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domingo, 14 de julio de 2019

"1936", de Miguel Labordeta



1936


Fue en la edad de nuestro primer amor
cuando los mensajes son propicios al precoz embelesamiento
y los suaves atardeceres toman un perfume dulcísimo
en forma de muchacha azul o de mayo que desaparece
cuando
unos hombres duros como el sol de verano
ensangrentaban la tierra blasfemando
de otros hombres tan duros como ellos
tenían prisa por matar para no ser matados
y vimos asombrados con inocente pupila
el terror de los fusilados amaneceres
las largas caravanas de camiones desvencijados
en cuyo fondo los acurrucados individuos
eran llevados a la muerte como acosada manada
era la guerra el terror los incendios era la patria suicidada
eran los siglos podridos reventando
vimos las gentes despavoridas en un espanto de consignas atroces
iban y venían insultaban denunciaban mataban
eran los héroes decían golpeando
las ventanillas de los trenes repletos de carne de cañón
nosotros no entendíamos apenas el suplicio
y la hora alegre de un jardín con alegría y besos
fueron noches salvajes de bombardeo noticias lúgubres
la muerte banderín de enganche cada macilenta aurora
y héteme aquí solo ante mi vejez más próxima
preguntar en silencio
qué fue de nuestro vuelo de remanso
por qué pagamos las culpas colectivas
de nuestro viejo pueblo sanguinario
quién nos resarcirá de nuestra adolescencia destruida
aunque no fuese a las trincheras?

Vanas son las preguntas a la piedra
y mudo el destino insaciable por el viento
mas quiero hablarte aquí de mi generación perdida
de su cólera paloma en una sala de espera con un reloj parado para siempre
de sus besos nunca recobrados
de su alegría asesinada
por la historia siniestra
de un huracán terrible de locura.

 De Los Soliloquios, 1969 
          

En este poema, escrito cuando tenía más de cuarenta años, Miguel Labordeta rememora su primera juventud, "la edad de nuestro primer amor", rota por el estallido de la Guerra Civil. El poeta, que no toma partido por ninguno de los bandos de la contienda, se erige en voz de su generación, una "generación perdida", y  se pregunta "quién nos resarcirá de aquella adolescencia destruida". Este es quizá, en opinión de Miguel Díez R. y Paz Díez Taboada (Antología comentada de la poesía lírica española, 2005), el testimonio lírico "más tremendamente desolado" de entre todos los proporcionados por poetas que  vivieron aquella experiencia siendo niños o adolescentes:
Sin ningún signo de puntuación, el poema avanza entrecortado y vacilante, con ritmo sinuoso, entremezclando, en aparente desorden, el asombrado mundo juvenil y los negros brochazos de la insania fraticida.

[imagen: lemetropolitan.fr]

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