EL BLOG DE LA BIBLIOTECA "IRENE VALLEJO" DEL IES GOYA DE ZARAGOZA


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domingo, 19 de abril de 2020

"La libertad" (La Llibertat), de Joan Margarit


Fotograma de La librería (2017), de Isabel Coixet



LA LIBERTAD

Es la razón de nuestra vida,
dijimos, estudiantes soñadores.
La razón de los viejos, matizamos ahora,
su única y escéptica esperanza.
La libertad es un extraño viaje.
Son las plazas de toros con las sillas
sobre la arena en las primeras elecciones.
Es el peligro, que de madrugada,
nos acecha en el metro,
son los periódicos al fin de la jornada.
La libertad es hacer el amor en los parques.
Es el alba de un día de huelga general.
Es morir libre. Son las guerras médicas.
Las palabras República y Civil.
Un rey saliendo en tren hacia el exilio.
La libertad es una librería.
Ir indocumentado.
Las canciones prohibidas.
Una forma de amor, la libertad.

Versión en catalán:

LA LLIBERTAT

La llibertat és la raó de viure,
dèiem, somniadors, d'estudiants.
És la raó dels vells, matisem ara,
la seva única esperança escèptica.
La llibertat és un estrany viatge.
Va començar en les places
de toros amb cadires a la sorra
en les primeres eleccions.
És el perill, de matinada, al metro,
sóns els diaris al final del dia.
La llibertat és fer l'amor als parcs.
La llibertat és quam comença l'alba
en un dia de vaga general.
És morir lliure. Són les guerres mèdiques.
Les paraules República i Civil.
Un rei sortint en tren cap a l'exili.
La llibertat és una llibreria.
Anar indocumentat.
Les cançons prohibides.
Una forma d'amor, la llibertat.

De Aiguaforts (Aguafuertes), 1995

Aguafuertes cierra el ciclo poético que Joan Margarit, Premio Cervantes 2019,  inició con Llum de pluja (Luz de lluvia), 1987,  y continuó con Edat roja (Edad roja), 1989, y Els motius del llop (Los motivos del lobo), 1993. Sobre Aguafuertes escribe el autor, en el prólogo del libro,  que está formado por  "escenas o imágenes inmovilizadas en blanco y negro, o sepia, en mi memoria sentimental", de ahí el título, porque  ha procurado trasladarlas al poema "con la misma austeridad que en el campo de la plástica tiene esa técnica", la del aguafuerte, "con un mínimo de recursos lingüísticos y retóricos".

Un verso del poema seleccionado, "La libertad es una librería", se ha convertido en el lema de la campaña de reconocimiento a las librerías que ha puesto en marcha el Instituto Cervantes, dirigido por el poeta Luis García Montero.  Con las librerías cerradas temporalmente por la crisis del coronavirus y ante la imposibilidad de celebrar el Día del Libro el próximo 23 de abril, y con la cancelación de la entrega del Premio Cervantes, así como  de otros eventos culturales relacionados con el libro,  el Instituto Cervantes ha decidido celebrar el "mes del libro" para insistir en la importancia de las librerías.

Otros poemas del autor en este blog:

domingo, 12 de abril de 2020

"Lugares", de Eloy Sánchez Rosillo





             LUGARES


¿SUCEDE la belleza sin nosotros
o la crean los ojos al mirarla?
El ojo es sólo parte de lo bello,
cristal vivo en sus trémulas urdimbres,
al igual que los astros. Pero no
es él quien dilucida, sino el alma,
y ésta puede observar desde muy lejos,
porque ya ha visto, y sabe, y ella misma
es también lo mirado. Hay en el mundo
muchos sitios secretos en los que arde
la belleza a esta hora y yo no estoy
ni existe otra conciencia —trepa el puma
por un árbol sin nombre en la recóndita
selva cifrada; en la montaña surge,
muy alto y a trasmano, inverosímil,
un lirio, hijo del alba, que en la tarde
se desvanece cuando el sol declina;
cae la lluvia en el claro de algún bosque
y la luna la pulsa como un arpa
en mitad de la noche—; sí, transcurre
a solas la hermosura en nuestra ausencia,
aunque no en vano late, pues el alma
la considera y la comprende. Y no hay
en lo que digo soledad, derroche
de lo creado. Hay abundancia fértil,
continuidad de un todo inacabable,
honda misericordia de la vida.

