EL BLOG DE LA BIBLIOTECA "IRENE VALLEJO" DEL IES GOYA DE ZARAGOZA


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martes, 8 de noviembre de 2016

De Roldán al Cid



  Caballeros valientes y enamorados, batallas, conquistas, victorias y derrotas, traidores, intrigas y pactos, convivencias de culturas, caballos enjaezados, juglares y trovadores, armaduras, espadas y coronas, héroes y villanos…: estamos en la Edad Media.
 
     
  
  A Zaragoza le cabe el honor de que dos de los héroes épicos más importantes de la literatura medieval europea, Roldán y Rodrigo Díaz, pasaran por ella. El jueves 27 de octubre, los alumnos de 3º de ESO del IES Goya realizaron una escapada al pasado medieval de nuestra ciudad y tuvieron la oportunidad de conocer a ambos caballeros un poquito mejor. 

   Luis y Cristina, monitores de la empresa Faetón, colaboradora del Servicio de Educación del Ayuntamiento de Zaragoza, gracias a quien estas actividades pueden llevarse a cabo de forma totalmente gratuita, guiaron a nuestros estudiantes en su viaje hasta la Edad Media.

     Con ellos y su imaginación atravesaron la puerta de Zaragoza que les franqueaba la entrada a Medina Albaida. Junto al torreón de la Zuda, conocieron los argumentos de la Canción de Roldán y de Roldán en Zaragoza. En el Ayuntamiento, la enorme maqueta vertical de la ciudad les permitió conocer el tazado urbano de la ciudad blanca, la ubicación de la mezquita y el lugar en el que residía su gobernador. Ahora, el emperador Carlomagno, el joven caballero Roldán, el rey Marsil, el malvado y envidioso Ganelón o la hermosa Braslimondaya les son personajes tan familiares como sus pactos y traiciones, el paso de Roncesvalles o la muerte del héroe tras hacer sonar el Olifante.   

      
   En este viaje imaginario a través del tiempo llegaron a los años de Alfonso I el Batallador quien, junto al caballero Gastón de Bearn, reconquistó Zaragoza a principios del siglo XII (1118). Era necesaria la construcción de los principales edificios de la ciudad cristiana y los nuevos estilos artísticos, el románico y el gótico, se imponían: la visita al Museo Diocesano los aproximó a ellos. Allí, rodeados por pinturas y esculturas medievales, como si fueran auténticos juglares, los alumnos recitaron los versos de arte mayor de algunos de los pasajes más conocidos de los tres cantares del Poema de Mío Cid. El hecho de que tras la afrenta de Corpes don Rodrigo pidiera justicia al rey hizo reflexionar a nuestros alumnos sobre la mesura y contención del héroe castellano a la hora de resolver conflictos, rasgos que lo diferencian de otros héroes de la literatura épica europea.

 
      Tal vez por ello, a la salida del Archivo Municipal, en el que tuvieron la oportunidad de conocer las caligrafías antiguas, recibieron una nota de don Rodrigo Díaz, un texto ficticio con un buen consejo para afrontar los problemas y peligros que la vida pueda depararles. Regresamos a nuestra vida cotidiana del siglo XXI; seguramente, un poco más sabios.


Mª Luisa Mateo e Isabel Abanto, profesoras de Literatura

     Así los vivieron algunos de los alumnos:

La visita fue muy interesante y entretenida. Me gustó mucho y me lo pasé muy bien con mis compañeros aprendiendo sobre cómo era nuestra ciudad en los siglos de los cantares de gesta. Aprendimos mucho sobre literatura medieval.
María Callejas 

La visita fue muy interesante. Nos explicaron cómo era la ciudad y aprendimos más sobre los cantares de gesta y eso me gustó mucho. El guía era muy majo y explicaba muy bien.
Hugo Cases

Empezamos en las murallas y allí el guía nos explicó el Cantar de Roldán. También nos resumió uno sobre la relación amorosa entre Roldán y la esposa del rey Marsil, una mujer muy hermosa. No conocía esta historia y me gustó mucho.
Ana Pilar Arbiol

