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domingo, 7 de agosto de 2016

Dos poemas de Eugenio Montale

 


                                        
                     Corno inglés

El viento que esta tarde pulsa atento
-recuerda un  fuerte sacudir de láminas-
los instrumentos de los árboles tupidos
y barre el cobre de la lejanía
donde se alargan franjas luminosas
como cometas en el cielo que retumba
(¡Nubes viajeras, claros
reinos de allá arriba! ¡De altos Eldorados
mal cerradas puertas!)
y el mar que, escama a escama,
lívido, cambia de color,
arroja al litoral
una tromba de espumas retorcidas;
el viento que nace y muere
en la hora que lenta se oscurece,
¡pudiera ahora que anochece
a ti también tañerte,
destemplado instrumento,
corazón!

                 De Huesos de sepia, 1925


                         Siria

Opinaban los antiguos que la poesía 
es escala hacia Dios. Tal vez no es así
si tú me lees. El día, sin embargo,
que recobré por ti la voz lo supe,
ligero en un rebaño de nubes y de cabras
que sobre un risco en equilibrio mordisqueaban
rebabas de espinos y de zarzas. Los rostros
del sol y de la luna, demacrados, se fundían,
el coche estaba averiado y una flecha
de sangre en una piedra señalaba
el camino hacia Alepo.

        De La tormenta y algo más, 1956

VERSIÓN ORIGINAL EN ITALIANO:
Corno Inglese // Il vento que stasera suona attento / -ricorda un forte scotere di lame- / gli strumenti dei fitti alberi e spazza / l' orizzonte di rame / dove strisce di luce si protendono / come aquiloni al cielo che rimbomba / (Nubole in viaggio, chiari / reami di lassù! D' alti Eldoradi / malchiuse porte!) / e il mare che scaglia, / livido, muta colore / lancia a terra una tromba / di schiume intorte; il vento che nasce e muore / nell' ora che lenta s' annera / suonasse te pure stasera / scordato strumento, / cuore.

Siria // Dicevano gli antichi che la poesia /è scala a Dio. Forse non è così / se mi leggi. Ma il giorno io lo seppi / che ritrovai per te la voce, sciolto / in un gregge di nuvoli e di capre / dirompenti da un greppo a brucar bave / di pruno e di falasco, e i volti scarni / della luna e del sole si fondevano, / il motore era guasto ed una freccia / di sangue su un maligno segnalava / la via di Aleppo.

                          En Poesía completa. Edición bilingüe de Fabio Morábito. 
Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2006



