EL BLOG DE LA BIBLIOTECA "IRENE VALLEJO" DEL IES GOYA DE ZARAGOZA


biblioteca.ies.goya@gmail.com


Mostrando entradas con la etiqueta Pablo Neruda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pablo Neruda. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de abril de 2024

"Oda al libro II", de Pablo Neruda


© Chris Ware. GETTY IMAGES



ODA AL LIBRO (II)

LIBRO
hermoso,
libro,
mínimo bosque,
hoja
tras hoja,
huele
tu papel
a elemento,
eres
matutino y nocturno,
cereal,
oceánico,
en tus antiguas páginas
cazadores de osos,
fogatas
cerca del Mississippi,
canoas
en las islas,
más tarde
caminos
y caminos,
revelaciones,
pueblos
insurgentes,
Rimbaud como un herido
pez sangriento
palpitando en el lodo,
y la hermosura
de la fraternidad,
piedra por piedra
sube el castillo humano,
dolores que entretejen
la firmeza,
acciones solidarias,
libro
oculto
de bolsillo
en bolsillo,
lámpara
clandestina,
estrella roja.

Nosotros
los poetas
caminantes
exploramos
el mundo,
en cada puerta
nos recibió la vida,
participamos
en la lucha terrestre.
Cuál fue nuestra victoria?
Un libro,
un libro lleno
de contactos humanos,
de camisas,
un libro
sin soledad, con hombres
y herramientas,
un libro
es la victoria.
Vive y cae
como todos los frutos,
no sólo tiene luz,
no sólo tiene
sombra,
se apaga,
se deshoja,
se pierde
entre las calles,
se desploma en la tierra.
Libro de poesía
de mañana,
otra vez
vuelve
a tener nieve o musgo
en tus páginas
para que las pisadas
o los ojos
vayan grabando
huellas:
de nuevo
descríbenos el mundo
los manantiales
entre la espesura,
las altas arboledas,
los planetas
polares,
y el hombre
en los caminos,
en los nuevos caminos,
avanzando
en la selva,
en el agua,
en el cielo,
en la desnuda soledad marina,
el hombre
descubriendo
los últimos secretos,
el hombre
regresando
con un libro,
el cazador de vuelta
con un libro,
el campesino arando
con un libro.

(De Odas elementales, 1954)


Con este poema de Pablo Neruda nos sumamos a la celebración del Día Internacional del Libro,  sobre la que encontrarás información AQUÍ.

Otros poemas de Pablo Neruda en este blog:
-"Tu risa": AQUÍ.
-"La reina": AQUÍ.
-"Oda a la sandía": AQUÍ.
-"Oda al otoño": AQUÍ.
-"Oda al primer día del año": AQUÍ.

domingo, 27 de septiembre de 2020

"Oda al otoño", de Pablo Neruda


Otoño en la comarca del Jiloca, Teruel. Foto: Josefina López


Oda al otoño

Ay cuánto tiempo
tierra
sin otoño,
cómo
pudo vivirse!
Ah qué opresiva 
náyade
la primavera
con sus escandalosos
pezones
mostrándolos en todos
los árboles del mundo,
y luego
el verano,
trigo,
trigo,
intermitentes
grillos,
cigarras,
sudor desenfrenado.
Entonces
el aire
trae por la mañana
un vapor de planeta.
Desde otra estrella
caen gotas de plata.
Se respira
el cambio
de fronteras,
de la humedad al viento,
del viento a las raíces.
Algo sordo, profundo,
trabaja bajo la tierra
almacenando sueños.
La energía se ovilla,
la cinta
de las fecundaciones
enrolla
sus anillos.

Modesto es el otoño
como los leñadores.
Cuesta mucho
sacar todas las hojas
de todos los árboles
de todos los países.
La primavera 
las cosió volando
y ahora
hay que dejarlas
caer como si fueran
pájaros amarillos.
No es fácil.
Hace falta tiempo.
Hay que correr por todos
los caminos,
hablar idiomas,
sueco,
portugués,
hablar en lengua roja,
en lengua verde.
Hay que saber
callar en todos
los idiomas
y en todas partes,
siempre
dejar caer,
caer,
las hojas.

Difícil
es 
ser otoño,
fácil ser primavera.
Encender todo
lo que nació
para ser encendido.
Pero apagar el mundo
deslizándolo
como si fuera un aro
de cosas amarillas,
hasta fundir olores,
luz, raíces,
subir vino a las uvas,
acuñar con paciencia
la irregular moneda
del árbol en la altura
derramándola luego
en desinteresadas
calles desiertas,
es profesión de manos
varoniles,
Por eso,
otoño,
camarada alfarero,
constructor de planetas,
electricista,
preservador de trigo, 
te doy mi mano de hombre
a hombre
y te pido me invites
a salir a caballo,
a trabajar contigo.
Siempre quise
ser aprendiz de otoño,
ser pariente pequeño
del laborioso
mecánico de altura,
galopar por la tierra
repartiendo
oro,
inútil oro.
Pero, mañana,
otoño,
te ayudaré a que cobren
hojas de oro
los pobres del camino.

