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domingo, 18 de marzo de 2018

"Edad del glauco recuerdo", de Odysseas Elytis





                Edad del glauco recuerdo


Olivares y viñedos  a lo lejos hasta el mar
Barcas de pesca rojas más lejos hasta el recuerdo
Élitros dorados de Agosto durante la siesta
Con algas o conchas. Y aquella embarcación
Recién varada, verde, que en la calma del seno de las aguas aún
      puede leerse Dios proveerá

Pasaron los años como hojas o guijarros
Recuerdo a los chiquillos, a los marineros que partían
Tiñendo sus velas como su corazón
Cantaban a los cuatro puntos del horizonte
Y llevaban vientos del norte tatuados en el pecho.

Qué buscaba yo cuando llegaste teñida de amanecer
Con la edad del mar en los ojos
Y con el vigor del sol en el cuerpo -qué buscaba
En el fondo de las grutas marinas de espaciosos sueños
Donde hacía espuma sus sentimientos el viento
Desconocido y glauco, grabando en mi pecho su emblema marino

Con la arena entre los dedos cerraba los dedos
con la arena en los ojos apretaba los dedos
Era el dolor-
Era abril recuerdo cuando sentí por vez primera tu peso humano
Tu cuerpo humano fango y pecado
Como en nuestro primer día en la tierra
Festejaban a las amarilis -Pero recuerdo sentiste dolor
Fue un profundo mordisco en los labios
Un profundo arañazo en la piel en esa parte donde queda grabado
      para siempre el tiempo

Te dejé entonces

Y un hálito bullicioso levantó las blancas casas
Los blancos sentimientos recién lavados arriba
En el cielo que iluminaba con una sonrisa.

Ahora tendré cerca de mí un cántaro de agua inmortal
Tendré un esbozo de la libertad del viento que se agita
Y aquellas manos tuyas en las que se atormentará el Amor
Y aquella caracola tuya en que resonará el Egeo.

                    De Orientaciones, 1940.
En Dignum est y otros poemas. Edición bilingüe de 
Cristián Carandell. Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores,
Barcelona, 2008

Odysseas Elytis es seudónimo de Odysseas Alepoudelis, poeta, ensayista, traductor
El poeta Odisseas Elytis
pintor griego, Premio Nobel de Literatura.

Nació en 1911 en Heraclion, Creta, como el novelista Nikos Kazantzakis*, en el seno de una familia acomodada originaria de la isla de Lesbos. En 1914 su padre trasladó sus fábricas a El Pireo y la familia se instaló en Atenas. En la capital inició estudios universitarios de Derecho, que abandonó para dedicarse a la creación literaria y a la pintura, a partir de 1936.  Junto a Yorgos Seferis*, Yannis Ritsos* y Andreas Embirikos forma parte de la Generación de 1930, que, agrupada en torno a la revista Ta Nea Gramata (Las nuevas letras), introdujo el surrealismo en su país adaptándolo a la realidad griega, renovó la lírica griega sin olvidar la tradición y le dio universalidad, como ha explicado el propio autor:
El surrealismo con su carácter antirracionalista nos ayudó a hacer una especie de revolución para conformar nuestra idea sobre la verdad helénica. Simultáneamente, el surrealismo contenía un elemento maravilloso, lo que nos permitió crear un alfabeto de elementos genuinamente griegos y expresarnos con ellos.
Elytis, en uniforme de campaña
Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió como teniente en el frente de Albania luchando contra las fuerzas de ocupación italianas, pero, contagiado de tifus, hubo de ser evacuado al hospital de Yoannina y estuvo a punto de perder la vida en 1941. En 1942 participó en la fundación del Círculo Palamás (llamado así en honor del poeta Kostís Palamás, muerto en febrero de 1943), con el objetivo de recuperar los valores helénicos cuando el pueblo griego estaba profundamente desmoralizado a causa de la ocupación. 

Vivió dos temporadas en París: entre 1948 y 1952, tras dos años de guerra civil en su país, y de 1969 a 1972, durante la dictadura griega de los coroneles (1967-1974). En París cursó estudios de filología en la Sorbona y trabó amistad con destacados poetas y pintores, entre ellos, Matisse y Picasso, que ilustraron sus obras. Durante los años de dictadura que pasó en Grecia renunció a las actividades públicas y  vivió apartado en su casa del barrio de Kolonaki, junto a su compañera, la poetisa Iulita Ioliopulu. Rechazó un premio literario otorgado por la Junta Militar, además de su nominación como miembro de la Academia de Atenas.

