EL BLOG DE LA BIBLIOTECA "IRENE VALLEJO" DEL IES GOYA DE ZARAGOZA


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miércoles, 18 de mayo de 2022

‘El mal de Montano’, de Enrique Vila-Matas

Grupo de lectura "Leer juntos" del IES Goya

Sesión del 25 de abril de 2022

Autor: Enrique Vila-Matas

 Obra comentada: El mal de Montano (2002), editada en Anagrama (Col. Narrativas hispánicas y Col. Compactos), Seix Barral (Biblioteca Breve) y en Debolsillo (Contemporánea, 2021).


 

“El mal de Montano: algunas notas de una lectura a partir del capítulo IV, Diario de un hombre engañado.”

 

Por Carlos Salvador

 

Decidme, oh, Musas, os lo ruego, ¿cuál sería la metáfora adecuada, la imagen ajustada, precisa, para presentar confiablemente al hombre de este siglo veintiuno que comienza, a este hombre transido de literatura que pesarosamente estrena el tercer milenio?

 

En el cuarto capítulo de El mal de Montano puede leerse: Antes de que el mundo fuera un país extranjero, la literatura era un viaje, una odisea. El protagonista de esta novela enrevesada, des-encorsetada, sin apenas concesiones facilitadoras, sin compensaciones, y, de su mano, el lector mismo que la lee, o más bien que asiste a su construcción, y con el que eventualmente se confunde, por obra del prestidigitador Vila-Matas, proyecta la idea de un mundo principio-secular de crisis amplia de la literatura, pero también de la lectura misma, pero también de un mundo íntimo de carreteras perdidas, bajo la niebla, al borde del abismo, como una imagen redundante que enfatiza.

El narrador de la ficción que recrea esa cita de Handke es un crítico literario que acaba de volver de su periplo odiseico, desde Nantes a Chile, pasando por las Azores, Budapest o Sevilla, para intentar resolver el mal de Montano. El héroe regresa a su hogar, o más bien a su biblioteca, en su Barcelona natal, donde una Penélope-Rosa lleva esperándolo toda la tarde. Un hogar-biblioteca del que realmente nunca salió, puesto que el viaje ha sido más literario que físico, puesto que todo viaje es literario.

No es la literatura de viajes el único género al que podríamos circunscribir esta obra del escritor barcelonés. Se acoge irónicamente también al formato de diario íntimo, del que se hace una exégesis expositiva, con cierto tambaleante enciclopedismo; hay una conferencia ficticia, mucha intertextualidad amalgamada con teoría literaria diversa y algunos elementos alegóricos; pero sobre todo es la construcción de una auto-ficción en la que se subvierten los términos de la fiabilidad: su protagonista busca su identidad y por el camino se convierte en lector, especializado como crítico, que fagocita así la identidad del lector (¿auténtico?) para reeducarlo, convertido en un narrador que también busca construirse a sí mismo, regido por un autor que, por sus artes de prestidigitador y la mezcla de datos biográficos reales con ficticios, pasa a ser el mayor sospechoso, aunque tan solo para casi sarcásticamente encubrir la certeza de un íntimo dolor.

El disfraz de Ulises que para esta función viajera porta el narrador no es la única conversión mágico-literaria del protagonista a lo largo de la obra. A otros mitos esenciales de la literatura universal va a encomendarse con devoción. Así, al principio de este mismo capítulo IV asegura: como el náufrago Crusoe al inicio de su diario, me estaba llegando la hora de comenzar a abordar “la melancólica narración de una vida solitaria” y en efecto, bajo esa reconocible estela literaria, da comienzo a su diario ficticio. Antes que esto, el hijo del narrador, el auténtico Montano, por otro lado, en la ficticia nouvelle interpolada que constituye el primer capítulo, se empeña en ejercer de un Hamlet consciente de su permanente deuda literaria, también dubitativo, vengativo y airado. La esposa del narrador-protagonista, la Bella, con emblemático nombre de flor, ofrece tímido contraste a la Bestia profusamente presente en la obra, un Nosferatu bajo el nombre de Tongoy, el hombre más feo del mundo (cuya presencia felliniana en esta obra es reflejo del horrendo actor de la vida real que verdaderamente trabajó para Fellini, amigo improvisado del narrador y efectivo de Vila-Matas fuera del libro) y su auténtico alter ego, un míster Hyde de cuyo horror sólo se libra cuando lo repele públicamente en la conferencia-teatro de Budapest, paradójicamente dictada por el maldito, librándose al mismo tiempo de todo público y alcanzando así la anhelada desaparición (la primera cita, y auténtica línea estructural, es de Blanchot: ¿cómo haremos para desaparecer?) como componente del entramado literario existente que tiene como punto de fuga la muerte. En cuarto lugar, la odisea del protagonista y su comitiva literaria alcanzan aguas de las Azores tras la huella de melancólicos balleneros, donde el recuerdo de Melville es inevitable. Pero, finalmente, sobre todo, nuestro narrador es un Quijote con lanza en ristre que emprende la solitaria tarea de combatir el cáncer agazapado en la literatura, que es también el del hombre contemporáneo que estrena milenio desde la incertidumbre, cargando sobre sus espaldas el pesado bagaje cultural de un siglo XX tormentoso (desde Proust a Piglia, desde Walser a Gombrowciz, sobre todo, tal vez, Kafka y Musil), un Quijote de cuyo Sancho ejerce ocasionalmente ese Nosferatu mencionado y de cuya consciencia de ser personaje literario, como fuente cervantina infinita, beberá nuestro narrador en todo momento.