El pasado jueves acudimos a una visita por el casco antiguo de Zaragoza para conocer mejor los cantares de gesta y su época, en concreto, el Cantar de Roldán y el Cantar de Mío Cid. Fuimos deteniéndonos en algunos lugares para realizar distintas actividades como ordenar viñetas que narraban la historia de Roldán o recitar versos del Cantar de Mío Cid (a esta narración en verso dedicamos la segunda parte de la visita, que nos llevó hasta el Museo Diocesano y el Archivo Histórico).
Celia Pardos

La excursión del jueves me encantó. Nos explicó Luis, nuestro guía, muchas cosas interesantes. Algunas ya las habíamos visto en clase de Lengua y literatura así que ya las sabíamos. Lo que más me gustó fue la visita al Museo Diocesano.
Natalia Dumall

Me gustó mucho la excursión porque nos explicaron muy bien cómo era Zaragoza en la época de los Cantares de gesta y además nos explicaron el argumento de la Chanson de Roldan y de Roldan en Zaragoza. También recitamos tiradas de versos del Cantar de Mío Cid.
Pablo Angurel

La visita ha sido interesante ya que nos han contado historias de los cantares de gesta y nos han llevado a lugares que no sabíamos que existían en Zaragoza.
Adrián Linares

Ha sido una buena salida con mucha información interesante.
Agustín Palacio

Empezamos en las murallas, seguimos por el Ayuntamiento y el Museo Diocesano para terminar  en el Archivo Municipal. Me pareció muy interesante: puedes aprender historias de la Edad Media y más sobre la vida de los héroes de la épica.
Ángela Lablanca

Me gustó bastante la excursión. Casi al final de la visita realizamos dos actividades: una consistió en recitar fragmentos del Cantar de Mío Cid como si fuésemos juglares y otra en tratar de leer, aplicando conocimientos paleográficos, una carta del Cid escrita en castellano antiguo.            
Jorge de la Iglesia

La visita no estuvo nada mal, me lo pasé muy bien, además, estuvimos aprendiendo cosas nuevas y repasando muchos conceptos que ya habíamos aprendido en clase.
Andrea Pinzolas

La excursión me gustó bastante. Me interesan los cantares de gesta y aprendí, por ejemplo, qué significaba en la Edad Media “lanzar el guante”.
Irene Y. Rodanés

Me pareció muy interesante. Nos contaron muchas cosas curiosas sobre los dos héroes medievales, Roldán y Rodrigo Díaz. También me gustaron los juegos y actividades que nos prepararon, como la de leer como si fuésemos juglares.
Valentina C. Costache

No había ido antes a muchos de los lugares que visitamos, así que me ha despertado la curiosidad por seguir aprendiendo.
Andra Tudor

Lo que más me ha gustado ha sido la historia amorosa de Roldán con la esposa del rey musulmán de Zaragoza.
Diego Vela

Fue muy divertido. A mí se me hizo muy ameno el recorrido y la guía me pareció muy activa y preparada.
Laura Halaihel



domingo, 6 de noviembre de 2016

"Oda a los perros de Atenas", de Blanca Andreu


[vippet.es]


                          ODA A LOS PERROS DE ATENAS


Montes en luz, Atenas, hija de la belleza primera
la descubrí en mis recuerdos aunque nunca había estado allí
desde lejos, con amour de loin[1], había saboreado su nombre
hija de la primera belleza que tiene el grado de justicia.

Descubrí los caballos de piedra en los templos deteriorados
descubrí una taberna de oro dentro de una calle de plata
descubrí los perros de mármol que se han bajado de los frisos
y se reúnen por la noche en cónclave
y muestran su estirpe socrática filosofando en las esquinas.

Los he visto citarse en semáforos
quedar en las encrucijadas
parecen gente civilizada que acude al ágora[2] y se atiene
a lo que dictan los tribunales
aunque vayan a cuatro patas.

Una vieja leyenda sostiene que son ellos los dioses antiguos
que se negaron a partir de Grecia
cuando fueron vencidos antaño
que el luminoso Zeus Olímpico y la justa Atenea alada
prefirieron ser perros atenienses
antes que dioses bárbaros
bebedores de sangre.

