EL BLOG DE LA BIBLIOTECA "IRENE VALLEJO" DEL IES GOYA DE ZARAGOZA


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domingo, 5 de noviembre de 2017

"Lope. La Noche. Marta", de José Hierro


Vilhelm Hammershoi, Interior with two candles


Lope[1]. La Noche. Marta[2]           


            He abierto la ventana. Entra sin hacer ruido
            (afuera deja sus constelaciones).
            «Buenas noches, Noche».
            Pasa las páginas de sombra
  5        en las que todo está ya escrito.
            Viene a pedirme cuentas.

            «Salí al rayar el alba —digo—.
            Lamía el sol las paredes leprosas.
            Olía a vino, a miel, a jara»
 10       (Deslumbrada por tanta claridad
            ha entornado los ojos).
            La llevan mis palabras por calles, ascuas, no lo sé:
            oye la plata de las campanadas.
            Ante la puerta de la iglesia
 15       me callo, me detengo —entraría conmigo
            si yo no me callase, si no me detuviera—;
            yo sé bien lo que quiere la Noche;
            lo de todas las noches;
            si no, por qué habría venido.

 20      Ya mi memoria no es lo que era. En la misa del alba
            no dije 
Agnus Dei qui tollis peccata mundi[3],
            sino que dije 
Marta Dei (ella es también cordero de Dios
            que quita mis pecados del mundo).
            La Noche no podría comprenderlo,
 25       y qué decirle, y cómo, para que lo entendiese.

            No me pregunta nada la Noche,
            no me pregunta nada. Ella lo sabe todo
            antes que yo lo diga, antes que yo lo sepa.
            Ella ha oído esos versos
 30      que se escupen de boca en boca, versos
            de un malaleche del Andalucía[4]
            —al que otro malaleche de solar montañés
            llamara «capellán del rey de bastos»—
            en los que hace mofa de mí y de Marta,
 35       amor mío, resumen de todos mis amores:

            Dicho me han por una carta
            que es tu cómica persona
            sobre los manteles, mona
            y entre las sábanas, Marta
.

 40      qué sabrá ese tahúr, ese amargado
            lo que es amor.
            La Noche trae entre los pliegues de su toga
            un polvillo de música, como el del ala de la mariposa.
            Una música hilada en la vihuela
 45       del maestro del danzar, nuestro vecino.
            En la cocina la estará escuchando Marta;
            danzará, mientras barre el suelo que no ve,
            manchado de ceniza, de aroma, de trigo candeal,
            de jazmines, de estrellas, de papeles rompidos[5].
 50      Danza y barre Marta.

            Pido a la Noche que se vaya. Hasta mañana. Noche.
            Déjame que descanse. Cuando amanezca regaré el jardín,
            saldré después a decir misa
            —
Deus meus, Deus meus, quare tristis est anima mea[6]
  55      luego volveré a casa, terminaré una epístola en tercetos,
            escribiré unas hojas
            de la comedia que encargaron unos representantes.
            Que las cosas no marchan bien en el teatro,
            y uno no puede dormirse en los laureles.

 60      Hasta mañana, Noche.
            Tengo que dar la cena a Marta,
            asearla, peinarla (ella no vive ya en el mundo nuestro),
            cuidar que no alborote mis papeles,
            que no apuñale las paredes con mis plumas
 65       —mis bien cortadas plumas—,
            tengo que confesarla. «Padre, vivo en pecado»
            (no sabe que el pecado es de los dos),
            y dirá luego: «Lope, quiero morirme»
            (y qué sucedería si yo muriese antes que ella).
 70     
Ego te absolvo[7].

            Y luego, sosegada, le contaré, para dormirla,
            aventuras de olas, de galeones, de arcabuces, de rumbos marinos,
            de lugares vividos y soñados: de lo que fue
            y que no fue y que pudo ser mi vida.

 75       Abre tus ojos verdes, Marta, que quiero oír el mar.


                      De Agenda, 1991




[1] El escritor Lope de Vega.
[2] Marta de Nevares, el último gran amor de Lope.
[3] Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Comienzo del 
Canto de la Fracción. En el siglo XVII la misa se celebraba en latín.
[4] Se refiere al poeta  Luis de Góngora, uno de los mayores rivales de Lope. 
Quevedo (“otro malaleche de solar montañés”) lo llamó en uno de sus poemas
 “capellán del rey de bastos” porque fue nombrado capellán real por Felipe III 
y por su enorme afición al juego (el rey de bastos es un naipe de la baraja española).
[5] Referencia a los borradores rotos por Lope, pero también a su Soneto CXC,
  “A unos papeles rompidos”, en el que habla de sus "versos de amor". Por tanto, se refiere
a sus versos rotos y a los fragmentos de su vida rota de la que trata en ellos. Marta barre sus
versos y su vida, las experiencias amorosas pasadas de Lope, por eso dice que Marta es
"resumen de todos mis amores" (Rey Hazas).
[6] Fragmento del Salmo 42 (Vg 41): “ ¿por qué te abates, alma mía…?”, que forma parte
del Introito  de la misa.
[7] Fórmula de la absolución en el sacramento de la penitencia.


