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martes, 29 de abril de 2014

Ramón J. Sender, estudiante en Zaragoza



Sender visto por Luis Grañena

Parque Crónica del alba. Foto: J. L. G.
El escritor Ramón J. Sender (1901-1982) regresa estos días a la actualidad cultural e informativa por la celebración de la XI Semana de las Letras del barrio de Torrero, centrada en el recuerdo y homenaje al autor aragonés, con conferencias, exposiciones, proyección de películas y la inauguración del parque Crónica del alba, hermoso y sugerente nombre tomado del título de una de sus  novelas más conocidas y ambiciosas.
   Es de sobra conocido  que Ramón José  Sender Garcés nació en Chalamera (Huesca), donde su padre trabajaba como secretario del ayuntamiento, pero vivió muy poco tiempo en esta localidad ya que su familia se trasladó pronto a Alcolea de Cinca (población de la que eran originarios sus padres), más tarde a Tauste y posteriormente a Zaragoza.
   En Tauste inicia su relación  con Valentina Ventura, hija del notario de la localidad, y recibe clases de mosén Joaquín, capellán del convento de Santa Clara, quien lo prepara para el examen de Ingreso  y de algunas materias de Bachillerato, de las que se examina como alumno libre en el Instituto General y Técnico de Zaragoza (actual IES Goya), situado entonces en un edificio anexo a la universidad, en la plaza de la Magdalena. Y es precisamente de  su paso por este centro de enseñanza de  lo que vamos a tratar en estas líneas.

ESTUDIANTE DE BACHILLERATO

Según consta en el expediente conservado en nuestro centro (del que existe un exhaustivo estudio  del profesor Mariano Amada), realizó el examen de Ingreso el 17 de junio de 1912 (ver solicitud abajo), y en la convocatoria de junio de ese mismo año se examina, como alumno libre, de Lengua Castellana y de Geografía general y de Europa, materias de primer curso de Bachillerato; mientras que en septiembre  realiza las pruebas de Caligrafía y de Nociones de Aritmética y Geometría (en ambas obtiene la calificación de sobresaliente).
   Con arreglo al Real decreto de 17 de agosto de 1901, los estudios generales del Grado de Bachiller se cursaban en seis años; había que aprobar un total de veintisiete asignaturas y se podía cursar, además,  Religión en los tres primeros cursos.
En la convocatoria de junio del curso 1912-13, Sender supera los exámenes de todas las materias a las que se presenta: dos asignaturas de 1º (Lengua latina y Gimnasia) y dos de 2º (Geografía especial de España y Aritmética).
   Pero a comienzos del curso 1913-14 ingresa  como alumno interno en el colegio de San Pedro Apóstol de los Hijos de la Sagrada Familia de Reus (Tarragona). Según consta en la Certificación Académica expedida por el Instituto General y Técnico de Reus, al acabar el curso tenía aprobadas trece asignaturas.
  Los cursos siguientes los realiza como alumno oficial en el Instituto de Zaragoza. De sus vivencias de aquellos años ha dejado constancia en El mancebo y los héroes, cuarto libro de Crónica del alba (1942-1966), extraordinario testimonio de  la vida española durante las cuatro primeras décadas del siglo XX.  El joven Pepe Garcés, protagonista de la novela y alter ego del autor, refleja así el ambiente de la ciudad  y del instituto mientras Europa se veía inmersa en la Primera Guerra Mundial:
En nuestros días la ciudad seguía siendo liberal. Los periódicos más importantes, como "Heraldo de Aragón" y "La Crónica", eran liberales. La opinión media de la gente era, pues, contraria a los alemanes.
Sólo era germanófilo "El Noticiero", diario de la grey beata, que leía mi padre. Yo compraba los otros dos y los llevaba a mi casa de un modo ostensible.
En el instituto, las clases duraban desde las ocho hasta las doce. También había allí mayoría de chicos partidarios de la victoria de los aliados. Así, pues, mi atmósfera era de optimismo y alegría, al menos por la mañana. Por la tarde -en mi casa-, depresiva y sombría.
   (Crónica del alba, 1. Colección Áncora y Delfín, Destino, 2ª ed., Barcelona, 1977, p. 410)
 A pesar de todo, muestra pronto su decepción ante lo que el centro (donde en cada clase había alrededor de ciento diez o ciento quince alumnos) le ofrece, si bien el lugar le resulta agradable e incluso idílico:
Desde el principio yo comprendí que el instituto no tenía interés. La cultura -si tal cosa existía- debía estar en otra parte. Todo era incómodo y falso. Nadie leía la lección ni ponía fe alguna en lo que estaba haciendo. Se trataba de engañar a los profesores.
La cosa no tenía el menor atractivo.
Estaba el instituto en el costado izquierdo de una vasta manzana de edificios, todos dedicados a la enseñanza. Por el frente principal que daba al Coso se entraba a la universidad ( facultades de Letras y Derecho). En el flanco hacia el río daban algunas clases de escuela Normal. En aquel lado había también un cuartelillo de policía
La parte nuestra -el instituto- era limpia, moderna, bastante agradable. Los claustros de la planta baja o del piso superior alrededor de un vasto patio cuadrado, estaban cubiertos de cristales. En la primavera, cuando se sentía calor, abrían algunos paneles y entraba el aire perfumado por los árboles en flor.
                                                                                         (página  411)

