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domingo, 30 de octubre de 2016

"El cuervo" (The Raven), de Edgar Allan Poe



Ilustración de Edmund Dulac


                                                     EL CUERVO


En una taciturna medianoche, mientras débil y cansado cavilaba
ante algunos extraños y curiosos volúmenes de olvidados saberes,
mientras cabeceaba, casi dormitando, de improviso se oyeron unos toques,
como si alguien estuviera llamando, llamando a la puerta de mi cuarto.
"Será algún visitante -musité- llamando a la puerta de mi cuarto,
sólo eso y nada más."

Ah, recuerdo claramente que esto era en un gélido diciembre,
y cada ascua moribunda daba forma a su fantasma sobre el suelo.
Yo anhelaba ansiosamente la mañana; en vano había tratado de obtener
de mis libros alivio a mi pesar, mi pesar por la pérdida de Lenora,
por la rara y radiante doncella a quien llaman los ángeles Lenora,
aquí sin nombre nunca más.

Y el sedoso, triste, incierto susurrar de las purpúreas cortinas
me estremeció, me llenó de fantásticos terrores que no había antes sentido;
conque para calmar los latidos de mi corazón, me puse en pie riendo:
"Será algún visitante  que suplica entrada en la puerta de mi cuarto,
algún visitante tardío que suplica entrada en la puerta de mi cuarto;
eso es y nada más."

Mi alma se sintió de inmediato más fuerte; y sin dudarlo más
"Señor -dije- o señora, sinceramente imploro vuestro perdón,
pero el caso es que estaba dormitando, y tan suavemente vinisteis a llamar,
tan quedamente vinisteis a tocar, a tocar a la puerta de mi cuarto,
que no estaba seguro ni de haberos oído"; en esto abrí de par en par la puerta;
había oscuridad y nada más.

Hundí la vista en aquella oscuridad y estuve un rato allí inquiriendo, temiendo,
dudando, soñando sueños no mortales que antes nunca osé soñar;
pero no se rompió el silencio ni dio señales la quietud,
y la única palabra allí dicha fue la palabra "¿Lenora?" musitada,
eso musité, y un eco murmuró en respuesta la palabra "¡Lenora!",
simplemente eso y nada más.

Ya de vuelta en mi cuarto, con toda mi alma ardiendo en mi interior,
pronto oí de nuevo golpes más fuertes que antes.
"Sin duda -dije-, sin duda es algo que está junto a la celosía de la ventana;
veamos, pues, qué hay ahí; exploremos este misterio;
cálmese un momento mi corazón; exploremos este misterio;
¡es el viento y nada más!

Abrí el postigo y entonces, entre mucho revuelo y aleteo,
en él se posó un cuervo magnífico de los sagrados días de antaño;
no rindió la menor pleitesía; ni un minuto se detuvo o lo dudó,
sino que, con porte de señor o de dama, se posó sobre la puerta de mi cuarto,
se posó en un busto de Palas justo sobre la puerta de mi cuarto,
se posó, se instaló y nada más.

Entonces cautivó aquel pájaro de ébano mi triste imaginación haciéndome sonreír
por la grave y severa corrección que ofrecía su semblante;
"Aunque esté tu cresta rapada y pelada -le dije- no eres de seguro ningún cobarde;
fantasmal y adusto cuervo antiguo que errando llegas de la costa de la noche,
¡dime cuál es tu nombre señorial en la costa plutoniana de la noche!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

Mucho me maravilló oír a aquella insulsa ave disertar tan llanamente,
aunque su respuesta tuviera poco sentido, poca pertinencia;
pues no podemos evitar estar de acuerdo en que ningún ser humano vivo
recibió nunca la dicha de ver a un pájaro sobre la puerta de su cuarto,
a un pájaro o a cualquier otro animal en el busto esculpido sobre la puerta de su cuarto
con un nombre como "Nunca más".

Pero el cuervo, posado solitario sobre el plácido busto, dijo sólo
esas dos palabras, como si  vertiera su alma en esas dos palabras.
Nada más expresó después, ni una pluma agitó después,
hasta que yo me limité a murmurar: "Otros amigos huyeron antes;
por la mañana él me dejará, como huyeron antes mis esperanzas".
Dijo el pájaro entonces: "Nunca más".

Sobresaltado al romper el silencio una respuesta tan propiamente dada,
"Sin duda -pensé- lo que dice es sólo una frase formularia
tomada de algún desdichado maestro a quien el desastre despiadado
persiguió y persiguió de cerca hasta que sus canciones tuvieron un solo estribillo,
hasta que las endechas de su esperanza tuvieron ese melancólico estribillo
de "Nunca, nunca más".

