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domingo, 2 de noviembre de 2014

Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley (1797 – 1851)




La semilla de este libro nació de un pequeño concurso en el que Lord Byron retó al matrimonio Shelley y a su médico personal, Polidori, a un concurso de cuentos de terror. El hecho inesperado fue que Mary Shelley, que jamás se había dedicado a la escritura profesional, sorprendiera a los dos poetas y a Polidori (autor de El Vampiro) con una original historia que luego perfeccionaría.
Es la narración de terror más famosa y desconocida. Digo esto porque, al igual que les ha pasado a muchos otros clásicos (en un sentido amplio de la palabra), han dejado de leerse bajo pretexto de que ya se conoce en gran medida su argumento sin necesidad de leerlo… y, para leer algo que ya sabes, mejor pasamos ¿no? ¡Pues no! Ni las versiones en cómic, ni las películas, ni las parodias pueden igualarse a la historia que narra uno de los textos más absorbentes que jamás he leído. La historia de un niño que quiso vencer a la muerte y, convertido en adulto, lo consigue con la ayuda de la ciencia, desencadenando así una serie de terribles consecuencias que se cobrarán la vida de muchos personajes.
Pero también la mucho menos conocida historia del ser creado, que se encontró solo en un mundo que le era ajeno, en busca de algo que todos cuantos le rodean tienen y su atroz aspecto le impide obtener: el amor de una mujer o, simplemente, de un padre. La relación entre creador y creación será complicada y contradictoria muchas veces, sintiendo maravillosos escalofríos en los escasos encontronazos entre ambos personajes.
Una visión mucho más humana de la narración es el principal atractivo del libro y lo que más me sorprendió, cuando pasé la última página y recordé la superficial concepción que había tenido del científico loco y su atroz criatura. En mi humilde opinión, alguien que no ha leído el libro de Victor Frankenstein y su apasionada creación (en efecto, Frankenstein es el nombre del creador, no del “monstruo”) no puede entender el verdadero significado de la historia.

Jorge J. Marco Guimbao, B 2B

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