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domingo, 23 de febrero de 2014

"Hablando en castellano", de Gabriel Celaya

Hablando en castellano,
mordiendo erre con erre por lo sano,
la materia verbal, con rabia y rayo,
lo pone todo en claro.
Y al nombrar doy a luz de ira mis actos.
Hablando en castellano,
con la zeta y la jota en seco zanjo
sonidos resbalados por lo blando,
zahondo el espesor de un viejo fango,
cojo y fijo su flujo. Basta un tajo.

Hablando en castellano,
el "poblo, puoblo, puablo", que andaba desvariando,
se dice por fin pueblo, liso y llano,
con su nombre y conciencia bien clavados
para siempre, y sin más puestos en alto.

Hablando en castellano,
choco, che, te, ¡zas!, ¿ca? Canto claro
los silbidos y susurros de un murmullo que a lo largo
del lirismo galaico siempre andaba vagando
sin unidad hecha estado.

Hablando en castellano,
tan sólo con hablar, construyo y salvo,
mascando con cal seca y fuego blanco,
dando diente de muerte en lo inmediato,
el estricto sentido de lo amargo.

Hablando en castellano,
las sílabas cuadradas de perfil recortado,
los sonidos exactos, los acentos airados
de nuestras consonantes, como en armas, en alto,
atacan sin perdones, con un orgullo sano.

Hablando en castellano,
las vocales redondas como el agua son pasmos
de estilo y sencillez. Son lo rústico y sabio.
Son los cinco peldaños justos y necesarios
y de puro elementales, parecen cinco milagros.

Hablando en castellano,
mal o bien, pues que soy vasco, lo barajo y desentraño,
recuerdo cómo Unamuno descubrió su abecedario
y extrajo del hueso estricto su meollo necesario,
ricamente substanciando.

Hablando en castellano,
ya sé qué es poesía. Leyendo el Diccionario
reconozco cómo todo quedó bien dicho y nombrado.
Las palabras más simples son sabrosas, son algo
sabiamente sentido y calculado...

Hablando en castellano,
decir tinaja, ceniza, carro, pozo, junco, llanto,
es decir algo tremendo, ya sin adornos, logrado,
es decir algo sencillo y es mascar como un regalo
frutos de un largo trabajo.

Hablando en castellano,
no hay poeta que no sienta que pronuncia de prestado.
Digo mortaja o querencia, digo al azar pena o jarro.
Y parece que tan sólo con decirlo, regustando
sus sonidos, los sustancio.

Hablando en castellano,
en ese castellano vulgar y aquilatado
que hablamos cada día, sin pensar cuánto y cuánto
de lírico sentido, popular y encarnado
presupone, entrañamos.

Hablando en castellano,
recojo con la zarpa de mi vulgar desgarro
las cosas como son y son sonando.
Mallarmé estaba inventado
el día que nuestro pueblo llamó raso a lo que es raso.

Hablando en castellano,
los nombres donde duele, bien clavados,
más encarnan que aluden en abstracto.
Hay algo en las palabras, no mentante, captado,
que quisiera, por poeta, rezar en buen castellano.

                                         (Gabriel Celaya, de Cantos Íberos)

[Selección de María Teresa García de Paso]


Gabriel Celaya es seudónimo del poeta español Rafael Múgica (Hernani, Guipúzcoa, 1911-Madrid, 1991), uno de los más destacados representantes de la poesía social de los cincuenta. 
    Tras cursar el bachillerato en San Sebastián, en 1929 ingresó en la Escuela de Ingeniería Industrial de Madrid. Se alojó en la Residencia de Estudiantes, donde trabó amistad con los poetas del 27 y con Pablo Neruda, experiencia que sin duda contribuyó a que abandonara su destino familiar de empresario para dedicarse a la poesía. En 1935 acabó Ingeniería y publicó su primer libro de poemas, Marea del silencio. Durante la Guerra Civil fue capitán de "gudaris"* del ejército republicano en Euskadi. Al acabar la contienda, alternó su trabajo en el negocio familiar con la dedicación a la poesía. Providencial fue su encuentro en 1946 con la que después sería su esposa, la también escritora Amparo Gastón, que lo salvó de una profunda crisis personal. Juntos llevaron a cabo numerosos proyectos culturales, entre ellos la fundación de la colección de poesía "Norte". Otro hecho decisivo en su vida fue su relación con Jorge Semprún**, a través del cual ingresó en el Partido Comunista, militancia que mantuvo a lo largo de su vida. En 1956 se traslada a Madrid para dedicarse exclusivamente a su quehacer literario.
     En su producción poética se pueden distinguir tres etapas. Sus primeros libros, publicados con su verdadero nombre  (Marea del silencio, 1935; La soledad cerrada, 1947; Movimientos elementales, 1947) o con el seudónimo Juan de Leceta (Tranquilamente hablando, 1947, y Las cosas como son, 1947) presentan rasgos neorrománticos y surrealistas. Su segunda etapa (en la que adopta el seudónimo de Gabriel Celaya, formado con su segundo nombre y su segundo apellido), es la de la poesía comprometida y de denuncia social, a la que pertenecen Las cartas boca arriba, 1951; Cantos íberos, 1955; De claro en claro, 1956 ( Premio de la Crítica), y Episodios nacionales, 1962, entre otras obras. En el último periodo intenta una renovación expresiva con obras como El derecho y el revés (1973), Buenos días, buenas noches (1976) o Penúltimos poemas (1982).
    En 1986 recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas, galardón que concede el Ministerio de Cultura por el conjunto de la obra. En sus últimos años, las penurias económicas le obligaron a vender su biblioteca (formada por 1200 volúmenes) a la Diputación Provincial de Guipúzcoa. Tras su muerte, sus cenizas fueron esparcidas en su ciudad natal.

*gudari, soldado vasco perteneciente al Euzko Gudarostea (Ejército Vasco), pequeño ejército formado por el Gobierno de Euskadi durante la Guerra Civil.

**Jorge Semprún (1923-2001) fue escritor, guionista cinematográfico, intelectual y político español. En Francia formó parte de la Resistencia contra los nazis, por lo que fue deportado al campo de concentración de Buchenwald. Fue miembro del Partido Comunista de España entre 1942 y 1964. Ministro de Cultura desde 1988 hasta 1991.

El cantante Paco Ibáñez popularizó algunos poemas de Gabriel Celaya. Uno de los más conocidos es "La poesía es un arma cargada de futuro", que puedes escuchar interpretado por Joan Manuel Serrat.


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2 comentarios:

  1. Poesía necesaria como el pan de cada día...

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  2. ...como el aire que exigimos trece veces por minuto...

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