Pero el cuervo seguía cautivando mi imaginación y haciéndome sonreír;
acerqué un sillón con cojines ante el pájaro, el busto y la puerta;
luego, hundiéndome en el terciopelo, me entregué a enlazar
fantasía tras fantasía, pensando qué quería decir este ominoso pájaro de una remota edad,
este lúgubre, desgarbado, fantasmal, adusto y ominoso pájaro de una remota edad,
al graznar "Nunca más".

Esto me ocupaba en imaginar, pero sin decir ni una sílaba
al ave cuyos feroces ojos ardían ahora en lo hondo de mi pecho;
esto y más intentaba adivinar, con la cabeza cómodamente reclinada
en el forro de terciopelo de los almohadones, sobre el que la luz de la lámpara se recreaba,
pero cuyo forro de terciopelo violeta, con la luz de la lámpara que en él se recreaba,
¡ella no oprimirá, ah, nunca más!

Entonces, creo, se hizo más denso el aire, perfumado por un incensario invisible
balanceado por un serafín cuyas pisadas tintineaban en el suelo almohadillado.
"¡Miserable -exclamé-, tu Dios te ha dado un respiro, por estos ángeles
te ha dado un respiro y un filtro de tus recuerdos de Lenora,
apura, oh, apura este buen filtro y olvida a esa perdida Lenora!"
Dijo el cuervo "Nunca más".

"Profeta -dije-, ¡ser maligno!, ¡profeta en todo caso, seas pájaro o diablo!
si te envió el tentador , o si la tempestad te arrojó aquí a la costa
desolada aunque intrépida, en esta desierta tierra encantada,
en este hogar acosado por el horror, dime sinceramente, te imploro,
¿hay bálsamo, hay bálsamo en Galaad? ¡Dime, dime, te imploro!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

"¡Profeta! -dije-, ¡ser maligno!, ¡profeta en todo caso, seas pájaro o diablo!,
por ese cielo que se cierne sobre nosotros, por ese Dios que los dos adoramos,
di a esta alma abrumada de aflicción si en el remoto edén
abrazará a una doncella santificada a quien los ángeles llaman Lenora,
abrazará a una rara y radiante doncella a quien los ángeles llaman Lenora".
Dijo el Cuervo "Nunca más."

"¡Sea esa palabra nuestra señal de despedida, pájaro o enemigo! -grité alzándome de un salto-,
¡vuelve a la tempestad y a la costa plutoniana de la noche!
¡No dejes ninguna pluma negra como muestra de la mentira que tu alma ha dicho!
¡Deja intacta mi soledad! ¡Abandona el busto sobre mi puerta!
¡Saca tu pico de mi corazón y llévate tu forma de mi puerta!"
Dijo el cuervo "Nunca más".

Y el cuervo, que nunca se marchó, aún está posado, está posado
en el pálido busto de Palas justo encima de la puerta de mi cuarto;
y sus ojos se asemejan a los ojos de un demonio que soñara;
y la luz de la lámpara, que da sobre él, proyecta su sombra en el suelo,
y mi alma, de esa sombra que se extiende sobre el suelo,
¡no se alzará nunca más!


              En Poesía completa. Versión de María Condor y Gustavo Falaquera.
Hiperión, 2000

 VERSIÓN ORIGINAL EN INGLÉS:

