EL BLOG DE LA BIBLIOTECA "IRENE VALLEJO" DEL IES GOYA DE ZARAGOZA


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domingo, 15 de noviembre de 2020

"Piedra negra sobre una piedra blanca", de César Vallejo


André Kertész, Paris, Place Gambetta (1928-1929)


Piedra negra sobre una piedra blanca

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París —y no me corro—
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban 
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...

De Poemas humanos, 1939

En el libro póstumo Poemas humanos, del poeta peruano César Vallejo (1892-1938), el tema fundamental es el ser humano que sufre y muere. El poeta muestra su solidaridad con los humildes y su esperanza en la superación de las injusticias. Las innovaciones vanguardistas presentes en Trilce (1922), su libro anterior, se atenúan y el lenguaje adquiere un tono conversacional.

El poema "Piedra negra sobre una piedra blanca" suele interpretarse  como una anticipación de la propia muerte del poeta. Efectivamente, Vallejo murió en París y llovía, pero no era otoño ni jueves. Murió un viernes de primavera, el 15 de abril de 1938, Viernes Santo. Parece que el poema -compuesto, según el poeta Juan Larrea, en 1924-  tiene su génesis en una visión del poeta quien, en estado de duermevela,  contempló su propia muerte. Atenor Orrego, que compartió habitación con él en 1920, cuando Vallejo se ocultó en casa de su amigo huyendo de la justicia, contó que una noche Vallejo se despertó dando gritos diciendo: "Acabo de verme muerto en París. He visto mi cadáver. Te aseguro que estaba despierto". Casi al final de su vida, envió el poema a Orrego con una nota que decía: "¿Recuerdas, Atenor, esa visión terrorífica que tuve una noche en tu casa y que me causó tan invencible pavor?".

Sobre el título del poema existen dos versiones distintas. Una primera lo explica por la tradición
El poeta César Vallejo
existente en la población natal del poeta, Santiago de Chuco, de colocar una piedra negra sobre una piedra blanca para señalar los enterramientos. Carlos del Río León, sin embargo, lo atribuye al contraste que descubre Vallejo, durante un paseo por París, entre su abrigo negro y una piedra blanca sobre la que se sentó o se apoyó, que le recuerda un sepulcro. Para Francisco Martínez García la "piedra negra" representa la vida y el hombre que la vive. Colocada sobre una piedra blanca, "eclipsa la blancura de la cuna (el nacimiento) y la sepultura (la muerte)".

Los catorce versos del poema constituyen un soneto algo heterodoxo, en el que, como observa Francisco Martínez García ("Algunos detalles significativo-poéticos en Piedra negra sobre piedra blanca", en Semiótica y modernidad. Investigaciones semióticas V, 1990, pp. 309-318) podemos distinguir dos partes claramente diferenciadas. En la primera, que ocupa los dos cuartetos, el sujeto lírico se refiere a su propia muerte, presintiéndola. En la segunda (los dos tercetos) el sujeto lírico ha desaparecido y, en su lugar, "un narrador anónimo y objetivo implicado en el texto nos da cuenta de la muerte de César Vallejo, lo que quiere decir que lo presentido en la primera parte [...] se ha cumplido". Sobre la segunda parte, precisa Francisco Martínez García:
lo que el poeta nos presenta en los dos tercetos  es un acta o certificado de defunción, en el que figura el nombre del fallecido, figuran las causas de su muerte, y constan las firmas de cinco testigos.
Y añade que las firmas de estos cinco testigos, en conjunto, remiten a la idea de la vida como "viaje " y del hombre como "homo viator".

Julio Vélez ("Muerte y vida: constantes del tiempo vallejiano") constata que, en contraste con el sueño premonitorio,  la visión de su muerte en el soneto le produce serenidad:
Todo el soneto es un modelo de serenidad dolorosa y de premoniciones, así como de recuerdos del pasado.
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jueves, 12 de noviembre de 2020

"Gracias", un cuento de Yasunari Kawabata

Otoño en Japón. (tohokukanko.jp)


 Gracias


Sería un buen año para los caquis. El otoño en la montaña era hermoso.

La ciudad portuaria estaba en la punta meridional de la península. El chofer del ómnibus bajó del primer piso de la terminal a la sala de espera, donde se sucedían humildes puestos de venta de golosinas. Su uniforme amarillo tenía un cuello púrpura. Ahí adelante estaba estacionado el gran ómnibus rojo con una bandera púrpura.

La madre de la niña se puso de pie, apretando el papel de una bolsa con caramelos, y se dirigió al chofer que se arreglaba los cordones de los zapatos.

