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domingo, 3 de agosto de 2014

"El rey Cophetua y la muchacha mendiga", de Olvido García Valdés


    EL REY COPHETUA Y LA MUCHACHA MENDIGA

                                                                                 Burne-Jones

Ella tiene los pies como Marilyn Monroe
y una tierna
indefensión en los hombros.
Están en una sala y la ventana
descorre sus cortinas a un atardecer
boscoso,
pero es como si fuera
una esfera
de cristal. No se miran.
Él la mira a ella. Ella a lo lejos.
Hace ya mucho tiempo que él la había soñado
como un aire
de cigüeñas, una luz,
y ahora estaba allí.
Tantas vidas que no parecen ciertas
en una sola vida.
Campanillas azules en la mano.
Él sabe que se irá. No hablan
y el momento está lleno de voz,
voz acunada, lejana.
El amor es una enfermedad,
campanillas azules. Siempre en ti,
como en el sueño, volviendo
siempre en ti. Tan incierta
la luz. Como en el sueño.
                                  De Exposición, 1990                                           
La poeta española Olvido García Valdés (Santianes de Pravia, Asturias, 1950) es licenciada en Filología Románica y en Filosofía. Perteneció al Grupo de Valladolid, que publicó la revista El signo del gorrión (1992-2002); ha sido profesora de Lengua y Literatura, directora del Instituto Cervantes en Toulouse,  codirectora de la revista Los Infolios  (1987-2005) y miembro de la comisión permanente de la revista hispano-portuguesa Hablar/Falar de poesía (1996-2002). Ha combinado su labor de creación lírica con la reflexión sobre otras artes, como la pintura, y con  la traducción.
    Próxima a la llamada poesía del silencio*, su producción poética se caracteriza, entre otros rasgos, por el minimalismo y la interrupción del discurso lírico para que se oiga la voz del silencio. Ha publicado: El tercer jardín (1986), Exposición (1990; Accésit del Premio Esquío, 1989; Premio Ícaro, 1990), ella, los pájaros (1994; Premio Leonor, 1993), caza nocturna (1997), Del ojo al huevo (2001), Todos estábamos vivos (Premio Nacional de Poesía 2007), Esa polilla que detrás de mí revolotea (Poesía reunida, 1982-2008) y Lo solo del animal (2012).
    El poema elegido es una muestra del interés de la autora por la pintura. Se inspira   en "King Cophetua and the Beggar Maid" (1884), obra del pintor prerrafaelita  Edward Coley Burne-Jones (1833-1898), quien a su vez se basó en el poema de Alfred Tennyson "The Beggar Maid" (1842)**. La fuente del poema de Tennyson es una leyenda sajona sobre una mendiga a la que el rey, hasta entonces inmune al amor, encuentra casualmente y, enamorado, le ofrece su reino. La primera referencia escrita a la leyenda del rey y la mendiga la encontramos en el teatro de  Shakespeare (Trabajos de amor perdidos, Romeo y Julieta, Enrique IV); en la primera de estas obras Armando, prendado de una joven aldeana a la que ha sorprendido en el parque, con el fin de justificar su "transgresión",  alude a la balada de "El rey y la mendiga",  que Moth considera inventada unos tres siglos antes, y que parece perdida. Sin embargo, la balada, titulada "El rey Cofetua y la muchacha mendiga", está incluida en el primer volumen de la colección del doctor Thomas Percy,  Reliquias de la antigua poesía inglesa, y  más tarde se reprodujo en Corona enguirnaldada de rosas de oro, de Richard Johnson, con el título de "La canción de la mendiga". La historia del rey y la mendiga ha inspirado a numerosos artistas, entre los que se cuentan  los escritores Hugo von Hofmannsthal (el poema en prosa "Köning Cophetua", 1895), Ezra Pound (el largo poema "Hugh Selwyin Mauberley", 1920) o Julien Gracq, en cuya novela Le Roi Cophetua (1970) la pintura de Burne-Jones tiene un papel simbólico.


** The Beggar Maid
Her arms across her breast she laid;/She was more fair than words can say;/Barefooted came the beggar maid/Before the king Cophetua./In robe and crown the king stept down,/To meet and greet her on her way;/‘It is no wonder,’ said the lords,/‘She is more beautiful than day.’//As shines the moon in clouded skies,/She in her poor attire was seen;/One praised her ankles, one her eyes,/One her dark hair and lovesome mien./So sweet a face, such angel grace,/In all that land had never been./Cophetua sware a royal oath:/‘This beggar maid shall be my queen!’

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