THE RAVEN //Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary, /Over many a quaint and curious volume of forgotten lore— /While I nodded, nearly napping, suddenly there came a tapping, /As of some one gently rapping, rapping at my chamber door. /“Tis some visitor,” I muttered, “tapping at my chamber door— /Only this and nothing more.” //
Ah, distinctly I remember it was in the bleak December; /And each separate dying ember wrought its ghost upon the floor. /Eagerly I wished the morrow;—vainly I had sought to borrow/ From my books surcease of sorrow—sorrow for the lost Lenore— /For the rare and radiant maiden whom the angels name Lenore / Nameless here for evermore. //
And the silken, sad, uncertain rustling of each purple curtain / Thrilled me—filled me with fantastic terrors never felt before; / So that now, to still the beating of my heart, I stood repeating / “Tis some visitor entreating entrance at my chamber door— /Some late visitor entreating entrance at my chamber door;— /
This it is and nothing more.” //
Presently my soul grew stronger; hesitating then no longer, / “Sir,” said I, “or Madam, truly your forgiveness I implore; /But the fact is I was napping, and so gently you came rapping, /And so faintly you came tapping, tapping at my chamber door, / 
That I scarce was sure I heard you”—here I opened wide the door; — /Darkness there and nothing more. //
Deep into that darkness peering, long I stood there wondering, fearing, /Doubting, dreaming dreams no mortal ever dared to dream before; /But the silence was unbroken, and the stillness gave no token, /And the only word there spoken was the whispered word, “Lenore?”/ This I whispered, and an echo murmured back the word, “Lenore!”— /Merely this and nothing more. //
Back into the chamber turning, all my soul within me burning, /Soon again I heard a tapping somewhat louder than before. / “Surely,” said I, “surely that is something at my window lattice; / Let me see, then, what thereat is, and this mystery explore— /Let my heart be still a moment and this mystery explore;— /“Tis the wind and nothing more!” //
Open here I flung the shutter, when, with many a flirt and flutter, /In there stepped a stately Raven of the saintly days of yore; /Not the least obeisance made he; not a minute stopped or stayed he; /But, with mien of lord or lady, perched above my chamber door— /Perched upon a bust of Pallas just above my chamber door— / Perched, and sat, and nothing more. //
Then this ebony bird beguiling my sad fancy into smiling, /By the grave and stern decorum of the countenance it wore, /“Though thy crest be shorn and shaven, thou,” I said, “art sure no craven, /Ghastly grim and ancient Raven wandering from the Nightly shore— /Tell me what thy lordly name is on the Night’s Plutonian shore!” / Quoth the Raven “Nevermore.” //
Much I marvelled this ungainly fowl to hear discourse so plainly, /Though its answer little meaning—little relevancy bore; /For we cannot help agreeing that no living human being /Ever yet was blessed with seeing bird above his chamber door—/ 
Bird or beast upon the sculptured bust above his chamber door, /With such name as “Nevermore.” //
But the Raven, sitting lonely on the placid bust, spoke only/ That one word, as if his soul in that one word he did outpour./ Nothing farther then he uttered—not a feather then he fluttered—/ Till I scarcely more than muttered “Other friends have flown before— /On the morrow he will leave me, as my Hopes have flown before.” /Then the bird said “Nevermore.” //
Startled at the stillness broken by reply so aptly spoken, /“Doubtless,” said I, “what it utters is its only stock and store / Caught from some unhappy master whom unmerciful Disaster /Followed fast and followed faster till his songs one burden bore— /
Till the dirges of his Hope that melancholy burden bore /Of ‘Never—nevermore’.” //
But the Raven still beguiling all my fancy into smiling, /Straight I wheeled a cushioned seat in front of bird, and bust and door; /Then, upon the velvet sinking, I betook myself to linking /Fancy unto fancy, thinking what this ominous bird of yore— /What this grim, ungainly, ghastly, gaunt, and ominous bird of yore /Meant in croaking “Nevermore.” //
This I sat engaged in guessing, but no syllable expressing /To the fowl whose fiery eyes now burned into my bosom’s core;/ This and more I sat divining, with my head at ease reclining /On the cushion’s velvet lining that the lamp-light gloated o’er, /But whose velvet-violet lining with the lamp-light gloating o’er, / She shall press, ah, nevermore! //
Then, methought, the air grew denser, perfumed from an unseen censer / Swung by Seraphim whose foot-falls tinkled on the tufted floor. /“Wretch,” I cried, “thy God hath lent thee—by these angels he hath sent thee /Respite—respite and nepenthe from thy memories of Lenore; /Quaff, oh quaff this kind nepenthe and forget this lost Lenore!” /
Quoth the Raven “Nevermore.” //
“Prophet!” said I, “thing of evil!—prophet still, if bird or devil!— / Whether Tempter sent, or whether tempest tossed thee here ashore, /Desolate yet all undaunted, on this desert land enchanted— /On this home by Horror haunted—tell me truly, I implore— /
Is there—is there balm in Gilead?—tell me—tell me, I implore!” /Quoth the Raven “Nevermore.” //
“Prophet!” said I, “thing of evil!—prophet still, if bird or devil! /By that Heaven that bends above us—by that God we both adore— / Tell this soul with sorrow laden if, within the distant Aidenn, /It shall clasp a sainted maiden whom the angels name Lenore— /Clasp a rare and radiant maiden whom the angels name Lenore.” /Quoth the Raven “Nevermore.” //
“Be that word our sign of parting, bird or fiend!” I shrieked, upstarting— /“Get thee back into the tempest and the Night’s Plutonian shore! /Leave no black plume as a token of that lie thy soul hath spoken! /Leave my loneliness unbroken!—quit the bust above my door! /Take thy beak from out my heart, and take thy form from off my door!” /Quoth the Raven “Nevermore.” //
And the Raven, never flitting, still is sitting, still is sitting / On the pallid bust of Pallas just above my chamber door; /And his eyes have all the seeming of a demon’s that is dreaming, /And the lamp-light o’er him streaming throws his shadow on the floor; /
And my soul from out that shadow that lies floating on the floor / Shall be lifted—nevermore! //


