EL BLOG DE LA BIBLIOTECA "IRENE VALLEJO" DEL IES GOYA DE ZARAGOZA


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domingo, 3 de septiembre de 2017

"Palabras para colgar de una ventana rota", de Ángel García López




Palabras para colgar de una ventana rota

Este balcón da al mar. Toco la espuma
viajera, inagotable, de la orilla.
Sobre el balcón, volcado en La Costilla*,
mis ojos dan al mar.
                                    Lejos, la bruma
dibuja un horizonte que navega 
mi corazón.
                      Conozco cada grano
de esa arena, su nombre, su verano,
su apellido. Y el agua se me entrega
joven y dulce en la mañana. Y canta
su septiembre de sol.
                                       En los cristales
crece la flor de luz de los corales,
ruge lo azul de la escolar garganta
del día.
              Y aquel niño, aquel desvelo
que antaño fui, se asoma. Y ve.
                                                      Y en Rota
esta ventana es mar, y gaviota
que le devuelve lo mejor del cielo.

               De Mester Andalusí, 1978

*La Costilla es una playa de la ciudad de Rota (Cádiz).

Ángel García López. /La Voz de Cádiz

Ángel García López (Rota, Cádiz, 1935) es un poeta español perteneciente al grupo poético de los 60, conocido también como "generación del lenguaje" por la relevancia dada a la palabra en la composición del poema. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid, ha sido profesor de Lengua castellana y Literatura en bachillerato hasta su jubilación, ocupación que ha compaginado con su actividad como Técnico Superior de Servicios Bibliográficos. Durante años dirigió la revista Literatura (en sistema Braille), dependiente de la Sección de Cultura de la ONCE.

Señala Antonio Rivero Machina ("JOSÉ JURADO MORALES, La poesía de Ángel García López", en Castilla. Estudios de Literatura, 3 [2012]:IV-VII) como características de la poesía de este autor, tan versátil en temas y formas, el cuidado formal y la experimentación: 
Una de las constantes en la poesía de Ángel García López es su entrega a la precisión métrica, al pulimiento de la palabra poética exacta, a la forma métrica como valor en sí mismo, ya desde sus primeros libros. Se sitúa así al compás de otros autores que en esa década de los años sesenta tratan de renovar la poesía española más allá del testimonialismo social imperante entonces. La "BELLEZA", en mayúsculas, es el norte y referente de Ángel García López, la estrella polar de su quehacer poético. Pero lo más interesante es su constante interés por experimentar, por renovarse. El poeta de Rota no puede ser simplemente encasillado como un poeta clásico y monótonamente formal, sino como un gran innovador dentro de los márgenes -de los amplios márgenes- de la tradición métrica.
El autor ha confesado las dificultades que encontró para empezar a publicar su obra poética, en razón a sus dos apellidos, tan comunes en España, y el impulso que representaron los primeros premios obtenidos. En 1963 vio la luz su primer libro, Emilia es la canción,  en el que predominan los sonetos, composición que cultivará a lo largo de toda su obra y en la que alcanzará una rara perfección. En él ya se advierten, bajo la influencia de Gerardo Diego y de Lope de Vega, la manifestación directa del sentimiento, la armonía en la expresión y el cuidado en la disposición acentual, como ha señalado Vicente Granados (La obra poética de Ángel García López). A esta obra inaugural seguirán, entre otras, Tierra de nadie (1968, Accésit Premio Adonáis 1967), A flor de piel (1970, Premio Adonáis 1969), libro en que el empleo del verso libre supone una gran renovación formal; Volver a Uleila (1971, Premio Álamo-José María Gabriel y Galán 1970), Elegía en Astaroth (Premio Nacional de Literatura 1973), Retrato respirable en un desván (1974, Premio Ciudad de Irún 1973), Mester andalusí (1978, Premio Leopoldo Panero 1976 y Premio de la Crítica 1978), Auto de fe (1979, Premio Boscán 1974), Trasmundo (1980, Premio José María Lacalle 1979), Los ojos en las ramas (1981, Premio Ciudad de Martorell 1979), Memoria amarga de mí (1983, Ayuda del Ministerio de Cultura a la Creación Literaria 1980 y Premio Antonio Camuñas 1983),  De latrocinios y virginidades (1984, Premio Tertulia Hispanoamericana del Instituto de Cooperación Iberoamericana 1983), Medio siglo, cien años (1988, Premio Hispanoamericano Juan Ramón Jiménez 1988), Perversificaciones (1990, Premio Rafael Morales 1989), Territorios del Puma (Premio Ciudad de Melilla 1991), Apócrifo castellano para Durmiente Bella (Premio Villa de Madrid- Francisco de Quevedo 1995), Glosolandia (1998, Premio Ciudad de Salamanca 1997), Mitologías (2000, Premio Internacional de Poesía Generación del 27, 1999), Universo sonámbulo (2006, Premio Villa de Rota 2005), Posdata (XXVI Premio Unicaja de Poesía y XIX Premio Andalucía de la Crítica), Desde la orilla (2013, XXV Premio Cáceres, Patrimonio de la Humanidad) y Cuando todo es ya póstumo (2016).