El generoso vestuario de los disfraces literarios no es una pose extravagante en esta novela, sino indicio de la voluntad del autor de convertir la literatura misma, como suele acontecer en Vila-Matas, en asunto principal de su obra, hasta el punto de que este Quijote coherentemente mermado, llega a asumir la identidad de la misma literatura, en pugna por su propia supervivencia. Las citas literarias de otros (vampirismo versus intertextualidad), no obligatoriamente identificadas, se convierten en elemento compositivo fundamental del relato, de manera que, en cierto modo, las líneas consiguientes son frecuentemente glosas vinculadas a la trama narrativa o simples exégesis que explican las circunstancias de los personajes. La nouvelle que constituye el primer capítulo también es una pieza literaria interpolada y, justamente, su protagonista escritor, e hijo del personaje-narrador dentro de ella, pero crítico literario de ella en los siguientes capítulos, comparte con éste una sufriente enfermedad literaria que, al uno, le lleva a la obsesión militante y heroica y, al otro, a la intervención del pensamiento propio por parte de autores y personajes literarios, hasta el punto de padecer un bloqueo ágrafo, del que el protagonista solo sale convirtiéndose a su vez en protagonista del relato que liberadoramente termina por escribir. El tema de la imposible distancia del Otro, literario en este caso, que constituye a todo autor; al lado del ineludible tema del Doble, que representa su transferencia de consciencia sobre el papel; junto al inestimable juego de Espejos borgiano, redondean un relato donde el tema es la literatura herida (no en vano, siguiendo a Pauls, el autor recordará que el tema central del diario íntimo del literato es la enfermedad de éste), pero mostrándose a sí misma, como tal prodigiosa literatura que trata el manido tema, finalmente ajena a la muerte.

El segundo capítulo es la crítica literaria del primero, dándole al lector una lección de lectura en nuevas páginas literarias; el autor de la conferencia de Budapest es un Nosferatu literario, alter ego del narrador, a quien este fulmina de la primera fila del espectáculo, antes de echar, finalmente, al resto de los espectadores para cumplir, por fin, con el interrogante de Blanchot, y tal vez cumplir también así con la condición existencialista de la Nada exigida por Beckett.  El narrador y autor de un diario ficticio se tropieza con el título de una obra escrita por su madre, Teoría de Budapest, que él convierte en nombre del capítulo donde se describe la conferencia mencionada, pero cuya asociación con el ensayo se diluye tanto como el aparente propósito de teorizar sobre el género olvidado del diario íntimo. En fin, el prestidigitador Vila-Matas embelesa con sus artificios y al mismo tiempo enseña al lector los trucos que sostienen el encantamiento, mostrando que, precisamente, en la trama que soporta el edificio estaba el embeleso.

No en pocas ocasiones, este narrador-Quijote -como ejercicio literario, ya lo sabemos- se propone dejar morir la literatura herida, aunque termina por reconocer que solo puede quedar detrás de ella la muerte. De hecho, este mal de Montano, además de dar título a la novela interpolada que compone el primer capítulo; además de ser la enfermedad del escritor ágrafo trágico hamletiano que lo compone; de ser la del protagonista de toda la obra, un Rosario Girondo ineludiblemente obsesionado por la literatura; es, además, el mal que afecta a la literatura actual, carente de innovación, voluntad y riesgo (sin olvidar el componente eternamente realista de la española), que ha olvidado sus ricos referentes literarios, de los que aquí se hace generosa exhibición, condicionada tanto por los ejecutivos contables de la industria editorial, como por los potenciales lectores que tienden hacia un progresivo comportamiento a-cultural e iletrado. De hecho, el mencionado mal, dando también título a la obra cuyo asunto ya hemos descrito, se convierte en epónimo de la literatura misma. El nombre de Montano (que fácilmente podríamos asociar con esa zona de monte con poca vegetación inmediatamente por debajo de otra bien arbolada, evidentes referencias literarias frente a la actualidad literaria) le llega, al narrador ficticio de la novela corta inicial, aparentemente a partir de la casualidad de estar hojeando una obra del bibliófilo, pseudo-hereje y hebraísta Arias Montano, en la librería de su hijo en Nantes. Sin embargo, a esta carga inconformista no ajena a Vila-Matas, ¿no deberíamos sumar la connotación que aporta ese otro hereje incuestionable, homónimo, que en el siglo II defendió un escatologismo que anunciaba el inminente fin de los tiempos, además del derecho de todos a ser profetas?