Edgar Allan Poe
Edgar Allan Poe  (Boston, 1809-Baltimore, 1849) fue un  escritor estadounidense  considerado uno de los maestros del relato corto y recordado especialmente por sus cuentos de terror.  Es el primer escritor norteamericano que trató de vivir de la escritura.
Bautizado Edgar Poe, era hijo de actores ambulantes que al quedar huérfano de madre a los tres años -su padre los había abandonado antes-, fue acogido por el matrimonio Allan, de quienes tomó el apellido. John Allan era un rico comerciante de tabacos con quien Edgar tuvo siempre una difícil relación, que acabó en ruptura. Con los Allan vivió en Gran Bretaña (1815-1820), donde comenzó su educación en colegios privado, que continuaría por breve tiempo en la universidad de Virginia, centro que se vio obligado a abandonar cuando, en 1927,  su padre adoptivo se negó a pagar sus deudas de juego y le obligó a trabajar como empleado. Pero abandonó su trabajo y viajó a Boston; allí, con dieciocho años, publicó su primer libro, Tamerlán y otros poemas (1827). Tras dos años enrolado en el ejército, se reconcilió con Allan, quien en 1830 le proporcionó un empleo en la academia militar de West Point, de la que fue expulsado  por indisciplina. En 1932 se trasladó a Baltimore, donde comenzó a publicar cuentos y artículos en el Courier de Baltimore y, más tarde, en el Southern Baltimore Messenger, del que fue redactor. En esta ciudad contrajo matrimonio en 1936 con su prima Virginia Clemm, de catorce años. En 1838 publicó su única novela, Las aventuras de Arthur Gordon Pym, a la que siguió Cuentos de lo grotesco y lo arabesco (1840), recopilación de sus relatos; El cuervo y otros poemas (1845) y el poema en prosa Eureka (1848). Acosado  por la miseria, el alcoholismo y el consumo de drogas, su existencia entró en franca descomposición tras la muerte de Virginia en 1847; de hecho,  sólo dos años después, el escritor fue encontrado inconsciente en una calle de Baltimore y, trasladado  al hospital, falleció pocos días después, el 7 de octubre de 1949, cuando contaba apenas cuarenta años.

Como periodista, crítico literario y narrador es autor de una obra marcada por la genialidad. Formuló una poética  a partir de la razón, de la inteligencia y del trabajo frente a la inspiración, por lo que está considerado como un superador del Romanticismo. Adquirió importancia en Europa antes que en su país gracias a Mallarmé* y a la traducción que hizo Baudelaire de sus relatos. Actualmente, su fama se debe sobre todo a los cuentos -no muy numerosos-, obras maestras de la literatura de terror en las que se combinan el horror y el intelectualismo, reforzándose mutuamente.   Destacan "El hundimiento de la casa Usher", "El pozo y el péndulo", "El corazón delator", "El gato negro" o "Los hechos sobre el caso del señor Valdemar", además de otros tres que inauguran la literatura detectivesca: "El escarabajo de oro", "Los crímenes de la rue Morgue" y "La carta robada".
   Respecto a su poesía, Poe se aparta del Romanticismo cuando deja en segundo plano la intimidad y los mensajes trascendentales para atender al mecanismo interno de la poesía. Su obra poética, de lenguaje un tanto convencional, destaca sobre todo por su cuidada forma rítmica. Sobre "El cuervo", poema narrativo publicado en 1845, y su composición más famosa, Poe explica en su ensayo La filosofía de la composición (The philosophy of composition) que este poema fue resultado de su deseo de lograr la Belleza, ideal propio de la poesía. El escritor pensó que la melancolía era el tono más adecuado para producir ese efecto y  no hay nada más melancólico que la muerte de una doncella hermosa. Tanto la extensión del poema como el insistente estribillo, breve, rotundo y de sonido lúgubre, están al servicio del objetivo propuesto. Además, la palabra 'nevermore' ('nunca más') pronunciada por una boca no humana, un cuervo cuyo color es acorde con la negrura del poema, adquiere un tono agorero. Según el autor, los menores detalles  -la alusión a la amada muerta, el busto de Palas Atenea sobre la puerta, la llamada del cuervo con el pico- han sido meticulosamente calculados.


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