Otoño, buen jinete,
galopemos,
antes que nos ataje
el negro invierno.
Es duro
nuestro largo trabajo.
Vamos
a preparar la tierra
y a enseñarla
a ser madre,
a guardar las semillas
que en su vientre
van a dormir cuidadas
por dos jinetes rojos
que corren por el mundo:
el aprendiz de otoño
y el otoño.

Así de las raíces
oscuras y escondidas
podrá salir bailando
la fragancia
y el velo verde de la primavera.

De Odas elementales, 1954

Entrada relacionada:

http://elhacedordesuenos.blogspot.com/2012/09/oda-la-sandia-de-pablo-neruda.html

domingo, 31 de diciembre de 2017

"Oda al primer día del año", de Pablo Neruda


Año Nuevo en  Ciudad de México, Ángel de la Independencia



Oda al primer día del año

Lo distinguimos
como
si fuera
un caballito
diferente de todos
los caballos.
Adornamos
su frente
con una cinta,
le ponemos
al cuello cascabeles colorados,
y a medianoche
vamos a recibirlo
como si fuera
explorador que baja de una estrella.

Como el pan se parece
al pan de ayer,
como un anillo a todos los anillos:
los días
parpadean
claros, tintineantes, fugitivos,
y se recuestan en la noche oscura.

Veo el último
día
de este
año
en un ferrocarril, hacia las lluvias
del distante archipiélago morado,
y el hombre
de la máquina,
complicada como un reloj del cielo,
agachando los ojos
a la infinita
pauta de los rieles,
a las brillantes manivelas,
a los veloces vínculos del fuego.

Oh conductor de trenes
desbocados
hacia estaciones
negras de la noche.
este final
del año
sin mujer y sin hijos,
no es igual al de ayer, al de mañana?
Desde las vías
y las maestranzas
el primer día, la primera aurora
de un año que comienza,
tiene el mismo oxidado
color de tren de hierro:
y saludan
los seres del camino,
las vacas, las aldeas,
en el vapor del alba,
sin saber
que se trata
de la puerta del año,
de un día
sacudido
por campanas,
adornado con plumas y claveles.

La tierra
no lo
sabe:
recibirá
este día
dorado, gris, celeste,
lo extenderá en colinas,
lo mojará con
flechas
de
transparente
lluvia,
y luego
lo enrollará
en su tubo,
lo guardará en la sombra.

Así es, pero
pequeña
puerta de la esperanza,
nuevo día del año,
aunque seas igual
como los panes
a todo pan,
te vamos a vivir de otra manera,
te vamos a comer, a florecer,
a esperar.
Te pondremos
como una torta
en nuestra vida,
te encenderemos
como candelabro,
te beberemos
como
si fueras un topacio.

Día
del año
nuevo,
día eléctrico, fresco,
todas
las hojas salen verdes
del
tronco de tu tiempo.

Corónanos
con agua,
con jazmines
abiertos,
con todos los aromas
desplegados,
sí,
aunque
sólo
seas
un día,
un pobre
día humano,
tu aureola
palpita
sobre tantos
cansados
corazones,
y eres,
oh día
nuevo,
oh nube venidera,
pan nunca visto,
torre
permanente!

De Tercer libro de las odas, 1957

Entrada relacionada:

domingo, 2 de septiembre de 2012

"Oda a la sandía", de Pablo Neruda



Oda a la sandía


El árbol del verano 
intenso,
invulnerable,
es todo cielo azul,
sol amarillo,
cansancio a goterones,
es una espada
sobre los caminos,
un zapato quemado
en las ciudades:
la claridad, el mundo
nos agobian,
nos pegan en los ojos
con polvareda,
con súbitos golpes de oro,
nos acosan
los pies
con espinitas, 

con piedras calurosas,
y la boca
sufre
más que todos los dedos:
tienen sed
la garganta,
la dentadura,
los labios y la lengua:
queremos
beber las cataratas,
la noche azul,
el polo,
y entonces
cruza el cielo 

el más fresco de todos 
los planetas, 
la redonda, suprema 
y celestial sandía. 
Es la fruta del árbol de la sed. 
Es la ballena verde del verano.


El universo seco
de pronto
tachonado
por este firmamento de frescura
deja caer
la fruta
rebosante:
se abren sus hemisferios
mostrando una bandera
verde, blanca, escarlata
que se disuelve 

en cascada, en azúcar,
¡en delicia!