Resulta paradójico que un poeta tan premiado no goce de un reconocimiento general, como observa Antonio Rivero Machina, para quien  la figura de Ángel García López oscila "entre el más indiscutible de los reconocimientos y un paradójico estado de olvido".



domingo, 27 de agosto de 2017

Tres poemas de Ana Pérez Cañamares





           Las piedras

Durante las vacaciones
recogemos las piedras
que el mar nos regala.

Son las piedras con las que luego,
en el invierno, reconstruimos
las ruinas de nuestras guerras.

No sólo les pedimos
que resistan.
También que nos recuerden
que el mar existe.

       De Alfabeto de cicatrices
Baile del Sol, 2010


*            *         *         *

Soy lista como un ángel
los segundos previos
a escribir un poema.

En el poema soy prudente:
cada verso es un tablón
para cruzar el abismo.

Lejos del poema soy torpe
y los recuerdos no traen sabiduría
sino imágenes talladas en granito.

No vuelo, ni ando, ni me hundo.
Escribo palabras como barandillas.

Me asomo desde ellas y no me caigo.



*          *          *         *

Cuando el sol ya sólo se adivina
en su reflejo sobre los pájaros
que vuelan fuera de tu alcance

es la hora de cerrar los oídos
a los gritos que te apremian
y escuchar los ecos que vienen
de lejos para susurrarte:

defiende tus alas.

   De Las sumas y los restos
Devenir, 2013


Ana Pérez Cañamares (Santa Cruz de Tenerife, 1968) es poeta y narradora española residente en Madrid. Licenciada en Filología Hispánica, trabaja como administrativa para la Universidad Nacional de Educación a Distancia. En 2003 publicó su libro de relatos En días idénticos a nubes (reeditado en 2009). Su carrera poética comienza con La alambrada de mi boca (2007, 2009), libro al que siguen los poemarios Alfabeto de cicatrices (2010), Entre paréntesis. Casi cien haikus (2012), Las sumas y los restos (2013, V Premio de Poesía Blas de Otero-Villa de Bilbao 2012), Economía de guerra (2014), De regreso a nosotros (2016) y el libro de aforismos La conservación del momento (2016).
     Algunos de sus relatos han aparecido en antologías como Por favor sea breve (Páginas de Espuma), Mujeres cuentistas (Baile del Sol), Beatitud. Visiones de la Beat Generation (Baladí) o Al otro lado del espejo. Narrando contracorriente (Escalera). Poemas suyos han sido incluidos en las antologías Resaca /Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowki (Random House Mondadori), 23 Pandoras. Poesía alternativa española (Baile del Sol), La manera de recogerse el pelo. Generación Bloguer (Bartleby), Mujeres en su tinta. Poetas españolas del siglo XXI (UNAM+Atemporia), Por donde pasa la poesía (Baile del sol), PoeTrastos (LVR), Nocturnos (Origami) y El Último Jueves (Calima), entre otras, así como en diversas publicaciones impresas y digitales. Desde el año 2005 administra el blog El alma disponible, dedicado a la poesía.

Otros poemas de la autora en este blog:
-"Hay una fila de mujeres detrás de mí" y "Todas las perras que en el mundo han sido": AQUÍ.

jueves, 24 de agosto de 2017

"Ínfulas de pájaro", un microrrelato de Antonio Serrano Cueto



ÍNFULAS DE PÁJARO   

En  la plaza madrileña de Santa Ana un volatinero limeño hace cabriolas. Se ha ganado la fama de ser el mejor artista ingrávido del mundo. Su cuerpo menudo traza giros y volutas que enjaulan el aire y perduran hasta el final del número. En las tardes en que la plaza relumbra con pájaros y niños, el público suele preguntarle por sus secretos de saltimbanqui, y él se sienta sobre un  bucle del aire a firmar autógrafos.  Hoy ha venido un niño regordete con mirada de cóndor y un enorme tirachinas en la mano. Asustado, el volatinero ha iniciado una pirueta suprema, pero, cuando se había elevado una docena de metros por encima del suelo, ha sentido el peso de la gravedad y se ha precipitado velozmente, cascándose como un huevo.
De Fuera pijamas. Incluido en Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español. Edición de Fernando Valls. Menoscuarto, Palencia, 2012

Antonio Serrano Cueto (Cádiz, 1965) es poeta y narrador español. Ejerce como profesor de Filología Latina en la Universidad de Cádiz. Ha publicado numerosos trabajos académicos sobre literatura latina de los siglos XV y XVI. Entre sus libros destacan los poemarios No quieras ver el páramo (2010),  Son caminos (2012) y Aún trémulo el ramaje (2016); los libros de relatos y microrrelatos Fuera pijamas (2010), Zona de incertidumbre (2011), Papeles secundarios (2013) y París en corto (2015), además de estar presente en las antologías Los microrrelatos de La nave de los locos (2010), Antología del microrrelato español 1906-2011 (2012), Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español (2012) y El cuarto género narrativo (2012). 

