EL BLOG DE LA BIBLIOTECA "IRENE VALLEJO" DEL IES GOYA DE ZARAGOZA


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domingo, 12 de junio de 2022

"Llevando la contraria a Neruda" y "Que se acabe el mundo", de Omar Fonollosa




Llevando la contraria a Neruda

Me gustas cuando hablas
porque te sientes libre
y la libertad te hace guerrera
como un pájaro herido
que surca horizontes 
con un ala rota.

Me gustas cuando no te callas
y cierras de un portazo la boca
de quien te juzga
porque tu voz 
tiene color y forma
y sabe que hace bien con existir.

Me gustas cuando rompes límites
y me miras para que los rompa contigo
porque te pareces a la palabra alegría,
mariposa de rizos azabaches.

Me gustas cuando hablas
porque te sientes viva
y haces comprender
a todo aquel que te escuche
el sentido
de seguir viviendo.

Que se acabe el mundo

Échame de menos
y, por mí, 
que se paren los coches,
que se apaguen todas las estrellas,
que se case conmigo la melancolía,
que pierdan vuelo las golondrinas,
que haya un seísmo por cada adoquín,
que se hagan ruinas todas las catedrales.

Échame de menos
y, por mí, 
que se acabe el mundo.


Omar Fonollosa. (heraldo.es)

Omar Fonollosa (Zaragoza, 2000), estudiante de Filología hispánica en la Universidad de Zaragoza, ha obtenido el Premio de Poesía Hiperión en su XXVII edición por su libro Los niños no ven féretros. El jurado del premio ha destacado que el autor "tras las postrimerías de la adolescencia, vuelve la vista atrás para evocar, con cuidada y siempre bien resuelta variedad formal, esa primera vida de la infancia, las primeras experiencias amorosas, la amistad, los primeros tanteos poéticos, el protector regazo familiar". 

"Evocaciones y reflexiones que llenan de contenido unos poemas de tono elegíaco, propios de una naciente conciencia de la caducidad, pero sin aspavientos. Con la serenidad de quien empieza a hacer suya una manera de mirar el mundo."

Ha publicado el libro de poemas Desde la más estricta soledad (2019), e imparte conferencias sobre la creación poética.

[Imagen inicial: Rincón del Tíbet]

miércoles, 8 de junio de 2022

'El mar', de John Banville

Grupo de lectura "Leer juntos" del IES Goya

Sesión del 28 de marzo de 2022

Autor: John Banville

Obra comentada: El mar. Alfaguara, 2019.


 

 

Algunas notas sobre El mar de John Banville

 

    Max, narrador y protagonista, quiere comprender el pasado a través del presente. Por eso en su estilo de escribir va y viene.

    El pensamiento del tiempo pasado crea confusión... y se hace un bucle triste creando colores grises y húmedos. No hay alegría porque él está triste por su presente.

    Como el mar, va y viene. Pero su modo de escribir es muy bello y poético.

Inmaculada Martín


    El mar, que da título a esta novela, representa para Max Morden, personaje que crea John Banville, un refugio para sus recuerdos y tiene una relación muy directa con un hecho trágico en su vida que sólo descubriremos al final y cuyas consecuencias marcan su vida posterior.

   El mar evoca también una etapa de desarrollo adolescente en un verano de vacaciones, en el que el protagonista conoce a una familia de clase alta, con cuyos hijos establece una relación amistosa y de descubrimiento del amor o los placeres y del dolor o de la muerte. 

   Como el mar, la vida va y viene, y tras la muerte de su mujer Anna, Max vuelve a ese lugar con el propósito de escribir un libro de arte, aunque parece que su objetivo es cerrar un ciclo y conectar dos hechos trágicos buscando un refugio y un consuelo.

    Es una novela con muchos registros, muy lírica, con descripciones muy minuciosas narrada por el propio personaje y que a veces se dirige directamente al lector. Los continuos cambios temporales que sorprenden al principio de la lectura se hacen de forma muy fluida y van situando al lector en el ánimo del protagonista.

   John Banville escribe novela negra con el seudónimo de Benjamin Black, y se siente a gusto con ello, pues llega a decir que John puede escribir 200 palabras en un día mientras que Benjamin puede escribir 2000.

