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jueves, 5 de febrero de 2015

Leer juntos Hoy: 'La última princesa del Pacífico', de Virginia Yagüe

Virginia Yagüe



Grupo de lectura I "Leer juntos Hoy" del IES Goya
Sesión del 12 de enero de 2015
Obra comentada:  'La última princesa del Pacífico' (Planeta, 2014)
Autora: Virginia Yagüe (Madrid, 1973)

La última princesa del Pacífico,  segunda novela de Virgina Yagüe, pertenece  a la llamada narrativa colonial española, que ha proporcionado en los últimos años  grandes éxitos editoriales como El tiempo entre costuras, de María Dueñas, y Palmeras en la nieve, de Luz Gabás. En este caso, el marco elegido es Filipinas, la más lejana de las antiguas colonias españolas, donde la joven española Carlota Díaz de la Fuente vivirá su despertar a la vida y su toma de conciencia política y social mientras Filipinas se ve inmersa en la revolución de 1898 que la conducirá a la independencia. 

Algunos miembros de la tertulia tuvimos ocasión de asistir, días antes de la celebración de nuestra sesión, a la presentación de la novela, que tuvo lugar en la librería Cálamo, donde pudimos conocer un agudo y brillante análisis de la novela a cargo de Carmen Romeo (catedrática jubilada de IES Goya y participante en nuestro grupo de lectura), del que os ofrecemos una   síntesis:


El título
Lleva un título de novela rosa. Pero en la primera secuencia, ya advertimos que invierte el canon con fina ironía. En las primeras páginas nos llevamos la misma sorpresa que la ingenua Carlota, cuando está a punto de ser violada por un soldado.
¿Por qué princesa? Pues porque era el nombre afectivo con el que las sirvientas llamaban a las hijas de los altos funcionarios españoles. Unas jóvenes que vivían en los recintos amurallados de las ciudades coloniales, como las princesas de los cuentos de hadas. Estas jóvenes, como de porcelana, contrastaban con el color oscuro de las tagalas.

La dedicatoria
A Pablo por salvarme de intramuros
Es más que una dedicatoria. Es un verdadero arranque narrativo y una síntesis novelesca. Es un espejo en el que la realidad se hace ficción y la ficción realidad. Pablo Tobías salva a Virginia Yagüe, la princesa-autora, del metafórico y real intramuros. Y Virginia salva a Carlota, “una señorita educada en el mortecino intramuros” de Manila (p. 291). A medida que avanza la novela el prestigioso recinto amurallado se va convirtiendo en una cárcel. Al final, Carlota, como Virginia, alcanza un espacio de libertad gracias al amor.

¿De qué trata la novela?
En el fondo es una novela filosófica que busca el sentido último de la vida.
Según Bernardita: “En la vida se trata de averiguar para qué estamos en este mundo. Y el que no se atreve a vivirla nunca resuelve el misterio” (p. 15). Y más adelante: “La vida es una constante paradoja y nuestro destino es descifrarla. Poco a poco los misterios de la vida se resuelven” (pp. 118 y 119).
La narradora concibe el relato como una confesión exculpatoria:Me sentí liberada, como si me hubiera quitado un peso de encima y al fin pudiera compartir con alguien lo que durante tanto tiempo había sido una carga” (p. 257).
Bahía de Manila. La isla del Corregidor la
divide en dos bocanas
Carlota, una mujer insatisfecha, como las heroínas de las novelas del siglo XIX, es una eterna buscadora de la verdad. Y bien podríamos poner en sus labios estos versos de Rosalía: “Yo no sé lo que busco, pero es algo que perdí no sé cuándo y que no encuentro”.
Esta heroína, de la estirpe de Madame Bovary, exclama: “Mi propia vida está llena de insatisfacciones y oportunidades perdidas” (p. 248). Y se pasa la vida huyendo.
-Sea lo que sea lo que te hace escapar de aquí, espero que lo encuentres en ese viaje -le dice Bernardita (p. 219).Aquel viaje tenía que ver con mi sueño, conmigo misma. Con aquella insatisfacción que parecía haberse metido dentro de mí y que me hacía buscar algo que aún no tenía nombre(p. 219).