Esta vieja leyenda se cuenta mezclada con ouzo[3] y con luna
así que cuando me alejaba por Kiri Dimitrios y vi
entre las callejuelas de Plaka en aquella noche estrellada
acercarse aquel perro blanco esbelto como una gacela
y majestuoso como la Acrópolis
me atreví a tocar su cabeza y a susurrarle por si acaso[4]:
—Salve, Señor del Canto, tú que llegas semejante a la noche.
Sólo una cosa te pido:
Que sea alado mi poema
y no volátil[5].

                                                                  De Los archivos griegos*, 2010



[1] amour de loin, ‘amor de lejos o amor lejano’, es el que despierta alguien o 
algo que no se ha visto nunca, por lo que se dice de él. Este concepto aparece 
en las composiciones del trovador Jaufré Rudel (s. XII), que se enamoró de la 
condesa de Trípoli por su fama, por lo que los peregrinos contaban de ella.
[2] ágora, en las antiguas ciudades griegas, plaza pública.
[3] ouzo, licor anisado de origen griego.
[4] Por si el perro es una encarnación de Apolo, el dios de la poesía, de quien 
se dice en  Ilíada, Canto I, que “avanzaba semejante a la noche”  cuando 
desciende del Olimpo para castigar a los aqueos por el ultraje que Agamenón 
ha infligido a su sacerdote al negarse a devolverle a su hija.
[5] En Ilíada y Odisea, “aladas palabras”, palabras con alas, capaces de 
transmitir emoción al discurso y transportar a quienes lo escuchan, son 
las pronunciadas por los dioses, los héroes, los sabios  e,  incluso, por  
las personas prudentes. “Alado” se contrapone aquí a “volátil”, jugando 
con un doble significado: ‘que puede volar’, pero también ‘mudable, inconstante’.

Blanca Andreu (La Coruña, 1959) es una escritora española. Pasó su infancia y adolescencia en Orihuela (Alicante), donde residía y reside su familia. Inició estudios de Filología en la Universidad de Murcia, pero a los veinte años se trasladó a Madrid para terminar la carrera. Allí conoció al escritor Francisco Umbral, que la introdujo en los círculos literarios madrileños. En 1980 obtuvo el Premio Adonáis de Poesía por De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, obra de lenguaje surrealista considerada el punto de partida de la generación posnovísima. En 1985 contrajo matrimonio con el escritor Juan Benet, a quien conoció en 1982. Tras la muerte de este en 1993 regresa a su ciudad natal, donde vive apartada de toda actividad pública, y pasa largas temporadas en Orihuela. 
    Su obra ha evolucionado hacia una poesía más profunda -el amor, la infancia y el paso del tiempo son sus temas principales- y más sencilla en el aspecto formal, anticipando lo que será característico de un grupo de poetas -entre ellas, Luisa Castro, Almudena Guzmán o Ana Merino- ajenas a familias literarias: cuidado formal, ausencia de referencias sociales y disparidad de influencias. A su primer poemario siguieron: Báculo de Babel (1982, Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo), Capitán Elphistone (1988), El sueño oscuro (1994, recopilación de su poesía escrita hasta 1989), La tierra transparente (2002, Premio Laureá Melá de Poesía) y Los archivos griegos (2010). Su producción literaria ha sido reconocida también con el Premio de Cuentos Gabriel Miró (1981) y el Premio Ícaro de Poesía (1982).

*Las notas son nuestras.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

"El amor", un cuento de Kostas Axelos


Pintura de A. Modigliani


EL AMOR
(la sique, la negatividad y la muerte)

   Un estudiante alemán va una noche a un baile. En él descubre a una joven, muy bella, de cabellos muy oscuros, de tez muy pálida. En torno a su largo cuello, una delgada cinta negra, con un nudito. El estudiante baila toda la noche con ella. Al amanecer, la lleva a su buhardilla. Cuando comienza a desnudarla, la joven le dice, implorándole, que no le quite la cinta que lleva en torno al cuello. La tiene completamente desnuda en sus brazos con su cintita puesta. Se aman; y después se duermen. Cuando el estudiante se despierta el primero, mira, colocado sobre el almohadón blanco, el rostro dormido de la joven que sigue llevando su cinta negra en torno al cuello. Con gesto preciso deshace el nudo. Y la cabeza de la joven rueda por la tierra.