  En una novela negra hay miedo, violencia, inseguridad, misterio, crítica social, intriga amorosa... y muchas veces no se trata de la resolución de un crimen sino del esclarecimiento de un enigma. De todo esto hay también en esta novela. Está la atmósfera misteriosa con el porqué del regreso de Max a esa localidad costera y con la serie de personajes de los que poco se sabe. Está Rose, la asistenta que vive con la familia Grace; tenemos a Myles, el hijo que no habla y la extraña relación entre los hermanos; aparece el coronel Blunden, que vive en la pensión y parece que su presencia justifica que esa casa sea una pensión; la señorita Vavasour, que regenta la pensión, o su amiga la señorita Bello. Y las difíciles relaciones entre ellos.

  La emoción va aumentando a medida que avanza la lectura del libro, que se hace rápida y dinámica. No hay un investigador del misterio, pero es Max el que lo va desentrañando hasta llegar al sorprendente desenlace, al esclarecimiento del enigma, encajando para el lector todas las piezas del puzzle.

María Luz Mayoral Gastón



    Max Morden es el protagonista y narrador de esta historia. Tras la muerte de su esposa, decide volver al pueblo costero donde pasó algunos años de su adolescencia, buscando refugio no solo en el lugar sino también en aquellas vivencias que le han acompañado durante toda su vida.

   La novela transcurre en un vaivén de recuerdos y vivencias:

  • La vida con su esposa Anna, sobre todo durante sus últimos meses de enfermedad.

  • Aquel verano, en este mismo lugar, cuando con once años descubrió y convivió con la familia Grace: los padres Carlo y Conne, los gemelos Chloe y Myles y Rose, la cuidadora de los niños.

  • Su hija y las discrepancias que mantiene con ella.

  • Y su vida actual en “Los Cedros” conviviendo con la señorita Vavasour, patrona de la Casa, y el coronel, que está hospedado en ella.

   Las descripciones de los objetos, de los paisajes y de los sentimientos son detalladas y llenas de belleza. Nos llenan de nostalgia y nos hacen profundizar en nuestras propias vidas.

   El mar está presente de forma continua: recuerdos y vivencias van y vienen de forma similar al movimiento de las olas. La narración es intimista y el ambiente es triste, grisáceo y plomizo.

   Yo recomiendo experimentar todas las emociones, sentimientos y reflexiones que su lectura provoca.

María Bueno


    Podríamos afirmar que El mar es una novela muy pictórica, no por casualidad: el protagonista es historiador del arte y está escribiendo una monografía sobre Pierre Bonnard.

   Max describe los episodios que va rememorando como si fueran escenas pictóricas en las que el tiempo se ha detenido: "A la memoria le desagrada el movimiento, prefiere las cosas en quietud". Sus descripciones son auténticas composiciones escénicas, igual que las fotos que su esposa Anne hacía en el hospital. Destacaría, entre muchas, dos escenas de la primera parte y una de la segunda: los Grace en la playa, la tarde del picnic y el episodio de la extraña marea.

   Las referencias directas a la pintura son constantes. En un pasaje de la novela, Max describe detalladamente una obra de Bonnard, Desnudo en la bañera, con perro, en la que pinta a su esposa Marthe y, a continuación, rememora un episodio en relación con Anne poco antes de su muerte, cuando Max y ella se retiraron a su casa junto al mar (señalando el paralelismo con lo que Bonnard y Marthe hicieron también): "Estaba tan silenciosa, allá en el cuarto de baño de la primera planta, que a veces me sentía alarmado [...] Yo bajaba lentamente las escaleras y me quedaba junto al cuarto de baño, sin hacer ruido, como suspendido allí, como si fuera yo el que estaba bajo el agua, escuchando a través de la puerta, desesperado por oír sonidos de vida [...] Entonces oía un suave movimiento de agua cuando ella se movía, la leve salpicadura de cuando levantaba una mano para coger el jabón o la toalla, y me daba media vuelta [...]"

   Y no solo Bonnard. La obra está plagada de otros referentes pictóricos: el tiempo detenido en muchas escenas tiene su correlato en obras de arte concretas o en rasgos característicos de pintores muy diversos. Veamos algunos ejemplos:

    "Está justo en la misma posición que la doncella de Vermeer con la jarrita de leche, la cabeza y el hombro izquierdos inclinados, una mano ahuecada bajo la pesada cascada del pelo de Rose, y la otra vertiendo un chorro de agua densa y plateada de una desportillada jarra de loza" [La señora Grace lavándole el pelo a Rose].