De Quién lo diría, Tusquets, 2015

Entrada relacionada:

domingo, 5 de abril de 2020

"Palabras para Julia", de José Agustín Goytisolo





PALABRAS PARA JULIA

    Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
    Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
    Te sentirás acorralada
te sentirás perdida y sola
tal vez querrás no haber nacido.
    Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
    Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso. 
    Un hombre solo una mujer
así tomados de uno en uno
son como polvo no son nada.
    Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otros hombres.
    Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
    Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones
    Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
    Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
    La vida es bella tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor tendrás amigos.
    Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
    Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
    Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

De Algo sucede, 1968

José Agustín Goytisolo (1928-1999) escribió este poema para su hija, Julia Goytisolo Carandell,
Julia y José Agustín Goytisolo
cuando esta  tenía solamente siete años. Julia lleva ese nombre por deseo de su abuelo paterno pues era el nombre de su esposa, Julia Gay, cuya muerte, acaecida en Barcelona el 17 de marzo de 1938 durante un bombardeo de la aviación italiana, sumió en el más profundo dolor a la familia.

El poema, musicado y cantado por Paco Ibáñez, se convirtió pronto en un himno de resistencia, en un canto a la esperanza y a la solidaridad humana. Julia Goytisolo lo oyó cantar por primera vez  en Collioure, cuando tenía doce años y todavía no alcanzaba a comprender su significado. Fue Paco Ibáñez, su intérprete, quien le desveló que la Julia del poema era ella.

Fue incluido en Palabras para Julia y otras canciones (Laia, 1980), en cuyo prólogo Manuel Vázquez Montalbán afirma que en el conjunto de la obra poética de Goytisolo pesa sobre todo "la asunción del relativo poder de la palabra y la propuesta de utilizarla para enseñar a querer y a vivir". Y añade:
Por eso Goytisolo es un gran poeta intimista que se revela en sus versos familiares: la madre muerta, la mujer en cuyos brazos quisiera morir, la hija a la que ha de enseñar a vivir a pesar de su propio escepticismo: 
                       Tendrás amor
                       Tendrás amigos, 
le propone a Julia en los sesenta, dibujándole el único programa vital sensato al alcance de un padre y que hoy incluso nos puede parecer excesivamente ambicioso.
Sobre esta composición, una de las más conocidas y celebradas del poeta, han escrito Miguel Díez R. y Paz Díez Taboada (en Antología comentada de la poesía lírica española, Cátedra, 2005):
Escrito sin comas, en tercetos blancos eneasilábicos y con un estribillo cada cuatro estrofas, parece como si, en este poema con ritmo de salmodia y con palabras "vibrantes y calientes", el padre —él mismo aún "en el camino"— quisiera entregarle a su hija el legado de su propia experiencia; esta es la herencia más apreciada que puede ofrecerle, para que ella, Julia, sepa orientarse en el arduo camino de la vida.
Magda Boix, Asunción Carandell, Julia, Josep Mª Carandell,
José Agustín Goytisolo, Paco Ibáñez y Víctor Lana, posiblemente
después de una actuación de Paco Ibáñez

Puedes escuchar el poema, cantado por Rosalía o por Paco Ibáñez:

jueves, 2 de abril de 2020

'Cara de pan', de Sara Mesa

Grupo de lectura "Leer juntos Hoy" del IES "Goya"
Sesión del 9 de marzo de 2020
Obra comentada: Cara de pan, Anagrama, Narrativas hispánicas, 2018
Autora: Sara Mesa


1. Acerca de Sara Mesa

Sara Mesa es una periodista y escritora española nacida en Madrid en 1976. Siendo niña, su familia se trasladó  a la ciudad de Sevilla, donde sigue residiendo la autora. Estudió Periodismo y Filología hispánica. Fue madre joven y no empezó a escribir hasta los treinta años: "Viví y luego me puse a escribir", confiesa la autora. Afirma no haber sentido antes la vocación de escribir, tarea que, no obstante, le apasiona, si bien no la concibe como una profesión, razón por la que compagina la escritura con su trabajo en el mundo audiovisual. 