En Cuentos filosóficos


El filósofo Kostas Axelos
Kostas Axelos (Atenas, 1924-París, 2010) fue un filósofo, editor y traductor francés de origen griego. Nacido en una familia de la burguesía griega, fue educado en tres idiomas: griego, francés y alemán. La ocupación alemana de Grecia durante la Segunda Guerra Mundial le llevó a abandonar sus estudios de Derecho y Economía. Participó en la resistencia griega como periodista y organizador perteneciente al Partido Comunista, del que será expulsado después por desviacionista. Detenido por el gobierno de derechas en el confuso periodo anterior a la guerra civil, fue encerrado en un campo de internamiento junto al mar, de donde logró escapar a nado una noche de diciembre de 1944. Gracias a las gestiones del director del Instituto Francés pudo abandonar su país en barco, junto con otros doscientos intelectuales griegos perseguidos,  y trasladarse a París en diciembre de 1945. A finales de ese mismo año fue condenado a muerte en ausencia por un tribunal militar de su país, adonde no pudo regresar hasta el verano de 1956. 
   Tras estudiar Filosofía en la Sorbona, trabajó como investigador en el CNRS (1950-1957) y más tarde  en la École Pratique des Hautes Études. De 1962 a 1973 fue profesor de filosofía en la Sorbona, antes de volver al CNRS.  En En 1957 se incorporó al equipo de la revista Argumentos, de la que fue editor desde 1960 hasta la desaparición de la misma en 1962. Escribió en francés, pero también en griego y alemán. Axelos utilizó el pensamiento de Heráclito para evaluar las teorías de Marx y Engels, y contribuyó al creciente interés de los filósofos modernos por los presocráticos y por la filosofía griega antigua, en general.

domingo, 30 de octubre de 2016

"El cuervo" (The Raven), de Edgar Allan Poe



Ilustración de Edmund Dulac


                                                     EL CUERVO


En una taciturna medianoche, mientras débil y cansado cavilaba
ante algunos extraños y curiosos volúmenes de olvidados saberes,
mientras cabeceaba, casi dormitando, de improviso se oyeron unos toques,
como si alguien estuviera llamando, llamando a la puerta de mi cuarto.
"Será algún visitante -musité- llamando a la puerta de mi cuarto,
sólo eso y nada más."

Ah, recuerdo claramente que esto era en un gélido diciembre,
y cada ascua moribunda daba forma a su fantasma sobre el suelo.
Yo anhelaba ansiosamente la mañana; en vano había tratado de obtener
de mis libros alivio a mi pesar, mi pesar por la pérdida de Lenora,
por la rara y radiante doncella a quien llaman los ángeles Lenora,
aquí sin nombre nunca más.

Y el sedoso, triste, incierto susurrar de las purpúreas cortinas
me estremeció, me llenó de fantásticos terrores que no había antes sentido;
conque para calmar los latidos de mi corazón, me puse en pie riendo:
"Será algún visitante  que suplica entrada en la puerta de mi cuarto,
algún visitante tardío que suplica entrada en la puerta de mi cuarto;
eso es y nada más."

Mi alma se sintió de inmediato más fuerte; y sin dudarlo más
"Señor -dije- o señora, sinceramente imploro vuestro perdón,
pero el caso es que estaba dormitando, y tan suavemente vinisteis a llamar,
tan quedamente vinisteis a tocar, a tocar a la puerta de mi cuarto,
que no estaba seguro ni de haberos oído"; en esto abrí de par en par la puerta;
había oscuridad y nada más.

Hundí la vista en aquella oscuridad y estuve un rato allí inquiriendo, temiendo,
dudando, soñando sueños no mortales que antes nunca osé soñar;
pero no se rompió el silencio ni dio señales la quietud,
y la única palabra allí dicha fue la palabra "¿Lenora?" musitada,
eso musité, y un eco murmuró en respuesta la palabra "¡Lenora!",
simplemente eso y nada más.