Como se ha dicho antes, la literatura y la vida han sido una odisea para el protagonista, pero en este capítulo IV el autor presenta dos posibilidades para el viaje: la odisea clásica es una epopeya conservadora que va de Homero a Joyce, en la que el individuo vuelve con una identidad reafirmada. La más moderna, sin embargo, es la del hombre sin atributos de Robert Musil, una odisea sin retorno y en la que el individuo se lanzaba hacia delante, sin volver jamás a casa, “avanzando y perdiéndose continuamente”, cambiando su identidad en lugar de reafirmarla, disgregándola en aquello que Musil llamaba “un delirio de muchos”. El protagonista; y con él el autor; y con él, este lector que ya ha sido reeducado con la prestidigitación literaria, con la necesidad de una literatura que no sólo es la parte más sutil del discurso verbal, sino el discurso mismo con el que nos explicamos el mundo, que ya asumes que ese discurso literario nos hace humanos, y aceptas que vas viviendo una doble odisea en un país extranjero y por una de sus carreteras perdidas vas caminando al atardecer entre la niebla, buscando a Musil.

El lector de esta ficción con copyright de 2002, en su regreso particular al hogar de los acontecimientos tangibles, se da de bruces con la noticia de los atentados de las Torres Gemelas de 2001, que acaecieron dos semanas antes, según se registra en la entrada 25 de septiembre, que encabeza el capítulo del que nos ocupamos. El narrador-Ulises, inmediatamente antes de ser acogido por Penélope, en la última morada de su viaje literario, de cuyas paredes cuelgan reproducciones de esos cuadros de Hopper donde los personajes parece que acaban de escaparse de un cuento chino (¿no son estas perdidas correrías chinescas, que también se mencionan en el primer capítulo, la justa descripción de las andanzas del narrador, también del lector de este incipiente nuevo siglo?), un apartamento proporcionado por un personaje con carnet de inexistente dentro de la ficción, que ya era falso autor literario desdoblado en otro ficticio en la nouvelle inicial (Julio Award), lee un fragmento del diario de Kafka bajo fecha de otro once de septiembre noventa años anterior que el autor, aquella noche, soñó con muchos barcos de guerra anclados precisamente frente al puerto de Nueva York. El lector tal vez aún no lo sabe, pero está perdido, desorientado, des-identificado, fraccionado, bajo la bruma, abrumado, y este nuevo Nietzsche de un nuevo cambio de siglo, se propone despertarlo. 

 

martes, 17 de mayo de 2022

Concurso Intercentros "Poesía para llevar"

    El poema “Cuerpo”, de la alumna Ada Monleón Burguete, de 2º de Bachillerato G, resultó premiado en el XVII Concurso de Poesía IES Goya, en la categoría II (4º de ESO y Bachillerato), quedando desierto el correspondiente a la categoría I.

    Presentado posteriormente el poema al Concurso Intercentros Poesía para Llevar, de ámbito autonómico, resultó galardonado con el tercer premio en su categoría.

    El resultado emitido por el jurado fue el siguiente:

    1.º (33 puntos): EFÍMERO de Alba Lalaguna (2º. Bach.), del IES San Alberto Magno (Sabiñáñigo).

    2.º (25 puntos): UNA BOMBA, UN ESTALLIDO, UN DISPARO, de Francisco Monreal Crespo (1.º Bach.), del IES Avempace (Zaragoza).

    3.º (23 puntos): CUERPO de Ada Monleón Burguete (2.º Bach G), del IES Goya (Zaragoza).

 

Ada, junto a sus profesores de Literatura de Bachillerato, recogiendo su premio
.



    Desde este blog queremos felicitar una vez más a nuestra alumna Ada, quien ha participado con éxito en diversos certámenes literarios desde que llegó al instituto hace cinco años, y que obtuvo el primer premio de su categoría en el Concurso Intercentros de Poesía, cuando cursaba 2º de ESO.

 

¡Enhorabuena, Ada!

 

    Os dejamos con su desolador poema “Cuerpo”. Esperamos que os guste tanto como a nosotros.

 

    Para leer todas las obras ganadoras de este número especial de PPLL podéis pinchar en este enlace.

 

domingo, 15 de mayo de 2022

"Ballenas en Long Island", de José Hierro

  



BALLENAS EN LONG ISLAND

I

Las he visto varadas en la playa.
Los niños han abandonado
carruseles, montañas rusas,
nubes de azúcar, blanca o rosa, palomitas de maíz
y suspendidos de sus cometas de colores
han llegado a la orilla. Atrás quedó
la música crispada de los altavoces.
Ahora escuchan otra música más sosegada y misteriosa:
jadeo de olas, disnea de cetáceos agonizantes,
chillidos de las aves marinas,
estremecedora polifonía.

Los niños, desconectados de lo fabuloso,
saben que es imposible que a Jonás
se lo tragase una ballena,
como cuenta la Santa Biblia,
porque al final de la caverna amenazadora
una garganta angosta permite sólo el paso
de minúsculos pececillos, plancton, polen marino
que atravesaron las barbas filtradoras.
(Ignoran, sin embargo, que estas barbas
fueron antaño utilizadas
para acentuar la delgadez del talle de las damas.
¡Sólo Dios sabe qué habrá sido de ellas,
dónde estarán ahora pudriéndose!)