Una novela aprendizaje o novela de iniciación a la vida adulta
La historia se teje en torno al crecimiento interior de Carlota, la hija de Fortunato Díaz y de Isabel de la Fuente. Una niña madrileña que se trasladó a Manila cuando sólo tenía cinco años. El resultado es un relato evocador en el que esta joven, vitalista y culta, va contando su difícil camino hacia la madurez y la libertad.
La revolución interna de la protagonista corre paralela a la revolución histórica. Carlota recorre un camino tan convulso como el que recorrieron las islas Filipinas en los dos años previos a la independencia de España.
Su inocente adolescencia se truncó con el matrimonio, justo en el momento en que despertaban los movimientos que pedían la independencia.
Aquella mañana junto a Rizal, había muerto la niña del pasado (p. 201). “Había comenzado mi recorrido hacia la madurez” (p. 238). Pero todavía estaba “Atrapada en las redes de la niñez, incapaz de transcender hacia la edad adulta (p. 105).
A medida que avanza el relato la rebeldía juvenil se convierte en valentía de mujer adulta: No tenía miedo y había acumulado la fuerza necesaria para deshacer aquella madeja que había empezado a enredarse en mi interior (…) No quería que Felipe me viera como una mujer temerosa y necesitada de protección: alguien a quien se ha de apartar de todo peligro y, como consecuencia, de la vida misma (pp. 145 y 146).
El personaje crece y madura en las páginas de la novela: “Comenzaba a sentirme distinta. Notaba cómo aquel viaje y la experiencia de estar sola me iban cambiando. Como si aquel viaje estuviera consiguiendo que creciera, que me hallara a mí misma” (p. 225).
Como todo proceso de cambio, su experiencia resulta muy dolorosa.
-Nunca pensé que tendrías que llegar a sufrir tanto para ser una mujer distinta -le dijo su amigo alemán (p. 427).
La novela acaba cuando llegan los americanos y Carlota pierde casi todo su pasado personal. Pero no todo está perdido, porque lleva en sus brazos un hijo nacido de la desesperanza y de un mundo nuevo. (426) Y Carlota “sabía que con los americanos todo sería diferente, que se abría un tiempo nuevo, incierto y distinto (p. 443).
Plano de la ciudad de Manila. Antonio Giménez. 1898. SGE
El argumento
El argumento avanza en zigzag, al ritmo trepidante del vivir de la protagonista. Todo sucede como en la novela del filipino José Rizal, Noli me tangere. Una novela que Carlota ya había leído a los once años. Cada acontecimiento va precedido o seguido del embrión de otro que lo presagia y, en cierto modo, lo justifica. La intriga está reforzada por la aparente ignorancia de la narradora que, como los héroes de la tragedia griega, es incapaz de ver el “fatum”.
-Aquel fue mi mayor error: no valorar lo peligrosa que puede resultar una mujer herida -dice refiriéndose a Sagrario (p. 296).

La "digressio" ornamental
La novela sigue el patrón de las grandes novelas clásicas del Siglo de Oro. Está concebida como una historia de vida, enmarcada y amplificada con una “digressio ornamental”, una técnica muy recomendada por los tratados de retórica clásica. Había sido muy utilizada por las novelas de caballería y parodiada en el Quijote.
La “digressio” consiste en ir abriendo unas aventuras dentro de otras. En ir formando una tupida red de relaciones entre muchos personajes hasta crear una especie de marasmo. Después se va cerrando con hazañas de toda índole. En la literatura se utilizaba para subir a los altares al héroe. Virginia recupera esta forma del arte de contar y le invierte el sentido. Ahora, no es para encumbrar al héroe, que queda bastante degradado, sino para dar voz y dignidad a Carlota. Es una forma inteligente de criticar los cánones masculinos desde dentro. Porque, uno de los recursos más poderosos de esta novela es la inversión.
El título nos promete una novela rosa; la amistad con Felipe, un romance romántico; la apasionada relación amorosa con Diego, una entrega total; los viajes, unas aventuras magníficas. Pero nada de lo que espera el lector se cumple.
Joven dama  filipina. 1899
En realidad Virginia Yagüe utiliza la inversión de cánones para que su mensaje sea más eficaz. No deja ni un cabo suelto. Por ejemplo, así presenta a Pedro Mercado: “Aquel hombre estaba llamado a convertirse en mayoral de nuestra nueva casa y, aunque aún no lo sabía, jugaría un papel fundamental en nuestras vidas” (p. 144). En esta breve prolepsis narrativa está el germen de toda la tragedia final.
Otras veces utiliza las digresiones para profundizar en el carácter de los personajes. Por ejemplo, con la larga historia de Basilio, justifica su extrema fidelidad a los españoles (pp. 156 y ss.).
Y para broche final, en un alarde de verosimilitud y coherencia narrativas, incorpora una carta del padre Mauricio que ata los cabos que no podía conocer la narradora.