   "Todo lo que siguió a continuación lo veo en miniatura, en una especie de camafeo, o en una de esas imágenes panorámicas, vistas desde arriba, en las que los pintores clásicos, en un lugar que no era el centro exacto, representaban la escena de un drama con detalles tan ínfimos que apenas se notaban entre las extensiones azules y doradas del mar y el cielo" [Los acontecimientos del día de la extraña marea].

   "Una lamparita, que yo pensé que era una vela, estaba encendida en una mesa a su lado, derramando un tenue globo de luz sobre la escena, que en su conjunto —una composición en círculo, tenuemente iluminada, de mujer sentada y hombre que pasea—, podría haber sido un estudio nocturno de Gericault o De la Tour" [Max en su habitación después de ser rescatado por el coronel].

    "Esta nariz está desviada un pelín a la izquierda, de modo que cuando se la mira de frente se tiene la ilusión de verla al mismo tiempo de cara y de perfil, como en uno de esos complejos retratos de Picasso [....] mantenía la cabeza muy inclinada hacia abajo, los párpados caídos y la barbilla, con un suave hoyuelo, pegada al hombro. Entonces parecía una madonna de Duccio" [Descripción de los rasgos físicos de Rose].

   En su rememoración selecciona los elementos que quiere destacar en cada escena, juega con el encuadre y con el color como lo haría un pintor, o un fotógrafo con el enfoque: "De las tres figuras centrales de ese tríptico veraniego decolorado por la sal, ella [Rose] es, extrañamente, la más bien perfilada en la pared de mi memoria [...] Sigo mirándolas de cerca, a las dos Grace, ahora la madre, ahora la hija, aplicándoles una nota de color aquí, difuminando un detalle allá, y el resultado de trabajarlas de cerca es que, en lugar de tenerlas más enfocadas, cada vez lo están menos, incluso cuando reculo para contemplar mi obra".

   En la relación que esta novela tiene con el arte, cabría destacar también la reflexión sobre la creación y el oficio, a propósito de Bonnard y otros pintores muy próximos a él: "Fabricantes de papel pintado como Vuillard y Maurice Denis fueron tan diligentes —he aquí otra palabras clave— como su amigo Bonnard, pero la diligencia no es nunca suficiente". Y también aprovecha para situarse él mismo: "a lo que hago tampoco lo llamaría crear", y reconocer que lleva años atascado en su trabajo sobre Bonnard: "ya hace tiempo que comprendí que no tengo nada original que decir de él".

 

Pilar Cancer




domingo, 5 de junio de 2022

Dos poemas de Francisco Javier Irazoki



76

Al  atardecer  se acelera  la  corriente  de  viajeros  que  regresan  a sus  casas. Un  hombre
negro, fornido, desenfunda su saxo y se sitúa en el rincón con  mejor acústica del metro de
París.  Suena  un jazz  clásico. La  voz sube  para  que  de  las  prisas  de  los viandantes se
desprendan   unas  monedas.  Las  notas  de  las   canciones  van  agujereando  los  carteles
publicitarios. Unas plantas de tallos rojos y cápsulas de semillas envueltas en pelusa blanca
salen de los hoyos y  desaparecen. Tres  personas escuchamos  los paisajes, las cosechas de
Georgia, Luisiana o Mississippi. El ritmo de los compases arrastra cuatro siglos de captura,
tráfico y hacinamiento  de esclavos. A pesar  de apresurarse, los pasajeros se mueven en un
tiempo  inmóvil.  Estamos en  el siglo XIX. Mis  vecinos  caminan  por  una   plantación de
palabras. Los sonidos  del saxo  trazan  las curvas  de su trayecto. El dolor es el lindero y la
fuente. La pulsera roja del músico ha sido fabricada  con los hilos de una herida. Me fijo en
los pelos blancos  de la barbilla  del cantante. Son  restos   de los campos de algodón en que
nació la rabia del blues.

(De Ciento noventa espejos, Hiperión, 2017)

ANTES DE LOS CLAVELES

Aprendí el lenguaje de los sordos gracias a unos hombres que huían de la pobreza. Llama-
ban golpeando  suavemente  la puerta, y yo veía por una rejilla  aquellos rostros asustados.
A menudo enfermos, sus gestos dibujaban las lindes de Francia.

Los portugueses no nos pedían ayuda en verano; esperaban que un viento  frío recluyese a
nuestros guardias en los cuarteles. Y quienes no sabíamos predecir la conducta de ninguna
nube  nos orientábamos  al distinguir  en los  montes la  capa verde del agente o el tabardo
descosido del  inmigrante. Eran  dos penurias  enemigas que  el contrabandista  alumbraba
con una linterna.