En 1974, tras la caída de la Junta, retomó su actividad pública. En 1979 recibió el Premio Nobel de Literatura por su poesía, "que sobre el fondo de la tradición griega, describe con una fuerza sensual y una claridad intelectual, el combate del hombre moderno por la libertad y la creatividad". En su discurso de agradecimiento,  Elytis comparó su trayectoria poética con "el viaje de Ulises, cuyo nombre me ha sido dado llevar". 

A lo largo de su vida ejerció también la crítica de arte en periódicos y revistas especializadas, y viajó por Estados Unidos y distintos países europeos, incluida la Unión Soviética. Tradujo al griego a otros poetas como P. Éluard, Rimbaud, Lautrémont, Ungaretti, Alberti, García Lorca o Maiakovski, y a los dramaturgos B. Brecht y J. Giraudoux. Doctor honoris causa, por las universidades de la Sorbona, Roma y Atenas, fue galardonado, entre otros,  con el Premio Nacional Griego de Poesía en 1960 y el Premio Mediterráneo de poesía en 1988.

En sus últimos años se vio obligado a reducir drásticamente sus apariciones públicas a causa de su delicada salud, que le llevó a ser hospitalizado en varias ocasiones. Falleció en Atenas el 18 de marzo de 1996, a causa de un infarto. Había expresado su deseo de ser enterrado en una de las miles de islas del Egeo y  de que "su partida fuera rodeada de un infinito silencio cristiano".
Una de las últimas fotos de Elytis, con Iulita Ioliopulu

Odysseas Elytis ha sido llamado "poeta de la luz" y "del mar Egeo", que para él "no  es solo un lugar de la naturaleza sino una especie de huella digital". Elytis cultivó una "metafísica solar" que, a diferencia de los occidentales, encuentra el misterio, que busca revelar, no en la oscuridad sino en la luz y lleva a su poesía la luminosidad de Grecia, en especial de las islas del Egeo.  Característica constante de su obra es, pues, la búsqueda de la claridad, la luminosidad, y la transparencia, algo esencialmente griego, según Elytis, y  también una forma de luchar contra la muerte. 


La transparencia, como ha explicado el propio poeta, es la capacidad de la poesía de ver dentro de las cosas y hacer que su esencia inmaterial quede abierta a la percepción,  y permitan ver, incluso, otras cosas tras ellas. Esta transparencia metafísica, observa Álvaro García Marín en "Odiseas Elitis. Un itinerario místico" :
no es más que la analogía poética de la transparencia física que el autor encuentra en el paisaje griego iluminado por el sol, que constituye para él [...] una casi inefable experiencia de misterio.
Esa luminosidad se asocia con frecuencia al color de sus poemas, en los que el blanco, el azul y el glauco (verde claro) son términos recurrentes. El color más repetido es el blanco, al que sigue el azul del cielo y del mar, y como tono característico de sus versos, el glauco, el color de la infancia y de la inocencia, que aparece en el título del poema seleccionado.

A pesar de la evidente unidad, se observa en su producción poética una clara evolución. La poesía de sus primeros libros (Orientaciones, 1940; Sol supremo, 1945),  en la que es más evidente el influjo del surrealismo, es hedonista y celebratoria. Después crea una poesía más comprometida con la realidad y la cultura griega, marcada por su experiencia personal en la guerra y el sufrimiento del pueblo griego: Canto fúnebre y patriótico por el subteniente caído en Albania (1945), fruto de sus vivencias en el frente, y Dignum est (1959), una obra en la que confluyen la tradición clásica, la popular y la bizantina;  un canto enigmático y polifónico  que, bajo una sutil arquitectura matemática, exalta la creación  entera y la "Pasión del Helenismo que resurge de nuevo purificado por la experiencia del sacrificio", según F. J. García Bóveda. Considerada su mejor obra y una de las más altas cumbres de la poesía griega de la segunda mitad del siglo XX, fue musicado por Theodorakis en 1964. 


La poesía posterior a Dignum est fue una vuelta hacia dentro, un regreso a la sensualidad de su primera época y a la metafísica de la luz. En Seis y un remordimiento por el cielo (1960) se anuncia ya el proceso de abstracción e interiorización que caracteriza su obra, y  en El árbol de la luz y la decimocuarta belleza (1971) encuentra acabada expresión la metafísica de la luz: la luz cegadora de Grecia, concentrada en la imagen del sol, es en sí misma la justicia. En Sol soliarca (1971) y Las erres del amor (1972) experimenta con nuevas estructuras métricas.  El monograma (1971), construido en torno al omnipresente  número siete, es un desolado poema de amor y una de las cumbres de su lirismo. Los medio hermanos (1974) reúne poemas muy distantes en el tiempo, y en María Nefeli (1978) aparece por primera vez en su poesía el paisaje urbano, mientras que El pequeño nautilo (1979)  es un viaje con la intención de "buscar quién soy". 

En Tres poemas con bandera de oportunidad (1982), el primer libro publicado después de recibir el Nobel, reafirma la visión trascendental de su poesía, y,  finalmente, en Diario de un abril invisible (1984), Elegías de Oxópetra (1991) y Al oeste del dolor (1995) se adentra en el tema de la muerte, consciente de que el ser humano debe desprenderse de falsos miedos  para afrontar su destino.

Nikos Dimu ha dicho que la poesía de Elytis produce la misma sensación que mirar un muro del Egeo al mediodía: deslumbra y hay que cerrar los ojos.


"La edad del glauco recuerdo" recoge los recuerdos del poeta desde su primera juventud. Se inicia con la evocación del lugar y de las personas (los chiquillos, los marineros) que formaron su entorno, para culminar con la referencia a una experiencia erótica y a la renuncia. El poeta trae a la memoria el verde (olivares y viñedos) y el azul (el mar) de la naturaleza griega, la luz, los vientos, las grutas marinas, los barcos de pesca, la marcha de los marineros, la blancura de las casas, así como la intensidad de la pasión amorosa y la eternidad del sacrificio.

Collage de Odysseas Elytis

Versión original en griego:


ΗΛΙΚΙΑ ΤΗΣ ΓΛΑΥΚΗΣ ΘΥΜΗΣΗΣ


’Ελαιώνες κι αμπέλια μακριά ως τη θάλασσα
Κόκκινες ψαρόβαρκες πιο μακριά ως τη θύμηση
Έλυτρα χρυσά του Αυγούστου στον μεσημεριάτικο ύπνο
Με φύκια ή όστρακα. Κι εκείνο το σκάφος
Φρεσκοβγαλμένο, πράσινο, που διαβάζει ακόμη στην ειρήνη
του κόλπου των νερών Έχει ο Θεός

Περάσανε τα χρόνια φύλλα ή βότσαλα
Θυμάμαι τα παιδόπουλα, τους ναύτες που έφευγαν
Βάφοντας τα πανιά σαν την καρδιά τους
Τραγουδούσαν τα τέσσερα σημεία του ορίζοντα
Κι είχαν ζωγραφιστούς βοριάδες μες στα στήθια.

Τι γύρευα όταν έφτασες βαμμένη απ’ την ανατολή του ήλιου
Με την ηλικία της θάλασσας στα μάτια
Και με την υγεία του ήλιου στο κορμί - τι γύρευα
Βαθιά στις θαλασσοσπηλιές μες στα ευρύχωρα όνειρα
Όπου άφριζε τα αισθήματά του ο άνεμος
Άγνωστος και γλαυκός, χαράζοντας στα στήθια μου
το πελαγίσιο του έμβλημα

Με την άμμο στα δάχτυλα έκλεινα τα δάχτυλα
Με την άμμο στα μάτια έσφιγγα τα δάχτυλα
Ήτανε η οδύνη -
Θυμάμαι ήταν Απρίλης όταν ένιωσα πρώτη φορά το ανθρώπινο
        βάρος σου
Το ανθρώπινο σώμα σου πηλό κι αμαρτία
Όπως την πρώτη μέρα μας στη γη
Γιόρταζαν τις αμαρυλλίδες - Μα θυμάμαι πόνεσες
Ήτανε μια βαθιά δαγκωματιά στα χείλια
Μια βαθιά νυχιά στο δέρμα κατά κει που χαράζεται παντοτινά του
         ο χρόνος

Σ’ άφησα τότες

Και μια βουερή πνοή σήκωσε τ’ άσπρα σπίτια
Τ’ άσπρα αισθήματα φρεσκοπλυμένα επάνω
Στον ουρανό που φώτιζε μ’ ένα μειδίαμα.

Τώρα θα ‘χω σιμά μου ένα λαγήνι αθάνατο νερό
Θα ‘χω ένα σχήμα λευτεριάς ανέμου που κλονίζει
Κι εκείνα τα χέρια σου όπου θα τυραννιέται ο Έρωτας

2 comentarios:

  1. ¡Gracias por esta espléndida entrega, Josefina! Es un lujo que tu fina sensibilidad nos regale este poema que deleita el alma y los sentidos. Y, por si esto fuera poco, lo acompañas con una extensa semblanza del autor.
    Has hecho un trabajo profundo y minucioso. Y, encima, lo acompañas con el texto original en griego.

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  2. Soy yo quien agradece tu atención y tus amabilísimas palabras. Me alegra mucho saber que has disfrutado de la lectura de este poema que nos trae algo de la luz del Egeo y el glauco de los ojos de Atenea.
    Un abrazo.

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