—¿Así que hoy es su turno? Si es usted quien la lleva hasta allá, hay que agradecerlo, seguramente va a tener suerte. Es una señal de que algo bueno va a suceder.

El chofer miró a la muchacha que estaba al lado de la mujer y guardó silencio.

—No podemos seguir aplazando esto para siempre... Además, el invierno está casi sobre nosotros. Sería una pena enviarla con el frío. Si de todos modos debemos hacerlo, me parece que es conveniente hacerlo con este tiempo todavía agradable. Y he decidido acompañarla hasta allí.

El chofer asintió sin decir palabra, caminó con el aplomo de un soldado hasta el ómnibus, para acomodar el almohadón del asiento.

—Por favor, tome asiento aquí adelante, señora. No hay tanto traqueteo. Tienen un largo viaje por delante.

La mujer iba a una aldea por donde pasaba el ferrocarril, y que quedaba a sesenta kilómetros al norte, para vender a su hija.

Sacudida a lo largo del camino de montaña, la jovencita clavaba los ojos en la espalda del chofer que estaba justo delante de ella. El amarillo del uniforme colmaba su visión como si fuera un mundo en sí mismo. Las montañas que iban apareciendo se partían y pasaban de un hombro a otro del hombre. El ómnibus atravesó dos pasos muy elevados...

Se cruzó con un carro tirado por caballos, y éste se hizo a un costado.

—Gracias.

La voz del chofer era clara cuando saludaba con una agradable inclinación de cabeza, como un pájaro carpintero.

El ómnibus se encontró con una carreta llena de trastos que también se corrió con sus caballos y le cedió el paso.

—Gracias.

Un carretón.

—Gracias.

Un rickshaw.

—Gracias.

Un caballo.

—Gracias.

Si bien el chofer ya se había cruzado con treinta vehículos en diez minutos, nunca  dejaba de ser cortés. Y aunque tuviera que manejar durante cientos de kilómetros, nunca descuidaba su conducta y era como un cedro bien erguido, simple y natural.

Habían partido a eso de las tres. El chofer había tenido que encender las luces a mitad de camino. Pero cada vez que se encontraba con un caballo, las apagaba.

—Gracias.

—Gracias.

—Gracias.

Durante todo el trayecto, fue el chofer con mejor reputación entre los conductores de carretas, carretones y los jinetes. 

Cuando el ómnibus llegó a la plaza de la aldea en medio de la oscuridad, la muchachita empezó a temblar y se sintió mareada, como si le flotaran las piernas. Se aferró a su madre.

—Un momento —le dijo ésta a su hija y corrió tras el chofer para implorarle—. Mi hija dice que lo quiere. Se lo pido, se lo ruego con mis dos manos en oración. Mañana ella será juguete de un hombre cualquiera, por eso... Si hasta una muchacha de buena posición de la ciudad... con sólo viajar unos kilómetros con usted...

A la mañana siguiente, al amanecer, el chofer dejó la modesta pensión y cruzó la plaza con apostura de soldado. La madre y la hija corrieron tras él. El ómnibus rojo, con su bandera púrpura, salió del garaje y quedó a la espera del primer tren. 

La jovencita subió primero y acarició el asiento de cuero negro del chofer mientras se mordía los labios. La madre se defendía del frío cerrando el cuello de su kimono.

—Y ahora debo llevarla de nuevo a casa. Esta mañana ella lloró, usted me increpó... Compadecerme de ella ha sido un error. Voy a llevarla a casa, ¿bien? Pero sólo hasta la primavera. Sería una pena enviarla ahora que va a iniciarse la temporada del frío. Puedo arreglarme. Pero cuando el tiempo mejore, ya no podré tenerla en casa.

El primer tren le lanzó tres pasajeros al ómnibus.

El chofer acomodó su almohada. Los ojos de la muchachita se fijaron en la cálida espalda que tenían ante sí. La brisa matinal del otoño se deslizaba sobre esos hombros.

El ómnibus quedó enfrentado a un carro tirado por caballos. Y éste se hizo a un lado.

—Gracias.

Un carretón.

—Gracias.

Un caballo.

—Gracias.

—Gracias.

—Gracias.

—Gracias.

El chofer regresaba, lleno de gratitud, cruzando los sesenta kilómetros de montañas y campos hasta la ciudad portuaria en el extremo meridional de la península.

Era un buen año para los caquis. El otoño en la montaña era bello.