II

Son, desde luego, extraños pero no infrecuentes
estos suicidios colectivos.
Los biólogos, oceanógrafos, ecologistas
nada pueden hacer por reintegrar a los cetáceos 
a su hábitat, a su medio natural;
no sólo por su peso y su volumen, sino
porque están decididas -resignadas-
a morir. (Se barajan hipótesis
diferentes y contradictorias: alguna,
tal vez, resolverá el enigma).
Hay quienes atribuyen el suceso
a una avería, una desconexión
-por el momento indemostrable-
en el sofisticado sistema de radar
que utilizan en sus desplazamientos.
¡Quién sabe cuál será la causa
de esta agonía a la que yo asistí
en las arenas de Long Island!

III

Yo sí lo sé. Yo he descifrado
el, para los demás, indescifrable código,
-¡oh mi piedra Rosetta de estrellas y de olas!-
Los ballenatos, los jóvenes, los útiles,
los que regresan a la mar 
tras culminar estas expediciones
hablaban en sus asambleas nocturnas,
mientras dormían las ballenas madres,
de la necesidad imperiosa de librarse de este lastre
de ancianas jubiladas,
de toneladas de disnea y sordera.
Con fuegos o aguas de artificio,
pirotecnia, acuatecnia,
comunicaron su resolución:
"Nosotros os conduciremos 
a unas playas calientes,
a unos lugares a los que no llegan
tempestades, témpanos, balleneros;
allí disfrutaréis del merecido descanso
después de tantas aventuras,
tantos afanes, tantos riesgos".
Las dejaron varadas en la arena.
"Hasta mañana", les dijeron, 
sabiendo que no volverían.
"Hasta mañana".

IV

Misericordioso e implacable
el sol les reseca la piel repujada de algas.
Muy pronto albatros y gaviotas se ensañarán
con estas moles de agonía,
de grasa y carne putrefacta.
El sol es chupado por el horizonte,
se hunde poco a poco en él
despidiéndose con su rayo verde.
Luego es la noche, y otras noches.
El faro intermitentemente
pasa su lengua de luz piadosa sobre la arena.
El mar agita sus espejos negros.
Sobre la seda o terciopelo funeral
chisporrotean las estrellas fugaces,
las ascuas de la luna de azafrán.
El zumbido de las abejas marinas,
el crujido del oleaje que clava sus colmillos
en las rocas de azabache y cristal
resuena en los oídos agonizantes
de las viejas ballenas,
festín de la desolación, el silencio, el olvido, la sombra.

V

"Hasta mañana". Fue el último mensaje.
Y ya no habrá mañana.
Ahora las moribundas,
ciegas y sordas tienen la mirada del recuerdo
puesta en sus ballenatos, indefensos
frente al testuz terrible de las olas heladas,
los témpanos, las hélices, los arpones,
desvalidos, sin rumbo
por esos mares de Dios.

(De Cuaderno de Nueva York, Hiperión, 1998)


Cuaderno de Nueva York, publicado cuando José Hierro (1922-2002) tenía 76 años, es una obra calificada de "maestra" desde  el momento de su publicación y galardonada con los premios Nacional de Poesía, de la Crítica  y el Europeo  Aristeion de Literatura en 1999. Formalmente muy cuidada, representa la culminación de su trayectoria poética que reúne todos los temas tratados a lo largo de su vida y todas las formas métricas cultivadas por el autor, desde el soneto al poema largo en  verso libre.

El libro va surgiendo de las varias visitas y estancias del poeta en la ciudad de Nueva York a lo largo de casi una década. Pero, como observa Manuel Rico, no es una obra sobre Nueva York, sino un libro en el que el poeta dialoga con la ciudad y mediante ese diálogo medita sobre los temas eternos que preocupan al ser humano: el tiempo, la muerte, el arte, el amor o la vida, algo que ya manifestó el poeta  en entrevista publicada en ABC Literario:
"Nueva York es una ambientación general, el escenario donde tiene lugar una serie de meditaciones sobre problemas personales o colectivos que son míos, no de la ciudad..."
El libro supuso un profundo cambio en la concepción de la poesía pues con él el autor "dinamitó" "muchas fronteras y muchas ideas preconcebidas acerca de la poesía con la falsa sencillez de sus poemas" (Guadalupe Grande). 

Con este poema celebramos el CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE JOSÉ HIERRO.

[Imagen: travesiasdigital.com]

domingo, 8 de mayo de 2022

Tres poemas de Pier Paolo Pasolini

 

Vista del atardecer sobre las colinas de la Toscana


Al príncipe

Si regresa el sol, si cae la tarde,
si la noche tiene un sabor de noches futuras,
si una siesta de lluvia parece regresar
de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo,
ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello:
ya no siento delante de mí toda la vida...
Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo:
horas y horas de soledad son el único modo
para que se forme algo, que es fuerza, abandono,
vicio, libertad, para dar estilo al caos.
Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte
que se viene encima, en el ocaso de la juventud.
Pero por culpa también de este nuestro mundo humano
que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz.