Eugenio Montale en su casa de Milán
El poeta italiano Eugenio Montale nació en Génova en 1896 en una familia acomodada. Fue un niño tímido y enfermizo, interesado  por la cultura desde temprana edad. Su primera pasión fue el bel canto, cuyo estudio abandonó debido a la muerte de su maestro y al estallido de la Primera Guerra Mundial, en la que tomó parte. Pero su afición por la música se reflejará en su poesía, caracterizada "por una peculiar conjunción de encantamiento musical y pesimismo filosófico". Para Montale, la poesía es "música hecha con palabras y hasta con ideas".  
    Su familia poseía una casa de veraneo en la localidad de Monterosso, en la Liguria, donde Montale descubre el mar, que, según Fabio Morábito,  "con su incesante rehacerse y deshacerse, no sólo provee a Montale de una amplia metáfora existencial, sino que lo alecciona estilísticamente, inspirándole una economía  de recursos y un rigor expresivo que [...] será el sello distintivo de su poesía", mientras que el paisaje escabroso de la zona y la vegetación "aferrada a la roca se constituyen en emblema de una radical dificultad de vivir".
    En 1925, cuando el poeta tenía veintinueve años, apareció su primer libro, Huesos de sepia, y ese mismo año firmó el manifiesto antifascista redactado por el filósofo Benedetto Croce. Dos años después se instaló en Florencia donde frecuentaba la tertulia del célebre café Le Giubbe Rosse, lugar de encuentro de escritores e intelectuales antifascistas, y formó parte del grupo "Solaria", una revista opuesta a la tradición y abierta a Europa. En la ciudad toscana dirigió entre 1929 y 1938 una de las bibliotecas más importantes de la ciudad, el Gabinetto Viesseux. Más tarde, cuando perdió su trabajo a causa de sus ideas, se dedicó a traducir a autores ingleses y estadounidenses, así como a Cervantes y Bécquer, entre otros. Al estallar la   Segunda Guerra Mundial de nuevo fue llamado a filas, con 44 años, pero el médico militar que debía hacerle el  reconocimiento lo dio de baja, pues acababa de leer Huesos de sepia. Durante la contienda acogió en su casa a escritores perseguidos. En Florencia conoció a dos mujeres fundamentales en su vida: Drusilla Tanzi, con quien se casó en 1962, y la norteamericana especialista en Dante Irma Brandeis, con quien mantuvo una difícil relación  que inspiró en gran parte Las ocasiones y La tormenta y algo más.
       En 1948, contratado como crítico literario y musical  por Corriere della Sera, se trasladó a Milán, sede del periódico. A partir de entonces, desarrolló una intensa actividad periodística, que compatibilizó con la creación literaria. En 1966 se le concedió el título de Senador vitalicio y en 1975 consiguió el Premio Nobel de Literatura. Falleció en Milán en septiembre de 1981.
Foto de grupo en Le Giubbe Rosse tomada a finales de los años treinta.
Montale aparece en el centro, de perfil y con un cigarrillo en la mano
A su poesía, asociada con la de Ungaretti y Quasimodo, se le adjudicó desde muy temprano el calificativo de hermética, clasificación con la que Fabio Morábito está en desacuerdo, ya que, en su opinión, la poesía de Montale, "de una concentración y precisión ejemplares", no es nunca incomprensible. 
     Su producción poética suele agruparse en dos etapas. La primera, formada por Huesos de sepia, Las ocasiones (1939) y La tormenta y algo más (1956), es la más importante (en opinión de Fabio Morábito) "por intensidad y por innovaciones y a la que está ligada más perdurablemente la fama de nuestro poeta". En ella, el hondo pesimismo del periodo de entreguerras, el male di vivere de Montale, concede a su poesía un tono introspectivo y desolado. La segunda está formada por cuatro libros: Satura (1971), Diario del '71 y del '72 (1973), Cuaderno de cuatro años (1977) y Otros versos (1980), más un Diario póstumo (1996), en los  que el pesimismo metafísico se transforma en crítica mordaz. En esta etapa, el ejercicio periodístico deja su impronta en su poesía, que se hace más llana y coloquial.

Irma Brandeis
En Huesos de sepia encontramos el paisaje marino de Liguria, en especial la parte situada entre Génova y Cinque Terre, y el interlocutor secreto, el  al que se dirige el poeta, así como la renuncia del poeta a encontrar una vía de salvación. Sobre este libro ha escrito la investigadora Annunziata Rossi ("Eugenio Montale en dos tiempos. De Huesos de sepia a Las ocasiones"):
Los  "huesos de sepia", metáfora de la humanidad que naufraga, son los inútiles escombros", los desechos que el mar -imagen arcaica de la vida- arroja de sus abismos y que el sol reseca y corroe sobre la playa [...], materia muerta de algo que fue vida.
En "Corno inglés" compara el sonido de este instrumento musical de viento con el de la tormenta que agita la naturaleza. Los elementos del paisaje ligur se convierten en caja de resonancia del  estado anímico del yo poético.
   En La tormenta y algo más trata de aclarar el papel de la poesía en el mundo contemporáneo. Así, en "Siria", uno de los poemas inspirados por Clizia (Irma Brandeis), retoma el motivo de la poesía como escalera hacia Dios, una concepción procedente de Dante, y sitúa a Clizia, su interlocutora, en el centro de la revelación, convertida en una nueva versión de la Beatriz de Dante.


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