[La imagen inicial está tomada de lalapida.blogspot.com]

domingo, 20 de agosto de 2017

"¡Todo era amor... amor! No había nada más que amor...", de Oliverio Girondo





¡Todo era amor... amor! No había nada más que amor. En todas partes se encontraba amor. No se podía hablar más que de amor.
Amor pasado por agua, a la vainilla, amor al portador, amor a plazos. Amor analizable, analizado. Amor ultramarino. Amor ecuestre.
Amor de cartón piedra, amor con leche... lleno de prevenciones, de preventivos; lleno de cortocircuitos, de cortapisas.
Amor con una gran M, con una M mayúscula, chorreado de merengue,
cubierto de flores blancas...
Amor espermatozoico, esperantista. Amor desinfectado, amor untuoso...
Amor con sus accesorios, con sus repuestos; con sus faltas de puntualidad, de ortografía; con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.
Amor que incendia el corazón de los orangutanes, de los bomberos. Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas, que arranca los botones de los botines, que se alimenta de encelo y de ensalada.
 Amor impostergable y amor impuesto. Amor incandescente y amor incauto. Amor indeformable. Amor desnudo. Amor amor que es, simplemente, amor. Amor y amor... ¡y nada más que amor!

                                                                          De Espantapájaros (al alcance de todos), 1932                                                   


Oliverio Girondo (Buenos Aires, 1881-1967) es un poeta argentino que, junto a Borges* y Raúl González Tuñón, renovó la poesía de su país en los años veinte y treinta. 
    La situación acomodada de su familia le permitió viajar tempranamente a Europa y estudiar en el colegio Epsom de Londres y, más tarde, en la Escuela "Albert le Grand" de Arcueil, cerca de París. De vuelta a Argentina, aceptó estudiar Derecho (carrera que no ejercerá) con la condición de que, durante las vacaciones, su familia le permitiera viajar a Europa, donde pudo entrar en contacto con los círculos literarios de las nuevas corrientes estéticas: participó en las veladas surrealistas en París, y en Madrid, Ramón Gómez de la Serna lo recibió en su tertulia del café Pombo. En esta época colaboró en revistas literarias como Plus Ultra, suplemento mensual del semanario Caras y caretas.  
    Su primer libro, Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922), fue publicado en Francia e ilustrado por el autor bajo la influencia de Apollinaire. En 1924, junto a Evar Méndez y otros,  fundó en Buenos Aires la revista Martín Fierro, que propugnaba una cultura americana autónoma y sirvió de escaparate a las vanguardias. En 1943 contrajo matrimonio con la escritora Norah Lange, después de un largo periodo de convivencia. En 1961 fue atropellado por un automóvil y quedó inválido. Todavía en 1965 realizó con Norah un último viaje a Europa, en el que se produjo el reencuentro en Roma con Rafael Alberti y María Teresa León, a quienes habían conocido durante su exilio en Argentina. Falleció en Buenos Aires el 24 de enero de 1967 y fue inhumado en el cementerio de Recoletas.
   Entre sus obras figuran Calcomanías (1925), Persuasión de los días (1942), Campo nuestro (1946), En la masmédula (1956), en la que la audacia experimental llega al límite, sin por ello abandonar su peculiar humor, y Topatumba (1958).

domingo, 13 de agosto de 2017

"Es un lugar al sur..." y "Herencia", de Eugénio de Andrade



Es un lugar al sur, un lugar donde
la cal
amotinada desafía la mirada.
Donde viviste. Donde a veces en sueños

vives aún. El nombre empapado de agua
te escurre de la boca.
Por caminos de cabras bajabas
a la playa, batía el mar

en aquellas piedras, en estas sílabas.
Los ojos se perdían ahogados 
en el fulgor
del último o del primer día.

Era la perfección.