Sara Mesa.(elcultural.com)

Sus inicios literarios se centraron en la poesía, que abandonó muy pronto, a pesar de la excelente acogida de su poemario Este jilguero agenda (2007), galardonado con el Premio Nacional de Poesía "Fundación Cultural Miguel Hernández". Hoy es conocida por su obra narrativa: sus libros de cuentos —La soledad del galápago (2008), No es fácil ser verde (2009) y Mala letra (2016)— y sus novelas: El trepanador de cabezas (2010), Un incendio invisible (2011), Cuatro por cuatro (2013, finalista del Premio Herralde de Novela), Cicatriz (2015, Premio Ojo Crítico) y Cara de pan (2018). El cuento es el género en que se siente más cómoda. Tanto es así, que ha llegado a afirmar que "si algún día hago algo realmente bueno, será dentro del cuento".

Su narrativa, de gran fuerza emocional, pretende mostrar la realidad desde un ángulo inesperado, con un lenguaje sencillo pero cuidado. "Para mí", confiesa la autora en entrevista concedida a Nuria Azancot (El Cultural, 22 de enero de 2016), "el reto radica en utilizar las palabras normales, las habituales, incluso las antiliterarias, usar una materia prima humilde, una especie de art povera de la escritura".

2. Sobre Cara de pan

Cara de pan es una novela breve que tiene su germen, como explica la autora,  en uno de sus cuentos, titulado "A contrapelo". La trama gira en torno a la relación entre una chica  de trece años, apodada por sus compañeros de instituto "Cara de pan", y un excéntrico cincuentón apasionado de los pájaros y  de la cantante Nina Simone. La niña, que odia su nombre, pasa a ser 'Casi' para el hombre (por sus "casi catorce años") y este, un viejo para ella, será 'Viejo', con mayúscula, un nombre libre aquí  de connotaciones negativas. De esta forma, explica el viejo, "escapan del nombre real, que es una cárcel" (pág. 24), como ya hiciera su idolatrada Nina Simone. La relación comienza de un modo fortuito cuando ambos se encuentran en un parque de una ciudad "en la que apenas hace frío nunca" (pág. 94), donde Casi, que lleva unos días faltando a clase voluntariamente, ha encontrado refugio en un angosto escondite a salvo de  miradas ajenas, entre un olmo siberiano y unos setos.

Las conversaciones diarias entre ambos y los pensamientos de la chica constituyen la esencia de un relato de sencillez solo aparente. La tensión narrativa surge del constante temor de Casi a ser descubierta por los operarios del parque  y de su desconfianza hacia el hombre, pues ignora qué es lo que busca, lo que quiere de ella.  Pero es, sobre todo, la aprensión de los lectores, para quienes la relación entre un viejo y una niña resulta impropia, sospechosa, la que nos  mantiene en vilo, ansiosos por conocer el desarrollo de la historia. Para ello, la autora  se sirve de un narrador en tercera persona focalizado en la conciencia de la chica, que, por tanto, desconoce los pensamientos del viejo y sus verdaderas intenciones. La historia se cuenta, pues, desde la perspectiva de una preadolescente con escaso conocimiento de la vida, que confunde lo que ve y oye  o no es capaz de conceptualizarlo. De ahí que el narrador, en ocasiones,  avance información que Casi desconoce todavía, resuma  lo que esta sabe o contemple a la niña desde un punto de vista externo al personaje.

Los hechos se sitúan en la época actual y el tiempo interno abarca un año aproximadamente. De las dos partes perfectamente trabadas en que se divide la novela, la primera —que concluye de forma abrupta, sin que conozcamos el desenlace— se sitúa en el refugio del parque, un lugar en que los protagonistas se sienten a salvo porque  no son juzgados por nadie, y transcurre a lo largo de algo más de dos meses, desde mediados de octubre hasta el comienzo del invierno. Entre ambas partes hay una elipsis de varios meses: ha comenzado el nuevo curso y la niña, con casi quince años,  ya no tiene cara de pan; ha madurado y siente que ahora se han intercambiado los papeles: ella es la adulta y el viejo, el niño. La segunda parte, una especie de epílogo, narra el reencuentro de ambos y su conversación, durante algo más de tres horas, en una cafetería, donde  se exponen al juicio de los demás, expresado por la camarera (pág 136). En esta parte, mucho más breve que la primera, se nos da cuenta, de forma  fragmentaria e incompleta, del final de la aventura de Casi y de las consecuencias que esta ha tenido para ambos, y se completa el retrato del viejo a partir de visiones deformadas que ambos contradicen. Un encuentro  casual abre cada una de las partes: el primero da comienzo a una relación socialmente inaceptable, basada en la dependencia afectiva, en la unión de dos soledades; el segundo nos aboca  al final de la historia. En la cafetería, el viejo cumple simbólicamente la promesa que le hizo a Casi en la última secuencia de la primera parte, pero ambos saben que ese anillo de papel, igual que el anillado de las aves,  representa el adiós de dos seres que, al salir de la cafetería, toman caminos opuestos: el viejo, "hacia el pasado"; la niña "hacia el futuro" (pág. 136).