(Yasunari Kawabata, Historias de la palma de la mano, 1972)


El escritor Yasunari Kawabata. (revistadeartes.com.ar)

Yasunari Kawabata fue un escritor japonés, el primero de su país en ganar el Premio Nobel de Literatura, en 1968. 

Nació en Osaka en 1899 en el seno de una familia acomodada. Su vida estuvo marcada por las pérdidas sucesivas de sus familiares más cercanos (su padre, su madre, su abuela y su única hermana) durante su niñez, lo que le privó de una infancia normal y lo sumió en la soledad y el desarraigo. Graduado en 1924 por la Universidad Imperial de Tokio,  fue profesor de literatura japonesa y de lengua inglesa. En su juventud fundó con otros jóvenes escritores el grupo denominado Bungei Jidai (Nueva Era Artística), partidarios del movimiento literario denominado neosensacionismo, que defendía el lirismo y el impresionismo frente al realismo social imperante. Contrajo matrimonio en 1931 y durante la Segunda Guerra Mundial se trasladó a Manchuria y se dedicó a estudiar La historia de Genji, un clásico de la literatura japonesa, escrito en el siglo XI. Presidió durante cuatro años el PEN Club japonés y en 1959 recibió la medalla  Goethe. Tras recibir el Premio Nobel, impartió clases en  universidades estadounidenses. Fue uno de los firmantes del manifiesto contra la Revolución Cultural en China. Su mala salud y la tristeza provocada por el suicidio ritual de su mejor amigo, el escritor Yukio Mishima, en 1970, fueron los desencadenantes de una profunda depresión que le llevó a quitarse la vida en su apartamento de Zushi, el 16 de abril de 1972. Se da la paradoja de que el escritor había condenado el suicidio en su discurso de recepción del Nobel.

En su obra, descrita como "lírica melancólica", con un estilo de gran belleza lírica escribe  sobre la soledad y la muerte, además de explorar las relaciones amorosas y el  sexo en la cultura y en la vida del individuo, así como la relación del ser humano con la naturaleza.  Se dio a conocer con La bailarina de Izu (1926), novela basada en su amor de juventud por una bailarina de catorce años. Después de la guerra publicó su novela más famosa, El país de la nieve (1948), sobre la relación entre un esteta maduro y una geisha que envejece. A esta siguieron Mil grullas (1951); El sonido de la montaña (1954),  sobre la crisis de una familia, premiada por la Academia japonesa y considerada su mejor obra; El lago (1955), La casa de las bellas durmientes (1960), Kyoto (1962) y Lo bello y lo triste (1965). 

Yasunari Kawabata recibiendo en Nobel de Literatura, 1968

miércoles, 11 de noviembre de 2020

"Poesía para llevar" curso 20/ 21

POESÍA PARA LLEVAR 

SE PONE LA MASCARILLA Y REGRESA CON MÁS ILUSIÓN QUE NUNCA

¡POESÍA PARA LLEVAR nos acompaña un curso más! Los poemas han comenzado a llegarnos un poquito más tarde. Normal, a nadie puede extrañarle: un virus se ha instalado entre nosotros y hemos de adaptarnos para aprender a convivir con él sin que nos impida seguir con nuestras actividades. Con pequeños cambios, tenemos que continuar aprendiendo, estudiando, leyendo, enriqueciéndonos y creciendo en todos los sentidos. El mundo ha cambiado en los últimos meses y el programa también ha hecho un esfuerzo para acomodarse a las nuevas circunstancias. Pero manteniendo el empeño y las ganas de siempre. ¡Hasta los cocineros del logo se han puesto las mascarillas y siguen igual de guapos!

    

 Este curso somos ochenta y cinco los centros aragoneses que con ilusión participamos en esta experiencia. No lo dudábamos. ¡Este es un programa fuerte que mantiene todos sus atractivos! Tantas ganas de poesía han obligado a establecer cuatro grupos (A, B, C y D) y el IES GOYA pertenece al grupo D. En el blog de Poesía para llevar podréis consultar los poemas publicados en los otros grupos, obtener información sobre los poetas, leer reseñas de las actividades realizadas a partir de los poemas y ver algunos de los trabajos de los estudiantes.

 
     Somos conscientes de que reducir los papeles compartidos se ha convertido ahora en una medida higiénica. Por ello hemos creado un grupo de classroom, para que los alumnos puedan seguir leyendo y disfrutando en el aula el poema que semanalmente nos envía un centro educativo aragonés. Con el soporte de sus tabletas, los seguirán comentando y trabajando con sus profesores y compañeros, como siempre se ha hecho.