José Hierro/ Foto: elcultural.com
José Hierro (Madrid, 1922-2002) fue crítico de arte y poeta español perteneciente a    la llamada Generación de posguerra. En su obra caben tanto el testimonio social como la subjetividad intimista. Su producción poética ha corrido paralela a sus incursiones en el dibujo y la pintura, así como en la crítica de arte, que ejerció en distintos medios desde 1944.

Hijo de madrileño y santanderina, cuando tenía dos años su familia se traslada a Santander por cambio de destino de su padre, empleado de Telégrafos. Allí comenzó los estudios de perito industrial, interrumpidos al comenzar la Guerra Civil en 1936; escribió sus primeros poemas (integrados después en el Romancero General de la Guerra de España) y entró a formar parte de la Unión de Escritores Revolucionarios. Al terminar la contienda, fue detenido y encarcelado en septiembre de 1939, bajo la acusación de pertenecer a una organización de apoyo a los presos políticos (uno de los cuales era su propio padre, Joaquín Hierro, que el 18 de julio de 1936 interceptó el cable con el que el Gobierno Civil pretendía sublevar a la guarnición de Santander, por lo que sufrió prisión desde 1937 hasta 1941). Tras dos procesos, el poeta fue condenado a doce años y un día de reclusión, de los que cumplió casi cinco. En ese tiempo recorrió las prisiones de Santander, Comendadoras (Madrid), Palencia, Santander de nuevo, Porlier (Madrid), Torrijos (Toledo), Segovia y Alcalá de Henares. Estas vivencias marcarán profundamente su vida y su poesía. 

En enero de 1944 sale de la cárcel y vuelve a Santander, pero tras el verano marcha a Valencia donde el poeta José Luis Hidalgo* (a quien había conocido en 1936 y al que lo unirá una gran amistad hasta su prematura muerte en 1947) creía haberle encontrado trabajo. En Valencia residió hasta 1946, con José Luis Hidalgo y Jorge Campos. Allí se incorpora al grupo de la revista Corcel y escribe los poemas de Tierra sin nosotros (1947), eco de la experiencia traumática de la guerra, en el que se plantea la poesía como testimonio del tiempo vivido.  Algunos de estos poemas habían sido publicados en las revistas Garcilaso, Corcel y Proel, en la que participará muy activamente desde 1946. Además comienza a escribir los poemas de Alegría (1947, galardonado con el premio Adonáis), en el que, en un estilo sobrio pero cuidado, reivindica la esperanza, la alegría que se ha ganado al espanto: "Llegué por el dolor a la alegría". Estos dos libros representan para Jesús María Barrajón dos caras, melancólica y vitalista, de su existencialismo contenido.

De 1947 a 1952 vive en Santander, donde desempeñó diferentes trabajos para sobrevivir mientras seguía colaborando en la revista Proel y escribiendo. En 1949 contrajo matrimonio con María Ángeles Torres, con quien tuvo cuatro hijos: Juan Ramón (1949, llamado así por el poeta de Moguer), Margarita (1951), Marián (1953) y Joaquín (1960). En 1950 publica Con las piedras, con el viento, centrado en el sufrimiento amoroso,  y en 1952 Francisco Ribes lo incluye en la Antología consultada de la joven poesía española. Ese mismo año se traslada a Madrid porque comienza a trabajar en Editora Nacional y en el Ateneo. Colabora en revistas de información y en Radio Exterior de España y Radio 3. Más tarde se incorpora a Radio Nacional, donde continuará hasta su jubilación en 1987. En 1953 publica Quinta del 42, en el que el paso del tiempo y la derrota son los temas fundamentales de unos poemas que él llamó "reportajes". A este seguirán Estatuas yacentes (1954), Cuanto sé de mí (1957), reconocido con el Premio de la Crítica y el March, y El libro de las alucinaciones (1964), en el que anticipa una línea poética que habría de imponerse más tarde en la poesía española. Finalmente y tras un largo silencio, ven la luz Agenda (1991) y Cuaderno de Nueva York (1998). Su obra fue reconocida con   galardones tan importantes como el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1981), el Nacional de las Letras Españolas (1990), el  Reina Sofía (1995), el Premio Cervantes (1998) y el Nacional de Poesía (1999). Aquejado de insuficiencia respiratoria, falleció en Madrid el 21 de diciembre de 2002, a los ochenta años.

Considerado por muchos como un puente entre la generación del 27 y la poesía actual, el propio autor distingue en su producción poética (cuyos principales valores son su honda raíz humana y su prodigioso sentido del ritmo) una doble orientación, hacia el realismo y hacia el irracionalismo: los reportajes (poemas de carácter narrativo, que parten de un hecho real y emplean un lenguaje sencillo; se diferencian de la prosa "gracias al ritmo oculto y sostenido, que pone emoción en sus palabras fríamente objetivas") y las alucinaciones (donde predomina la subjetividad y los componentes irracionales, en los que todo parece "como envuelto en niebla").

"Lope. La Noche. Marta" es el último poema de la última sección de Agenda, titulada "Nombres propios". En él, como observa Gregorio Torres Nebrera ("Lope. La Noche. Marta". La alucinación de José Hierro), recrea un momento de la vida del escritor Lope de Vega, en torno a 1630 o 1632, poco antes de la muerte de Marta de Nevares y cuando Lope se hallaba ya en la setentena, una edad similar a la de José Hierro cuando compuso el poema. Para Rosa Navarro Durán, esta composición es "el gran poema de amor de la vida de Lope."