Ambos personajes son antihéroes, dos pájaros heridos, dos seres solitarios, marginados, porque se apartan de la normalidad. La de Casi es una situación temporal, transitoria; la del viejo, definitiva e irreversible. Casi es una chica de clase media "con padres que tratan de hacerlo lo mejor posible" (pág. 30). Su aspecto físico se nos esconde, del mismo modo que ella oculta su cuerpo bajo sus ropas amplias. Únicamente conocemos aquello que más la mortifica (su gordura, sus granos en los brazos, su  cara de pan) y lo que el viejo le dice, que tiene "unos ojos bonitos y  soñadores"  (pág. 51). Acomplejada por su físico, muy alejado del modelo impuesto por sus compañeras, que rivalizan entre ellas "para ver cuál está más buena" (pág. 35), es la única que no tiene novio, tampoco tiene amigas y odia los trabajos en grupo, obligatorios en el instituto. Una chica con "problemas de integración", según la orientadora de su instituto, quien ha anotado en su cuaderno: "acomplejada pero inteligente, es posible que se crea superior al resto" (pág. 75). Una "casi" adolescente "rabiosa, injusta con su entorno, maleducada a
Imagen de un jilguero./EFE (cadenaser.com)
veces", "incomprendida" y "sin oyentes, salvo ahora que al menos ha encontrado a ese hombre" (pág. 30). Molesta en principio con el viejo, a quien considera un intruso y un plasta, poco a poco irá interesándose por los pájaros y disfrutando con las canciones de Nina Simone. Agradece que no le haga preguntas indiscretas, pero al mismo tiempo le fastidia que el hombre no demuestre más interés por ella. Porque la insegura  Casi, que tiene una vida convencional y nunca ha vivido nada digno de ser contado, la Casi rechazada,  necesita más que nada sentirse atractiva, interesante, especial. Y conforme pasan los días y se sabe a punto de ser descubierta, va creciendo en ella la  necesidad de protagonizar una historia que contar, una historia que le dé ante los demás un aura de chica mala. Porque, como ha escrito Charo Ramos (en Diario de Sevilla, 23/09/2018),
Casi no es una nínfula pero las palomitas y las patatas tienen, en esta novela pequeña y magistral, el sabor de la manzana con la que Eva tienta a su compañero en ese jardín del bien y del mal donde nada es lo que parece. 
Pero, cuando  la realidad está lejos de ajustarse a sus deseos, serán su diario -en el que vuelca sus fantasías, incluidas las eróticas- y las ideas preconcebidas de los adultos los que la conviertan en falsa protagonista de esa historia que anhela desesperadamente.

A través de la mirada de Casi, vamos descubriendo al viejo, un personaje poliédrico, enigmático y sorprendente. Ataviado con ropa elegante pero anticuada, a Casi le recuerda a un distinguido profesor, antiguo vecino suyo (pág. 16). Parece un hombre tímido,  sin malicia, que habla como un niño, nunca miente y tiene unos conocimientos asombrosos sobre sus dos grandes pasiones, los pájaros y  Nina Simone. A Casi le resulta tan desconcertante como
el contraste entre su rostro de frente y su rostro de perfil, el primero de apariencia inocente y hasta bobalicona, el segundo introspectivo y sabio, como si pertenecieran a dos caras diferentes de dos hombres diferentes. (pág. 34)
Después sabremos, por él mismo,  de la amargura de  un hombre marcado por un estigma familiar "como una res marcada por el fuego" (pág. 79), rechazado por su madre y recluido en un psiquiátrico. Una persona de aspecto inofensivo pero con antecedentes; con algún tipo de desorden mental, en opinión de los "vigilantes de la moral que hacen sus diagnósticos  mentales diseccionando familias" (pág. 76); un "pobre zumbado" para un policía; un retrasado según los padres de Casi, un loco para otros; un "viejo ridículo, patético, con pinta de colgado y de enfermo" (pág. 136), a juicio de la camarera. Él se confiesa obsesivo y cabezota (pág. 39), pero rechaza  la etiqueta de loco con que la sociedad lo ha clasificado:
Él solo tiene las conexiones cerebrales enlazadas de un modo diferente; ciertas conexiones, ¡no todas!, lo que significa que algunas cosas no las hace muy bien —no las puede hacer muy bien—, pero en otras en cambio es un hacha, ¡no tiene competencia! (pág. 81)
No obstante, son muchas las zonas de sombra, los vacíos, los interrogantes,  en la historia de este hombre que se resiste a hablar de sí mismo. Un inocente maltratado por la vida, rechazado por todos, un marginado social sin posibilidad de reinserción. Un personaje que, como recuerda Rafael Fuentes (El Imparcial, 18/11/2018), pertenece a la estirpe de otros tan inolvidables como el "Boo" Radley de Matar un ruiseñor   o el Azarías de Los santos inocentes.