(De La religión de mi tiempo, 1961. Trad. de Delfina Muschietti)

Cercana a los ojos

Cercana a los ojos y los cabellos sueltos
sobre la frente, tú, pequeña luz,
dispersa, enrojeces mi cuaderno.
De adolescente, en tu pálida llamarada,
ardía hasta la noche, y era extraño
escuchar al viento y a los grillos solitarios.
Entonces, en la olvidada habitación 
dormían mis padres, y mi hermano,
inmóvil, descansaba tras un muro delgado.
¿Dónde está ahora, luz roja?
No hablas, sin embargo iluminas; y suspira
el grillo en el silencio de los campos.
Y mi madre se peina al espejo
de una manera antigua como tu luz
pensando en su hijo ya sin vida.

(De El diario, 1954. Trad. de F. E. León)


Marxista

¿Cómo me hice marxista?
Y bien... iba entre las florecillas primaverales, 
                                                            / blancas y celestes,
que nacen justo después de las prímulas
—y un poco antes de que las acacias se cubran de flores,
perfumadas como la carne humana, que se descompone
                      / en el calor sublime de la más bella estación
y escribía en las orillas de las pequeñas lagunas
que a lo lejos, en el país de mi madre, como uno de esos
                                                                               / nombres
intraducibles se las llama "fonde",
con los hijos de los campesinos que se bañaban
                                                                   / inocentemente
(porque permanecían impasibles ante su vida
mientras yo los imaginaba conscientes de lo que eran)
escribía los poemas de "El ruiseñor de la Iglesia Católica".
Era en el '43: en el '45 todo fue diferente.
Esos hijos de campesinos, ya más grandes,
se pusieron un pañuelo rojo en el cuello y marcharon
hacia la capital del distrito, con sus puertas
y sus palacetes venecianos.
Y es así como supe que eran jornaleros,
y que había también patrones.
Me puse del lado de los jornaleros, y leí a Marx.

(De Poeta de las cenizas, fragmento. Trad. Arturo Carrera)   


Pasolini, retratado en París en 1961.(La Vanguardia)
Pier Paolo Pasolini fue un polifacético  intelectual italiano, uno de los más influyentes de su país en el siglo xx. Poeta, novelista, ensayista, autor teatral, guionista, pintor y  uno de los cineastas más polémicos y sobresalientes del siglo xx.

Nació en Bolonia el 5 de marzo de  1922, siete meses antes de que Mussolini emprendiera la Marcha sobre Roma. Su niñez, que transcurrió en distintas localidades por motivos laborales de sus padres, estuvo marcada, en opinión de Maria Laura Gargiulo, por las figuras contrapuestas de sus progenitores. Su padre fue un coronel de artillería descendiente de una antigua familia  noble de Rávena; un hombre autoritario, alcohólico, maltratador y entregado a los juegos de azar (en 1926 fue arrestado por deudas de juego), que alcanzó cierta notoriedad por detener en 1926 a Anteo Zamboni, un joven que había intentado atentar contra Mussolini. Su madre, una maestra de carácter afable, procedía de una familia campesina con raíces en la región de Friuli, en el noreste de Italia. Su personalidad se vio fuertemente condicionada por el odio profundo hacia su padre y el apego a su madre: él mismo reconoció que su película Edipo rey trata sobre su propio complejo de Edipo. Pasolini hubo de enfrentarse desde muy joven, además de a un padre tiránico, a los fantasmas de una homosexualidad incompatible con los cánones de la época, como se ha señalado en sus biografías.

Fue un niño precoz. A los siete años ya escribía poesía y  en 1941, con diecinueve años, tras pasar un verano en la población de donde era originaria su madre, publicó su primer libro, Poesia a Casarsa, con fragmentos en dialecto friulano. Al acabar el bachillerato, se matriculó en la Facultad de Letras de la Universidad de Bolonia, donde fue capitán del equipo de fútbol. Colaboró en el periódico Il Staccio (en él publicó los poemas que recogería en su primer libro) y en la revista Stroligut. También participó en la fundación de la Academiuta di lenga furlana, para defender el dialecto fiurlano frente a la uniformidad promovida por el fascismo. 

Pasolini, con su madre, Susanna Colussi. (republica.it)

Al estallar la Segunda Guerra Mundial, la familia se refugió en la casa familiar de Casarsa della Delizia, población que más tarde formaría parte de la República de Saló, efímero estado fascista administrado por Alemania en los últimos años de la guerra. Después del armisticio del 8 de septiembre de 1943 fue movilizado y hecho prisionero por la Wehrmacht alemana, pero logró escapar disfrazado de paisano. El 12 de febrero de 1945  Guido, su único hermano, que se había unido a la Resistencia, encontró la muerte a los veinte años en una emboscada tendida por los guerrilleros yugoslavos de Tito.

