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domingo, 26 de mayo de 2013

"Sarcófago de los esposos", de Fina García Marruz


Sarcófago de los esposos, fragmento



Sarcófago de los esposos

                                                                 En Villa Giulia.
                                                                   (S. VI a. de C.)


Sosteniendo las copas
invisibles,
familiarmente, eternamente juntos
en el lecho
de la fecundación y de la muerte,
serenamente lúcidos
y sonreídos
(con un "sorriso triste", como dijo
el niño a la maestra que indicaba
con tímida dulzura tanta gloria),
vosotros lo afirmáis hermosamente:
No solo el imposible
amor,
también las nupcias consagradas
vencerán a la muerte.

Gracias,
esposos grávidos, etruscos no,
celestes,
brindando por nosotros.


                      (Fina García Marruz)


Josefina García-Marruz Badía (La Habana, 1923) , conocida como Fina García Marruz, es poeta e investigadora literaria cubana.  Apasionada por la literatura desde muy joven, conoció a Juan Ramón Jiménez en 1936 y a la poetisa chilena Gabriela Mistral en su paso por Cuba, fue discípula de María Zambrano, y se nutrió de la poesía de la Generación del 27. Junto a su esposo, Cintio Vitier, formó parte del grupo poético "Orígenes", que revolucionó y modernizó la poesía cubana,  aglutinado en torno a la revista homónima creada por José Lezama Lima. Tras obtener en 1961 el doctorado en Ciencias Sociales, se dedicó a la investigación literaria en la Biblioteca Nacional José Martí y, desde su fundación en 1977 hasta 1987, perteneció al Centro de Estudios Martianos, donde formó  parte del equipo encargado de la edición crítica de las Obras Completas de José Martí. Es una de las grandes especialistas en literatura cubana del siglo XIX, sobre todo en la figura de José Martí. También ha estudiado la obra de otros autores cubanos, como José Lezama Lima, así como a grandes autores hispanoamericanos de todos los tiempos, entre ellos Francisco de Quevedo, Sor Juana Inés de la Cruz, Bécquer, Ramón Gómez de la Serna y Juan Ramón Jiménez. Sus trabajos han sido recopilados en Hablar de poesía (1987). Su obra poética, de gran sencillez formal, se crea en torno a tres ejes fundamentales: la inquietud religiosa, la memoria y la identidad nacional. Por ello, junto a versos de profunda espiritualidad, se encuentran otros de claro contenido político. Es autora de Visitaciones (1970), Viaje a Nicaragua (1987) y Créditos de Charlot (1990). Su obra poética  ha sido traducida a varios idiomas y galardonada con la Orden Alejo Carpentier, la medalla 30 Aniversario de la Academia de Ciencias de Cuba, el Premio de Poesía Pablo Neruda 2007, el XX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2011 y el Premio Federico García Lorca 2011. El 29 de abril de 2013 recibió la Orden José Martí por su contribución a la investigación y difusión de la obra de este poeta cubano, considerado un héroe nacional. En nuestro país, es una autora poco conocida, a pesar de figurar en la antología Once grandes poetisas hispanoamericanas (1967), de Carmen  Conde, y de la publicación de la antología de su obra poética El Instante Raro (Pre-Textos) en 2010.

El poema elegido se inspira en la conocida obra de arte etrusco, datada hacia el 520 a.C. Procedente de Cerveteri (en la región italiana del Lazio), se conserva en el Museo Nacional Etrusco de Villa Giulia, en Roma. Representa a dos esposos  sobre un sarcófago, reclinados y con la sonrisa característica del estilo arcaico ("la sonrisa etrusca").
Precisamente,  en la sala del museo de Villa Giulia donde se conserva esta escultura, mientras el protagonista  la contempla ensimismado,  comienza la acción de La sonrisa etrusca,  una de las novelas más conocidas de José Luis Sampedro (1917-2013), que actualmente estamos leyendo en el grupo Leer juntos, razón por la que hemos seleccionado el  poema de Fina García Marruz. Así es como la describe Sampedro en su novela:
La mujer, apoyada en su codo izquierdo, el cabello en dos trenzas cayendo sobre sus pechos, curva exquisitamente la mano derecha acercándola a sus labios pulposos. A su espalda el hombre, igualmente recostado, barba en punta sobre la foca faunesca, abarca el talle femenino con su brazo derecho. En ambos cuerpos, el rojizo tono de la arcilla quiere delatar un trasfondo sanguíneo inalterable al paso de los siglos. Y bajo los ojos alargados, orientalmente oblicuos, florece en los rostros una misma sonrisa indescriptible: sabia y enigmática, serena y voluptuosa. 

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