El viejo es incapaz de dar respuesta a la pregunta  de Casi sobre por qué se centra solo en los pájaros y
La cantante Nina Simone. Foto: David Redfern/Redferns
en Nina Simone,  pero más tarde le confiesa que cuando su vida se torció encontró consuelo en los pájaros, que lo salvaron del rencor (pág. 86). Los conocimientos del viejo sobre pájaros le servirán a la autora, a modo de fábulas animalescas, para que los personajes se expliquen a sí mismos y para explicárnoslos a los lectores. A fin de que Casi entienda  su desesperación en la clínica, el viejo recurre al símil de los pájaros enjaulados —con su carga simbólica de falta de libertad—, que se golpean contra los  barrotes y se destrozan el pico tratando de escapar (pág. 82). La niña comprende que la canción  "Blackbird" de Nina Simone  quizá también trata de él o incluso de ambos (pág. 80) y se pregunta si ellos son dos pájaros teñidos para ocultar su debilidad cuando el viejo habla ya de otros pájaros "que se resistieron a participar en el juego", "que se mantenían aparte aunque les costase el repudio" (pág. 46). Los pájaros sin patas a que alude el viejo (pág. 71) representan para los personajes  la libertad y la pureza que quisieran en sus vidas;  mientras que  Domingo Ródenas de Moya (elPeriódico, 2/10/2018)   los asocia  a los protagonistas, "seres carenciales con serias dificultades de posarse en el suelo". Cuando la niña Casi se ve impulsada  a hacer cosas de adultos, el narrador observa que, en ese momento,  rompe el silencio el canto de un estornino (pág. 101), ese pájaro del que ha dicho el viejo que imita el canto de otras aves y confunde. En cuanto a Nina Simone, con quien el viejo comparte la marginación y el paso por una clínica psiquiátrica, según Rafael Fuentes, "asume el rol de gran 'ave humana' enjaulada junto a los afrodescendientes herederos de la esclavitud, y cuyas prodigiosas canciones se convirtieron en himnos a la libertad".

Sara Mesa retoma en esta novela el motivo del viejo y la niña, de larga tradición literaria, para subvertirlo, pues el desarrollo de la novela rompe con las expectativas de los lectores, que se ven obligados a revisar sus prejuicios.  Son precisamente esas ideas preconcebidas ("El viejo engaña, tiene intenciones ocultas.", pág. 95) las que  hacen pasar la ficción por realidad y  al  inocente por culpable, porque quien debe averiguar la verdad de los hechos busca únicamente que el relato de los mismos concuerde con sus sospechas, con lo que parece esperable de la relación entre esta "pareja inadmisible, sin sentido" (pág. 136), porque "era más fácil creer que había pasado todo antes que admitir que, posiblemente, no había pasado nada" (pág. 113).

Una vez más, la autora consigue presentar la realidad desde un ángulo nuevo y sorprendente, en este caso con una absorbente y espléndida novela que nos habla, como observa  Carlos Zanón, de "la destrucción de la pureza, de lo irrepetible, de lo raro a manos del catálogo, la ley y lo cotidiano".