José María -uno de los amigos de instituto del joven Garcés con vocación de editor profesional- lo nombra redactor jefe de la revista "El Escolar", en cuyo segundo número Garcés publica un artículo sobre Las memorias de un revolucionario, de Kropotkin, que le "dieron de pronto en el instituto una reputación de hombre peligroso." Junto a su amigo adquiere en esta época "un sentido romántico de la literatura  y un respeto por la letra impresa que me han durado hasta hoy".

Los cursos 1914-15 y 1915-16  pasan para el rebelde Ramón José Sender "sin pena  ni gloria"; en ellos aprueba, con calificaciones nada brillantes, diez nuevas asignaturas. Tan solo le faltaban cuatro materias para obtener el título de Bachillerato, pero en el curso 1916-17, cuando cursa 6º, estallan los problemas: suspende las cuatro asignaturas en junio (en tres de ellas consta como No Admitido), intenta recuperarlas en septiembre, pero suspende dos, Agricultura y Química general, que tampoco consigue superar  en la convocatoria extraordinaria de enero de 1918. Sin duda, el centro estaba castigando así la conducta inadecuada del alumno Sender. En su expediente académico no aparece ninguna referencia al respecto.

¿Qué  había sucedido? Pepe Garcés, el personaje literario, lo explica así:
En el instituto las cosas fueron de mal en peor. Los chicos de sexto año, los más grandes, se declararon en huelga, insultaron al director, agredieron al profesor de química en el laboratorio (aprovechando la oscuridad de un experimento con sales de plata) y se declaró la huelga. Abandonamos las clases, gritamos en los pasillos y abucheamos al director.
[...]
Aquellos días yo me agitaba mucho y el director me echó la culpa a mí, tal vez porque hasta él había llegado mi reputación de secuaz y correligionario del príncipe Kropotkin. Eso me molestaba y me halagaba al mismo tiempo. Pero los desórdenes alcanzaron cierta gravedad. Un día asaltamos el tranvía donde acababa de montar el director y rompimos los cristales. El pobre director salió corriendo hasta que pudo alcanzar un coche de alquiler. No pensábamos agredirle, sino solo asustarlo.
Todos me echaron la culpa a mí, a causa de mi artículo sobre Kropotkin. Yo no había hecho sino secundar la huelga, cuya iniciativa salió de no sé dónde. En vano, el bedel Guadalaxara declaró ante el director en favor mío. Por fin, resuelta la huelga y vueltos a la normalidad, el director me llamó y me dijo que yo era el culpable de todo. Añadió que perdería los cursos y que podía trasladar la matrícula a otro instituto. Me negué, con lo cual debí tomar un aire de reto y desafío.
-Entonces -dijo el director altivo-, aténgase a las consecuencias.
Perdí todos los cursos aquel año. Me suspendieron en todas las asignaturas.
                                                                                                 (páginas 510-511)
Conviene recordar, no obstante, que nunca debemos confundir vida y literatura aunque, como  en este caso, caminen muy próximas la una a la otra. La versión no literaria de los hechos  se recoge en el Libro de Actas del Claustro del Instituto. En el acta correspondiente a la sesión celebrada el 30 de noviembre de 1916, se hace constar el agradecimiento del director del Instituto a los miembros del Claustro, autoridades académicas y gubernativas, a la prensa y a los padres de familia "por la eficaz colaboración prestada para lograr la normalidad en las enseñanzas de este establecimiento, perturbada por los alumnos de sexto año, en los días 24, 25 y 27 del corriente, dentro del Instituto [...]".

