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miércoles, 21 de agosto de 2013

Eduardo Galeano: "El libro de los abrazos"




Celebración de la fantasía

Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había desprendido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, porque la estaba usando en no sé qué aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano.
   Súbitamente,  se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitas cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quien una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas, y no faltaban los que pedían un fantasma o un dragón.
   Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba más de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca:
   -Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima -dijo.
   -¿Y anda bien? -le pregunté.
   -Atrasa un poco -reconoció.

Los nadies

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
   Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
   Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
   Que no son, aunque sean.
   Que no hablan idiomas, sino dialectos.
   Que no profesan religiones, sino supersticiones.
   Que no hacen arte, sino artesanía.
   Que no practican cultura, sino folklore.
   Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
   Que no tienen cara, sino brazos.
   Que no tienen nombre, sino número.
   Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
   Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Dicen las paredes/2

En Buenos Aires, en el puente de La Boca:
     Todos prometen y nadie cumple. Vote por nadie.
     En Caracas, en tiempos de crisis, a la entrada de uno de los barrios más pobres:
     Bienvenida, clase media.
     En Bogotá, a la vuelta de la Universidad Nacional:
     Dios vive.
     Y debajo, con otra letra:
     De puro milagro.
     Y también en Bogotá:
     ¡Proletarios de todos los países, uníos!
     Y debajo, con otra letra:
     (Último aviso.)

                                          (Eduardo Galeano: El libro de los abrazos, Siglo XXI, 2009)

1 comentario:

  1. Eduardo Galeano falleció en Montevideo el 13 de abril de 2015, a los 74 años, víctima de un cáncer de pulmón.

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