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viernes, 20 de febrero de 2015

La biblioteca de doña Elena en 'El lector de Julio Verne', de Almudena Grandes


Obra de Arkady Plastov


El lector de Julio Verne, la segunda entrega de la serie "Episodios de una Guerra Interminable"*, tiene como protagonista a Nino, un niño de nueve años hijo de un guardia civil destinado en Fuensanta de Martos, un pueblo de la Sierra Sur de Jaén. La acción transcurre entre 1947 y 1949, cuando en la Sierra se libra una cruenta guerra entre la Guardia Civil y los hombres del mítico guerrillero apodado Cencerro.  El  sugerente título  anuncia  la importancia que  los libros y la lectura tienen  en la novela, pues Nino encontrará en los libros de aventuras un refugio para "soportar la calamitosa aventura de vivir  en la casa cuartel de Fuensanta de Martos en 1948". 
    Pero los libros eran un bien escaso en la España de los años cuarenta, por eso, al terminar de leer el ejemplar de Los hijos del capitán Grant que cae en sus manos, de forma accidental y algo misteriosa, en el verano de 1947, siente  la "sensación de orfandad que me dejaban los libros que me habían gustado mucho, sobre todo porque no sabía de dónde iba a sacar otro parecido". Una vez más, Pepe el Portugués, el hombre fascinante y enigmático que se ha instalado en un molino apartado y se ha convertido en su amigo y modelo, acude en su auxilio con un ejemplar prestado de La isla misteriosa, y después, en enero de 1948,  le regalará Veinte mil leguas de viaje submarino por su décimo aniversario. 
    Más tarde, cuando conozca a doña Elena, una maestra represaliada que vive con su nieta en la casilla vieja del cortijo de las Rubias, Nino quedará maravillado al descubrir el tesoro guardado en la humilde vivienda: una biblioteca de más de trescientos volúmenes, algo realmente extraordinario en esa época y en ese lugar, y que para el chico equivale a la felicidad. La biblioteca incluye quince novelas de Julio Verne, puestas por doña Elena  a disposición de Nino, quien se convertirá así en el lector de Julio Verne que da título a la novela.


Sierra Sur de Jaén/Foto: Blas Prieto Sánchez 
Así cuenta el narrador protagonista el hallazgo de la biblioteca:
[..] Debajo del voladizo de madera, encajadas contra él como si formaran una biblioteca hecha a medida, cuatro hileras contiguas de cajas de fruta a las que les había arrancado los tablones del fondo para apilarlas una sobre otra por su lado más largo, contenían, limpios y ordenados, más libros de los que yo había podido imaginar jamás que poseyera una sola persona.
   Cuando los vi, no pude decir nada. Sentí que las piernas se me doblaban solas al acercarme a ellos, y avancé los dedos de la mano derecha para acariciar con el borde de las yemas los lomos de piel y de papel, desgastados los primeros, suaves como el cuero viejo, estriados los segundos como si los hubieran abierto muchas veces. El origen de las especies, Don Quijote de la Mancha, Novelas Ejemplares, Persiles y Segismunda, La rebelión de las masas, España invertebrada, El príncipe idiota, Sin novedad en el frente, El Lazarillo de Tormes, Robinson Crusoe, Flor de leyenda, Don Juan Tenorio, Lope de Vega Teatro, Rojo y negro, La Divina Comedia, Romancero gitano, Los papeles póstumos del club Pickwick, La Celestina, Azul, La Comedia Humana, Cumbres borrascosas, Campos de Castilla, Antonio Machado Poesía completa, Anna Karenina, La montaña mágica, La Regenta, El sentimiento trágico de la vida, San Manuel Bueno, mártir, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, El árbol de la ciencia, Rimas y Leyendas, Edgar Allan Poe Cuentos, Diario de un poeta recién casado, Benito Pérez Galdós Obras Completas, Episodios Nacionales, Tomo I, Tomo II, Tomo III, Tomo IV, Novelas, Tomo I...
   Leí todos estos títulos saltando de un cajón a otro, de una fila a otra, casi sin fijarme en las letras que descifraba a toda velocidad, como si temiera que fueran a desaparecer de un momento a otro, fruto de un ensalmo, de un hechizo, una ilusión perversa que se desvanecería en el aire sin haber llegado a existir jamás. Hasta que logré cerrar la boca, y volví a respirar por la nariz, y mi corazón recuperó el gobierno de sus propios latidos. Entonces moví la cabeza y vi que doña Elena me miraba muy sonriente.
  -Usted debe de ser muy feliz -le dije, sin pensar muy bien en el significado de las palabras que pronunciaba.
   -Pues no -y me pasó un brazo por el hombro, como si mi comentario la hubiera conmovido-. No soy muy feliz. ¿Por qué lo dices?
  -No sé, teniendo tantos libros... -moví las manos en el aire para ganar tiempo, mientras buscaba unas palabras que no logré encontrar-. Yo nunca he visto tantos juntos en mi vida.