Una narradora ambigua, llena de matices
Para ese aprendizaje ha elegido con acierto una narradora ambigua. Unas veces valiente, otras ingenua. Pero siempre asombrada, entre el mundo que ha heredado y el que le toca vivir. “Dentro de mí se agolpaban los sentimientos encontrados” (p. 285).
Su carácter intrépido le permite entrar en ambientes muy variados. “Cuando llegué al campamento de los rebeldes volví a recabar aquel coraje que no sabía de qué lugar exacto de mis entrañas procedía” (p. 174).
Su asombro la lleva a no tomar partido por los unos ni por los otros. “Los rebeldes resultaban tan salvajes y sanguinarios para los unos, como los religiosos, abusadores y asesinos, para otros” (p. 385).
La ambivalencia se refleja en los dos personajes que más influyen en la voz de la narradora. Bernarda, la voz de la herencia recibida, está en continua dialéctica con la de Felipe, la promesa de una vida nueva. Al final, para poder crecer y alcanzar la libertad, Carlota tiene que desprenderse de los dos. Sólo entonces despertará a una nueva realidad.

Familia de la isla de Luzón
Todo lo teje con una mirada retrospectiva
Como Lázaro de Tormes, Carlota cuenta los hechos muchos años después de haberlos vivido. Y gracias a esa distancia temporal puede ser irónica. “Con la distancia que proporciona el tiempo puedo valorar los primeros días de mi vida en el campamento como una experiencia arrolladora, repleta de enseñanzas y anécdotas” (p. 277).
En este punto es importante el tratamiento de la memoria. “A mi mente vinieron todas aquellas noticias sobre los exaltados katipuneros (…) Recordaba las conversaciones entre mi padre, mi suegro y Felipe” (p. 142).
Unas veces se sirve de las memorias privadas de sus criados. Otras de las memorias de cronista de los españoles. Y otras de las memorias fragmentadas. Como las de doña Carmen y doña Petra, que les permitían andarse por las ramas y contar “los chismes que corrían como la pólvora por los salones de las casas principales de la ciudad” (p. 149).


Una novela testimonial
En sus páginas oímos el gran discurso histórico incorporado al vivir cotidiano. El resultado es una revisión de la historia con un discurso que tiene mucho de testimonial. Yo sólo quiero que quede testimonio y que los hombres y mujeres de Filipinas puedan conocer lo que está ocurriendo (p. 276).
La narradora va incorporando un coro de voces, sobre todo de voces de mujeres que cuentan su propia historia y que, además, cuentan y revisan lo que otras les han contado. “Recordé mi viaje, en el que había recopilado todos aquellos relatos de abusos y atrocidades” (p. 385).
Siempre hay un personaje cercano que nos lleva de la mano a temas transcendentales. Por ejemplo, el mestizo Teodoro Patiño, un cajista del Diario de Manila, es un personaje ocasional para introducir en la vida cotidiana el tema de la masonería (pp. 171 y ss.).
En ese concierto, a veces desconcierto de voces, lo importante es dar un nuevo punto de vista, una nueva versión de los hechos. Sobre todo la de aquellos hechos fundamentales para la emancipación de la protagonista, que simbólicamente corre la misma suerte que la emancipación de las colonias. A la verdad colectiva se llega por la suma de verdades individuales. Esa es la razón por la que está poblada con tantos personajes, que se van construyendo con sus diálogos y con sus acciones a medida que avanza la novela.
Manila. Plaza de san Francisco
La verosimilitud
El relato es verosímil porque se apoya en los detalles de situaciones históricas bien documentadas. La autora ha cuidado este punto en extremo. Porque lo más importante es recrear los ambientes y las circunstancias humanas en las que vivió la protagonista, y los personajes que la acompañaron en su aventura. Especialmente su criada Bernardita y su amiga Sinang.
Esta novela nos ayuda a reconstruir la verdad de una historia que pudo ser, a imaginar lo que pudo haber detrás de unas vidas nunca contadas o tergiversadas. La narradora es una intermediaria, una portavoz de los otros personajes que vivieron los hechos. Se centra, sobre todo, en sucesos que no se escribieron porque las mujeres y los tagalos no sabían escribir. En sucesos que se conservaron en la memoria oral hasta que una narradora culta quiso, y pudo, dejar testimonio.
En ese proceso le interesa intensificar la verosimilitud. Y lo hace nombrando y describiendo lugares. Por ejemplo en el viaje al Norte, pasa por la provincia de Bulacán, por el camino que lleva a Tinajeros, por Calumpit y Pampanga (pp. 223 y ss).