    Aunque el programa tiene como principal destinatario al alumnado de ESO, también queremos animar al resto de nuestros estudiantes, familiares y personal no docente del IES Goya, así como a todos los lectores de este blog, a disfrutar y degustar los poemas, a compartir la experiencia de la poesía, a coleccionarlos con cariño y cuidado, a leer los que os gusten a vuestros seres queridos, a escribir vuestras sensaciones, dibujar el poema, reescribirlo... El mundo digital colabora con nosotros y este blog será también un vehículo de transmisión de Poesía para llevar.


    Como dicen los organizadores, "queremos haceros llegar la belleza, los sentimientos y las emociones que encierra la expresión poética" porque con ella podremos "abrir todas las puertas posibles y llenar de versos hasta el último rincón".

    ¡Que la poesía nos sirva de consuelo, de alegría, de bálsamo, de distracción, de aprendizaje! ¡Que la disfrutéis cada semana!

    Un saludo y feliz curso.

Grupo de "Poesía para llevar" del IES Goya

Nuestro grupo (D) comienza con un bonito poema, "En este momento" del libro Hojas de hierba, de Walt Whitman, comentado por los alumnos del IES Miguel de Molinos.
 


     El segundo, "XXIII", de En este momento que llamamos lugar, de Juan Antonio Tello, nos lo envían los alumnos del IES Virgen del Pilar, de Zaragoza.  



 

 

 

domingo, 8 de noviembre de 2020

"Excelencia de la vida solitaria", de Antonio Moreno





Excelencia de la vida solitaria


Llega el frío temprano de noviembre.
Lejos, detrás del monte, queda el mar
y la clemencia de la luz dorada.
Las nubes marchan con el viento
y vienen otras
sobre los girasoles fallecidos.
De cuando en cuando llueve y cantan pájaros
todavía en los chopos del arroyo.
Huele a manzanas el portal vecino.
Al fondo, por la línea angosta, vuelan
las aves el camino del ejido.

Es la primera edad del hombre: ver
las rosas en la niebla,
porque con sólo ver ya hiciste el pensamiento.

De  Libro del yermo, 1993

Antonio Moreno ha confesado sentirse más en sintonía con la tradición, con los clásicos, que con muchos de sus contemporáneos. El poema seleccionado toma su título de la traducción que se hizo al castellano del tratado de Petrarca De vita solitaria. Sin embargo, su paisaje -como ocurre en toda la poesía del autor- no es un paisaje libresco sino vivido, pues los paisajes sobrios y solitarios de su producción poética forman parte de su infancia, de su formación vital, ha explicado el autor. En sus poemas, la naturaleza es vista como una totalidad armónica con la que el yo poético se siente en comunión.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

XII Semana de la literatura de misterio y terror

distopía

Del lat. mod. dystopia, y este del gr. δυσ- dys- 'dis-2' y utopia 'utopía'.

1. f. Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana.

      

 No solo el clásico género de terror –con sus fantasmas, vampiros e historias de cementerios- es capaz de ponernos los pelos de punta. Es más, a bastantes lectores actuales les pueden provocar más miedo o inquietud, al menos, los relatos distópicos.

Muchas fábulas futuristas nos inquietan porque, explorando nuestra realidad actual, nos avisan de los peligros que nos pueden llevar a un mundo inhóspito, con una naturaleza contaminada, sobreexplotada y alterada por el calentamiento global, o a una sociedad deshumanizada e indeseable –gobiernos totalitarios, control intrusivo de la tecnología sobre el ser humano, pensamiento único, ciudadanos alienados que obedecen cual borregos a un líder…

Este año nos apartamos, pues, del género de terror, para aproximarnos al de la distopía, que también nos conduce a su manera a un mundo de pesadilla. Afortunadamente, cuando todo parece perdido, puede surgir un héroe o un grupo de rebeldes que luchan por revertir la situación… o no.

 


Recordemos algunos clásicos del género:

Un mundo feliz (1932), de Aldous Huxley. Paradójico, irónico y ambiguo mundo futuro en el que la humanidad es feliz permanentemente.

1984, de George Orwell (1949). Sociedad represora y totalitaria controlada por el Gran Hermano y la policía del pensamiento.

Fahrenheit 451 (1953), de Rad Bradbury. Sociedad censora en la que los bomberos se dedican a quemar libros.

El cuento de la criada (1985), de Margaret Atwood. En la República de Gilead impera una dictadura inspirada en el Antiguo Testamento, donde las mujeres han perdido todos sus derechos y su misión se reduce a procrear.