   -Pues en Carmona tenía muchísimos más, y en unas librerías muy buenas, por cierto, con puertas de cristal y todo -pero acarició con ternura los lados bastos, astillados, de la caja de naranjas a la que le había correspondido custodiar lo que yo aprendería un día que se llamaba Siglo de Oro de la literatura española-. Aquí tengo poco más de trescientos, pero llegamos a tener casi cinco mil.

   -¿Sí? -y volví a jadear sin darme cuenta-. ¿Y los ha dejado allí? Pues es una pena, porque podríamos...
   -No -negó con la cabeza sin dejar de sonreír-. Allí ya no queda nada. Lo vendí todo, la casa, los muebles, los libros de medicina que eran los que más valían... [...] Sólo me quedé con mi cama, con mi mesa, mi butaca favorita, los libros sin los que no podría vivir y los que pensé que ayudarían a vivir a mi nieta, pero, ya ves... A Elenita no le gusta leer. No hay manera de que coja un libro.
   -¿No? Pues a mí...
   -Ya, ya lo sé, me lo ha contado Pepe. Pero todavía no has mirado donde más te conviene. Yo en tu lugar, me fijaría en el tercer estante de los que están al lado de la escalera.
   Cinco semanas en globo, Viaje al centro de la Tierra, La vuelta al mundo en ochenta días, De la Tierra a  la Luna, Escuela de Robinsones, Un capitán de quince años, Miguel Strogoff, Los quinientos millones de la Begún, Las tribulaciones de un chino en China, El testamento de un excéntrico, Por un billete de lotería, El dueño del mundo, Las aventuras del capitán Hatteras, los dos tomos de La isla misteriosa que yo ya había leído, y Veinte mil leguas de viaje submarino en la misma edición forrada en tela y con una ilustración a todo color pegada en la portada, mucho más bonita que la mía.
   -No sé qué decir -tenía los ojos turbios y la sensación de estar tambaleándome, como si hiciera equilibrios en la cubierta de un barco o en el vértice de una inmensa borrachera-. Es increíble.
  -No -ella se echó a reír-. Es una colección, nada más. A mí también me gustaba mucho Verne, de jovencita, y lo sigo leyendo de vez en cuando, no creas, aunque me sé de memoria casi todas las novelas. Así que puedes coger la que tú quieras.
   -¿De verdad? -y de golpe, el corazón trepó por mi garganta para latir contra mi paladar.
 -Claro -pero ella no le dio ninguna importancia a aquella milagrosa sucesión de acontecimientos extraordinarios-. Ahora nos vamos a ver mucho, ¿no? Cuando la termines me la devuelves y te llevas otra. Porque me puedo fiar de ti, ¿verdad? Los hijos del capitán Grant la presté el año pasado y todavía no me la han devuelto...
   Cuando escuché su último comentario, me dije que no tenía tiempo para pensar en eso, y después de mucho dudar, decidí empezar por el principio. Escogí Cinco semanas en globo y no lo solté ni un instante mientras ella ponía encima de la mesa una funda de cartón azul marino cuyo objeto no pude identificar hasta que la abrió para dejarme ver una máquina de escribir pequeña, más antigua pero también más liviana, más graciosa que la de la oficina.
                                       (Almudena Grandes, El lector de Julio Verne, Tusquets, 2012, páginas 185-187) 
Campos de olivos/ Clara Bon
Nino acabará leyendo las quince novelas  de Julio  Verne, la cuales "también eran el pretexto que me consentía empezar a preguntar lo que no sabía, historia, geografía, física [...] Así, aquellos libros me irían llevando hacia otros libros, otros autores a quienes leería con la misma avidez, porque me descubrían mundos distintos pero igual de fascinantes, que terminaba de explorar haciendo preguntas sobre asuntos cuya existencia había ignorado siempre" (p. 192).
   La isla del tesoro será uno de los libros que leerá cuando se acaben los de Verne, lo que celebrará más tarde, porque la novela de Stevenson le ayudará a entender el papel de Pepe y su relación con él. Pero además, cuando en su vida surja una aventura real, el recuerdo  de Jim Hawkins le  dará ánimos  para  enfrentarse al peligro con la seguridad de salir victorioso.
   Los libros de la biblioteca de doña Elena abrirán ante él nuevos caminos y le ofrecerán la posibilidad de elegir su propia vida, una vida muy distinta a la que parecía aguardar al hijo de un guardia civil.


Fuensanta de Martos
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La fotografía de Blas Prieto ha sido tomada de www.fotonatura.org

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