Ya de vuelta en mi cuarto, con toda mi alma ardiendo en mi interior,
pronto oí de nuevo golpes más fuertes que antes.
"Sin duda -dije-, sin duda es algo que está junto a la celosía de la ventana;
veamos, pues, qué hay ahí; exploremos este misterio;
cálmese un momento mi corazón; exploremos este misterio;
¡es el viento y nada más!

Abrí el postigo y entonces, entre mucho revuelo y aleteo,
en él se posó un cuervo magnífico de los sagrados días de antaño;
no rindió la menor pleitesía; ni un minuto se detuvo o lo dudó,
sino que, con porte de señor o de dama, se posó sobre la puerta de mi cuarto,
se posó en un busto de Palas justo sobre la puerta de mi cuarto,
se posó, se instaló y nada más.

Entonces cautivó aquel pájaro de ébano mi triste imaginación haciéndome sonreír
por la grave y severa corrección que ofrecía su semblante;
"Aunque esté tu cresta rapada y pelada -le dije- no eres de seguro ningún cobarde;
fantasmal y adusto cuervo antiguo que errando llegas de la costa de la noche,
¡dime cuál es tu nombre señorial en la costa plutoniana de la noche!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

Mucho me maravilló oír a aquella insulsa ave disertar tan llanamente,
aunque su respuesta tuviera poco sentido, poca pertinencia;
pues no podemos evitar estar de acuerdo en que ningún ser humano vivo
recibió nunca la dicha de ver a un pájaro sobre la puerta de su cuarto,
a un pájaro o a cualquier otro animal en el busto esculpido sobre la puerta de su cuarto
con un nombre como "Nunca más".

Pero el cuervo, posado solitario sobre el plácido busto, dijo sólo
esas dos palabras, como si  vertiera su alma en esas dos palabras.
Nada más expresó después, ni una pluma agitó después,
hasta que yo me limité a murmurar: "Otros amigos huyeron antes;
por la mañana él me dejará, como huyeron antes mis esperanzas".
Dijo el pájaro entonces: "Nunca más".

Sobresaltado al romper el silencio una respuesta tan propiamente dada,
"Sin duda -pensé- lo que dice es sólo una frase formularia
tomada de algún desdichado maestro a quien el desastre despiadado
persiguió y persiguió de cerca hasta que sus canciones tuvieron un solo estribillo,
hasta que las endechas de su esperanza tuvieron ese melancólico estribillo
de "Nunca, nunca más".

Pero el cuervo seguía cautivando mi imaginación y haciéndome sonreír;
acerqué un sillón con cojines ante el pájaro, el busto y la puerta;
luego, hundiéndome en el terciopelo, me entregué a enlazar
fantasía tras fantasía, pensando qué quería decir este ominoso pájaro de una remota edad,
este lúgubre, desgarbado, fantasmal, adusto y ominoso pájaro de una remota edad,
al graznar "Nunca más".

Esto me ocupaba en imaginar, pero sin decir ni una sílaba
al ave cuyos feroces ojos ardían ahora en lo hondo de mi pecho;
esto y más intentaba adivinar, con la cabeza cómodamente reclinada
en el forro de terciopelo de los almohadones, sobre el que la luz de la lámpara se recreaba,
pero cuyo forro de terciopelo violeta, con la luz de la lámpara que en él se recreaba,
¡ella no oprimirá, ah, nunca más!

Entonces, creo, se hizo más denso el aire, perfumado por un incensario invisible
balanceado por un serafín cuyas pisadas tintineaban en el suelo almohadillado.
"¡Miserable -exclamé-, tu Dios te ha dado un respiro, por estos ángeles
te ha dado un respiro y un filtro de tus recuerdos de Lenora,
apura, oh, apura este buen filtro y olvida a esa perdida Lenora!"
Dijo el cuervo "Nunca más".