Marta de Nevares, madrileña educada en Alcalá de Henares,  era una mujer culta y refinada,  de gran belleza, a quien Lope, en la dedicatoria de su comedia La viuda valenciana, describió con elogiosas palabras: "tenía los ojos verdes, cejas y pestañas negras, y en cantidad, cabellos rizados y copiosos, boca que pone en cuidado los que la miran cuando ríe, manos blancas, gentileza de cuerpo, el don de la poesía, la voz divina, la pureza del hablar cortesano, toda la gracia de la danza".  Había nacido hacia 1591, y en 1604, cuando tenía trece años, fue obligada a contraer matrimonio con  el hombre de negocios Roque Hernández de Ayala ("un fiero Herodes", según Lope), con quien tuvo dos hijos.
   Lope y Marta se conocieron en 1616  durante una fiesta poética celebrada en un jardín madrileño. Ella tendría unos 26 años y el escritor, con 55, era casi un viejo para la época y se había ordenado sacerdote poco antes. Lope estaba más enamorado que nunca, como confiesa en una carta al duque de Sessa, en la primavera de 1617: "Yo estoy perdido, si en mi vida lo estuve, por alma y cuerpo de mujer, y Dios sabe con qué sentimiento mío, porque no sé cómo ha de ser ni durar esto, ni vivir sin gozarlo". El amor triunfó, como indica Torres Nebreda,  sobre los numerosos obstáculos que debieron vencer: la diferencia de edad, los constantes problemas con el marido de Marta, el escándalo por ser Lope sacerdote y Marta mujer casada,  la enfermedad de esta y los muchos sufrimientos que les deparó la vida. Pronto iniciaron una relación  semiclandestina y después Lope la llevó a vivir a su casa en la madrileña calle Francos (hoy Cervantes, 11), en la que convivieron durante dieciséis años. En 1617 tuvieron una niña, Antonia Clara, inscrita como hija de Roque, y al año siguiente les nació un niño muerto. Ese mismo año, Marta inicia una serie de pleitos con su marido para obtener la anulación del matrimonio, problema que vino a resolver la inesperada muerte de Roque en 1619. Marta (la Amarilis de su epistolario amoroso y la Marcia Leonarda de Novelas a Marcia Leonarda y de la dedicatoria a La viuda valenciana) empezó a perder la vista en 1622 y en 1627 había quedado  ciega. Lope la cuidó durante estos años y siguió haciéndolo después, cuando en 1928 empezó a sufrir ataques de locura, hasta su muerte, acaecida en casa del escritor en la primavera de 1632. Para evitar más habladurías, los funerales fueron sufragados por Alonso Pérez, editor y amigo del poeta. Lope murió tres años después.

El poema es un monólogo en el que Lope conversa con la Noche hablándole de su vida con Marta. Sus sentimientos se mezclan con el sentimiento de culpa, los asuntos de la vida cotidiana, las burlas malintencionadas de sus enemigos Góngora y Quevedo, y  "se tiñen de una tristeza empapada de cariño", añade Torres Nebrera, que escribe:
Hierro evoca a los amantes en los momentos más sosegados, en los años "de senectute" del poeta, cuando es preciso que el escritor sacerdote y anciano eche la vista atrás, contemple el camino recorrido y valore lo que tiene a su lado: una pobre mujer ciega y loca. Es el momento en que Lope se para a reflexionar, tiene la ocasión de arrepentirse, y de pedir perdón a la Noche e incluso a la misma mujer que ha compartido sus últimos años. A los dos, en realidad, los visita esa Noche, que parece más oscura que nunca pues se desase de sus hermosas estrellas, de sus luminarias intensas y bellísimas ("afuera deja sus constelaciones") y se presenta revestida de su carácter de "noche oscura", al modo de como la utiliza el simbolismo místico, sanjuanesco en concreto (y Juan de la Cruz es otro poeta admirado y considerado por el autor de este poema).
Está formado por setenta y cinco versos (alejandrinos, endecasílabos y eneasílabos, preferentemente) y dividido en tres secuencias de veinticinco versos cada una, que se inician con la alusión a la Noche: "Buenas noches, Noche", "No me pregunta nada la Noche", "Hasta mañana, Noche". Todo en el poema gira en torno al número tres, como observa Antonio Rey Hazas ("José Hierro y Lope de Vega: Lope. La noche. Marta"), para quien los tres personajes se corresponden con tres momentos de una sola noche:
En un primer momento [...], en la primera parte [...], Lope aparece solo con La Noche, mientras Marta está únicamente en su memoria aunque ocupe inconscientemente en ella el lugar de Dios. Poco a poco, durante la segunda parte [...], la Noche va perdiendo importancia y Marta empieza a vislumbrarse, a entreverse, sin aparecer aún. Finalmente, en la tercera [...], Marta es ya la referencia fundamental, la presencia clave del poema, al tiempo que La Noche desaparece definitivamente.
Añade Rey Hazas que el título indica con precisión la importancia de cada personaje: la presencia de Lope lo domina todo, mientras que Marta, siendo la motivación del poema, solo aparece al final, pues está ciega y loca, por lo que Lope empieza a estar verdaderamente solo, "empieza a caminar consigo y con sus 'pensamientos', con su Noche, hacia sus 'soledades' ". Así,  el poema "va cobrando una mayor fuerza dramática conforme se acerca al final", como ha observado Jesús María Barrajón, para quien el momento de la confesión, con las dos confidencias de Marta "sugieren implícitamente uno de los contrastes centrales del poema: sacerdote/amante".

