EL BLOG DE LA BIBLIOTECA DEL I.E.S. "GOYA" DE ZARAGOZA


biblioteca.ies.goya@gmail.com


domingo, 25 de junio de 2017

"Romance del infante Arnaldos"




  EL INFANTE ARNALDOS


  
 ¡Quién  hubiera tal ventura
sobre las aguas del mar
como hubo el infante Arnaldos
la mañana de san Juan!
Andando a buscar la caza
para su falcón cebar[1],
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas,
la jarcia[2] de oro torzal[3],
áncoras tiene de plata,
tablas de fino coral.
Marinero que la guía
diciendo viene un cantar,
que la mar ponía en calma,
los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo,
arriba los hace andar;
las aves que van volando,
al mástil vienen posar.
   Allí habló el infante Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
-Por tu vida, el marinero,
dígasme[4] ora ese cantar.
   Respondióle el marinero,
tal respuesta le fue a dar:
-Yo no digo mi canción
sino a quien conmigo va.



[1] su falcón cebar, entrenar su halcón para la caza.
[2] jarcia, jarcias, aparejos y cabos de un barco.
[3] oro torzal, cordoncillo de seda entretejido con oro.
[4] dígasme ora, dime ahora.


Esta versión  del "Romance del infante Arnaldos", que acaba con un corte repentino -el final de "más tensión poética", según Menéndez Pidal, "pues da a la canción del marinero un misterio inefable"-, fue divulgada por cancioneros y pliegos sueltos en el siglo XVI. Incluida por Menéndez Pidal en Flor nueva de romances viejos (1938), está considerada como una obra maestra del Romancero.
  En la mágica mañana de san Juan, el infante Arnaldos (conde, en otras versiones) presencia un suceso prodigioso: la aparición de una fantástica galera construida con materiales preciosos, en la que viaja un misterioso marinero que, como un nuevo Orfeo, con el poder de su canto atrae y domina los elementos  de la naturaleza (el mar, el viento, las aves y los peces). El infante  conmina al marinero para que le diga su cantar, pero la respuesta de este indica que la revelación del poderoso canto conlleva afrontar el riesgo de embarcarse en una aventura desconocida.
   Los estudiosos lo clasifican como un romance novelesco centrado en el poder órfico del canto del marinero, ya que la "ventura" no llega a conocerse, y la negativa del marinero potencia su ambigüedad y su misterio. Por otra parte, está considerado como un texto fragmentario por el desequilibrio existente entre la extensa introducción y su rápido y abrupto final, aparentemente truncado.
  
Existen otras versiones y variantes de este romance, pertenecientes unas a la tradición escrita y otras a la oral:
  1. La del Cancionero de Amberes sin año, publicada entre 1548 y 1549 es  para algunos estudiosos la más lograda estéticamente. Presenta un final abrupto y es muy similar a la recogida por Menéndez Pidal. 
  2. La de uno de los manuscritos (Ms Add. 10.430) del Cancionero de Londres, fechada entre 1430 y 1440, cuyo final está contaminado  por el "Romance del Conde Olinos"*.
  3. La variante del Cancionero de Amberes de 1550 y de ediciones posteriores del mismo, en que se introduce la canción del marinero tras el verso 18 de la versión del Cancionero de Amberes s. a.
  4. En un pliego suelto del siglo XVI de la Biblioteca Universitaria de Praga, se conserva una variante muy similar a la del Cancionero de 1550, pero con la canción algo más breve.
  5. Posteriormente se recogieron entre los sefardíes de Marruecos otras versiones orales que introducen nuevos episodios. La más famosa, recogida en 1944, es la que incluye Paul Bénichon en su Romancero judeo español de Marruecos
A partir de estas versiones más extensas -que aclaran la gran ventura a la que se alude en el primer verso: hallar a sus familiares-, Menéndez Pidal reconstruye la supuesta "versión original completa", un romance de aventuras y reconocimientos en el que "el infante Arnaldos se embarca en la nave desconocida y encuentra en ella a sus familiares y criados, que andaban buscándole" (Flor nueva de romances viejos, pág. 204). Es decir, el romance continúa en estas versiones con la entrada del infante en la galera, el cautiverio, su confesión de que es hijo del rey de Francia y la respuesta final del marinero: "Si tú me dices verdá /tú eres nuestro infante Arnaldos, /y a ti andamos a buscar [...]", tras lo cual el infante es devuelto a su patria de la que estaba ausente desde hacía mucho tiempo. 