Sus visitas significaron para los niños el descubrimiento de la humildad y el rostro cetrino.
Los adultos  hablaban  entre  dientes  contra  dos  tiranías y  acordaban un  precio  antes de 
dirigirse a la frontera que explicaron con sus dedos. Mis parientes y vecinos los guiaban en
expediciones  nocturnas  a través  de los bosques, y con  frecuencia debían cargar sobre los 
hombros el cuerpo de algún herido.

A veces un prófugo moría en el río Bidasoa y cruzaba hinchado las pesadillas infantiles.

Años  después  conocí  escritas  las  palabras  que  los visitantes  no me dijeron, y soñé que 
acompañaba a mis familiares en el tráfico de perfumes, vituallas  y hombres portugueses, y
que escondía debajo de unas hojas secas el pequeño paquete de heterónimos.

Ahora veo a esos fugitivos en  París, donde  tienen fama de cabales y han construido casas.
Desean  regresar al  país del  que  escaparon. Me lo  dicen en un idioma común, sin gestos,
mientras cierran la vejez con sus llaves de conserjes.

(De Los hombres intermitentes, Hiperión, 2006)

Francisco Javier Irazoki. (fanfan.es)
Francisco Javier Irazoki (Lesaka, Navarra, 1954) es un poeta español afincado en París desde 1993, donde ha cursado estudios musicales. Desde 2018 posee doble nacionalidad. Fue periodista musical en Madrid, donde colaboraba en revistas musicales como Disco Exprés y El Musiqueo. Formó parte del grupo de escritores surrealistas CLOC.

Sus poemas han sido incluidos en numerosas antologías. Comenzó publicando los  poemarios Árgoma (1980) y Cielos segados (1992), que incluía los tres volúmenes de versos escritos hasta esa fecha: Árgoma, Desiertos para Hades y La miniatura infinita. Posteriormente aparecieron Notas del camino (2002), con fotografías de Antonio Arenal; el libro de poemas en prosa Los hombres intermitentes (2006); La nota rota (2009), cincuenta semblanzas de músicos de diferentes épocas; el libro de poemas en verso Retrato de un hilo (2013); el libro de poemas en prosa Orquesta de desaparecidos (2015); el volumen  de prosas variadas Ciento noventa espejos (2017); el libro de poemas en prosa El contador de gotas (2019); Oración laica (2020), libro para coleccionistas en colaboración con el artista plástico Ángel Sardina, y la antología poética Palabra de árbol (2021).

Ha seleccionado y traducido del francés los poemas del dramaturgo, cineasta y poeta Armand Gatti incluidos en Antología (Demipage, 2019). También ha realizado sendas selecciones de poemas de Félix Francisco Casanova (Antología poética, Cuarenta contra el agua, 2010), Jesús Munárriz (Materia de asombro, 2015) y Harkaitz Cano (Gente que trabaja en los tejados, 2019). Ha revisado la edición de las Obras completas de Félix Francisco Casanova (Demipage, 2017) y ha seleccionado los textos y poetas de la antología Años de trece meses (2022). En 2011 participó en el libro-homenaje a Raymond Queneau (Cien millones de poemas). Con un poema-mensaje, ha participado en Náufragos (2022), proyecto del artista Salvador Retana.

Durante cuatro años (2009-2013) publicó su columna Radio París en El cultural de El Mundo. Desde 2013 es crítico de poesía en dicho diario.

En el segundo poema, más difícil de entender para algunos lectores, habla de los portugueses que huían a Francia durante la dictadura de Salazar. El título hace referencia a la Revolución de los Claveles (25 de abril de 1974), que puso fin a cuarenta y seis años de dictadura en Portugal. Se trata de un poema autobiográfico en el que recuerda que, cuando era niño, estos hombres, con los que se entendían por señas, llegaban a su  casa (en una población próxima a Francia) solicitando ayuda para pasar la frontera. Después los ha conocido en París donde ha podido comunicarse con ellos en una lengua común, el francés.