 

Estas sociedades nos muestran a seres humanos inconscientes y conformados; autómatas manipulados sin pensamiento crítico ni libertad individual, lo que inevitablemente conduce al lector al desasosiego y la angustia. ¿Estaré siendo vigilado, manipulado, coartado? ¿Quién soy? ¿Cómo quiero vivir?

 

Muchos lectores adolescentes se han adentrado en el género con sagas como Los juegos del hambre (de Suzanne Collins), El corredor del laberinto (de James Dashner) o Divergente (de Verónica Roth).



En novela gráfica podríamos destacar V de Vendetta (de Alan Moore); Akira (de Katsuhiro Otomo); Batman: El regreso del Caballero Oscuro (Frank Miller) y Tokyo Ghost (de Rick Remender, Seam Murphy y Rick Hollingsworth).
 


El género se aproxima a la ciencia ficción, explorando miedos actuales como la suplantación de identidad, la inteligencia artificial, la contaminación, el control y explotación de los recursos energéticos, la ingeniería genética, la adicción a las redes sociales, las plagas o los virus.

En el cine podemos encontrar innumerables ejemplos de distopías: Metrópolis (1927), Bladde Runner (1982), Brazil (1985), Matrix (1999), Hijos de los hombres (2006), etc.




La serie británica Black Mirror (Netflix) se nutre del malestar contemporáneo sobre nuestro mundo moderno y se caracteriza por presentar relatos distópicos autoconclusivos en los que analizan cómo la tecnología afecta al ser humano.


Ahora te toca a ti…

La literatura, el cine, el cómic, las series de televisión o los videojuegos indagan en nuestros miedos más profundos para crear relatos distópicos. Imagina un futuro terrorífico a partir de problemas sociales, medioambientales o científicos que te preocupen en la actualidad. Los mejores cuentos se publicarán en la revista de la biblioteca.

1.       Debe ser un relato perteneciente al género de la distopía.

2.      Extensión máxima de tres folios, formato de letra Times New Roman de 12 puntos, interlineado de 1,15.

3.      En la cabecera de la primera página deberá indicarse el título del relato, nombre y apellidos del autor, curso y grupo.

4.      Debe enviarse por correo electrónico, antes del 25 de noviembre, al profesor/a de Lengua. Estos seleccionarán, según su criterio, los mejores trabajos de sus grupos y realizarán la revisión ortográfica y de puntuación.

5.      Los profesores remitirán los cuentos al profesor encargado de la biblioteca, quien realizará la última supervisión y selección con vistas a su publicación.

domingo, 1 de noviembre de 2020

Un poema de Odysseas Elytis





    Del inofensivo, del esperanzado, del intrépido


Ahora, en la barca que donde quiera que subas llegará vacía
Yo aspiro: a un lejano Cerámico marino
Con Kores de piedra que sostienen flores. Será de noche y en
          agosto
Cuando cambian de guardia las constelaciones. Y las montañas
          ligeras
Llenas de aire oscuro se alzan un poco por encima de la línea del
          horizonte
Olor aquí y allá a hierba quemada. Y una pena de origen desco-
          nocido
Que desde lo alto
                               forma un arroyuelo sobre el mar adormecido

Brilla dentro de mí aquello que ignoro. Y sin embargo brilla

¡Ah hermosura! Aunque nunca te entregaste entera a mí
Algo conseguí robarte. Hablo de ese verde de la pupila que por vez
          primera
Penetra en el amor y ese otro oro, que donde quiera que lo colo-
          ques cual julio brilla
Empuñad los remos los habituados al trabajo duro. Que me llevéis
          allí donde van los demás
No puede ser. No nací para pertenecer a parte alguna
Vasallo del cielo allí de nuevo quiero establecerme
Con mis derechos. También lo dice el viento
"De niño el milagro es flor y cuando crece, muerte"

¡Ah hermosura! Tú me entregarás como Judas
Será de noche y en agosto. Enormes arpas aquí y allá se escu-
          charán y
Con el poco azul de mi alma Oxópetra comenzará a emerger
De las tinieblas. Pequeñas diosas, jóvenes desde la eternidad
Frigias o lidias con coronas de plata y con alas verdosas se reunirán
          cantando en torno a mí
Cuando las penas de cada uno se paguen al contado
Colores de guijarro amargo: a tanto
Broches de dolor todos tus amores: a tanto
La turba de la roca y la horrenda rotura de tu sueño ilimitado: a
          dos veces tanto

Hasta que en algún momento el fondo del mar con todo su planc-
          ton iluminado
Virará sobre mi cabeza. Y otras cosas hasta entonces sin des-
          velar
Aparecerán como vistas dentro de mi carne
Peces del aire, cabras de cuerpo enjuto contra las olas campanilleos
          del Perfumado

Mientras lejos en el fondo de la tierra seguirá girando con una barca
          negra y vacía perdida en sus mares.