Menéndez Pidal ("Poesía tradicional en el Romancero hispano-portugués", 1943) explica también  que "la misteriosa negativa del marinero, así como todos los elementos fantásticos descriptivos [...] fueron introducidos en varias refundiciones posteriores". Y añade:
En versiones sucesivas se ve patente el intento de varios recitadores de suprimir esa repatriación final como no interesante. Un recitador tuvo la feliz idea de dar fin al romance en la respuesta esquiva del marinero [...]. Otro recitador añadió los versos de la descripción ideal de la galera. Otro, en fin, tomó de otro romance los dos versos que describen el poder sobrenatural del canto.
Sin embargo, no faltan los estudiosos que dudan de que la "versión completa" narre la "verdadera historia del infante Arnaldos", entre otros motivos, porque la crítica no se ha puesto de acuerdo sobre la antigüedad de las versiones, es decir, sobre si la del Cancionero de Amberes s. a.  es un fragmento de la de Bénichon o si esta es una ampliación de la primera. Itziar López Guil ("Romancero y tradición oral: hacia una nueva interpretación del Romance del Conde Arnaldos", en Blätter im Wind: Homenaje a Maya Schärer-Nussberger, 2006) observa que  si la versión más difundida fuese un fragmento indicaría que, en la época en que se imprimió, se entendió como un texto completo y los versos que supuestamente faltan, como información superficial. Por el contrario, si a dicha versión se le añadieron versos posteriormente, es porque en esa época el texto no resultaba ya comprensible y se le incorporaron elementos que le dieran sentido para la comunidad que lo cantaba.

Sin duda, podemos aplicar a la versión seleccionada lo que Itziar López Guil dice sobre la versión 1: defiende el carácter no fragmentario del romance, basándose en su peculiar estructura proléptica, esto es, que la exclamación inicial anticipa el final del relato:
Señalar que el conde Arnaldos fue afortunado sobre las aguas del mar implica necesariamente que el conde Arnaldos subió al barco después de su conversación con el marinero; y también que esa acción tuvo un resultado positivo, aquel que el narrador desearía para sí mismo.  No se trata de un relato "incompleto" sino que en él sigue una estrategia narrativa que busca poner de relieve no tanto el desenlace como la condición impuesta por el marinero al conde Arnaldos, reservándole el lugar más destacado del texto, el que normalmente ocupa el final de la acción narrada.
También  señala que, como consecuencia de la depuración a que se ha visto sometido el romance debido a su trasmisión oral, se produce una condensación de significados en sus significantes, que acaban convertidos en símbolos, empleados para referirse a un significado distinto del literal. De acuerdo con ello, el romance tendría un sentido literal y otro simbólico.
    El primer indicio de su carácter  simbólico es la mención a la mañana de san Juan, pues en la lírica tradicional "hallarse cerca del agua en la mañana de San Juan es sinónimo de búsqueda amorosa". Cuando el sujeto es un hombre, como en este caso, la búsqueda suele representarse por medio de la actividad cinegética, la que realiza el infante, que anda "a buscar la caza /para su falcón cebar", actividad para la que no parece muy apropiado el lugar elegido, la orilla del mar, salvo que lo interpretemos en clave simbólica, como "caza de amor"*.

Ya A. Hauf y J. M.  Aguirre ("El simbolismo mágico-erótico de El infante Arnaldos", 1969) habían interpretado el romance en clave simbólica amorosa, pero la profesora López Guil introduce algunas novedades. Considera la galera como símbolo del cuerpo femenino (se describe su belleza y se personifica mediante la expresión de su deseo: "a tierra quiere llegar").  El marinero que gobierna la galera representa la parte reflexiva del ser humano, que domina los deseos corporales.  La galera quiere llegar a tierra, el ámbito de la caza amorosa, pero el marinero la obliga a permanecer en el agua, y con su canto calma el mar y el viento (las pasiones y el espíritu) y atrae a sus habitantes: los peces (símbolo de la fecundidad) y a las aves, pertenecientes al mundo superior. Es decir, la mujer, con su canto, calma el impulso pasional del hombre. El infante desea que el marinero le diga la canción que calma sus pasiones y su espíritu, pero la respuesta del marinero le indica que  para ello "ha de arriesgarse a compartir su viaje con la mujer, que es barco y marinero". La mujer no debe acceder al territorio de la caza, sino persuadir al hombre "acogiéndole en su bella galera". Itziar López Guil concluye que el romance "no solo relata una experiencia sexual, sino que expone pautas comportamentales que aseguran, tanto para el hombre como para la mujer, una venturosa relación amorosa".

Esta es una de las posibles interpretaciones, pero López Guil apunta también la posibilidad de una lectura metapoética, según la cual, la mañana de san Juan remitiría al momento "cuasi mágico" de la creación, y la caza a la búsqueda poética, mientras que el barco y el marinero serían "el material poético que sólo puede lograr si se aventura, si se compromete en su actividad". Existen, no obstante,  otras interpretaciones: sentido místico y religioso, relación esotérica con el trasmundo o el poder órfico del canto, ya que, como expresa López Guil, el poema es una "encrucijada de símbolos que se superponen y coexisten".



En este enlace encontrarás un comentario de texto del romance:

*Entradas relacionadas:


No hay comentarios:

Publicar un comentario