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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Caminos que confluyen. Irene Vallejo Moreu, antigua alumna del Instituto Goya




   Me resulta muy emotivo hablar de Irene Vallejo y su obra entre estas paredes que, con tanto cariño, abrigaron su pasión por el mundo clásico y por la literatura.
   Tuve la suerte de ser una de las profesoras de Irene Vallejo Moreu y de Elisa Arguilé Martínez. La autora y la ilustradora de El silbido del arquero. La novela que hoy vamos a comentar en este grupo.
   A veces los profesores pensamos que somos importantes porque hemos dejado alguna huella en nuestros alumnos. Pero yo no estoy muy segura. En cambio sí estoy segura de que ellos han dejado profundas huellas en mí. Estoy segura de que yo he evolucionado en la vida gracias a las enseñanzas de mis alumnos.
   Puedo describir perfectamente a Irene y a Elisa en sus respectivas aulas. Y también a sus compañeros de clase.
   Irene estaba en el aula de la derecha, al final del pasillo de abajo. Siempre se sentaba en la primera fila. Cuando llegaba al aula, siempre la encontraba, en silencio, repasando los apuntes y esperando a que yo llegara. Durante toda la clase me miraba con unos ojos tan grandes y penetrantes que me fascinaban. Hubo momentos en que pensé que solo hablaba para ella. Pero no, que allí estaban reclamando mi atención las Palomas, las Anas y los Marios.
   Elisa había estado siete años antes. Como a Irene, también le di clase en COU, en el aula contigua a la biblioteca. Solía ponerse en la tercera fila, al lado de la ventana; creo que se sentaba junto a Beatriz Arce y Sara Armisén. Solía alternar su atención al sintagma nominal con miradas a los árboles del patio: “¿Te has dado cuenta, Carmen? Ya ha florecido el árbol de pasión”. Entonces yo dejaba un momento la explicación y miraba por la ventana. Esta Elisa, como la de Garcilaso, me enseñaba los secretos de las flores. Un lunes me trajo un ramillete de flores silvestres de Ontinar del Salz. Ella se habrá olvidado, pero yo guardo un recuerdo muy vivo. Elisa que había nacido en Zaragoza en 1972, el año 2007 recibió el premio nacional de ilustración, por Mi familia. Un libro con texto de Daniel Nasquens.
   Pero hoy nuestra protagonista es Irene Vallejo, nacida en Zaragoza en 1979. Aunque ya es una escritora consagrada y con abundantes premios literarios, yo me detendré en sus comienzos literarios en esta casa.
   Conocí a Irene en 1998, su año de COU, y tuvo que padecerme como profesora de Lengua, como profesora de Literatura y como Tutora. Es decir, nueve horas a la semana. ¡Ahí queda eso! Sus profesores anteriores me habían hablado mucho de esta alumna, sobre todo las profesoras de Lenguas Clásicas, Pilar Iranzo y Pilar Idoipe. Aún puedo oír a Pilar Iranzo: “Carmen, Irene va a estudiar Clásicas. Así que colabora y no te la lleves a Hispánicas”.
   Aprovecho este momento para rendir un homenaje Pilar Iranzo, que se nos fue demasiado pronto. Pilar fue una de mis profesoras más queridas. También a mí me había hecho dudar entre Clásicas o Románicas. Pero en mis tiempos no había Clásicas en Zaragoza.
   Cuando Irene llegó a mis manos ya estaba enamorada de la cultura griega. Por eso me sorprendió tanto el día que me dijo que tenía escrito un cuento sobre la Guerra Civil en Zaragoza. A los pocos días me trajo el manuscrito de La fisonomía del soldado. Me quedé muda. Tenía una prosa de una gran madurez, un tono seguro y un gran pulso narrativo.
   -Y tú, como sabes tantas cosas de la Guerra Civil –le pregunté al acabar la lectura.
   -De mi abuela
   Estaba muy decidida a mandarlo al Quinto Certamen de los Nuevos de Alfaguara, que hacía cuatro años que se convocaba para los alumnos de secundaria de toda España. Tenía que presentarlo e informarlo su profesora de literatura. Y así lo hice. Ella lo maquilló un poco y yo lo mandé.
   ¡Qué alegría el día que me comunicaron que Irene estaba entre los diez jóvenes ganadores! Teníamos que ir juntas a recoger el premio a Madrid. Fuimos con su madre, Elena Moreu. El viaje resultó inolvidable. En el tren de vuelta, se me ocurrió comentarle: “Irene, este relato es de una gran potencia narrativa. Tiene que ser el germen de una novela”. Como acostumbraba, me miró con ojos de asombro y no dijo nada. El año 2011, cuando publicó La luz sepultada, me dijo: “Esta novela tiene origen en La fisonomía del soldado”. Otra vez sentí una alegría inmensa. Aunque yo me había limitado a apoyarla en sus comienzos, me sentí parte de su trayectoria narrativa.