En 1945, una vez finalizada la guerra, empezó a ejercer como profesor de instituto en Valvassone, provincia de Udine. En 1947 se aproximó al Partido Comunista Italiano (PCI) e inició sus colaboraciones en el semanario del partido Lutta e lavoro. Años más tarde fue excluido del PCI acusado de "indignidad moral" debido a la influencia de ciertas corrientes ideológicas que los comunistas consideraban reaccionarias, entre ellas la de Sartre y Gide. En 1949 fue expulsado del instituto donde trabajaba a raíz de una denuncia en la que se le acusaba de corrupción de menores y actos obscenos en lugar público, acusaciones que resultaron infundadas. 

En 1950 traslada su residencia a Roma, donde desarrolló gran parte de su labor creativa. Pasolini, que siempre se puso del lado de los débiles, en 1968 defendió a los policías (hijos mal pagados del pobre sur) frente a los jóvenes estudiantes de clase burguesa. En 1970 adquirió la torre de Chia, del siglo XIII, adonde se retiró tras haberla restaurado.  En la noche del 1 al 2 de noviembre de 1975 fue brutalmente  asesinado en las playas de Ostia, a las afueras de Roma. Sus restos reposan en el cementerio de Casarsa, próximo a la casa de campo donde nació su madre. Su muerte, que se presentó como un crimen homosexual, ha sido durante años uno de los mayores misterios de la historia italiana. Miguel Dalmau, en su biografía Pasolini. El último profeta (Premio Comillas 2022) apunta a los servicios secretos italianos, que le tendieron una trampa y acabaron con su vida porque estaba preparando una novela titulada Petróleo en la que se disponía a hablar de la relación entre el poder y la mafia.

Pasolini se había convertido en un personaje incómodo por su empeño "por habitar todos los márgenes posibles de la sociedad italiana", como ha explicado Sergio Huidobro en La Semanal:

fue anticlerical de raíz católica, impregnado por un sentido de la compasión profundamente cristiano, a la vez que fue un marxista que criticó sin eufemismos al Partido Comunista Italiano cuando éste exigía unidad estalinista, y fue un homosexual público, sensual y hedonista que al mismo tiempo jugaba futbol con pasión, en una Italia donde el deporte era —y aún es— una secta de hombrías.
Pier Paolo Pasolini visitando la tumba de Gramsci

Su obra literaria y cinematográfica es un reflejo de las contradicciones de su tiempo y de su rebeldía frente al autoritarismo institucional, la sociedad de consumo y la cultura de masas. Él se consideraba, ante todo poeta, el mejor de su generación en opinión de su amigo Alberto Moravia. De su producción literaria destacan los poemarios La mejor juventud (1954), Las cenizas de Gramsci (premio Viarregio 1957), homenaje al teórico marxista que tanto le influyó en su juventud, en el que muestra su profunda desilusión política; El ruiseñor de la Iglesia Católica (1958), La religión de mi tiempo (1961) y Poesía en forma de rosa (1964); las novelas Muchachos de la calle (1955), Una vida violenta (1959) y  Mujeres de Roma (1960); los dramas Orgía (1969) y Calderón (1973); los ensayos Sobre la poesía dialectal (1947), La poesía popular italiana (1960), Pasión e ideología (1960), Empirismo herético (1971) y Escritos corsarios (1975), así como las antologías Poesía dialectal del siglo XX (1955) y Antología de poesía popular (1955).

De su amplia producción cinematográfica, sobresalen Accatone (1961), Mamma Roma (1962), Rabia (1963), El evangelio según San Mateo (1964, calificada por L'Osservatore Romano como "la mejor película sobre Jesucristo), Edipo rey (1967, tragedia de un hombre contemporáneo, de carácter autobiográfico), Teorema (1968), Medea (1970), La trilogía de la vida, formada por El Decamerón (1971), Los cuentos de Canterbury (1972) y Las mil y una noches (1974), y Saló o los 120 días de Sodoma (1975).

El fragmento titulado "Marxista" está tomado de Cuaderno de Poesía Crítica 108: Pier Paolo Pasolini. Biblioteca Virtual Omegalfa, noviembre 2017. En él se indica que pertenece a un largo poema titulado Poeta de las cenizas, hallado por su biógrafo Enzo Siciliano entre los papeles de Pasolini, tiempo después de su muerte. En opinión de Siciliano, las 32 páginas del poema fueron escritas, casi con seguridad, en agosto de 1966 en Nueva York. La traducción del poeta Arturo Carrera fue publicada en la revista argentina Diario de Poesía.

El pasado 5 de marzo se cumplieron cien años del nacimiento de Pier Paolo Pasolini.

[Imagen inicial: 123RF]

domingo, 1 de mayo de 2022

Dos poemas de Olvido García Valdés

 
Acacia blanca


¿quién vive en ese árbol? ¿qué dios o qué ninfa le habría
dado su presencia? acacia es y así diría
el poema si antiguo fuese, de verde intenso y frondas
densas y redondas, no pesa y todo en él
es luz, diría, un suspendido estar de la presencia, si
fuera antiguo ese decir y un dios o ninfa le hubiera
dado aliento
                    acacia es saliendo de
la A4 a la altura de Jaén, un abril que
ya acaba y llega mayo alargando
para la estrella tardes y mañanas.