"Profeta -dije-, ¡ser maligno!, ¡profeta en todo caso, seas pájaro o diablo!
si te envió el tentador , o si la tempestad te arrojó aquí a la costa
desolada aunque intrépida, en esta desierta tierra encantada,
en este hogar acosado por el horror, dime sinceramente, te imploro,
¿hay bálsamo, hay bálsamo en Galaad? ¡Dime, dime, te imploro!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

"¡Profeta! -dije-, ¡ser maligno!, ¡profeta en todo caso, seas pájaro o diablo!,
por ese cielo que se cierne sobre nosotros, por ese Dios que los dos adoramos,
di a esta alma abrumada de aflicción si en el remoto edén
abrazará a una doncella santificada a quien los ángeles llaman Lenora,
abrazará a una rara y radiante doncella a quien los ángeles llaman Lenora".
Dijo el Cuervo "Nunca más."

"¡Sea esa palabra nuestra señal de despedida, pájaro o enemigo! -grité alzándome de un salto-,
¡vuelve a la tempestad y a la costa plutoniana de la noche!
¡No dejes ninguna pluma negra como muestra de la mentira que tu alma ha dicho!
¡Deja intacta mi soledad! ¡Abandona el busto sobre mi puerta!
¡Saca tu pico de mi corazón y llévate tu forma de mi puerta!"
Dijo el cuervo "Nunca más".

Y el cuervo, que nunca se marchó, aún está posado, está posado
en el pálido busto de Palas justo encima de la puerta de mi cuarto;
y sus ojos se asemejan a los ojos de un demonio que soñara;
y la luz de la lámpara, que da sobre él, proyecta su sombra en el suelo,
y mi alma, de esa sombra que se extiende sobre el suelo,
¡no se alzará nunca más!


              En Poesía completa. Versión de María Condor y Gustavo Falaquera.
Hiperión, 2000

 VERSIÓN ORIGINAL EN INGLÉS:

THE RAVEN //Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary, /Over many a quaint and curious volume of forgotten lore— /While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping, /As of some one gently rapping, rapping at my chamber door. /“Tis some visitor,” I muttered, “tapping at my chamber door— /Only this and nothing more.” //
Ah, distinctly I remember it was in the bleak December; /And each separate dying ember wrought its ghost upon the floor. /Eagerly I wished the morrow;—vainly I had sought to borrow/ From my books surcease of sorrow—sorrow for the lost Lenore— /For the rare and radiant maiden whom the angels name Lenore / Nameless here for evermore. //
And the silken, sad, uncertain rustling of each purple curtain / Thrilled me—filled me with fantastic terrors never felt before; / So that now, to still the beating of my heart, I stood repeating / “Tis some visitor entreating entrance at my chamber door— /Some late visitor entreating entrance at my chamber door;— /
This it is and nothing more.” //
Presently my soul grew stronger; hesitating then no longer, / “Sir,” said I, “or Madam, truly your forgiveness I implore; /But the fact is I was napping, and so gently you came rapping, /And so faintly you came tapping, tapping at my chamber door, / 
That I scarce was sure I heard you”—here I opened wide the door; — /Darkness there and nothing more. //
Deep into that darkness peering, long I stood there wondering, fearing, /Doubting, dreaming dreams no mortal ever dared to dream before; /But the silence was unbroken, and the stillness gave no token, /And the only word there spoken was the whispered word, “Lenore?”/ This I whispered, and an echo murmured back the word, “Lenore!”— /Merely this and nothing more. //
Back into the chamber turning, all my soul within me burning, /Soon again I heard a tapping somewhat louder than before. / “Surely,” said I, “surely that is something at my window lattice; / Let me see, then, what thereat is, and this mystery explore— /Let my heart be still a moment and this mystery explore;— /“Tis the wind and nothing more!” //
Open here I flung the shutter, when, with many a flirt and flutter, /In there stepped a stately Raven of the saintly days of yore; /Not the least obeisance made he; not a minute stopped or stayed he; /But, with mien of lord or lady, perched above my chamber door— /Perched upon a bust of Pallas just above my chamber door— / Perched, and sat, and nothing more. //
Then this ebony bird beguiling my sad fancy into smiling, /By the grave and stern decorum of the countenance it wore, /“Though thy crest be shorn and shaven, thou,” I said, “art sure no craven, /Ghastly grim and ancient Raven wandering from the Nightly shore— /Tell me what thy lordly name is on the Night’s Plutonian shore!” / Quoth the Raven “Nevermore.” //
Much I marvelled this ungainly fowl to hear discourse so plainly, /Though its answer little meaning—little relevancy bore; /For we cannot help agreeing that no living human being /Ever yet was blessed with seeing bird above his chamber door—/ 
Bird or beast upon the sculptured bust above his chamber door, /With such name as “Nevermore.” //
But the Raven, sitting lonely on the placid bust, spoke only/ That one word, as if his soul in that one word he did outpour./ Nothing farther then he uttered—not a feather then he fluttered—/ Till I scarcely more than muttered “Other friends have flown before— /On the morrow he will leave me, as my Hopes have flown before.” /Then the bird said “Nevermore.” //
Startled at the stillness broken by reply so aptly spoken, /“Doubtless,” said I, “what it utters is its only stock and store / Caught from some unhappy master whom unmerciful Disaster /Followed fast and followed faster till his songs one burden bore— /
Till the dirges of his Hope that melancholy burden bore /Of ‘Never—nevermore’.” //
But the Raven still beguiling all my fancy into smiling, /Straight I wheeled a cushioned seat in front of bird, and bust and door; /Then, upon the velvet sinking, I betook myself to linking /Fancy unto fancy, thinking what this ominous bird of yore— /What this grim, ungainly, ghastly, gaunt, and ominous bird of yore /Meant in croaking “Nevermore.” //
This I sat engaged in guessing, but no syllable expressing /To the fowl whose fiery eyes now burned into my bosom’s core;/ This and more I sat divining, with my head at ease reclining /On the cushion’s velvet lining that the lamp-light gloated o’er, /But whose velvet-violet lining with the lamp-light gloating o’er, / She shall press, ah, nevermore! //
Then, methought, the air grew denser, perfumed from an unseen censer / Swung by Seraphim whose foot-falls tinkled on the tufted floor. /“Wretch,” I cried, “thy God hath lent thee—by these angels he hath sent thee /Respite—respite and nepenthe from thy memories of Lenore; /Quaff, oh quaff this kind nepenthe and forget this lost Lenore!” /
Quoth the Raven “Nevermore.” //
“Prophet!” said I, “thing of evil!—prophet still, if bird or devil!— / Whether Tempter sent, or whether tempest tossed thee here ashore, /Desolate yet all undaunted, on this desert land enchanted— /On this home by Horror haunted—tell me truly, I implore— /
Is there—is there balm in Gilead?—tell me—tell me, I implore!” /Quoth the Raven “Nevermore.” //
“Prophet!” said I, “thing of evil!—prophet still, if bird or devil! /By that Heaven that bends above us—by that God we both adore— / Tell this soul with sorrow laden if, within the distant Aidenn, /It shall clasp a sainted maiden whom the angels name Lenore— /Clasp a rare and radiant maiden whom the angels name Lenore.” /Quoth the Raven “Nevermore.” //
“Be that word our sign of parting, bird or fiend!” I shrieked, upstarting— /“Get thee back into the tempest and the Night’s Plutonian shore! /Leave no black plume as a token of that lie thy soul hath spoken! /Leave my loneliness unbroken!—quit the bust above my door! /Take thy beak from out my heart, and take thy form from off my door!” /Quoth the Raven “Nevermore.” //
And the Raven, never flitting, still is sitting, still is sitting / On the pallid bust of Pallas just above my chamber door; /And his eyes have all the seeming of a demon’s that is dreaming, /And the lamp-light o’er him streaming throws his shadow on the floor; /
And my soul from out that shadow that lies floating on the floor / Shall be lifted—nevermore! //