   Los relatos premiados se publicaron en un libro, La mascota virtual y otros relatos, de Alfaguara/Santillana Juvenil, Serie Roja. Irene aparecía la última porque su apellido comienza por la “V”. Presidía el jurado José María Merino. Fanny Rubio, que también estaba en el jurado, elogió el ritmo poético de la prosa de esta joven promesa aragonesa. Su relato no había dejado a nadie indiferente.
   Para acabar con estos recuerdos del Instituto Goya, voy a traeros un detalle del fino olfato lingüístico de Irene.
   Durante todo el curso, había insistido en la tenue línea que separa las oraciones coordinadas adversativas de las subordinadas concesivas: “Prestadme atención, que una de estas os tocará en Selectividad”. Cuando mis alumnos salieron del examen de lengua vinieron a verme: “Carmen, estaba chupado, una oración de las de aunque. Muy fácil, muy fácil”, gritaban todos. En ese momento llegó sudorosa Paloma Villarroya: “Atención, que hay un problema. Todos hemos puesto concesiva, menos Irene. Por favor, míralo, Carmen”. Y yo: “No tengo nada que mirar, Paloma, si Irene dice que es adversativa, estoy segura de que lo es”. Ese año hubo varios sobresalientes en lengua, pero solo un 10.
   Después se licenció en Filología Clásica. El año 2007 se doctoró por las universidades de Zaragoza y Florencia. A partir de ese momento, comenzó su brillante carrera literaria.
- 2008. Publicó un ensayo dedicado a Marcial en la Institución Fernando el Católico, que recibió el premio de la Sociedad Española de Estudios Clásicos.
- 2010. El pasado que te espera, editorial Anorak. Una recopilación de algunas de sus columnas de El Heraldo. Un singular periodismo en el que explica los temas de actualidad con mitos del mundo antiguo.
- 2011. La luz sepultada, editorial Paréntesis. Su primera novela.
- 2014. El inventor de viajes, editorial Comuniter. Una divertida incursión en los viajes clásicos. Se lo dedicó a su hijo Pedro, que acababa de nacer. Pedro, como su madre, tendrá por compañeros de sueños a los argonautas.
- 2015. El silbido del arquero, editorial Contraseña.
   En El silbido del arquero, a través de la máscara de Virgilio podemos oír la voz de Irene: He encontrado mi voz (p. 197) Mis versos transformarán las penas en música (p. 205) En las sabias palabras del viejo Homero he encontrado mi senda (p. 205). Y cumple los deseos de la legendaria Helena: Los poetas cantarán nuestros sufrimientos a generaciones que están por nacer (p. 196). Ella, como las sibilas griegas, sabe interpretar los oráculos y ver que los problemas que padecemos hoy ya existían en el mundo antiguo: Aquellos a quienes hoy llamamos héroes fueron un día seres azotados por la desgracia. De la vendimia del sufrimiento brota el vino de las leyendas (p. 197). No se puede decir de manera más hermosa.
   Antes de terminar quiero ofreceros una primicia. Irene está preparando la publicación de un cuento juvenil ilustrado: una adaptación libre y personal de la fábula de Ovidio Ceix y Alcíone. El texto de Irene estará acompañado por las acuarelas y los dibujos a lápiz de Lina Vila García, otra de mis antiguas alumnas del Goya. Y sé que les gustaría presentar su nueva publicación aquí, en su instituto.
   Ahora entenderéis por qué he llamado a esta presentación Caminos que confluyen. El título me lo ha regalado la propia Irene: Caminos que confluyen entre mis alumnas del Goya.
   Gracias, Irene, ¡por tantas cosas! Por esta novela y por todos esos escritos con los que hemos disfrutado tanto. Pero, sobre todo, gracias por ser como eres. Es un orgullo que vuelvas al Goya con el cariño de siempre y con tan copiosa cosecha. Bienvenida a la que fue tu casa y la mía. 

Carmen Romeo Pemán

1 comentario:

  1. Sería difícil encontrar una mejor presentación para Irene Vallejo. La intervención de Carmen Romeo fue un magnífico preludio de una sesión extraordinaria en la que Irene, de forma entusiasta y amenísima, demostró sus profundos conocimientos y su amor contagioso por los clásicos.

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