[Imagen inicial: istockphoto]

domingo, 29 de mayo de 2022

"Habrá lilas" y otro poema de Dionisia García

 



HABRÁ LILAS

Tiemblo
al pensar que, algún día,
ya no veré las lilas de los huertos
y no oleré la tierra
en caricia de esponja
ni cruzaré palabras
en mañanas de sol o niebla,
hermosas e incitantes.
He visto a mis amigos;
he sentido deseos de besarlos,
de poseer su aliento
porque más tarde no habrá besos de ahora.
No me gusta creer
que las lilas perderán su existencia
tras los velos de la noche.
Han de existir
porque también ignoro
si, en alguna parte o cerca,
hay presencias
que no palpo
y fueron siempre.

De El vaho en los espejos, 1976

INSTANTÁNEA

Del brazo de mi padre por la avenida airosa
en busca del amigo, que al fin vimos.
Era marzo con sol y se acercó un fotógrafo
dispuesto a detener aquella escena.
Nuestros abrigos largos, la sonrisa;
el gozo elemental de la existencia
marcado para siempre en blanco y negro.
Presidía la puerta de Alcalá,
con sus rosas y grises en la piedra,
rodeada de atmósfera inocente.
Han transcurrido más de treinta años
y atravieso el lugar en automóvil;
al paso, las arcadas de piedra ennegrecidas,
su insolente esplendor ajeno a la premura.
Voy a ver al amigo, anciano y solo.
Es primavera inquieta, sin fotógrafo,
y mi padre no está.

De Lugares de paso, 1999

Dionisia García. (laverdaddemurcia.es)
Dionisia García (Fuente Álamo, Albacete, 1929) estudió Filología románica en la Universidad de Murcia, ciudad donde reside. La Universidad de Murcia otorga anualmente el Premio de Poesía Dionisia García. Ha cultivado diversos géneros literarios: el cuento (Antiguo y mate [1985] e Imaginaciones y olvidos [1995]), el aforismo (Ideario de otoño [1994], Voces detenidas [2004] y El caracol dorado [2011]), comentarios críticos sobre autores clásicos y contemporáneos recogidos en el libro Páginas dispersas (2008) y la autobiografía novelada Correo interior (2009). Es también autora de los poemarios El vaho en los espejos (1976), Antífonas (1978),  Mnemosine (1981), Interludio (1987), Diario abierto (1989), Las palabras lo saben (1993), Lugares de paso (1999), Aún a oscuras (2001), El engaño de los días (2006), L'albero (2007), la antología Cordialmente suya (2008), Señales (2012), La apuesta (2016, Premio Barcarola), Atardece despacio. Poesía completa (1976-2017), 2017, y Mientras dure la luz (2021). 

Con motivo de la publicación de su poesía completa, se han escrito estas palabras que definen certeramente la poesía de Dionisia García:

"Hablen de lo que hablen los poemas de nuestra autora, dicen o afirman siempre su personal forma de ver y entender el mundo y, sobre todo, la vida, por misteriosos que sean. Poesía por tanto de la experiencia, como la de los mejores de su generación. La del 50, reflexiva y elegíaca, pero a la vez serena y luminosa, traspasada o vivificada por un cálido vitalismo humanista, lejos de toda estridencia, de todo oropel. Poesía que cuando quiere ir más lejos, va más hondo. Sin hacerse notar". Abelardo Linares

[Imagen inician: Jardinaria On]

domingo, 22 de mayo de 2022

Tres poemas de María Ángeles Pérez López

© Gintare Drainelyte


[DOS]

Dos piernas, dos rodillas, dos tobillos,
los dedos diminutos de los pies
que son tan parecidos unos a otros
y suman sus falanges en parejas,
los huesos semejantes, sucedidos
y su contaduría vertebral
para escribir el peso o el fulgor
son nómina y carbón en papel copia,
perfecta simetría con que el cuerpo
busca no estar tan solo y se consuela
del lunes y su abrazo envenenado.
Por eso se acompasa en paridad,
escruta sus meninges, sus alardes,
su tiempo entristecido y concluyente
y cuenta sus costillas mientras gime,
porque es inmensa la llanura sola
y el sol está tan lejos como el mar.
El día en que nos faltan los afectos,
palabras olvidadas como trébede,
justicia, lapicera o resplandor,
cuando estalla la flor de la torpeza
y aroma los manzanos al troncharse,
el cuerpo se conforma como puede,
busca su concordancia, su acomodo
para la ley de las compensaciones
y balancea su peso duplicado
por el estrecho beso de lo dual.
Tan solo los impares desiguales
-el sexo, el corazón o la cabeza-
revientan en su plomo solitario,
reclaman con ardor para la sed
y exigen de algún modo compañía,
un canto en que se enreden otras voces
haciendo más liviano el universo.