(De Confía en la gracia, Tusquets, 2020)


En este lugar es sobrio el color
de los pájaros
—tordos, gorriones y alondras—,
excepto a veces
el de la abubilla y el jilguero
o algunas lavanderas
a la orilla del río.
Bosques de cardos invaden las cunetas
este verano, enormes,
de infinitas variedades y formas.
Me gustan
los que al final del tallo
—sólo una varilla delgada
abren su botón de luz
y hacen ese ruido al secarse,
cuando al atardecer los mueve
el viento. Esa luz
y esa música. Crepitan.
En casa, en la pared,
hay dos mujeres, una se llama
Elena, tiene un lazo
en la blusa y los ojos más tristes
que conozco. La otra
se sienta al borde
de la cama en una habitación
de hotel. Ha leído
una carta que conserva en las manos,
sobre las rodillas.
Son tan distintos
el gorrión y la alondra,
pero yo amo la pureza
del silbido del tordo,
sobre todo en invierno;
están en las antenas
un poco alicaídos o barbudos
y silban en el aire
transparente. La tierra
entonces es marrón
y ni sauces ni almendros
tienen hojas.

(De ella, los pájaros, Diputación de Soria, 1994)


Como ocurre en los dos poemas seleccionados, animales y plantas recorren toda la poesía de Olvido García Valdés, galardonada en 2021 con el Premio Pablo Neruda. El primer poema pertenece a Confía en la gracia, el último poemario publicado por la autora, que recoge composiciones escritas entre 2012 y 2019, un libro que, según García Valdés, desde el mismo título, "está adscrito a ese deseo de levedad, de ligereza, de luz, de sentido". El término 'gracia' del título es para la autora difícil de definir, algo así "como lo que deseamos que ocurriera cuando estamos cayendo a un pozo". "La belleza del mundo está ahí y se percibe mucho más desde abajo", reflexiona la autora al hablar de este libro.

El segundo poema forma parte de ella, los pájaros -Premio Leonor 1993-, un poemario que se hace eco de la muerte de la madre. El primer elemento del título nos sitúa ante un sujeto femenino, y el segundo, nos remite a la naturaleza, de la que se seleccionan los pájaros, como ha señalado Marta Plaza Velasco. 

Puedes leer el poema de Olvido García Valdés "El rey Cophetua y la muchacha mendiga": AQUÍ

[Imagen inicial: arbolesymedioambiente.es]

domingo, 24 de abril de 2022

"Para qué sirve la lectura", un poema de Cristina Peri Rossi

Mujer leyendo. Photography Studio- Pinterest


PARA QUÉ SIRVE LA LECTURA

Me llaman de una editorial
y me piden que escriba
cinco folios sobre la necesidad de la lectura

No pagan muy bien
¿quién podría pagar bien por un tema así?
pero de todos modos
necesito el dinero

así que enciendo el ordenador y me pongo a pensar
sobre la necesidad de la lectura
pero no se me ocurre nada

es algo que seguramente sabía cuando era joven
y leía sin parar
leía en la Biblioteca Nacional
y en las bibliotecas públicas

leía en las cafeterías
y en la consulta del dentista

leía en el autobús y en el metro

siempre andaba mirando libros

y me pasaba las tardes en las librerías de usados
hasta quedarme sin un duro en el bolsillo

tenía que volver a pie a casa

por haberme comprado un Saroyan o una Virginia Woolf

Entonces los libros parecían la cosa más importante de la vida

fundamental

y no tenía zapatos nuevos
pero no me faltaba un Faulkner o un Onetti
una Katherine Mansfield o una Juana de Ibarbourou

ahora la gente joven está en las discotecas
no en las bibliotecas

yo me hice una buena colección de libros
ocupaban toda la casa

había libros en todas partes
menos en el retrete

que es el lugar donde están los libros
de la gente que no lee

a veces tenía que seguirle durante mucho tiempo
las huellas a un libro que había salido en México
o en París

una larga pesquisa hasta conseguirlo

No todos valían la pena
es verdad
pero pocas veces me equivoqué
tuve mis Pavese mis Salinger mis Sartre mis Heidegger
mis Saroyan mis Michaux mis Camus mis Baudelaire
mis Neruda mis Vallejo mis Huidobro
para no hablar de los Cortázar o de los Borges
siempre andaba con papelitos en los bolsillos
con los libros que quería leer y no encontraba
por allí andaban los Pedro Salinas y los Ambrose Bierce
la infame turba de Dante

pero ahora no sabía decir para qué maldita cosa
servía haber leído todo eso

más que para saber que la vida es triste
cosa que hubiera podido saber sin necesidad de leerlos

Cuando habían pasado cinco horas yo todavía no había escrito
una sola línea
así que me puse a escribir este poema
Llamé a los de la editorial
y les dije creo que para lo único que sirve
la lectura
es para escribir poemas

no puedo decirles más que eso

entonces me dijeron que un poema no servía
que necesitaban otra cosa.

