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domingo, 2 de diciembre de 2012

"Latitud", de José Ángel Valente




Latitud


No quiero más que estar sobre tu cuerpo

como lagarto al sol los días de tristeza.


Se disuelve en el aire el llanto roto,

el pie de las estatuas

recupera la hiedra

y tu mano me busca

por la piel de tu vientre

donde duermo extendido.


(José Ángel Valente, Mandorla, 1982)


[Selección de la profesora Marily Gómez]

José Ángel VALENTE (Orense, 1929-Ginebra,2000), fue poeta, ensayista y traductor. Licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela y en Filología Románica por la Complutense de Madrid, dio clases en la Universidad de Oxford y, en Ginebra, ejerció como traductor en distintos organismos internacionales, para trabajar más tarde en la sede de la UNESCO en París. En la década de los 80 regresa a España y fija su residencia en Almería, pero continúa como profesor visitante en diversas universidades extranjeras. En sus últimos años alterna su residencia suiza con la española y recibe importantes reconocimientos   en nuestro país, como el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 1988 (compartido con Carmen Martín Gaite),  y el Premio Nacional de Poesía en dos ocasiones: en 1993  y en 2001, concedido a título póstumo.

A pesar de que  en sus inicios se le adscribe al  Grupo poético de los 50, Valente es autor de una obra poética muy personal que evoluciona hacia un lirismo intelectual y hacia la consideración de la poesía como un proceso de búsqueda de lo esencial de la experiencia humana, en el que tiene  especial relevancia la influencia de la mística y la reflexión metapoética. "Poesía del silencio" se suele denominar ("Un poema no existe si no se oye, antes que su palabra, su silencio", ha escrito Valente), una poética que Miguel d'Ors* (En busca del público perdido. Aproximación a la última poesía española joven (1975-1993), págs. 36-37) ha descrito así:
se plantea la creación partiendo del axioma de que la experiencia poética es, como la mística, inefable, y la palabra una imprescindible imperfección del silencio [...] Los minimalistas aspiran a la máxima concisión -poema breve, expresión sintética, lenguaje sugerente- [...] y a un tratamiento razonador y hermético que excluye los elementos emocionales y decorativos y maneja los sensoriales desde perspectivas acusadamente intelectualistas.
   Entre su abundante producción poética, sobresalen: A modo de esperanza (1954, Premio Adonais), Poemas a Lázaro ( 1960, Premio de la Crítica), La memoria y los signos (1966), Siete representaciones (1967), Tres lecciones de tiniebla(1981, Premio de la Crítica), el poemario en gallego Sete cantigas de allén (1981, ampliado en 1990 con el título Cantigas de allén), Mandorla (1982), No amanece el cantor (1992, Premio Nacional de Poesía 1993) y Fragmentos de un libro futuro (2000, Premio Nacional de Poesía 2001).

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