Y en un  anexo se da detallada cuenta de los sucesos de esos días. Como antecedente de los disturbios, se cita la denuncia del alumno Sr. Gonzalvo, expresada en la  clase de química del 22 de noviembre,  de la existencia de "un escrito y un dibujo pornográfico" que iba pasando de mano en mano entre los estudiantes. El viernes 24, en la clase de la misma asignatura, se constituye un Jurado escolar, "resultando autores de un escrito inmoral e indecoroso y de un dibujo pornográfico" los alumnos C.C.* y F.U.*, "los cuales se declaran convictos y confesos. En su virtud fueron expulsados de la clase de química por el Catedrático y esta expulsión fue ratificada  y confirmada por unanimidad de los alumnos. Este acuerdo se comunicó por oficio  a los padres de los interesados y a los Catedráticos de 6º curso". Así pues, en las conclusiones del Jurado no se establece ninguna relación de Ramón J. Sender  con  dicho escrito, como se ha querido insinuar en alguna ocasión.

Los disturbios de los días 25 y 27 de noviembre se resumen así en el citado anexo:
a) Sábado 29 de noviembre de 1916. A las 8 menos cuarto de la mañana grupos de  alumnos de 6º curso del Instituto y algunos de la Escuela de Comercio intentaron estorbar la entrada a los de Matemáticas y no lo consiguieron porque el Director vigilaba desde las 7 1/2  frente a la Iglesia de la Magdalena y porque intervino enérgicamente en la calle.
b) A las 9 los alumnos de 6º curso se esfuerzan por impedir la entrada a la clase de Agricultura, desoyendo al Catedrático; interviene el Director y consigue que entren; pero una vez dentro, arman formidable estruendo, aullando y pateando en presencia del Catedrático Sr. Sánchez. El Director tiene que intervenir dirigiéndoles la palabra y reflexiones oportunas acerca de los deberes escolares y logra calmarles y que se dé la clase.
A las 10 se repite el alboroto a la entrada de Historia Natural y a las 11 en la clase de Lógica. Los mismos propósitos albergan los estudiantes respecto a  la jornada del lunes 27, para lo que han pedido colaboración al alumnado de la Escuela Normal, por lo que el director convoca Claustro de Catedráticos a las 8 horas del día 27. En esta sesión se autoriza unánimemente al director "para conminar con la exclusión de exámenes de Mayo a los alumnos de 6º curso, que persistiendo en su actitud de rebeldía y desacato, se nieguen a entrar en clase". Y continúa el relato como sigue:
9 de la mañana. Se presentan los alumnos de 6º curso, acompañados de un centenar de estudiantes de otros centros, especialmente de la Escuela Normal de Maestros y de la de Comercio y hacen irrupción violenta y atronadora en la escalera y en la galería del Instituto. Con alardes de desobediencia y con tenacidad insolente gritan y vociferan, impidiendo la entrada de los alumnos y penetran en la clase de Agricultura, intentando con violencia inusitada sacar a los alumnos que deseaban se diese la clase.
Apiñados dentro de la clase de Agricultura, tratan de ahogar la voz del Director, que los exhorta con reflexiones de afecto paternal, y ya duró la lucha más de 1/2 hora cuando el Director invita a que se reúnan en torno suyo a los concurrentes de aspecto más varonil, especialmente de la Escuela Normal de Maestros, y consigue convencerles de que por estar mal informados, defienden una causa mala y fea. Desde ese momento la revuelta está dominada y los elementos extraños deponen su actitud y, a ruego del Director, dejan a los alumnos del Instituto en libertad de marcharse o quedarse.
[...]
A las 10, clase de Historia natural y a las 11, clase de Lógica, los alumnos de 6º curso sin apoyo de elementos extraños, y a pesar de la presencia de todos los Catedráticos, de Directores de Colegios y de honorables padres de familia que prestan con su presencia apoyo moral al Director del Instituto, repiten una obstinada resistencia a entrar en clase con igual actitud de griterío e insubordinación, viéndose el Jefe del Establecimiento oficial obligado a conminar repetidas veces con la pérdida de curso y diciéndoles por último: "Señores, a la calle o a la Cátedra; a la calle que significa pérdida de curso; o a Cátedra que significa ponerse en condiciones de ganarlo".
Los alumnos se sometieron y las clases todas se dieron por fin en este día.
Tales son los hechos principales, cuyo recuerdo debe conservarse para tenerlo en cuenta en ocasión oportuna.
Ni una sola mención a Ramón J. Sender, quien parece haber sufrido la misma suerte que  otros alumnos participantes en la revuelta. Sin embargo, el autor  transforma el plural en singular y hace  de su protagonista Pepe Garcés una especie de héroe romántico, un joven revolucionario convertido en cabeza de turco de la revuelta debido a su ideología. No obstante,  la crónica de los hechos, tal como se recoge en el acta mencionada, parece demostrar que el escritor no se significó especialmente en los disturbios. Su comportamiento no fue el de un   héroe pero tampoco el de  un villano, pues queda meridianamente claro que no se le puede atribuir el escrito pornográfico con que se inició la revuelta estudiantil.

