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domingo, 6 de julio de 2014

"Quisiera ser convexo...", de Gerardo Diego




Quisiera ser convexo
para tu mano cóncava.
Y como un tronco hueco
para acogerte en mi regazo
y darte sombra y sueño.
Suave y horizontal e interminable
para la huella alterna y presurosa
de tu pie izquierdo
y de tu pie derecho.
Ser de todas las formas
como agua siempre a gusto en cualquier vaso
siempre abrazándote por dentro.
Y también como vaso
para abrazar por fuera al mismo tiempo.
Como el agua hecha vaso
tu confín - dentro y fuera - siempre exacto.

                       Gerardo Diego, de Versos humanos,1918-1925

Gerardo Diego (Santander, 1896-Madrid, 1987), poeta y crítico español perteneciente a la generación del 27. Catedrático de instituto en Soria, Gijón, Santander y Madrid, alternó la enseñanza y  la creación literaria con el cultivo de la música. Fundó y dirigió las revistas 'Carmen' y 'Lola', y participó, con Larrea y Huidobro, en el movimiento creacionista.  Se   convirtió en un gran impulsor de la generación del 27 con la publicación en 1932 de una importante antología (Poesía española. Antología 1915-1931) que recogía ya numerosas muestras de los poetas del grupo.
    Su amplia obra poética se caracteriza por la musicalidad y perfección formal, así como por la variedad formal y temática. En ella alterna el más radical vanguardismo  con el neopopularismo, el neogongorismo y los moldes clasicistas. En esta diversidad, el autor distinguía dos vertientes: la "poesía de creación", poesía de vanguardia, libre de metro y de rima, y la  "poesía de expresión", más cercana a las formas y temas tradicionales.  
    De su poesía vanguardista destacan varios títulos: Imagen (1922) y Limbo (1919-1921, publicado en 1951), que muestran  la concepción de la poesía como juego intrascendente, propia del ultraísmo; Manual de espumas (1924), que manifiesta la voluntad creacionista de convertir el poema  en objeto autónomo independiente de la realidad inmediata, y Fábula de Equis y Zeda (1932), parodia de las fábulas mitológicas, inscrita dentro de la tendencia a imitar a Góngora.
    Su poesía tradicional cuenta con obras de metro clásico y temática variada, como El romancero de la novia (1918), Soria (1923) y Versos humanos (1925, premio Nacional de Literatura, ex aequo con Alberti), junto a otros de temática religiosa: Viacrucis (1931) y Ángeles de Compostela (1940). Pero quizá su libro de tipo tradicional  más importante sea Alondra de verdad (1941), conjunto de  cuarenta y dos sonetos, en el que junto al molde métrico clasicista  abundan las metáforas vanguardistas.
    Miembro de la Real Academia Española desde 1947, en 1961 obtuvo el premio de Literatura de la Fundación Juan March, en 1967 fue condecorado con la gran cruz de la Orden  de Alfonso X el Sabio, en 1968 se le concedió la medalla de oro al Mérito en el Trabajo, y en 1980, el premio Miguel de Cervantes, compartido con Jorge Luis Borges*.

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