                  
                                                      De Blanco en lo blanco


                            Herencia

Ésta es mi herencia: la sonrisa,
el azul de una piedra blanca.
Puedo sumarle, al azar de la memoria,
una rama de madreselva inclinada
hacia las abejas que metódicamente hacen
del otoño el lugar preferido del verano,
un mirlo que abandonó el parque
para anidar en un poema mío,
un barco llamado Cavalinho na Chuva
que espera ser reparado en el muelle de Foz.
Debe de haber algo más,
no puedo ser tan pobre, cometemos siempre
la injusticia de no incluir, por pudor,
cosas más íntimas: un verso de Safo
traducido por Quasimodo, la mano
que por un momento se nos posó en la rodilla
y enseguida voló hacia muy lejos,
los latidos del corazón
obstinado en repetir que no ha envejecido

                         De Los surcos de la sed

               En Materia solar y otros libros. Obra selecta (1980-2002).
Ed. bilingüe de Ángel Campos Pámpano. 
Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 2004

VERSIÓN ORIGINAL EN PORTUGUÉS


É um lugar ao sul, um lugar onde/a cal/amotinada desafia o olhar.//Onde viveste. Onde às vezes no sono/vives ainda. O nome prenhe de água/escorre-te da boca.//Por caminhos de cabras descias/à praia, o mar batia/naquelas pedras, naquelas sílabas.//Os olhos perdiam-se afogados/no clarão/do último ou do primeiro dia.//Era a perfeição.

                                                                                                                De Branco no Branco, 1984

Herança.// É a minha herança: o sorriso,/ o azul de uma pedra branca./ Posso juntarlhe, ao acaso da memória,/ um ramo de madressilva inclinado/ para as abelhas que metodicamente fazem/ do outono o lugar preferido do verão/, um melro que deixou o jardim público/ para fazer ninho num poema meu,/ um barco chamado Cavalinho na Chuva/ à espera de reparação no molhe da Foz./ Deve haver mais alguma coisa,/ não serei tão pobre, cometemos sempre/ a injustiça de não referir, por pudor,/ coisas mais íntimas: um verso de Safo/ traduzido por Quasimodo, a mão/ que por instantes nos pousou no joelho/ e logo voou para muito longe,/ as cadências do coração/ teimoso em repetir que não envelheceu.

                                                                                    De  Os sulcos da sede, 2001


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domingo, 6 de agosto de 2017

Dos poemas de Mario Luzi




                          Parca-Aldea

Junto al fuego se habló mucho de ti
tras atender los rezos vespertinos
en estas casas grises donde, frío,
el tiempo trae y se lleva rostros de hombres.

Fue a dar luego la charla en otros, sus riquezas,
y fueron bodas, muertes, nacimientos,
el triste rito de la vida.
Alguno, forastero, llegó hasta aquí y se fue.

Y yo, vieja mujer en esta vieja casa,
voy cosiendo el pasado con el presente, y tejo
tu infancia con la infancia de tu hijo
que atraviesa la plaza junto a las golondrinas.

                                                De La barca, 1935


Un poco soñolienta todavía
levanta la persiana
y he aquí que se colma
de oro y aire 
opalescente el vaso 
de la habitación. Oh mañana,
oh celeste arrogancia,
no me arrastres, no me agarres
a la fuerza, no estoy preparada aún-
piensa y al tiempo lo susurra
a su titubeante resistencia-
                                                 se te opone
lo arduo y la sombra
de mi opacidad
que no quemó la noche
ni alejó el despertar.
Te ruego, nuevo día,
ven, pero hazlo lentamente
entra lentamente en la sustancia,
enciéndeme lo mismo que una lámpara
así seré votiva
como debo y como quiero
a ti, a mis congéneres,
al ánima del mundo
que nos acoge, nos ofende
y no poco nos conforta, nosotros parte suya.

                           De Bajo forma humana, 1999


Versión original en italiano:

        Parca-Villaggio

A lungo si parlò di te attorno ai fuochi
dopo le devozioni della sera
in queste case grige ove impassibile
il tempo porta e scaccia volti d'uomini.

Dopo il discorso cadde su altri ed i suoi averi,
furono matrimoni, morti, nascite,
il mesto rituale della vita.
Qualcuno, forestiero, passò di qui e scomparve.

Io vecchia donna in questa vecchia casa,
cucio il passato col presente, intesso
la tua infanzia con quella di tuo figlio
che traversa la piazza con le rondini.

                                             Da La barca, 1935

Ancora un po' assonnata
lei alza la serranda
ed ecco le si empie
d'oro e d'aria
opalescente il vaso
della stanza. Oh mattino,
oh celeste tracotanza,
non travolgermi, non prendermi
di forza, non sono ancora pronta-
pensa e intanto lo sussurra
a la sua malsicura riluttanza-
                                                     ti si oppone
il greve e l'ombra
della mia opacità
che la notte non ha arso
e il risveglio non ha sperso.
Ti prego, giorno nuovo,
vieni, ma vieni lentamente,
entra lentamente nella sostanza,
accendimi come una lampada,
così sarò votiva
come devo e come voglio
per te, per i miei simili,
per l'anima del mondo
che ci ospita, ci offende
e non poco ci conforta, noi sua parte.