                                                                             Josefina López Granada

Como complemento a la lectura, nuestra compañera  Inocencia Torres nos sugiere escuchar el canto de los pájaros en el siguiente enlace: 

También te proponemos oír "Blackbird", la canción de Nina Simone:


martes, 31 de marzo de 2020

Libros: Novedades

Una gran parte de los títulos reseñados en el boletín de novedades del segundo trimestre se han adquirido a cargo de los fondos públicos que recientemente se destinaron a dotar a las bibliotecas escolares de suficiente bibliografía para trabajar en los centros educativos la igualdad entre mujeres y hombres. Todos los libros están ya catalogados y dispuestos a la espera de su préstamo y aprovechamiento tan pronto como las graves circunstancias actuales permitan la reapertura del instituto. Deseamos que se produzca lo antes posible. Otros materiales adquiridos con el mismo objetivo formarán parte del boletín de novedades de final de curso.

domingo, 29 de marzo de 2020

"Lo que no es sueño", de Claudio Rodríguez


Juan Martínez Abades, Marina



LO QUE NO ES SUEÑO

Déjame que te hable en esta hora
de dolor, con alegres
palabras. Ya se sabe
que el escorpión, la sabandija, el piojo,
curan a veces. Pero tú oye, déjame
decirte que, a pesar
de tanta vida deplorable, sí,
a pesar y aun ahora
que estamos en derrota, nunca en doma,
el dolor es la nube,
la alegría, el espacio;
el dolor es el huésped,
la alegría, la casa.
Que el dolor es la miel,
símbolo de la muerte, y la alegría
es agria, seca, nueva,
lo único que tiene
verdadero sentido.
Déjame que, con vieja
sabiduría, diga:
a pesar, a pesar
de todos los pesares
y aunque sea muy dolorosa, y aunque
sea a veces inmunda, siempre, siempre
la más honda verdad es la alegría.
La que de un río turbio
hace aguas limpias,
la que hace que te diga
estas palabras tan indignas ahora,
la que nos llega como
llega la noche y llega la mañana,
como llega a la orilla
la ola:
irremediablemente.


De Alianza y condena, 1965

Otros poemas del autor en este blog:
-"Cielo": AQUÍ.
-"Como si nunca hubiera sido mía": AQUÍ.
-"A los Reyes Magos": AQUÍ.
-"Noviembre": AQUÍ.

domingo, 22 de marzo de 2020

Dos poemas de Tonino Guerra

Mi casa en Pennabilli

Ahora vivo aquí arriba
en una casa de montaña
y paso el tiempo con las hojas secas
y las pongo en fila sobre un escalón;
o voy a tocar esos hilos de agua
que saltan por una grieta entre las piedras
donde las truchas se acurrucan al fresco
y Silvestro las coge con las manos
como hacen los gatos con las mariposas-
También me gusta hacer cuentas
con una aritmética elemental:
dos y dos cuatro seis y seis doce
si compras siete huevos y se caen tres
al suelo, ¿cuántos te quedan?

O si no, trazo rayas en la arena
del patio, astas una tras otra
para recordar las piernas esbeltas
de otros tiempos y el aire
lleno de luciérnagas y la bicicleta
y el tirachinas, las cometas
y allá abajo cada mes de agosto
el mar que estaba tumbado detrás de las montañas de arena
como un animal bueno
bajo las caricias del amo.
Por las tardes me siento a ver el valle
y la montaña al fondo
con los sembrados que parecen trapos
tendidos al sol y las lindes
rojas de amapolas y puñados de casas
como nidos de golondrinas sobre la tierra
y la gente agachada trabajando
pequeña como polvo y yo sentado
con todas estas cosas en los ojos
y la memoria que se ha vuelto blanca
y sobre esta sábana de vez en cuando pasa
la voz de mi pobre madre
y el olor de los membrillos
que ella guardaba encima del armario.

La muerte

Yo si pienso en la muerte
me muero de miedo
porque al morir se dejan demasiadas cosas
que después ya no vuelves a ver nunca más:
los amigos, los parientes, los árboles
del paseo que tienen ese olor
y toda la gente que has visto
aunque sea una sola vez.

Yo quisiera morirme en el invierno
mientras llueve
en uno de esos días que se hace de noche pronto
y por la calle los zapatos se te llenan de barro
y la gente se encierra en los cafés
alrededor de la estufa.