 La Noche, según Torres Nebreda, "sugiere tanto la conciencia del yo lírico como la muda y elocuente presencia del otro, y finalmente la sombra de la noche será una manera de personalizar también la ausencia de luz  y de pensamiento (la ceguera y la locura) de la mujer".

Yolanda Soler Onís (José Hierro: "La biografía de un pájaro se resume en su canto" Una poética confirmada) señala, por su parte,  la presencia en el poema de muchas de las características de la poesía de José Hierro:
Recursos tales como las distintas voces; el uso del paréntesis, del encabalgamiento, de la enumeración; la utilización de fórmulas, citas, coplas. Incluso el mar [...] es atraído hasta el escenario castellano en el que se sitúa el poema. También se dan cita en este texto las preocupaciones más recurrentes del poeta, por un lado la noche y el mundo de los sueños perdidos y, por otro, presidiéndolo todo, el amor.

-También puedes leer su poema "Ballenas en Long Island": AQUÍ.



*Entrada relacionada:

jueves, 2 de noviembre de 2017

Tres microrrelatos de Fernando Iwasaki

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LA MUJER DE BLANCO


Cuando les conté que había visto a una señora vestida de blanco vagando entre las lápidas, un helado silencio de almas en pena nos sobrecogió. ¿Por qué seguía volviendo después de tantas bendiciones, conjuros y exorcismos? Después de todo la mujer de blanco era una aparición amable, siempre con un ramo en los brazos y como flotando a través de la niebla, pero igual nos abalanzamos sobre ella en cuanto pasó delante de la cripta. Nunca más regresó a dejar flores en el viejo cementerio.


LAS RELIQUIAS

Cuando la madre Angelines murió, las campanas del convento doblaron mientras un delicado perfume se esparcía por todo el claustro desde su celda. "Son las señales de su santidad", proclamó sobrecogida la madre superiora.
     "Nuestro tesoro será descubierto y ahora el populacho vendrá en busca de reliquias y el obispo nos quitará su divino cuerpo". Después del santo rosario nos arrodillamos junto a ella. Hasta sus huesos eran dulces. 


LA CUEVA

Cuando era niño me encantaba jugar con mis hermanas debajo de las colchas de la cama de mis papás. A veces jugábamos a que era una tienda de campaña y otras nos creíamos que era un iglú en medio del polo, aunque el juego más bonito era el de la cueva. ¡Qué grande era la cama de mis papás! Una vez cogí la linterna de la mesa de noche y le dije a mis hermanas que me iba a explorar el fondo de la cueva. Al principio se reían, después se pusieron nerviosas y terminaron llamándome a gritos. Pero no les hice caso y seguí arrastrándome hasta que dejé de oír sus chillidos. La cueva era enorme y cuando se gastaron las pilas ya fue imposible volver. No sé cuántos años han pasado desde entonces porque mi pijama ya no me queda y lo tengo que llevar amarrado como Tarzán.
      He oído que mamá ha muerto.


                                       De Ajuar funerario, Páginas de Espuma, 2004



Fernando Iwasaki (2017)
Fernando Iwasaki Cauti (Lima, Perú, 1961) es narrador, ensayista, crítico e historiador. Hijo de un coronel del Ejército peruano y nieto de un japonés afincado en Lima, es el segundo de siete hermanos. Estudió en el colegio de los hermanos maristas Marcelino Champagnat (en el que Vargas Llosa situó parte de la acción de Los cachorros), en el exclusivo distrito limeño de Miraflores, y en la Pontificia Universidad Católica de Perú (PUC), donde posteriormente fue docente en la cátedra de Historia de Perú entre 1983 y 1984. Tras obtener una beca de investigación en 1984, se instaló en Sevilla, donde se dedicó a la investigación en el Archivo General de Indias, hasta enero de 1986. En este año contrae matrimonio en Lima con la artista sevillana María Ángeles Cordero Moguel (Marle), con quien tendrá tres hijos, y gana una plaza como profesor titular en el Departamento de Humanidades de la PUC, donde impartirá clases hasta su traslado a Sevilla en 1989.  En esta ciudad reside actualmente y se  doctoró en Historia de América en la Universidad Pablo de Olavide, con la tesis Lo maravilloso y lo imaginario en la Lima colonial.

Como especialista en gestión cultural ha dirigido el área de cultura de la Fundación San Telmo de Sevilla, fue director de la Fundación Alberto Jiménez-Becerril contra el terrorismo (1998-2001) y del Aula  de Cultura de ABC de Sevilla. Desde 1995 dirige la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco. Ha sido colaborador de La Prensa (1983-1984), Expreso (1986-1989), Diario 16 (1991-1996), El País (1997-1998), La Razón (1998-2000), Diario de Sevilla (1999-2000), El Mercurio de Chile (2005-2014) y del suplemento literario Laberinto, del diario mexicano Milenio (2006-2010); actualmente es columnista del diario ABC  para sus ediciones de Madrid y Sevilla. Dirigió la revista literaria Renacimiento, de Sevilla, desde 1996 hasta su desaparición en 2000. Es socio de honor de Nocte, la Asociación Española de Escritores de Terror. Desde 2015 imparte clases de Retórica y Comunicación argumentativa en la Universidad Loyola Andalucía.