                          Da Sotto specie umana, 1999


En Vida fiel a la vida. Antología poética. Edición bilingüe
de Jesús Díaz Armas. Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores,
Barcelona, 2009



Mario Luzi (Castello, Florencia, 1914-Florencia, 2005) fue ensayista, dramaturgo, traductor y uno de los grandes poetas italianos del siglo XX, asociado al movimiento hermético italiano, en el que se encuadran figuras como Eugenio Montale, Giuseppe Ungaretti o Salvatore Quasimodo, y otros más jóvenes como Piero Bigongiari, Oreste Macrì, Giorgio Caproni, Vittorio Sereni o Attilio Bertolucci.
   Sus padres eran originarios de Samprugnano, en la zona de Monte Amiata, lugar donde Mario pasó las vacaciones hasta 1940 y que se convertirá para él en fuente de inspiración, asociada a la cultura agrícola y a la figura de su madre, que ejerció una gran influencia sobre él, especialmente en sus raíces cristianas: "Descubrí en mi madre todo aquel mundo de religión campesina, elemental pero reflexivo, pensado y vivido muy intensamente. Me fascinaba cómo transportaba todas las cosas a su interioridad", ha confesado el autor. En la década de los 20 comenzó su formación académica en la escuela de Castello, donde destacó por su inteligencia y su afición a la lectura. Inició los estudios de secundaria en  Florencia, pero  después (debido al trabajo del padre, empleado ferroviario)  se trasladó a Milán y a Siena, donde completó la secundaria. La época de Siena es de enorme importancia ya que coincide con su descubrimiento del amor y del arte, pues el arte de la ciudad dejó en él una huella imborrable. 
   Regresó a Florencia en 1929. En estos años  se despierta su interés por la filosofía (que le lleva a faltar a clase para leer  a los filósofos, especialmente a san Agustín) y nace  su admiración por autores como Joyce, Mann o Proust (los mejores "filósofos" que dice haber encontrado en sus años de formación, cuando dudaba entre la filosofía y la literatura). En esta  época entró en contacto con  el grupo de intelectuales antifascistas del café Le Giubbe Rosse, entre los que se encontraba Eugenio Montale,  participó en la vida cultural de la ciudad  y colaboró en revistas de vanguardia como Cubierta o Campo de Marte. En 1935 publicó su primer poemario, La barca, y en 1936 se graduó en literatura francesa con una tesis sobre François Mauriac.  En 1938 comenzó a enseñar en secundaria, primero en Parma y posteriormente en San Miniato y Roma, hasta 1943. Mientras tanto, se casó con Elena Monaci en 1942 y nació su único hijo, Gianni, en 1943. Antes de la guerra, colaboró en la revista Perspectivas, de Curzio Malaparte.
Mario Luzi, segundo por la izquierda, con un grupo de escritores.
En primer plano, Pier Paolo Pasolini. Años 50

   En 1945 regresó a Florencia y enseñó  en el centro de secundaria Leonardo da Vinci hasta que en 1955 pasó a impartir clases de literatura francesa en la Facultad de Ciencias Políticas Cesare Alfieri de Florencia.  Se retiró en 1989. A partir de la década de los sesenta viajó a distintos países (Rusia, Georgia, India, Hungría, Estados Unidos, etc.) donde su obra empezaba a ser conocida. Su candidatura fue propuesta, sin éxito,  en varias ocasiones al Premio Nobel de Literatura, pero recibió importantes reconocimientos como el premio Montale, el Carducci o la Legión de Honor Francesa (1997).  En 2004, con motivo de su noventa cumpleaños fue nombrado senador vitalicio. Para entonces, Mario Luzi, que vivió el fascismo, la guerra y la posguerra encerrado en la literatura, se había convertido en la voz de la conciencia democrática de su país, manifestando su rechazo a conflictos bélicos como la Guerra del Golfo o la de Serbia o su preocupación por las actuaciones de Berlusconi, de cuyo gobierno dijo que estaba "dañando algunos fundamentos de la democracia". Falleció en Florencia el 28 de febrero de 2005 y fue sepultado en el cementerio de Castello. En su memoria, se colocó una placa en la basílica florentina de Santa Croce, junto a los restos de Miguel A. Buonarroti, Galileo Galilei y el cenotafio de Dante.
Luzi, en la playa con su hijo
La poesía de Mario Luzi, como explica Coral García, está asociada al paisaje rural de su región natal, que se convierte en instrumento a través del cual accede al conocimiento de la existencia humana, es decir, que la descripción del mundo sensible y de sus gentes lo conduce a la reflexión sobre su estado interior y sobre la condición humana en su efímera participación en un universo en constante transformación. Para mostrar la multiplicidad del mundo, dialoga con otros seres y en sus diálogos muestra el caos reinante en el mundo, pero también su armonía. A estas características se suman, según Díaz Armas, su cristianismo esencial que se manifiesta en su confianza en Dios (quien, no obstante, permanece lejano), así como en la "caridad y comunión íntima con los demás y con el mundo, de signo casi panteísta"; la conexión entre poesía y pensamiento, que le ha llevado a definir su quehacer poético como pensiero poetante, de la que deriva su preferencia por la literatura reflexiva -de ahí su interés por poetas como Valéry, Rilke, Eliot, Montale, Antonio Machado, Apollinaire, Saba o Ungaretti- y las constantes referencias a los acontecimientos históricos recientes.

