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domingo, 3 de octubre de 2010

"¡Qué alegría vivir...!", de Pedro Salinas



¡Qué alegría, vivir
sintiéndose vivido!
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
me está viviendo.
Que cuando los espejos, los espías
-azogues, almas cortas-, aseguran
que estoy aquí, yo inmóvil,
con los ojos cerrados y los labios,
negándome al amor
de la luz, de la flor y de los hombres,
la verdad trasvisible es que camino
sin mis pasos, con otros,
allá lejos, y allí
estoy buscando flores, luces, hablo.
Que hay otro ser por el que miro el mundo
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas por mi gran silencio;
y es que también me quiere con su voz.
La vida -¡qué transporte ya!-, ignorancia
de lo que son mis actos, que ella hace,
En que ella vive, doble, suya y mía.
Y cuando ella me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
De haber tocado lo que no toqué
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías, tan distantes.
y todo enajenado podrá el cuerpo
descansar, quieto, muerto ya. Morirse
en la alta confianza
de que este vivir mío no era sólo
mi vivir: era el nuestro. Y que me vive
otro ser por detrás de la no muerte.

           (Pedro Salinas, La voz a ti debida)

[Selección de la profesora Carmen Sancho]


Pedro SALINAS (Madrid, 1891-Boston, 1951). Miembro del grupo poético del 27. Hombre de amplísima cultura, fue catedrático de universidad en Murcia y Sevilla. Con la Guerra Civil se exilió e impartió clases en diversas universidades americanas hasta su muerte.
Su producción poética suele agruparse en tres etapas. A la primera, influenciada por la poesía pura de Juan Ramón Jiménez y por el vanguardismo, pertenecen los libros Presagios, 1923; Seguro azar, 1929; y Fábula y signo, 1931. A estos sigue la trilogía amorosa que convierte a Salinas en el poeta del amor, formada por La voz a ti debida, 1931; Razón de amor, 1936; y Largo lamento (inédito hasta 1975). Sus últimos libros (El contemplado, 1946; Todo más claro, 1949; y Confianza, 1955) muestran el desencanto del hombre que vio la guerra y conoció el exilio.

El amor en la poesía de Pedro Salinas está íntimamente ligado al vivir. Vivir es en este poema verbo transitivo para expresar una acción que se trasmite de la amada al amado, de manera que la amada te vive;  te vive quien te ama, identificando así amor y vida

Puedes leer otro poema del autor en:

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