En 1917 la familia de Sender había fijado su residencia  en  Caspe, donde el padre había vuelto a ejercer
como secretario tras la ruina económica a la que se vio abocado  por la compra de bonos alemanes, entre otros motivos. Pero el escritor, que tenía serias diferencias con su padre,  se traslada a Alcañiz en 1918 para trabajar como mancebo de botica, oficio que había aprendido durante su estancia en Zaragoza. Desde allí, en instancia fechada el 12 de abril de 1918, solicita el traslado de expediente alegando que "según acredita la certificación adjunta el exponente tiene obligación de residir en esta ciudad de Alcañiz donde se halla ganando la vida y como existe colegio de segunda enseñanza donde poder continuar estudios, el cual colegio se halla incorporado al Instituto de Teruel, se ve en la precisión de trasladar sus estudios a este último Instituto para no tenerlos que abandona".
    La certificación adjunta a que se refiere es un certificado del farmacéutico Alberto López con el visto bueno del alcalde de Alcañiz, ciudad donde aprueba finalmente las dos asignaturas pendientes, lo que le permite obtener el título de Bachiller.


SELLO CONMEMORATIVO

En el año 2001, con motivo de la conmemoración del centenario del nacimiento del autor, el claustro de profesores  del IES Goya solicitó la emisión de un sello conmemorativo, cuyo primer día de circulación fue el 31 de marzo de 2003, como consta en el matasellos especial diseñado por un profesor del centro; en él figura la imagen del autor, en primer término,  y la fachada de la antigua universidad, al fondo.



CARMEN SENDER, PROFESORA DEL I.E.S. GOYA

No acaba aquí la relación del IES Goya con la familia Sender, pues Carmen Sender Garcés, la menor de los hermanos del escritor, ejerció durante muchos años en nuestro centro como profesora de Lengua y Literatura. Persona de gran discreción y profesionalidad, formó parte del claustro de profesores desde 1960 hasta su jubilación. Tras su fallecimiento, sus compañeros del Departamento de Lengua y Literatura se reunieron en sesión extraordinaria, celebrada el 5 de octubre de 2007, para honrar su memoria. En el acta correspondiente se puede leer lo que sigue:
      Se reúnen todos los miembros del Departamento para recordar a Carmen Sender Garcés, antigua profesora de este instituto, que falleció el día 29 de junio.
      Llegó al Instituto Goya, mediante concurso de traslado del Instituto Ramón y Cajal de Huesca, y tomó posesión como Agregada de Lengua y literatura el día 1 de noviembre de 1960. Aquí ejerció de profesora hasta su jubilación, el día 27 de enero de 1988.
     Sus compañeros de Departamento recordamos a Carmen como una persona cálida y cercana; de trato afable y humano; como una luchadora incansable por la enseñanza y por la solidaridad. 
La lectura del poema "A Carmen Sender ante Ítaca", compuesto por el profesor  Emilio Gutiérrez, puso fin a tan emotivo acto en recuerdo de la  compañera desaparecida.
                                                                                           
                                                                                                  Josefina López Granada, profesora del IES Goya

*El derecho al olvido nos lleva a citar a los alumnos responsables con sus iniciales.

Agradezco la colaboración de las exprofesoras Concha Gaudó y Carmen Romeo, quienes me han orientado en la búsqueda de información.

En este enlace puedes leer la biografía completa del autor:

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