La crítica suele relacionar a Luzi con la corriente del hermetismo (especialmente con la generación de los neoherméticos), pero en opinión de Jesús Díaz Armas, esas etiquetas no son suficientes para encuadrar una obra que se desarrolla a lo largo de setenta años y se caracteriza por "una constante búsqueda poética" que permite distinguir varias etapas en su producción poética. 

Para el propio autor, su primera entrega, La barca, no es aún un libro que pueda adscribirse al hermetismo, sino que pertenecería a una  etapa previa que denomina "tentativa". En este libro aparecen ya, como señala Díaz Armas, muchos de los temas fundamentales de su poesía: el paisaje, la presencia de lo femenino, la caducidad de la belleza y la juventud, el paso del tiempo o un cristianismo esencial. Uno de los motivos fundamentales del libro es el viaje marítimo, convertido casi "en alegoría del tránsito por la vida". Por otra parte, inaugura "el tono elegíaco y melancólico" de gran parte de su poesía. 

En cambio sí puede aplicarse la etiqueta de herméticos a sus siguientes libros. Esta primera etapa comienza con Adviento nocturno (1940), cuyo poema "Avorio" suele presentarse como modelo de esta corriente. Se trata de un poemario poblado de símbolos oscuros y violenta adjetivación, en el que el yo poético irrumpe rotundamente junto con la segunda persona del interlocutor a quien se dirige (en ocasiones, él mismo desdoblado). Siguen Un brindis (1946), libro atormentado, influido por el existencialismo, que destaca por la dureza del tono elegíaco, relacionado con el contexto bélico en que se escribe. Cuaderno gótico (1947) es un cancionero amoroso con evidente base biográfica y estructura dialógica entre el yo del poeta y el tú de la amada. El anhelo de perfección formal se manifiesta en la elegancia rítmica y en la predilección por el endecasílabo.