Como creador literario se ha centrado principalmente en el relato breve, con libros como Tres noches de corbata (1987), A Troya, Helena (1993), Inquisiciones peruanas (1994, 2007), Un milagro informal (2003), Ajuar funerario (2004), Helarte de amar (2006), España, aparta de mí estos premios (2009),  Papel carbón. Cuentos 1983-1993 (2012) y la antología Es difícil hacer el amor (humor) pero se hace (La Habana, 2014) ; pero también ha publicado las novelas Libro de mal amor (2001) y Neguijón (2005). Sus relatos han sido recogidos en varias antología de España y América Latina. Ha sido traducido al ruso, inglés, francés, italiano, rumano y coreano. 

Es autor, asimismo, de varios ensayos, como Nación peruana: entelequia o utopía (1988), Mario Vargas Llosa, entre la libertad y el infierno (1992), El descubrimiento de España (1996), Mi poncho es un kimono flamenco (2005), rePUBLICANOS. Cuando dejamos de ser realistas (2008, VI Premio Algaba de Ensayo), Nabokovia Peruviana (2011) o Mínimo común literario (Lima, 2015),  así como de libros de crónicas: El sentimiento trágico de la liga (1995), La caja de pan duro (2000), Sevilla, sin mapa (2010), Una declaración de humor (2012, Premio Bodegas Olarra-Café Bretón), Desleídos y efervescentes (Santiago de Chile, 2013), El laberinto de los cincuenta (México, 2014) y Somos libros, seámoslo siempre (2014). Además, ha editado la antología de relatos andaluces Macondo boca arriba (México, 2006) y coeditado, con Jorge Volpi,  los Cuentos completos de Edgar Allan Poe (2008) y con Gustavo Guerrero, la antología de cuento latinoamericano Les bonnes nouvelles de l'Amérique latine (París, 2010).

Ha recibido también los siguientes premios: tercer premio en la IV Bienal del Cuento Copé, con el relato "El tiempo del mito" (1985); Premio Nacional de Ensayo Alberto Ulloa con el trabajo "Ambulantes y comercio colonial: dinámica social de un proceso de conflicto" (1987); I Premio de Periodismo de la Fundación de Fútbol Profesional, en 1994; en 1996, el Conference on Latin American History Grant Award (Nueva York) por un artículo publicado en la revista Hispanic American Historical Review; en 1998 gana la X Bienal de Cuento Copé con el relato "El derby de los penúltimos", y en 2015, el premio "Don Quijote" de la XXXII edición de los Premios Rey de España de Periodismo, por el ensayo "La Mancha Extraterritorial", publicado en el diario chileno El Mercurio.


domingo, 29 de octubre de 2017

"Estelas", de Mercedes Escolano

Estela funeraria del uxamense Licinio. Museo de Soria
[los viajes de cayo bracus-wordpress.com]



I

Viajero que llegas de otras tierras 
y pasas al lado de mi tumba,
detén tu litera y mira un breve instante
el mensaje que ha grabado el pedrero:
cuanto atesoré en vida quedó entre vivos,
la hierba que me cubre es toda mi riqueza.

IV

Quien lloró de amor por una mujer
llore conmigo en esta tierra ingrata.
Extranjero fui en su corazón,
extranjero lejos de mi patria.
Dos dolores para un mismo pecho.

XIV

Bajo el tambor de la batalla cayó
mi cuerpo herido y con las pompas
propias de un héroe fui enterrado.
Mas mi espíritu aguarda, despierto,
a que suene la flauta de Dioniso.

XV

Coronado de rosas y jazmines,
bajo el sol radiante de agosto,
la blancura del mármol juega
a imitar la nieve perpetua 
de tus labios. Entre el invierno
y el estío hay una estación
-la añoranza- aún más dolorosa.

XXI

Aprendí de los libros cuanto ellos
quisieron enseñarme. El resto
escrito estaba en las orillas 
del mar: flujo y reflujo constante,
sólo la muerte explica la vida.

       De Estelas, Torremozas, 1991



Estelas, 
tercer libro de Mercedes Escolano, está formado por tres partes o secciones: "Estelas", que da nombre al libro, "Soldado raso" y "Antinomia".  El término estela no hace aquí referencia al rastro que deja en el agua o en el aire un cuerpo en movimiento, sino a las estelas funerarias (monumentos normalmente monolíticos), en cuyas inscripciones  o epitafios se informaba sobre la identidad del fallecido (nombre, edad, profesión) y sobre  el familiar que se la dedicaba; en ocasiones se añadía los logros en vida del difunto o alguna frase afectuosa. Cuando las necrópolis romanas se encontraban a las afueras de las ciudades, principalmente a los lados de las vías, era inevitable que los viandantes leyeran las inscripciones, de forma que el difunto fuera recordado más allá de la muerte; por ello era normal encontrar en los epitafios alusiones a los viajeros (como en I) e incluso pedirles que rogaran "que la tierra te sea leve". La sección "Estelas" consta de cuarenta y cinco breves y hermosas composiciones que son otros tantos cantos funerarios  a la manera de las antiguas inscripciones grabadas en la piedra de las estelas. 