De Playstation, Visor, 2009


Con este libro -una visión crítica de la sociedad actual, presentada "con humor, cinismo e ironía"-, Cristina Peri Rossi se convirtió en la primera mujer en ganar el Premio de Poesía Fundación Loewe en su vigésimo primera edición. El poemario fue escrito tras la convalecencia de un accidente de tráfico: la atropelló un coche en Barcelona y se pasó tres meses inmovilizada, con la pierna derecha en alto y jugando a la playstation, recuerda en uno de los poemas del libro. En él, la autora explora la soledad urbana, el anecdotario de una escritora que contrapone la poesía a la realidad de su escasa presencia en la vida diaria. Los poemas son una especie de monólogo lleno de humor negro que, no obstante,  encierran cierta piedad por el destino de soledad y desencanto de los seres humanos. La Playstation, la maquinita  del título, es un refugio adictivo que nos consuela de nuestros fracasos. Perdido el refugio del marxismo y del psicoanálisis, solo nos queda el frío consuelo de la técnica.

El pasado viernes 22 de abril, víspera de Día del Libro, tuvo lugar la ceremonia de entrega del Premio Cervantes, que en la edición de 2021 correspondió a Cristina Peri Rossi. La autora no asistió a la ceremonia debido a su delicado estado de salud. Recogió el premio, en su nombre, la actriz Cecilia Roth, que fue también la encargada de leer el discurso de la ganadora.

De la misma autora puedes leer en este blog:
-El cuento "Rumores": AQUÍ.
-Los poemas "Detente, instante, eres tan bello", "El viaje", "Historia de un amor" y "Genealogía": AQUÍ.

domingo, 17 de abril de 2022

"Los narcisos" (The Daffodils), de William Wordsworth

 

Narcisos silvestres en el Distrito de los Lagos

 [Los narcisos]


Iba solitario como una nube
que flota  sobre valles y colinas,
cuando de pronto vi una muchedumbre,
de dorados narcisos: se extendían
junto al lago, a la sombra de los árboles,
en danza con la brisa de la tarde.


Reunidos como estrellas que brillaran
en el cielo lechoso del verano.
Poblaban una orilla junto al agua
dibujando un sendero ilimitado.
Miles se me ofrecían a la vista,
moviendo sus cabezas danzarinas.


El agua se ondeaba, pero ellas
mostraban una más viva alegría.
¿Cómo, si no feliz, será un poeta
en tan clara y gozosa compañía?
Mis ojos se embebían, ignorando
que aquel prodigio suponía un bálsamo.


Porque a menudo, tendido en mi cama,
pensativo o con ánimo cansado,
los veo en el ojo interior del alma
que es la gloria del hombre solitario,
y mi pecho recobra su hondo ritmo
y baila una vez más con los narcisos.


(Versión de Gabriel Insausti)

 

Poema original en inglés:

[The Daffodils]

I wandered lonely as a cloud
That floats on high o’er vales and hills,
When all at once I saw a crowd,
A host, of golden daffodils;
Beside the lake, beneath the trees,
Fluttering and dancing in the breeze.


Continuous as the stars that shine
And twinkle on the milky way,
They stretched in never-ending line
Along the margin of a bay:
Ten thousand saw I at a glance,
Tossing their heads in sprightly dance.


The waves beside them danced; but they
Out-did the sparkling waves in glee:
A poet could not but be gay,
In such a jocund company:
I gazed—and gazed—but little thought
What wealth the show to me had brought:


For oft, when on my couch I lie
In vacant or in pensive mood,
They flash upon that inward eye
Which is the bliss of solitude;
And then my heart with pleasure fills,
And dances with the daffodils.


El poeta romántico inglés William Wordsworth (1770-1850),  considerado el poeta de la naturaleza, compuso este poema, uno de los más populares entre los británicos, en 1804. Apareció por primera vez en Poems in Two Volumes (1807) y en 1815 publicó una versión revisada. Entre 1799 y 1808, Wordsworth vivió en el Distrito de los Lagos (Lake Distrit), donde miles de narcisos salvajes cubren los campos a finales de marzo o en las primeras semanas de abril. El poema tiene su germen en  un paseo que el poeta dio, en compañía de su hermana Dorothy, el 15 de abril de 1802 por Glencoyne Bay, Ullswater, en el Distrito de los Lagos. Durante su recorrido contemplaron los narcisos salvajes que, mecidos por el viento, bordeaban la orilla del lago. Sin embargo, no fue esta espléndida visión lo que inspiró al poeta sino la entrada del diario de Dorothy en que esta describe la caminata. En el poema, la visión de los narcisos tiene un efecto duradero en el yo poético: primero, en la impresión inmediata que provocan, y más tarde, en la imagen que el recuerdo trae a su mente.

[Imagen inicial: pinterest]