Edgar Allan Poe
Edgar Allan Poe  (Boston, 1809-Baltimore, 1849) fue un  escritor estadounidense  considerado uno de los maestros del relato corto y recordado especialmente por sus cuentos de terror.  Es el primer escritor norteamericano que trató de vivir de la escritura.
Bautizado Edgar Poe, era hijo de actores ambulantes que al quedar huérfano de madre a los tres años -su padre los había abandonado antes-, fue acogido por el matrimonio Allan, de quienes tomó el apellido. John Allan era un rico comerciante de tabacos con quien Edgar tuvo siempre una difícil relación, que acabó en ruptura. Con los Allan vivió en Gran Bretaña (1815-1820), donde comenzó su educación en colegios privado, que continuaría por breve tiempo en la universidad de Virginia, centro que se vio obligado a abandonar cuando, en 1827,  su padre adoptivo se negó a pagar sus deudas de juego y le obligó a trabajar como empleado. Pero abandonó su trabajo y viajó a Boston; allí, con dieciocho años, publicó su primer libro, Tamerlán y otros poemas (1827). Tras dos años enrolado en el ejército, se reconcilió con Allan, quien en 1830 le proporcionó un empleo en la academia militar de West Point, de la que fue expulsado  por indisciplina. En 1832 se trasladó a Baltimore, donde comenzó a publicar cuentos y artículos en el Courier de Baltimore y, más tarde, en el Southern Baltimore Messenger, del que fue redactor. En esta ciudad contrajo matrimonio en 1836 con su prima Virginia Clemm, de catorce años. En 1838 publicó su única novela, Las aventuras de Arthur Gordon Pym, a la que siguió Cuentos de lo grotesco y lo arabesco (1840), recopilación de sus relatos; El cuervo y otros poemas (1845) y el poema en prosa Eureka (1848). Acosado por la miseria, el alcoholismo y el consumo de drogas, su existencia entró en franca descomposición tras la muerte de Virginia en 1847; de hecho,  sólo dos años después, el escritor fue encontrado inconsciente en una calle de Baltimore y, trasladado  al hospital, falleció pocos días después, el 7 de octubre de 1849, cuando contaba apenas cuarenta años.

Como periodista, crítico literario y narrador es autor de una obra marcada por la genialidad. Formuló una poética  a partir de la razón, de la inteligencia y del trabajo frente a la inspiración, por lo que está considerado como un superador del Romanticismo. Adquirió importancia en Europa antes que en su país gracias a Mallarmé* y a la traducción que hizo Baudelaire de sus relatos. Actualmente, su fama se debe sobre todo a los cuentos -no muy numerosos-, obras maestras de la literatura de terror en las que se combinan el horror y el intelectualismo, reforzándose mutuamente.   Destacan "El hundimiento de la casa Usher", "El pozo y el péndulo", "El corazón delator", "El gato negro" o "Los hechos sobre el caso del señor Valdemar", además de otros tres que inauguran la literatura detectivesca: "El escarabajo de oro", "Los crímenes de la rue Morgue" y "La carta robada".
   Respecto a su poesía, Poe se aparta del Romanticismo cuando deja en segundo plano la intimidad y los mensajes trascendentales para atender al mecanismo interno de la poesía. Su obra poética, de lenguaje un tanto convencional, destaca sobre todo por su cuidada forma rítmica. Sobre "El cuervo", poema narrativo publicado en 1845, y su composición más famosa, Poe explica en su ensayo La filosofía de la composición (The philosophy of composition) que este poema fue resultado de su deseo de lograr la Belleza, ideal propio de la poesía. El escritor pensó que la melancolía era el tono más adecuado para producir ese efecto y  no hay nada más melancólico que la muerte de una doncella hermosa. Tanto la extensión del poema como el insistente estribillo, breve, rotundo y de sonido lúgubre, están al servicio del objetivo propuesto. Además, la palabra 'nevermore' ('nunca más') pronunciada por una boca no humana, un cuervo, de reputación profética y cuyo color es acorde con la negrura del poema, adquiere un tono agorero. Según el autor, los menores detalles  -la alusión a la amada muerta, el busto de Palas Atenea sobre la puerta, la llamada del cuervo con el pico- han sido meticulosamente calculados.


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