Sobre Estelas, reeditado en 2005 por El toro de barro, ha escrito Carlos Morales [eltorodebarro.blogspot.com.es] que  la autora "utilizó todo su poder evocador de una Roma reducida a escombros tras el paso de la muerte, para resucitar con la delicada y sobria precisión de sus versos las ambiciones, las debilidades y los sueños de los hombres y mujeres que fueron de otro tiempo, pero que en manos de su autora, nos son tan familiares que su sola evocación nos sobrecoge...".

domingo, 22 de octubre de 2017

"Elegía de otoño", de Leopoldo de Luis


Ricardo Beleña, Orillas del Darro


                     
                                   I
                
                                             (Tiempo de otoño)


Las hojas del otoño flotan sobre tu brisa
y caen en el estanque solitario del alma.
Un dolor de ser otros parece que nos pesa
como unas alas rotas.
(Acaso nunca el hombre es el mismo). Escuchamos
la voz honda del tiempo, la palabra
del tiempo que en los labios cobrizos del otoño
pone su dejo antiguo, su amarillez, y pasa.

Escuchamos el tiempo pasar: es un rebaño
invisible que pisa por la hierba mojada;
es una larga ronda de vientos tañedores
entre las flautas rojas de las ramas;

es una herida queja de líquidos metales
por fugitivos corazones de agua.
Escuchamos el tiempo y apretamos los párpados
y sentimos el tiempo en nuestras lágrimas.

El otoño que arde con su lumbre de gloria
presta a las cosas luz misteriosa y dorada;
toda la tierra tiene una triste hermosura
como una dulce evocación de infancia.

También otoño el corazón nos dora
y sus hondos paisajes nos enciende en el alma
y nos sentimos tiempo transitando, fundida
nuestra amarilla cera en las hermosas brasas.

Caminamos pisando un corazón de hojas.
Pisando lentamente una esperanza.
Y miramos al cielo. Y abatimos la frente.
Y decimos: -Mañana.


                  De Elegía en otoño, 1952
En Obra poética (1946-2003). Tomo I, Visor, 2003


Leopoldo de Luis
Leopoldo Urrutia de Luis, conocido como Leopoldo de Luis, fue un poeta y crítico español nacido en Córdoba en 1918.  Hijo del abogado republicano Alejandro Urrutia,  fue padre del también poeta, profesor y ensayista Jorge Urrutia; tío de la traductora María Teresa Gallego Urrutia, y medio hermano (por parte de padre) del escritor Francisco Umbral.

Al año de nacer, su familia se trasladó a Valladolid, donde el poeta vivió hasta los diecisiete años, cuando se trasladó a Madrid para estudiar Magisterio. En la capital se alojó en la sección de menores de la Residencia de Estudiantes. La ruina familiar le obligó a trabajar en una compañía de seguros hasta que, al estallar la Guerra Civil en 1936, se alistó en el ejército republicano y profundizó en su amistad con Miguel Hernández, a quien había conocido en 1935; también trató a León Felipe. En 1937 colaboró en Nuestra Bandera de Alicante y en La Hoja del Lunes de Madrid. Ese mismo año publicó "Romance" con el nombre de Leopoldo Urrutia, si bien su primera publicación puede considerarse Alba del hijo, editada en 1946 con el apellido materno, que adoptaría para evitar represalias de los vencedores. Terminó la guerra como capitán del estado mayor del general Escobar, en el frente de Extremadura. En la posguerra sufrió cautividad en la plaza de toros  de Ciudad Real y en el penal de  Ocaña; posteriormente pasó por los batallones de trabajadores esclavos del franquismo en el Campo de Gibraltar hasta ser liberado en 1942. Ya en Valladolid empezó a escribir  en  revistas literarias como Garcilaso y Espadaña, pero también en Cántico de Córdoba y en Revista de Occidente de Madrid. En esa época consolidó su larga amistad de cuarenta años con el poeta Vicente Aleixandre. Recuperó su trabajo en la compañía de seguros, de la que llegó a ser director. Como crítico destacó especialmente en las revistas madrileñas Ínsula y Revista española, así como en Papeles de Son Armadans de Palma de Mallorca.

Escribió más de treinta libros de poesía, de los que destacan  Teatro Real (1957), De aquí no se va nadie (1971, Premio Ausias March), Otra vez con el ala en los cristales (1976, Premio Álamo de poesía), Igual que guantes grises (1979, Premio Nacional de Literatura), Entre cañones me miro (1881, Premio Francisco de Quevedo), Generación del 98 (2000, Premio Pablo Menassa de Lucía) y Cuaderno de San Bernardo (2003, Premio Paul Beckett de poesía), con el que decidió poner fin a su labor literaria, si bien póstumamente apareció Respirar por la herida (2012). En 2003 recibió el Premio Nacional de las Letras por el conjunto de su obra, y Visor publicó su Obra completa (1946-2003). En 2004 fue nombrado Hijo Predilecto de Andalucía. Murió el 20 de noviembre de 2005.