Algunas conclusiones
La lección, pues, es clara. No podemos vivir al margen de nuestra propia historia y las mujeres tenemos que contar nuestro pasado para que sea mejor nuestro presente. “Con cada nuevo cambio, con cada paso, con cada aprendizaje… me empeñaba en seguir conservando esa esencia del ayer, como si algo dentro de mí me dijera que no debía olvidarlo” (p. 428).
Con esta novela además se rescata del olvido el pasado español que ya no lo recuerdan ni los propios filipinos. Cuando lleguéis a su punto final veréis cómo Virginia Yagüe ha logrado liberar a la princesa con una caricatura de los cánones heredados. Esa caricatura de los tópicos, como ya he dicho antes, va de la mano de la caricatura del colonialismo español en las islas. Sólo al final entenderemos que la liberación de Carlota es la liberación de la mujer por el camino del amor.
Y cerrando el círculo volvemos a la dedicatoria. Entonces entendemos que Virginia escribiendo esta novela ha sufrido el mismo proceso catártico que Carlota.
La última princesa del Pacífico es una novela que no os va a defraudar. Como las grandes novelas clásicas os va a entretener y a enseñar. Os invito a leerla y a disfrutarla.

                                                                                                                           Carmen Romeo Pemán



Filipinas. 1895


En la tertulia se valoró la capacidad para mantener el interés de los lectores, así como la fidelidad a los hechos históricos. Refrescamos conocimientos sobre la pérdida de las últimas colonias españolas y tratamos sobre  la diversidad de grupos integrantes del movimiento revolucionario filipino y las complejas relaciones existentes entre ellos, así como sobre  la negativa visión de los revolucionarios respecto al papel desempeñado en la colonia por las órdenes religiosas. Para ello contamos con el inestimable apoyo de nuestras especialistas en historia.
    Hablamos sobre el papel reservado a la mujer en la  sociedad de la ciudad de Manila, donde la educación recibida por Carlota y la libertad de que disfruta, gracias a las ideas liberales de su padre  y al hecho de que sea hija única, resultan sorprendentes y, en opinión de algunas participantes, poco verosímiles, lo mismo que la tardanza de la ingenua  y enamorada Carlota en averiguar la verdad sobre su marido. La ambigüedad  del personaje de Diego, su papel en la guerra, sus intereses, fue otro de los motivos de debate, con opiniones diversas.
    Nos ocupamos también de las relaciones entre los distintas grupos sociales y étnicos, además del papel asignado a cada uno en la sociedad filipina de la época. Nos interesó especialmente el mundo de creencias y ritos cotidianos de los indígenas, que conocemos a través del personaje de Bernardita, uno de los más atractivos, complejos y mejor dibujados de la novela.
    Finalmente, para no extendernos más, hubo unanimidad en la opinión sobre el diseño de la portada, rancio y poco atractivo en nuestra opinión, pero seguramente, convinimos, absolutamente eficaz para captar el interés de determinados lectores.

1 comentario:

  1. Muchísimas gracias, Carmen, por compartir con el grupo tu profunda y brillante lectura de la novela.

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