¡Cofre de agua, plácida
reina
de la frutería,
bodega
de la profundidad, luna
terrestre! 
¡Oh pura, 
en tu abundancia 
se deshacen rubíes 
y uno 
quisiera 
morderte 
hundiendo 
en ti 
la cara, 
el pelo, 
el alma! 
Te divisamos 
en la sed 
como 
mina o montaña 
de espléndido alimento, 
pero te conviertes 
entre la dentadura y el deseo 
en sólo 
fresca luz 
que se deslíe, 
en manantial 
que nos tocó 
cantando. 
Y así 
no pesas, 
sólo 
pasas 
y tu gran corazón de brasa fría 
se convirtió en el agua 
de una gota.

(Pablo Neruda,  de Las Odas Elementales, 1954)

Pablo Neruda (1904-1973) escribe Las Odas Elementales en su etapa de madurez, tras su Canto General.  Empezó a componerlas a propuesta de Miguel Otero Silva, director de El Nacional de Caracas, que le pidió una colaboración semanal de poesía para su periódico. Neruda aceptó con la condición de que no se incluyeran en el suplemento literario sino en las páginas dedicadas a crónicas. Con ellas se propone crear un extenso poema que sea una visión totalizadora de la realidad a partir de las cosas sencillas y cotidianas, "publicar una larga historia de este tiempo, de sus cosas, de los oficios, de las gentes, de las frutas, de las flores, de la vida, de mi posición, de la lucha, en fin, de todo lo que podía englobar de nuevo en un vasto impulso cíclico mi creación". Las Odas Elementales tendrán su continuación en Nuevas Odas Elementales (1956), Tercer Libro de Odas (1957) y Navegaciones y Regresos (1959).


domingo, 18 de septiembre de 2011

"La reina", de Pablo Neruda

"Y cuando asomas / suenan todos los ríos..."/
Foto: Josefina López



         LA REINA

Yo te he nombrado reina.
Hay más altas que tú, más altas.
Hay más puras que tú, más puras.
Hay más bellas que tú, hay más bellas.
Pero tú eres la reina.
Cuando vas por las calles
nadie te reconoce.
Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira
la alfombra de oro rojo
que pisas donde pasas
la alfombra que no existe.

Y cuando asomas
suenan todos los ríos
en mi cuerpo, sacuden
el cielo las campanas,
y un himno llena el mundo.

Solo tú y yo,
solo tú y yo, amor mío,
lo escuchamos.

De Los versos del capitán, 1952




[Selección de la profesora Carmen Argón]

 Otros poemas del autor en este blog:
http://elhacedordesuenos.blogspot.com.es/2011/03/poema-de-la-semana_13.html

domingo, 13 de marzo de 2011

"Tu risa", de Pablo Neruda

Pablo Neruda con Matilde Urrutia



               Tu risa

Quítame el pan si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de planta que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí todas
las puertas de la vida.

Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.

                (Pablo Neruda, de Los versos del capitán)

[Selección: Pablo Giménez Delgado, 2º Bachillerato D]

Pablo Neruda, seudónimo de Neftalí Reyes (Parral, Chile, 1904-Santiago de Chile, 1973), poeta chileno, Premio Nobel de Literatura en 1971. Fue un poeta comprometido social y políticamente con la izquierda chilena. Fue cónsul de Chile en varios países de Oriente y en Madrid (1934-1937), donde entró en contacto con la generación del 27, se hizo amigo de Miguel Hernández y dirigió la revista Caballo verde para la poesía. Apoyó la causa republicana durante la Guerra Civil española y experimentó un cambio ideológico que lo llevaría a ingresar en el partido comunista chileno en 1945. Prestó servicios consulares en París y en México, fue senador (1943 y 1945) y tuvo que exiliarse (1949) por motivos políticos. En 1971 apoyó la candidatura de Salvador Allende, que lo nombró embajador en París. Murió a los pocos días de producirse el golpe de estado encabezado por el general Pinochet.
    Su vasta obra poética se divide en tres etapas. A la primera pertenece Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924), el libro de poesía más leído por los adolescentes hispanohablantes, junto a las Rimas de Bécquer. En su segunda época escribe Residencia en la tierra (1933, 1935), obra hermética y vanguardista, rebautizada como Primera Residencia, de la que aparecerá después un segundo volumen: Segunda Residencia. Le sigue Tercera Residencia (1947), en la que encontramos sus primeros poemas políticos, entre los que se incluye “España en el corazón”, grito de angustia por la Guerra Civil. En 1950 publica su obra maestra, Canto General, sobre las víctimas silenciosas y anónimas de las diversas civilizaciones de América. A la tercera etapa corresponden Los versos del capitán (1952), poemas de amor sobre su relación con Matilde Urrutia, su tercera esposa, y Las Odas elementales (1954-1957), composiciones en versos cortos en las que canta al hombre sencillo y las cosas de la vida cotidiana.

Entradas relacionadas: