La nieve está en mi
corazón como el silencio en las
habitaciones de los balnearios: densa y
profunda, indes-
tructible.
La nieve está en mi
corazón como la hiedra de la muerte
en las habitaciones donde nacimos.
Y el tiempo huye de
mí con un crujido dulce de zarzales.
Nieva implacablemente
sobre los páramos de mi memo-
ria. Es ya noche entre los blancos cercados.
Cuando amanezca, será
ya siempre invierno.
Julio Llamazares, de Memoria de la nieve,
Hiperión, 1982
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