Primicias del desierto (1952) inicia una segunda etapa, que poco tiene que ver con el hermetismo, en la que profundizó en la exploración de las líneas centrales de su poética. Para Coral García el libro es "una especie de peregrinación espiritual a través del desierto bíblico de la expiación y la anulación" hasta alcanzar "la verdad, la purificación, una posible respuesta al porqué  de la presencia y existencia del ser humano y del cosmos". Honor a la verdad (1957), último de los libros incluidos en su primera recolección de poemas (Lo justo de la vida, 1960), es una obra de transición que expresa la relación entre el poeta y el mundo. En la existencia de los otros encuentra el poeta motivo para seguir viviendo. Desde el fondo de los campos (1965) es el libro que abre la recopilación Nell'opera del mondo (1979). En él rinde tributo e su madre, muerta en 1959. Se trata de una obra ligada a la tierra, especialmente a la de sus padres, en la que las reflexiones sobre el mundo se convierten en interrogación sobre el sentido de la vida y de la muerte. Lejos de la tristeza de otros libros, el poeta muestra su deseo de formar parte del mundo.
Mario Luzi./Il Giornale
En el magma (1963) abre la tercera etapa de su poesía, que supone una ruptura clara con lo anterior. El verso y el poema se dilatan y adquieren un carácter casi prosístico, mientras que los textos, mediante la escenificación del encuentro del poeta con otras personas,  se vuelven más narrativos y dialógicos. El abandono del endecasílabo y del alejandrino acerca el discurso al "sermo merus", la simple charla, invocado en la cita de Horacio, al comienzo del libro. La descripción de los espacios (urbanos, incluso degradados) y los interlocutores (seres perdidos, enfermos...) roza, en ocasiones, lo sórdido. Sobre fundamentos invisibles (1971) profundiza en aspectos como la experiencia de la felicidad, el cambio como sustancia de la vida y la efímera condición humana. Las referencias políticas contemporáneas (guerra de Vietnam, invasión de Checoslovaquia) y autobiográficas salpican el poema, y el lenguaje se puebla de modismos. Al fuego de la controversia (1978) se compone de poemas fragmentarios que expresan la lucha entre el mundo del poeta y la confusa "obra del mundo", un mundo caótico e incomprensible al que Luzi contrapone la presencia de Cristo.  Para expresar esa confusión recurre al empleo de tecnicismos, extranjerismos y latinismos, así como al uso frecuente de la interrogación retórica. Los vaivenes de la historia (terrorismo, atentados de la mafia...) están presentes también en su siguiente libro, Para el bautismo de nuestros fragmentos (1985), en que presenta un mundo caracterizado por la falta de comunicación ("inarticulado dialecto", "dialecto abominable"), mientras que la mudez es el signo de Cristo. Introduce innovaciones formales, como la presencia de neologismos y de algunas rimas.  Frases e incisos de un canto saludable (1990) comparte muchos rasgos con el anterior: la longitud de los poemas, temas como la relación entre la humanidad y Cristo, los elementos autobiográficos, la presencia de la luz o las referencias a la femineidad. El léxico se puebla de neologismos, latinismos y términos del latín litúrgico, lo que será una constante en sus siguientes libros. Vida terrestre y celeste de Simone Martini (1994) se centra en el viaje imaginario del pintor sienés desde Aviñón a Siena, en compañía de familiares y de un estudiante de Teología, alter ego del poeta, que hará las veces de narrador. La biografía del pintor se mezcla con las reflexiones del estudiante o del pintor sobre los nombres de Dios, sobre la femineidad o sobre el arte. Bajo forma humana (1999) utiliza también un pretexto narrativo: la reconstrucción del diario de Lorenzo Malagugini, casi un heterónimo del poeta. El libro se centra en las obsesiones del autor: la conciencia de los límites y de la fragilidad humana, sentida no con dolor  sino "con la conciencia complacida de la coparticipación en el mundo y en sus mutaciones y continuidades". El último Luzi supera el tono elegíaco de gran parte de su poesía anterior porque ha  comprendido, según declaró,  que la historia es "también un factor de evolución, un hecho creativo que continúa y dentro del cual nos encontramos inmersos". En Doctrina del extremo principiante (2004) sobresale el tono meditativo, la reflexión profunda sobre diversos temas, a menudo con sentido religioso. La producción  poética  de Luzi se cierra con Déjame, no me retengas (2009), libro póstumo que recoge poemas compuestos entre finales de 2002 y febrero de 2005, en los que mantiene la exigencia característica de toda su obra.

Sobre el poema "Parca-Aldea", poema-pórtico de La barca, dice Jesús Díaz Armas que fue escrito a posteriori, en 1951, y por ello no figura en la edición original ni en antologías posteriores. Añade que el poema "está dirigido al poeta por la voz de la Parca custodia de la aldea de origen de los propios familiares (Samprugnano); el hijo es Gianni Luzi, hijo del poeta, entonces de ocho años". Pedro Luis Ladrón de Guevara -en Mario Luzi, Antología de poemas (1932-1998), Huerga y Fierro, 1999, pp. 7-8- escribe al respecto:
En "Parca-Aldea" vemos la figura de la deidad, Cloto, que hila la vida de los hombres y cose pasado con presente (la fusión de pasado, presente y futuro será un tema preferente en toda su trayectoria poética); une la vida del hijo a la del padre, envuelto todo ello en una cotidianeidad representada por esa conversación sobre vidas, bodas y muerte. El sentido religioso no está presente tanto por la Parca como por esas plegarias vespertinas y la atmósfera de recogimiento existente en el poema.
Por su parte, Alfredo Luzi, en "Iconos de lo femenino en la poesía de Mario Luzi", observa sobre este poema:
Se produce la identificación entre la madre custodia de los recuerdos familiares (autobiografía) y la Parca custodia del tiempo (mitología) a través de una figura femenina que, dirigiéndose al poeta, lo tranquiliza sobre su papel de continuador generacional.

Bibliografía consultada:

Sobre la obra poética de Luzi: 
Prólogo a la edición de Jesús Díaz Armas de Vida fiel a la vida, fundamentalmente.
Sobre la biografía de Luzi:

domingo, 30 de julio de 2017

"En la secreta casa de la noche", de Jorge Teillier




En la secreta casa de la noche

Cuando ella y yo nos ocultamos
en la secreta casa de la noche
a la hora en que los pescadores furtivos
reparan sus redes tras los matorrales,
aunque todas las estrellas cayeran
yo no tendría ningún deseo que pedirles.

Y no importa que el viento olvide mi nombre
y pase dando gritos burlones
como un campesino ebrio que vuelve de la feria,
porque ella y yo estamos ocultos
en la secreta casa de la noche.

Ella pasea por mi cuarto
como la sombra desnuda
de los manzanos en el muro,
y su cuerpo se enciende como un árbol de pascua
para una fiesta de ángeles perdidos.

