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domingo, 21 de octubre de 2018

"Himno de la imaginaria ventana abierta" (Canto da imaginária janela aberta), de Lêdo Ivo




HIMNO DE LA IMAGINARIA VENTANA ABIERTA

No celebraré sólo la casa en que nací
ni el arroyo que además no existió durante mi niñez.
No quiero ser el poeta menor de la infancia y de las inexistentes
       alegrías perdidas
ni quiero llorar los primeros amores, que sólo fueron los mejores
       porque no tenía ninguna experiencia en amar.
Celebraré entonces la imaginaria ventana abierta
a la que ella se asomaba para decirme adiós cuando yo no 
       pasaba,
celebraré los campos que no vi pero que estaban cubiertos por
       el rocío en el momento en que los imaginé,
celebraré la vida que ante mí se abre, las ciudades de cemento
       armado y  calles claras que la noche cubre con su misterio
       dulcemente medieval.
Cantaré a los hombres que trabajan, sueñan y se desesperan, y
       caminan torpemente hacia una muerte anónima y hacia 
       el domingo,
todo lo celebraré, pero sólo como quien necesita  la soledad para
       comunicarse con la vida,
celebraré los ríos, los océanos, las estrellas que en realidad
       existen, las bahías, los estrechos, las tempestades, las
       noches en que la lluvia cae sobre la vejez de la tierra,
celebraré los momentos en que me detengo frente a las cosas
       sin sentir temor,
celebraré la alegría y la tristeza, la desolación de las almas,
celebraré el esplendor de la poesía sin ninguna aflicción
       romántica ardiendo en el corazón, y si ese dolor 
       surgiera lo escupiré y me sentiré fuerte y joven,
celebraré las olas, princesas de plata desnudas en el océano,
lo celebraré todo sin orden ni concierto, para que todo sea 
       un único instante tembloroso,
celebraré el mar, los viajes, el momento en que otro hombre
       distinto a mí, y que me ignora, siente lo que yo siento 
       sin sentirme dentro de él.
Si viniera un mundo nuevo, no lo llaméis aurora. La aurora 
       nace todos los días. Llamadlo mundo nuevo, y que sea
       realmente nuevo.
Yo continuaré celebrando todo esto que es el aire que respiro, 
       el paseo en barca con mi amiga, rumbo a una isla que 
       tan sólo es una isla hecha de tierra y  playa, sin ningún
       abrigo pero con alguna tranquilidad.
Celebraré, lo celebraré todo, pero dadme la libertad de cantar 
       sin imponerme el nombre de las ciudades y de los ríos,
       sin sugerirme los temas.
Oh, solamente soy  un poeta que no quiere alabar los asuntos
       de la decrepitud, sino el tiempo en que existían rosas 
       esperando el fulgor de los ojos.
Celebraré los pájaros en el aire, los peces en el mar, la materia
       de mi tiempo y las otras sustancias, aquellas que 
       guardo en mí y son palabras abriéndose, campanas
       tocando en un amanecer de palabras.
Y volveré a celebrar la imaginaria ventana abierta que la 
       ausencia de mi amada hizo visible la noche en que no 
       pudo decirme adiós,
y después moriré, pero  no me améis en exceso, ni me 
       despreciéis demasiado, sin embargo, guardad mi nombre y
       buscadme en los versos exactamente tal como soy: mezclado
       entre los otros, rebelde, inconsecuente, confuso y lírico.
No me preguntéis nunca por la casa de  infancia ni por el amor
       de juventud.
¡Oh!, no me preguntéis nada, escuchadme si queréis, y observad
       la imaginaria ventana abierta.
No existe. ¡Mirad lo que no existe. Creadlo y seréis poetas!

VERSIÓN ORIGINAL EN PORTUGUÉS:

CANTO DA IMAGINÁRIA JANELA ABERTA

Não cantarei apenas a casa em que nasci
nem o regato que aliás não existiu durante a minha infância.
Não quero ser o poeta menor da infância y das inexistentes
       alegrias perdidas
nem quero chorar os primeiros amores, que só foram os melhores
       porque eu não tinha nenhuma experiência de amar.
Cantarei entretanto a imaginária janela aberta
onde ela se debruçava para me dar adeus quando eu não
       passava,
cantarei os campos que  não vi mas estavan cobertos de orvalho
       no momento em que os imaginei,
cantarei a vida que se desenrola diante de mim, as cidades de
       cimento armado e de ruas claras que a noite cobre com
       o seu mistério docemente medieval.
Cantarei os homens que trabalham, sonham e se desesperam,
       e caminham rudemente para a morte anônima e para
       o domingo,
cantarei tudo, mas apenas como um cantor que necessita da
       solidão para poder comunicar-se com a vida,
cantarei os rios, os oceanos, as estrelas que realmente existem,
       as baías, os estreitos, as tempestades, as noites em que
       a chuva cai sobre a velha terra,
cantarei os momentos em que paro diante das coisas e me sinto
       impávido,
cantarei a alegria e a tristeza, a desolação das almas,
cantarei o esplendor da poesia sem nenhuma pequena dor
       romântica ardendo no coração, e se essa dor surgir
       eu a cuspirei e me sentirei forte e jovem,
cantarei as vagas, princesas de prata nuas no oceano,
cantarei tudo aos solavancos, para que tudo seja apenas
       um instante fremente,
cantarei o mar, as viagens, o momento em que outro homem
       diferente de mim, e que me ignora, sente o que sinto sem
       me sentir dentro dele.
Se vier um mundo novo, não o chamem de aurora. A aurora
       nasce todos os dias. Chamem-no de mundo novo, e que
       seja realmente novo.
Eu continuarei a cantar tudo isto que é o ar que respiro,
       o passeio com a minha amiga em uma barca, a caminho
       de uma ilha que é apenas uma ilha feita de terra e de
       praia, sem nenhum refúgio, mas com algum descanso.
Cantarei, cantarei tudo, mas que me dêem liberdade de cantar,
       sem escolherem o nome das cidades e dos rios, sem me
       indicarem os temas.
Oh! sou apenas um poeta que não quer cantar as coisas da
       decrepitude, mas o tempo em que havia rosas esperando
       a cintilação dos olhos.
Cantarei os pássaros no ar, os peixes no mar, a matéria de meu
       tempo e as outras matérias, aquelas que guardo em mim
       e são palavras desabrochando, sinos tocando num
       amanhecer de palavras.
E voltarei a cantar a imaginária janela aberta, sugerida pela
       ausência de minha namorada que não me podia dar
       adeus em uma noite,
e depois morrerei, mas que não me amem demais, nem me
       desprezem demais, porém guardem meu nome, e me
       procurem nos versos exatamente como sou: misturado aos
       outros, rebelado, inconseqüente, confuso e lírico.
Não me perguntem nunca pela casa da infância nem pelo amor
       da juventude.
Oh!  não me perguntem nada, escutem-me se quiserem, e olhem
       a imaginária janela aberta.
Ela não existe. Olhai o que não existe. Criai-o, e sereis poetas!


De Ode e elegia (1945). En La aldea de sal. Selección y 
traducción de Guadalupe Grande y Juan Carlos Mestre. Calambur, 2009 
      

Lêdo Ivo. EFE

Lêdo Ivo (Maceió, Brasil, 1924-Sevilla, España, 2012), poeta, narrador, cronista y ensayista, es uno de los máximos exponentes de la Generación del 45 brasileña, movimiento que revisó la poesía de vanguardia y el modernismo de su país, y una de las figuras más destacadas de la literatura brasileña contemporánea.  

Se formó en Recife, ciudad a la que se trasladó en 1940. Más tarde se estableció en Río de Janeiro, donde estudió para abogado, profesión que nunca ejerció, ya que se decantó muy pronto por el periodismo. A comienzos de 1953 marchó a París donde residió un año y, después de viajar por Europa, regresó a Brasil a finales de 1954. Casado con Maria Lêda de Medeiros (1923-2004), tuvo tres hijos: Patrícia, Maria de Graça y Gonçalo. A partir de 1986, ocupó el asiento número 10 de la Academia  Brasileña de las Letras. A punto de cumplir noventa años, falleció en Sevilla, de forma inesperada, el 23 de diciembre de 2012, cuando se encontraba en viaje turístico por la ciudad.  

Es autor de una notable obra en prosa, que incluye narrativa, ensayos, crónicas, obras autobiográficas y literatura infantil y juvenil, pero es su obra poética la que lo ha convertido en un autor de culto para numerosos lectores.  Su poesía, que recupera cierto clasicismo pero con un toque personal, representa una singularidad en la literatura brasileña y resulta difícil de clasificar, como observa Marta Spagnuolo en "Lêdo Ivo: un Norte para la poesía", en Espéculo, nº 38 (UCM):
Lêdo Ivo no es un poeta social, en el sentido único en que esa denominación suele usarse, pero todo dolor humano lo toca, lata en Río o en Chicago, así como toda estupidez humana puede volverlo mordaz y epigramático. No es un poeta arcádico, pero la naturaleza [...] es su prójimo. No es un poeta regional, pero el Nordeste cruza sus libros [...]. No es un poeta elegíaco, pero [...] todo aquel pasado iniciático, más que  evocado se hace presente en imágenes y escenas de singular potencia.
Es autor de más de veinte libros de poesía, de los que algunos se han traducido al castellano. En 1986 apareció en México Las pistas, traducido por Jorge Lobillo, y en 1989 Amador Palacios tradujo en España La moneda perdida (Olifante). Guadalupe Grande y Juan Carlos Mestre lo hicieron con los poemas de la antología La aldea de sal (Calambur, 2009). Réquiem, el  amplio poema por el que ganó en 2010, junto a Antonio Gamoneda, el Premio Rosalía de Castro, ha sido traducido el castellano en España y América; en nuestro país fue publicado en 2009 por el Centro Cultural de la Generación del 27, en versión de Marta Spagnuolo. Antes de publicarse en Brasil, aparecieron en España Rumor nocturno (2010), Plenilunio (2010) y Calima (2011), los tres en la editorial Vaso Roto,  así como los libros póstumos Aurora (Pre-Textos, 2013) y Relámpago (Valparaíso Ediciones, 2015), traducidos todos ellos por Martín López-Vega. Valparaíso publicó también Estación final. Antología 1940-2011 (2013), con selección y traducción de Mario Bojórquez.

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