Realizó, además, un reconocido trabajo crítico en Poesía española contemporánea. Antología (1939-1964) y Poesía social (1965, ampliada en 1969), y es autor (junto con  Jorge Urrutia) de la edición de Obras completas de Miguel Hernández (1979). Entre sus ensayos, sobresalen Antonio Machado, ejemplo y lección (1975) y Poesía aprendida: poetas españoles contemporáneos (1975).

La poesía de Leopoldo de Luis se caracteriza por su preocupación social, su conciencia del tiempo y la hondura expresiva. Su producción poética evoluciona desde una honda preocupación existencial y social hacia una aguda conciencia del tiempo y de la muerte  y una posición esencialmente humanista.  Como observa Anchor Ladoire, aunque la crítica actual tiende a relegarlo a un segundo plano dentro de la poesía social de posguerra, "su obra brilla por la preocupación técnica, el cuidado del lenguaje, la riqueza imaginaria y la sincera conmoción por el mundo que le rodea y el momento que le ha tocado vivir".

Leopoldo de Luis con su hijo, Jorge Urrutia, en 1946

[Las fotografías de Leopoldo de Luis están tomadas de isladerobinson.blogspot.com.es  e ignaciotrillo.wordpress.com, respectivamente.]

viernes, 20 de octubre de 2017

Día de la Biblioteca 2017


El 24 de octubre es el Día de la Biblioteca. En España se celebra desde 1997 por iniciativa de la Asociación de Amigos del Libro Infantil y Juvenil. La propuesta de esta celebración surgió en memoria del incendio de la biblioteca de Sarajevo en 1992, durante la guerra de los Balcanes, para trasladar a la opinión pública la importancia de las bibliotecas como lugar de encuentro de los lectores con la cultura, así como la importancia de los libros para conservar la memoria colectiva y como instrumento de mejora de la formación y la convivencia humana.

Con la celebración de este día se quiere concienciar a la sociedad de la importancia de la lectura, y agradecer la labor de  los profesionales de las bibliotecas, difundiendo la existencia de un servicio público de proximidad que contribuye a facilitar una vía de acceso al conocimiento a todos los ciudadanos.

Cada año un escritor y un ilustrador de reconocido prestigio se encargan  de la redacción del pregón y el diseño del cartel. Este año se ha contado para ello con el escritor Alejandro Palomas, ganador del Premio de Literatura Infantil y Juvenil 2016 por Un hijo, y con el ilustrador Manuel Marsol, ganador del Premio Internacional de Ilustración Feria de Bolonia-Fundación SM.


Texto del pregón: “Como Mary Poppins, pero sin volar”

Soy sobrino de bibliotecaria. Desde que tengo memoria, mi tía, que acaba de cumplir ochenta años, me ha regalado un libro el día de mi cumpleaños. Primero fue la serie de Osear, con su Kina y su láser, de la gran Carmen Kurtz; llegaron después las aventuras de Los Cinco, algunos clásicos ilustrados, la gran Nada de Carmen Laforet… La lista es larga y el disfrute ha sido mágico, porque mi tía entiende la lectura como algo que cura, que aleja al inocente de lo que agrede, y yo -y ella lo sabe- siempre he sido demasiado vulnerable a lo que daña, sea o no imaginado, sea o no real.

Mi tía se llama Nuria y desde niña sufre mucho de la vista. Aun así, trabajó durante décadas fomentando el amor por la lectura en hombres y mujeres, chicos y chicas a los que no conocía, pero cuya mirada no tardó en aprender a leer, a identificar y a descifrar. Ella decía -y a veces dice todavía- que “repartía refugio”, y se emociona al recordarlo. La he oído también confesar en algunos momentos de nuestra historia común, que no fueron fáciles y que vivimos juntos: “Decidí ser bibliotecaria porque así me aseguraba de que, por muy mal que nos fueran las cosas, aunque faltara el agua caliente o la calefacción, siempre tendríamos un libro en casa”. Ahora, quince años después de su jubilación, soy yo quien le recomienda lecturas. Leemos un libro a la vez y nos juntamos cada quince días a comer y a comentar lo leído, en lo que hemos bautizado como “El club de las 2”, porque intentamos en lo posible que coincida con el día 2 de cada mes, a las 2, y porque somos dos almas lectoras que no tienen freno. Durante estos años de club, ella me ha contado cosas, muchas cosas de su vida en la biblioteca, y desde que la oigo hablar como lo hace sobre su amor por esa vocación, que no decrece a pesar del tiempo, no puedo dejar de maravillarme y de preguntarme cómo definiría yo a una bibliotecaria -o a un bibliotecario- llegado el caso.

Hasta hace unos meses no di con la respuesta.

Fue a raíz de la publicación de Un hijo, durante una charla en un centro de enseñanza de una capital andaluza. Y fue precisamente gracias a un niño de diez años que, junto con otros 1OO, había leído la novela y quería conocer a su autor. Por motivos de espacio, el acto tuvo lugar en la biblioteca del centro, con un par de profesoras y la encargada de la biblioteca. La charla fue muy intensa, mucho más de lo que yo esperaba, y se alargó. Cuando por fin llegamos al final del turno de preguntas, un niño que estaba sentado en la primera fila levantó la mano.

-A mí lo que más me ha gustado del libro es María -dijo refiriéndose a la orientadora del centro, que es, junto con el pequeño Guille, la protagonista del libro.