               De Elegías de Oxópetra (1991). En Dignum est y otros poemas.
Edición bilingüe de Cristián Carandell. Galaxia Gutenberg/Círculo de
Lectores, Barcelona, 2008

El poeta Odisseas Elytis

"La primera verdad es la muerte", ha dicho Odysseas Elytis, y este es el tema que aborda en sus últimos poemarios: Diario de un abril invisible (1984), Elegías de Oxópetra (1991) y Al oeste del dolor (1995), obras en que la claridad solar  y la luminosidad del paisaje griego ceden el paso a los tonos más oscuros y lúgubres. De ellas  escribe Cristián Carandell:

Con numerosas referencias autobiográficas, domina en ellas el tono elegíaco y, a menudo, hermético. Son además el compendio de los diversos registros de la peculiar lengua poética de Elytis, que prueban su capacidad de combinar lo antiguo y lo moderno, pathos y lenguaje cotidiano.
Elegías de Oxópetra, publicado cuando el poeta tenía ochenta años, comprende catorce poemas, un múltiplo de siete, número en torno al cual compone varias de sus obras. En este libro la "metafísica solar" característica de la obra de Elytis, ha quedado abolida y, bajo la influencia de románticos alemanes como Novalis o Hölderlin, predomina un paisaje nocturno. El título del libro hace referencia al cabo de la isla de Astipálea; sin embargo, Elytis utiliza el término "Oxópetra", que significa 'la roca de fuera', como un punto avanzado de la vida dentro de la muerte.

Del análisis del  poema elegido, de enorme complejidad, se ha ocupado Álvaro García Marín en "Odiseas Elitis. Un itinerario místico", trabajo que intentaremos sintetizar en estas líneas. Respecto al título, explica Carandell, que el 2 de noviembre, día del nacimiento de Elytis, está dedicado en el calendario de la iglesia griega a los tres mártires designados con los epítetos que dan título al poema. García Marín añade que desde el comienzo el contenido del poema se vincula con la vida y la muerte del poeta:
poniendo el acento, además, en que, al igual que los mártires que de  algún modo "presiden" su vida, vencieron a la muerte, él también la vencerá. Lo religioso y lo poético se entrelazan desde el principio.

La barca del inicio remite al barquero Caronte y al viaje de los muertos al Hades. Esta referencia a la muerte clásica sumada a la muerte cristiana del título evidencia, como observa García Marín, un sincretismo paganismo-cristianismo que desarrollará a lo largo del poema, que García Marín interpreta como un itinerario  místico en busca de iluminación. El viaje ha comenzado voluntariamente, pues el deseo  de  atravesar la muerte ("Yo aspiro:  a un lejano Cerámico marino") para salir al otro lado, a  la iluminación, lo ha empujado a subir a la barca. 

La muerte, por influencia de Rilke, no es ya la negación de la vida sino "un ámbito de libertad mística" en que los contrarios desaparecen y  en el que "debe sobrevenir la iluminación y el conocimiento de lo inefable", explica García Marín. El Cerámico, barrio de los Alfareros de Atenas que fue cementerio en la Antigüedad sugiere la idea de la muerte, pero es un cementerio marino, que remite al de Paul Valéry, un infinito ("largo") abismo devorador en el que, no obstante, prevé la existencia de vestigios de vida que conduzcan a la salvación: las muchachas,  las Kores de piedra que sostienen flores, una forma del espíritu en la oscuridad del comienzo de la noche, pero se trata de un espíritu inerte: las Kores son de piedra.

La experiencia de la muerte se producirá "de noche", con lo que aparece la oscuridad en la que el poeta va penetrando paso a paso. El mediodía, el momento de la transparencia en su poesía anterior, deja paso a la noche, en la que ahora comenzará a realizarse la transparencia. Pero la oscuridad se atenúa porque se trata de una noche de "agosto", corta y luminosa, por tanto; lo que significa que la oscuridad que ha de  atravesar no es perpetua ni tan profunda como cabría pensar. Es una noche estrellada en la que además va a producirse un fenómeno cósmico que afecta a todo el universo: "cambian de guardia las constelaciones".