El temporal del último tren
pasa remeciendo las casas de madera.
Las madres cierran todas las puertas
y los pescadores furtivos van a repletar sus redes
mientras ella y yo nos ocultamos
en la secreta casa de la noche.


          De Poemas del País de Nunca Jamás, 1963


Jorge Teilleir (Lautaro, Chile, 1935-Viña del Mar, 1996) fue un poeta chileno perteneciente a la generación literaria de 1950. Ha sido denominado poeta de La Frontera o poeta Lárico (de lar, 'hogar') pues su poesía está íntimamente ligada a su lugar de origen, cuyos espacios y tradiciones contempla con nostalgia.
Sus abuelos paternos emigraron a Chile desde Burdeos en 1886. La infancia del poeta transcurrió en el sur de Chile, en la Araucanía, en un espacio rodeado de naturaleza donde abundaba la población mapuche. En 1953 se trasladó a Santiago para estudiar Historia en el Instituto Pedagógico. Concluida su formación, regresó a su ciudad natal, en cuyo liceo ejerció como docente. En 1955 contrajo matrimonio con Sybila Arredondo, con quien tuvo dos hijos, Sebastián y Carolina. En 1963 se casó con Beatriz Ortiz de Zárate, mujer por la que anteriormente había desafiado en duelo -que no llegó a celebrarse- al poeta Enrique Lihn. La escultora Cristina Wenke fue su compañera desde 1987. Con ella pasó sus últimos años en El Molino del Ingenio, en las cercanías de La Ligua, lugar donde está enterrado. Perteneció al grupo Trilce de la Universidad de Valdivia, y fue director de la revista 'Orfeo' y del 'Boletín de la Universidad de Chile'.
Jorge Teillier es el poeta de la melancolía, de cuya obra poética se dice en el Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina (Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1995):
En su poesía existe el sur mítico y lluvioso de Pablo Neruda, pero desrealizado por una creación verbal en donde los lugares de provincia se tiñen de referencias melancólicas y simbólicas que se hacen universales. El poeta aparece como sobreviviente de un paraíso perdido, como testigo visionario de una época dorada de la humanidad que conserva a través de los tiempos el  mito y la imagen esencial de las cosas: casa, tierra, árbol. Pero el recuerdo ingenuo e incorruptible que se recupera por medio de la memoria, se trasciende sólo momentáneamente y culmina con su paulatina desintegración. Como en Enrique Lihn [...] y en Barquero, hay en su obra una voluntad rendida, en que el presente carece de toda intensidad y la visión de lo cotidiano es desoladora: persiste sólo lo estéril y lo deshabitado. Frente a ello se buscan las huellas perdidas, para acceder al lugar maravilloso de donde venimos. A través del recuerdo, la realidad cotidiana se hace visible y se recupera. Pero ella sólo sobrevive en los lugares del hallazgo, constituido por los residuos del pasado y los espacios secretos y ocultos: el espacio encubre al tiempo.
De este modo, en Teilleir hay dos momentos estéticos recurrentes que el poema recupera: el momento ingenuo de la infancia y el del recuerdo. La poesía de Teilleir se encarna en la polaridad entre la felicidad del tiempo del origen recordado y el dolor de su desintegración. El sujeto de la poesía de Teilleir es un desterrado que vive en la ciudad moderna y que fantasmalmente vuelve una y otra vez al espacio de la infancia, de la frontera, del límite, para reencontrarse con algo que ya no existe. 
Frente a la tradición totalizadora de las vanguardias y los planteamientos rupturistas de la antipoesía [...], Jorge Teilleir convirtió de nuevo la poesía en experiencia vital ligada a una memoria poética que busca sus símbolos ancestrales y puros. Esa búsqueda primordial lo convirtió en uno de los poetas chilenos más originales de la actualidad.
Para ángeles y gorriones (1956) fue su primer poemario, al que siguieron El cielo cae con las hojas (1958), El árbol de la memoria (1961), Poemas del País de Nunca Jamás (1963), Los trenes de la noche y otros poemas (1964), Poemas secretos (1965), Crónica del forastero (1968), Muertes y maravillas (1971), Para un pueblo fantasma (1978), La Isla del Tesoro (1982), Cantos para reinas de otras primaveras (1983), El molino y la higuera (1994), Hotel Nube (1996) y el libro póstumo En el mudo corazón del bosque (1997).
Su obra fue reconocida con numerosos galardones: Gabriela Mistral, Municipal, Crav, Juegos Florales de la revista Paula, Premio Alerce de la SECH,  el Premio Anguita 1993, concedido por la Editorial Universitaria al poeta vivo más importante que no hubiese conseguido el Premio Nacional, y el Premio al Mejor Libro de Poesía 1993 establecido por el Consejo Nacional del Libro. Sus poemas han sido traducidos a numerosos idiomas.