 En Poesía completa, versión de Juan Vicente Piqueras, 2001

Tonino Guerra (Santarcangelo di Romagna, 1920-2012) fue un novelista, dramaturgo, guionista y
Tonino Guerra. AFP
poeta italiano, hablante del dialecto romañolo. Durante la ocupación nazi trabajó como maestro. Fue detenido en agosto de 1944, cuando le encontraron unos folletos antifascistas. Fue deportado al campo de concentración alemán de Troisdorf, donde empezó a escribir poesía  que recitaba a sus compañeros de la Romaña, para "engañar a la vida dura". Más tarde reunirá estos poemas en I Scarabocc (Los garabatos, 1946). Tras ser liberado en 1945, se licenció en Pedagogía en la Universidad de Urbino con una tesis  sobre poesía en dialecto romañolo. En 1952 se casó con Paola Grotti, con quien tuvo dos hijos. En 1953 se trasladó a Roma y comenzó su trabajo como guionista. Colaboró con grandes directores italianos como Rossi, Antonioni, De Santis, los hermanos Taviani, Fellini o Visconti. También trabajó con el ruso Tarkovski, el griego Theo Angelopulos y el estadounidense Steven Soderbergh. En 1975 
Una de las intervenciones artísticas de
Tonino Guerra (lavalmarecchia.it)
conoció a la rusa Eleonora  Kreindlina, de quien se enamoró y, tras separarse de Paola, contrajo matrimonio con Eleonora en 1977. En 1989 regresó a Romaña y se instaló en Pennabilli, donde pasó el resto de su vida. Realizó  numerosas intervenciones artísticas en plena naturaleza y retomó la pintura, que se convirtió en su principal actividad durante esta etapa. Murió el 21 de marzo de 2012, coincidiendo con la celebración del Día Mundial de la Poesía.  Sus cenizas se depositaron en un nicho excavado en una pared de roca del jardín  de su casa de Pennabilli, un punto desde donde se puede admirar todo el valle.

Como guionista,  obtuvo en tres ocasiones el David de Donatello -por Tres hermanos, Y la nave va y Kaos- y tres nominaciones al Oscar: por Casanova 70 (1965), Blow-Up (1966) y  Amarcord (1974). Ganó el premio al Mejor Guion del Festival de Cine de Cannes por Viaje a Cytherea de Angelopoulos,  recibió un premio honorífico del Festival de Cine de Venecia y en 2011, el Jean Renoir Award. 

Tonino Guerra, igual que Passolini y Zavattini, abandona el italiano para escribir  en el dialecto de su infancia, como un acto de resistencia frente a la uniformidad que nos impone el mundo actual, como una necesidad de recuperar lo que la modernidad le había arrebatado, lo que se ha perdido definitivamente. Entre los libros escritos en romañolo, están La miel (1981), El libro de las iglesias abandonadas (1988), El huerto de Eliseo (1989) y Cuarteto de otoño (2001). Su Poesía completa (1972-2001) reúne diecisiete títulos. Los poemas escritos entre 1940 y 1972 fueron recogidos en Los bueyes (1972).

Museo permanente Nel mondo di Tonino Guerra. Foto: Archivio Provincia di Rimini


     Tonino Guerra, 2005. © Contrasto. (vogue.it)

    
                        CIAO, TONINO

                                                    En el funeral de Tonino Guerra

     Ha muerto el inventor de las colmenas
     y de los funerales de altamar. 

     Ha muerto el inventor de las iglesias
     abandonadas, del almendro en flor,
     de las hogueras bajo la nevada.

     Ha muerto el inventor del propio viento,
     el viento que nacía de sus pasos,
     el que construyó Rusia con una telaraña,
     el que vio África en un vaso de agua.

     Ha muerto el rey de las hojas secas y de los abejorros,
     el coleccionista de jaulas, el poeta,
     el hombre que llevaba en los ojos un mundo
     que no era éste, el ángel con bigote
     que declaró a la prensa que la muerte
     es una mariposa,
     el niño que cantaba nanas a los ancianos,
     el pastor de las nubes, el zar de las semillas,
     el que tuvo en sus manos un mundo que moría.

     Ha muerto el ángel que inventó la nieve,
     el que plantó un buen día en Pennabilli
     el huerto de los frutos olvidados,
     el que escribió la miel.
                                          Grazie, Tonino!

         (Juan Vicente Piqueras, Qué hago yo aquí (Poemas, 1999-2017), Renacimiento, 2019)
  

[Imagen inicial: Van Gogh, Campos de trigo después de la lluvia en Auvers]