A partir de ese momento empieza a producirse, en opinión de A. García Marín, un fenómeno de interiorización y espiritualización del espacio. Los montes se vuelven ligeros y se llenan de aire oscuro que borra sus contornos materiales. Las espiritualización se completa por el hecho de que "leviten" por encima de la línea del horizonte. A pesar de la espiritualización, los sentidos siguen siendo el primer elemento de percepción: "Olor aquí y allá a hierba quemada". El poeta, según García Marín, parece avanzar a ciegas: no ve el fuego, tan solo percibe su olor. 

En los versos siguientes parece producirse una primera intervención sobrenatural: "una pena de origen desconocido" que vivifica las aguas de ese mar adormecido, símbolo de la muerte. Y el poeta experimenta en su interior una suerte de iluminación, que no alcanza a comprender pero le hace tomar conciencia del misterio que lo habita. 

Entonces interpela a la belleza (para Elytis, "un camino hacia la parte desconocida de nosotros mismos, hacia aquello que nos trasciende") y le reprocha que nunca se le ha entregado por entero. Y es que la aprehensión de la belleza (tradicionalmente asociada a lo absoluto, a Dios) no se produce por voluntad del sujeto, sino que se da ella de una sola vez e irracionalmente, como el arrebato que describen los místicos. Sin embargo, el poeta ha podido percibir  en su vida atisbos de esa belleza: en la pasión amorosa y en "ese otro oro", que para García Marín, hace referencia a la luz del sol, que el poeta siempre reconoció como portadora del misterio.

Tomando conciencia de su singularidad ("Que me llevéis allá donde van los demás / No puede ser"), el poeta sabe ahora cuál es su patria verdadera: es "Vasallo del cielo", y allí debe llegar al final de su viaje ("allí de nuevo quiero establecerme"). Todo el proceso descrito en el poema es un intento por regresar al cielo, es decir, la idea del camino místico como un viaje de regreso a la patria prenatal, frecuente en todas las época, especialmente en el neoplatonismo. Incluso el cosmos parece haber tomado conciencia de ello: "También lo dice el viento".

En cursiva aparece un aforismo que es la clave del poema y una nueva iluminación parcial en el camino hacia la iluminación final: si la vida ("la flor") es una forma de milagro, de trascendencia, la muerte, la otra cara de ese milagro,  lo es en mayor medida, el ámbito en que se puede aprehender el misterio por entero.

Una vez espiritualizado el cosmos en su interior y conociendo los secretos revelados en el proceso, el poeta se adentra en una nueva fase en que la muerte comienza a ser superada. Después de compararse indirectamente con Jesús ("Tú me entregarás como Judas"), el vencedor de la muerte, escucha una música sobrenatural ("Enormes arpas aquí y allí se escucharán"). En ese punto Oxópetra, la nueva vida, comienza a emerger de la negrura de la muerte, que ha sido vencida. El artífice de esa victoria no es otro que la chispa divina del alma,  "el poco azul de mi alma", en que el color azul se vincula a la inmortalidad. Ahora lo espiritual aparece de forma vívida: las Kores inertes son sustituidas por "pequeñas diosas", mezcla de ángeles cristianos y ninfas, que lo rodean cantando, en la primera imagen gozosa  del texto. 

Pero tras el proceso de espiritualización y la victoria sobre la muerte, se precisa la purificación final antes de la iluminación definitiva. Cada uno debe pagar sus penas. Como en todo proceso místico, hay una etapa árida antes de la unión. La desazón del momento se expresa claramente por medio del vocabulario negativo: "penas", "amargo", "dolor", "horrenda". La purificación es la última etapa voluntaria del proceso. La estrofa queda incompleta porque en la siguiente irrumpe la iluminación (exterior, ajena al poeta e imprevisible) dando por concluida la purificación.

Entonces el mundo se transforma y la restauración se consuma. La iluminación se simboliza de nuevo a través de elementos cósmicos que afectan al individuo: "el fondo del mar con todo su plancton iluminado / Virará sobre mi cabeza". Se ha producido la unión de contrarios: el fondo del mar se convierte en cielo cuyas estrellas son el plancton iluminado. Cielo, tierra y fondo del mar son uno en un mundo en que se ha consumado la inversión. Transparencia e interiorización son ya completas y se confunden, pues "otras cosas hasta entonces sin desvelar / Aparecerán como vistas dentro de mi carne". 