Quise saber por qué. El niño, llamado Ismael, se rio un poco y luego, mirando a una de las tres mujeres que estaban junto a la puerta, dijo:

-Porque es igual que la seño Lourdes. -Una de las tres mujeres que estaban junto a la puerta se encogió un poco y negó con la cabeza, incapaz de reprimir una sonrisa. Ismael no había terminado-. Vive en la biblioteca porque si no los libros a lo mejor se van. O se mueren.

Se hizo el silencio en la biblioteca. Nadie se rio. Nadie dijo nada. Fueron segundos llenos de respiraciones contenidas, de tensión y de infancia.

-Es que es bibliotecaria -volvió a hablar Ismael. Y al ver que yo lo miraba sin saber qué decir, debió de entender que necesitaba explicarse mejor, y añadió-: O sea, como Mary Poppins, pero sin alas.

Hoy es un día especial. Celebramos el Día de las Bibliotecas y celebramos también que cientos, miles de Mary Poppins sin alas velan por los libros que las habitan para que no se mueran ni se vayan, e Ismael siga creyendo que la vida está en los libros y su reflejo fuera. Hoy es el día en que, un año más, la magia se renueva y todas las bibliotecarias y bibliotecarios del mundo se saludan con una mirada cómplice y un largo, hermoso y tierno:

“Supercalifragilísticoespialidoso”.




domingo, 15 de octubre de 2017

"Tantas ciudades a las que debimos haber ido", de Joan Margarit



TANTAS CIUDADES A LAS QUE DEBIMOS HABER IDO


Es de ciudades cultas nuestro sueño,
con música y cafés hospitalarios,
la majestad de un puerto y estaciones
de hierro y de cristal
con los trenes bruñidos por la noche
y por la lluvia, por la misma lluvia
que nos arrulla en un pequeño hotel
o desde las ventanas de un museo.
Hay lugares tranquilos al amparo
de grandes árboles, gente educada,
callada, bien vestida, librerías
donde los ojos vagan mientras cae la tarde.

Tantas ciudades a las cuales
debimos haber ido, amada mía.
La luna sale tras aquellos puentes
de hierro de los años
en los que fue cambiando nuestra ley.
Desde entonces el tiempo es una lluvia
que nos inunda como a los tejados.
Pero en la luz del patio están los templos
de mármol blanco y travertino de oro.
Y por las calles de pequeños pueblos
encontramos estucos color tierra,
fastuosos, esgrafiados por el viento.
La casa del balcón posee aún
luz de conversaciones y refugio,
y cuando de los dos quede uno solo,
tendrá por compañía a los recuerdos,
la hiedra y el ciprés hasta encontrarnos
en las ciudades de este sueño.

                      De El orden del tiempo, 1985. Versión 
de Joan Margarit


Versión original en catalán:

TANTES CIUTATS ON HAVÍEM D'ANAR

El nostre somni és fet de ciutats cultes
amb música i cafès hospitalaris,
la majestat d'un port i estacions
de ferro i vidre
amb trens brunyits pels vespres
i per  la pluia, la mateixa pluja
que ens acompanya en un petit hotel
o des de les finestres d'un museu.
Hi ha recers a l'empara de grans arbres,
gent callada, educada i ben vestida,
i les silencioses llibreries
on els ulls vaguen mentre cau la tarda.

Tantes ciutats on havíem d'anar, oh estimada.
La lluna surt damunt dels ponts de ferro
dels anys quan canvià la nostra llei.
Des de llavors el temps és una pluja
que ens ha amarat igual que una teulada.
Però en la llum del pati hem vist els temples
de marbre blanc i travertí daurat.
Hem trobat, als carrers de petit pobles,
fastuosos estucs de color terra
esgrafiats pel vent. Aquesta casa 
del balcó i de l'eixida té una llum
de conversa i refugi. De nosaltres,
el qui quedi tindrà el xiprer i les heures
per fer-li de record y companyia
fins que ens trobem a les ciutats del somni.


     De L'ordre del temps , 1984

Entradas relacionadas:

[La imagen está tomada de: www.muralesyvinilos.com]

domingo, 8 de octubre de 2017

"A las órdenes del viento", de Raquel Lanseros




 A las órdenes del viento

Para todos los que sienten que no están al mando


Me habría gustado ser discípula de Ícaro.
Hubiera sido hermoso festejar
                                       las bodas de Calixto y Melibea.
Me habría gustado ser
              un hitita ante la reina Nefertari
              el joven Werther en Río de Janeiro
              la deslumbrante dama sevillana
                                  por la que Don José rechazó a Carmen.

Yo quisiera haber sido el huerto del poeta
              con su verde árbol y su pozo blanco*
                           el inspector fiscal 
                                         con el que conversara Maiakovski.*

Me habría gustado amarte. Te lo juro.

Sólo que muchas veces la voluntad no basta.

                      De Croniria, Hiperión, 2009


El poema está plagado de referencias culturales que los lectores identificarán sin dificultad.


*Entradas relacionadas:

-Juan Ramón Jiménez:

-Maiakovski:

Otros poemas de la autora en este blog:
http://elhacedordesuenos.blogspot.com.es/2016/06/el-dia-que-milu-invento-tintin-de.html