madrid en 1932, durante un curso sobre la Generación del 98 impartido por el poeta. La relación, extramatrimonial (Salinas estaba casado), fue corta pero intensa, con largos periodos de ausencia.
   El poema seleccionado pertenece  a la primera parte del libro (poemas 1-18), que corresponde a la fase del nacimiento del amor: la búsqueda, los primeros encuentros, proposiciones y dudas. El yo poético expresa su anhelo de profundizar en la relación amorosa existente, buscando ir "más allá", en una exigencia de plenitud y de absoluto. La crítica destaca el extraordinario efecto expresivo de la enumeración caótica (versos 5-9), en la que el poeta mezcla todos los elementos de la vida cotidiana que dejan de tener sentido e importancia ante el hallazgo de un amor excepcional.

Entradas relacionadas:



domingo, 17 de junio de 2012

"A ti sólo se llega", de Pedro Salinas



A ti sólo se llega
por ti. Te espero.

Yo sí que sé dónde estoy,
mi ciudad, la calle, el nombre
por el que todos me llaman.
Pero no sé dónde estuve
contigo.
Allí me llevaste tú.


¿Cómo
iba a aprender el camino
si yo no miraba a nada
más que a ti,
si el camino era tu andar,
y el final
fue cuando tú te paraste?
¿Qué más podía haber ya
que tú ofrecida, mirándome?

Pero ahora,
¡qué desterrado, qué ausente
es estar donde uno está!
Espero, pasan los trenes,
los azares, las miradas.
Me llevarían adonde
nunca he estado. Pero yo
no quiero los cielos nuevos.
Yo quiero estar donde estuve.
Contigo, volver.
¡Qué novedad tan inmensa
eso, volver otra vez,
repetir lo nunca igual
de aquel asombro infinito!
Y mientras no vengas tú
yo me quedaré en la orilla
de los vuelos, de los sueños,
de las estelas, inmóvil.
Porque sé que adonde estuve
ni alas, ni ruedas, ni velas
llevan.
Todas van extraviadas.
Porque sé que adonde estuve
sólo
se va contigo, por ti.


 (Pedro Salinas, de La voz a ti debida, 1933)


[Selección de la profesora Carmen Sancho]


Puedes leer más sobre el autor en este blog:


domingo, 3 de octubre de 2010

"¡Qué alegría vivir...!", de Pedro Salinas



¡Qué alegría, vivir
sintiéndose vivido!
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
me está viviendo.
Que cuando los espejos, los espías
-azogues, almas cortas-, aseguran
que estoy aquí, yo inmóvil,
con los ojos cerrados y los labios,
negándome al amor
de la luz, de la flor y de los hombres,
la verdad trasvisible es que camino
sin mis pasos, con otros,
allá lejos, y allí
estoy buscando flores, luces, hablo.
Que hay otro ser por el que miro el mundo
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas por mi gran silencio;
y es que también me quiere con su voz.
La vida -¡qué transporte ya!-, ignorancia
de lo que son mis actos, que ella hace,
En que ella vive, doble, suya y mía.
Y cuando ella me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
De haber tocado lo que no toqué
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías, tan distantes.
y todo enajenado podrá el cuerpo
descansar, quieto, muerto ya. Morirse
en la alta confianza
de que este vivir mío no era sólo
mi vivir: era el nuestro. Y que me vive
otro ser por detrás de la no muerte.

           (Pedro Salinas, La voz a ti debida)

[Selección de la profesora Carmen Sancho]


Pedro SALINAS (Madrid, 1891-Boston, 1951). Miembro del grupo poético del 27. Hombre de amplísima cultura, fue catedrático de universidad en Murcia y Sevilla. Con la Guerra Civil se exilió e impartió clases en diversas universidades americanas hasta su muerte.
Su producción poética suele agruparse en tres etapas. A la primera, influenciada por la poesía pura de Juan Ramón Jiménez y por el vanguardismo, pertenecen los libros Presagios, 1923; Seguro azar, 1929; y Fábula y signo, 1931. A estos sigue la trilogía amorosa que convierte a Salinas en el poeta del amor, formada por La voz a ti debida, 1931; Razón de amor, 1936; y Largo lamento (inédito hasta 1975). Sus últimos libros (El contemplado, 1946; Todo más claro, 1949; y Confianza, 1955) muestran el desencanto del hombre que vio la guerra y conoció el exilio.

El amor en la poesía de Pedro Salinas está íntimamente ligado al vivir. Vivir es en este poema verbo transitivo para expresar una acción que se trasmite de la amada al amado, de manera que la amada te vive;  te vive quien te ama, identificando así amor y vida

Puedes leer otro poema del autor en: