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domingo, 16 de abril de 2017

"¿Cómo se sacan las castañas del fuego?", de Escandar Algeet




¿Cómo se sacan las castañas del fuego[i]?

A los 17 mi madre vio que me iba de casa,
así que un día me cogió por banda
y me enseñó a freír un huevo.
Yo apenas había vivido más allá de las 3 calles de Palencia,
tenía un caudal de sueños por achicar
y un semáforo en rojo en la cuenta atrás de ponerse en verde.
Acababa de amanecer un nuevo siglo,
la gente de clase hacía pellas[ii] repartiendo cartas de universidad
y la castañera de la calle mayor
mientras
seguía dándole vueltas al frío.
Preocupada, intuyo, por el qué iba a comer y cómo,
mi madre
me enseñó a cocer pasta,
a cortar lechuga
y picar ajo para darle sabor al cerdo.
Y una tarde; como ya he dicho,
me cogió por banda
y me enseñó a freír un huevo.
Yo estaba en segundo de bachillerato
y lo único que me preocupaba
(no he cambiado tanto)
eran las chicas, el cine y la poesía
y en ese desorden
coleccionaba pósters pensando en cómo sería mi vida.
Pero mi madre,
tímida, preocupada y repleta de ternura,
insistía:
llenaba una sartén de aceite,
lo calentaba
y con los ojos me decía: aunque te quemes, tienes que ser fuerte.
Así aprendí a romper la cáscara,
a poner dos huevos sobre la mesa
y a sobrevivir en este mundo de mierda
que tanto me gusta tantas veces.
Cuando alguien me pregunta
¿cómo se sacan las castañas del fuego?
respondo
lo que aprendí viendo en las manos quemadas de mi madre:
quemándote
para que así otros,
los tuyos,
no se quemen.

                          De Un invierno sin sol, 2013




[i] sacar las castañas del fuego, ejecutar en beneficio de alguien algo
de lo que puede resultar daño o disgusto para sí.
[ii] hacer pellas, hacer novillos, dejar de asistir a clase.


Escandar Algeet nació en Palencia (España) en 1984. A los dieciocho años marchó a
Ponferrada para estudiar cine en una escuela desaparecida actualmente. Tres años después se traslada a Madrid, donde desempeñó diferentes oficios para sobrevivir, entró en contacto con tertulias poéticas, estudió guion y un ciclo formativo de producción audiovisual. En 2009 apareció su primer poemario, Alas de mar y prosa, centrado en su entorno más próximo; al que seguirán Un invierno sin sol (2013, sobre una historia de amor con una chica llamada Sol, a la que puso fin la distancia); la plaquette Tres tristes trastes (2015); Ojalá joder (2015); Y toda esa mierda (2015); todos ellos editados por 'Ya lo dijo Casimiro Parker'. Actualmente es "camarero sin cámara" en un bar del barrio madrileño de Malasaña y editor de la revista 'Pro-vocación'.


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