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domingo, 29 de octubre de 2017

"Estelas", de Mercedes Escolano

Estela funeraria del uxamense Licinio. Museo de Soria
[los viajes de cayo bracus-wordpress.com]



I

Viajero que llegas de otras tierras 
y pasas al lado de mi tumba,
detén tu litera y mira un breve instante
el mensaje que ha grabado el pedrero:
cuanto atesoré en vida quedó entre vivos,
la hierba que me cubre es toda mi riqueza.

IV

Quien lloró de amor por una mujer
llore conmigo en esta tierra ingrata.
Extranjero fui en su corazón,
extranjero lejos de mi patria.
Dos dolores para un mismo pecho.

XIV

Bajo el tambor de la batalla cayó
mi cuerpo herido y con las pompas
propias de un héroe fui enterrado.
Mas mi espíritu aguarda, despierto,
a que suene la flauta de Dioniso.

XV

Coronado de rosas y jazmines,
bajo el sol radiante de agosto,
la blancura del mármol juega
a imitar la nieve perpetua 
de tus labios. Entre el invierno
y el estío hay una estación
-la añoranza- aún más dolorosa.

XXI

Aprendí de los libros cuanto ellos
quisieron enseñarme. El resto
escrito estaba en las orillas 
del mar: flujo y reflujo constante,
sólo la muerte explica la vida.

       De Estelas, Torremozas, 1991



Estelas, 
tercer libro de Mercedes Escolano, está formado por tres partes o secciones: "Estelas", que da nombre al libro, "Soldado raso" y "Antinomia".  El término estela no hace aquí referencia al rastro que deja en el agua o en el aire un cuerpo en movimiento, sino a las estelas funerarias (monumentos normalmente monolíticos), en cuyas inscripciones  o epitafios se informaba sobre la identidad del fallecido (nombre, edad, profesión) y sobre  el familiar que se la dedicaba; en ocasiones se añadía los logros en vida del difunto o alguna frase afectuosa. Cuando las necrópolis romanas se encontraban a las afueras de las ciudades, principalmente a los lados de las vías, era inevitable que los viandantes leyeran las inscripciones, de forma que el difunto fuera recordado más allá de la muerte; por ello era normal encontrar en los epitafios alusiones a los viajeros (como en I) e incluso pedirles que rogaran "que la tierra te sea leve". La sección "Estelas" consta de cuarenta y cinco breves y hermosas composiciones que son otros tantos cantos funerarios  a la manera de las antiguas inscripciones grabadas en la piedra de las estelas. 


Sobre Estelas, reeditado en 2005 por El toro de barro, ha escrito Carlos Morales [eltorodebarro.blogspot.com.es] que  la autora "utilizó todo su poder evocador de una Roma reducida a escombros tras el paso de la muerte, para resucitar con la delicada y sobria precisión de sus versos las ambiciones, las debilidades y los sueños de los hombres y mujeres que fueron de otro tiempo, pero que en manos de su autora, nos son tan familiares que su sola evocación nos sobrecoge...".

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