Enumera después algunas de estas cosas que inciden en la desrealización, la espiritualización, de la materia y en la transparencia. Los "peces del aire" y las "cabras de cuerpo enjuto" representan la desmaterialización de la materia, y con "los campanilleos" se hace una nueva referencia a la muerte, pero en este caso, según Cristián Carandell, a la de san Demetrio, mártir de siglo III cuyos restos, que no han sido vencidos por la muerte, exhalaban un intenso perfume. Muerte y vida son, pues, el último y más importante aspecto de una unión cósmica, pero solo en virtud de que el cosmos ha sido interiorizado y se encuentra como visto dentro de la carne del individuo.

El último verso, que aparece solo, además de mostrarnos que la barca, como se anunciaba al principio, está vacía, deja claro que el sujeto de esta experiencia mística se encuentra en un mundo transmutado más allá de la muerte: "lejos en el fondo de la tierra seguirá girando". "El poeta", escribe Álvaro García Marín, "ha restablecido definitivamente sus derechos sobre su patria, el cielo".


Versión original en griego:


ΑΚΙΝΔΥΝΟΥ, ΕΛΠΙΔΟΦΟΡΟΥ, ΑΝΕΜΠΟΔΙΣΤΟΥ
Τώρα, στη βάρκα όπου κι αν μπεις άδεια θα φτάσει
Εγώ αποβλέπω· σ’ έναν μακρύ θαλασσινό Κεραμεικό
Με Κόρες πέτρινες και που κρατούν λουλούδια. Θα ’ναι νύχτα και Αύγουστος
Τότε που αλλάζουν των αστερισμών οι βάρδιες. Και τα βουνά ελαφρά
Γιομάτα σκοτεινόν αέρα στέκουν λίγο πιο πάνω απ’ τη γραμμή του ορίζοντα
Οσμές εδώ ή εκεί καμένου χόρτου. Και μια λύπη άγνωστης γενεάς
Που από ψηλά
κάνει ρυάκι πάνω στην αποκοιμισμένη θάλασσα
Λάμπει μέσα μου κείνο που αγνοώ. Μα ωστόσο λάμπει
Αχ ομορφιά κι αν δεν μου παραδόθηκες ολόκληρη ποτέ
Κάτι κατάφερα να σου υποκλέψω. Λέω: κείνο το πράσινο κόρης οφθαλμού που πρωτο-
Εισέρχεται στον έρωτα και τ’ άλλο το χρυσό, που όπου κι αν το τοποθετείς ιουλίζει.
Τραβάτε τα κουπιά οι στα σκληρά εθισμένοι. Να με πάτε κει που οι άλλοι παν
Δε γίνεται. Δεν εγεννήθηκα ν’ ανήκω πουθενά
Τιμαριώτης τ’ ουρανού κει πάλι ζητώ ν’ αποκατασταθώ
Στα δίκαιά μου. Το λέει κι ο αέρας
Από μικρό το θαύμα είναι λουλούδι και άμα μεγαλώσει θάνατος
Αχ ομορφιά συ θα με παραδώσεις καθώς ο Ιούδας
Θα ’ναι νύχτα και Αύγουστος. Πελώριες άρπες πού και πού θ’ ακούγονται και
Με το λίγο της ψυχής μου κυανό η Όξω Πέτρα μέσ’ από τη μαυρίλα
Θ’ αρχίσει ν’ αναδύεται. Μικρές θεές, προαιώνια νέες
Φρύγισσες ή Λυδές με στεφάνι ασημί και με πρασινωπά πτερύγια γύρω μου άδοντας θα συναχτούν
Τότε που και του καθενός τα βάσανα θα εξαργυρώνονται
Χρώματα βότσαλου πικρού: τόσα
Με περόνες πόνου όλες σου οι αγάπες: τόσα
Του βράχου η τύρφη και του άφραχτου ύπνου σου η φρικαλέα ραγισματιά: δυο φορές τόσα
Ώσπου κάποτε, ο βυθός μ’ όλο του το πλαγκτόν κατάφωτο
Θ’ αναστραφεί πάνω από το κεφάλι μου. Κι άλλα ως τότε ανεκμυστήρευτα
Σαν μέσ’ από τη σάρκα μου ιδωμένα θα φανερωθούν
Ιχθείς του αιθέρος, αίγες με το λιγνό κορμί κατακυμάτων
κωδωνοκρουσίες του Μυροβλήτη
Ενώ μακριά στο βάθος θα γυρίζει ακόμα η γη με μια βάρκα μαύρη
κι άδεια χαμένη στα πελάγη της.
[Τα ελεγεία της Οξώπετρας, 1991.]

 [La versión original en griego está tomada de frear.gr]