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domingo, 13 de diciembre de 2015

"Si supieran las flores..." (Und wüßten’s die Blumen, die kleinen...), de Heinrich Heine

George Elgar Hicks, On the seashore, 1879




Si supieran las flores
Cuán triste y lacerado
Está mi corazón, derramarían
De sus perfumes, en mi herida, el bálsamo.


Si supieran las aves
Cuán triste y cuán enfermo
Estoy, alegres cantos
Dieran, por distraer mi pena, al viento.


Si las estrellas de oro
Conocieran mi pena,
El cielo dejarían y a prestarme
Consuelos de fulgores descendieran.


Pero ¡ay! que nadie puede
Conocer mi quebranto;
Ella sólo lo sabe,
Ella, que el corazón me ha destrozado.

                Versión de José J. Herrero. En www.elaleph.com


VERSIÓN ORIGINAL EN ALEMÁN:



Und wüßten’s die Blumen, die kleinen,
Wie tief verwundet mein Herz,
Sie würden mit mir weinen,
Zu heilen meinen Schmerz.

Und wüßten’s die Nachtigallen,
Wie ich so traurig und krank,
Sie ließen fröhlich erschallen
Erquickenden Gesang.

Und wüßten sie mein Wehe,
Die goldenen Sternelein,
Sie kämen aus ihrer Höhe,
Und sprächen Trost mir ein.

Sie alle können’s nicht wissen,
Nur eine kennt meinen Schmerz;
Sie hat ja selbst zerrissen,
Zerrissen mir das Herz.

          Heinrich Heine,   Intermezzo lírico, XXII, 1823



El poeta alemán Heinrich Heine nació en 1797 en Düsseldorf,  entonces  capital de una provincia de Prusia, cedida a Francia  en 1806. Considerado uno de los  más grandes poetas alemanes del siglo XIX, ejerció notable influencia en la poesía del español Gustavo Adolfo Bécquer y de los llamados poetas prebecquerianos. Su poesía evoluciona desde el lirismo melancólico de sus primeras composiciones, propias del romanticismo intimista,  hacia un distanciamiento irónico y racional. 
   De padres judíos, recibió una sólida formación gracias a  la fortuna de su tío Salomon, banquero en Hamburgo. El amor no correspondido por su prima Amelie será el punto de partida de su libro Buch der Lieder (Libro de canciones). Tras fracasar como hombre de negocios, estudió Derecho en Bonn, Götingger y Berlín. Como el ejercicio de la abogacía estaba prohibido a los judíos en  la Alemania de la época, se convirtió al luteranismo y cambió su nombre de pila -Harry- por el de Heinrich; sin embargo, nunca ejerció esta profesión ya que su verdadera vocación eran las letras. En su época universitaria, conoció las doctrinas del romanticismo a través de Schlegel y recibió la influencia de Hegel.  Miembro destacado del grupo literario Joven Alemania, que atacaba al romanticismo alemán por su conservadurismo, sus opiniones le hicieron caer en desgracia por lo que  en 1831 se estableció en París. En la capital francesa convivió con otros exiliados alemanes y conoció a escritores como Victor Hugo, A. Musset, Honoré de Balzac o George Sand, y a los músicos H. Berlioz y Chopin. En 1835 sus libros fueron prohibidos en Alemania. En 1841 contrajo matrimonio y un año después se le manifestó una enfermedad que afectaba a su columna vertebral  y que le impidió levantarse de la cama desde 1848  hasta su muerte, ocurrida en 1856. Está enterrado en el cementerio parisino de Montmartre. Los nazis lo desterraron de la literatura alemana.
  Entre sus composiciones poéticas, que han sido traducidas a casi todas las lenguas, además de Intermezzo (1823) y Buch der Lieder (1827), una de las obras más difundidas de la literatura alemana, merece citarse Romanzero (1851), de inspiración hispanizante. Basadas en  las canciones de corte popular, las dos últimas ejercieron una notable influencia en Europa, y su eco llegó hasta los románticos tardíos españoles. Sus poemas se convirtieron en fuente de inspiración de compositores como Chopin, Schumann, Schubert y Brahms, entre otros. Enorme relevancia dentro de su género tiene el poema satírico Alemania: un cuento de invierno (1844), sátira de los valores de la cultura germánica en la que se percibe la influencia de K. Marx, a quien había conocido un año antes.
   Actualmente, sin embargo, se aprecia más su obra en prosa, por ejemplo sus Cuadros de viajes (1826-1831), excelente muestra de su capacidad analítica y satírica, y sus Noches florentinas (1936).
    Nietzsche consideraba que Heine y él habían sido, con mucho, "los mejores artistas de la lengua alemana".




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