                                  (De La ausente, 2004)



[LA IMAGINACIÓN DEL CEREAL]

En la imaginación del cereal
la hoz se reduce a una herramienta.

Media luna que canta en el centeno
su amor diseminado en cada corte,
la violencia más dulce del verano.

Metal de la alianza, la apetencia
en que la espiga entrega su esplendor,
circulación y flujo de lo vivo
que se resiste a ser identidad
y busca diluirse entre la harina.

Melaza en que se aprietan hierro y cobre,
aleación y prodigio de no ser
lo que se era al principio. Convincente
cesión hacia lo dúctil que transforma
el rígido enunciado del objeto
en savia derramada como aire,
como metal en punto de fusión
que corre enrojeciendo las dos manos.

En la ardiente planicie de la siega
se estrechan la cuchilla y las gramíneas
mientras los cuerpos buscan a los cuerpos
y las letras se funden lentamente
con la vocal redonda de la hoz.
Disolución de lo que fue en el todo
que es nacer y morir para la boca.

                      con Claudio Rodríguez, de nuevo

     (De Fiebre y compasión de los metales, 2016)




    [¿Y SI ERES NADIE?]


    ¿Y si eres nadie?
    Miras  dentro de  ti y solo  hay  un  inmenso  páramo  en el  que nada se oye. Ni
siquiera  la respiración agitada en  el incendio de aquello que fuiste. ¿Adónde  irás
cargando tu vacío?
    Nada pesa lo que  no tienes, pero no hay ligereza  posible para ti porque el vacío
te arrastra  hacia  sus  pies. Ha  arrasado  con  toda la  flora, los días  sin viento, las
reservas de agua y  de pardales. Quedan  muchos  más  pájaros atrapados contra las
vallas: vencejos,  cormoranes,  petirrojos. Un  viejísimo  albatros  sacude su cabeza
como si se hubiera atragantado con un mal verso. Entre  ellos se disputan las raspas
del sol y todos  los poemas  sobre   ruiseñores o palomas   que  han sido  capaces de 
digerir. Disputan también con quienes han quedado  crucificados  contra esas vallas,
atrapados en la larga migración del hambre, de la guerra.
    Y mientras, tú sobre tu páramo vacío.
    Te asomas  con  miedo  al brocal  de  la boca  y  solo se  ve un  espejo  negro  que 
parece  saludarte  desde  el fondo. También  alguna  mano de gente difusa tras tantas
pantallas entreabiertas. Nada se oye sino la frugalidad de la desgana.
    A  lo lejos,  tal vez  el  agua  pida   que   abras  la  puerta  de  tu  cuerpo. ¿O  vas  a
conformarte con ser páramo? ¿Eriazo  que no habilitan las  hormigas? ¿Pedregal que
golpea con su sed?
    ¿Y si  nadie  somos  todos?  Pájaro  perro,   pájaro  persona,  población  y  polluelo
enardecido. ¿Qué harás en el tránsito de las taxonomías?
    En ti están los cien mil caracteres hereditarios  que te atan dulcemente a los demás,
los tres mil millones de letras del  genoma  humano que  has aprendido sin esfuerzo y
silbas  con  felicidad al  levantarte,  veinticuatro  de los  noventa  elementos químicos, 
todas las maletas que quedan extraviadas  frente a las aduanas y  las noches de Ítaca y
Caronte.
    En  ti,   partículas    lejanísimas  de   estrellas  y    otros   parientes,   piedras,   peces,
patronímicos,  banderas  deslucidas y   otros  trapos  del dolor. Incluso   meteoros en el 
festejo de la luz.
    Todos ellos te bendicen y completan.
    Bendicen cada una de las  capas   freáticas que  alimentas  con tu desesperación y tu
amor radical a esta extrañeza que llamaron vivir, estar viviendo.
    Porque tú no eres suficiente para ti.
    Desconoces quién eres y no importa.
    De pronto apremian la vida y los  tendones. De  pronto estallan  granos  rojísimos de
luz sobre la superficie  torpe  de tu lengua.  Algunos estorninos los disputan  y te besan
con su canción de alambre.
    ¿Cómo dejar entonces  que el  día  colisione?  ¿Que  haya  personas aparcadas como
muebles mientras viajan las mesas en primera?
    Alguna vez recibiste en herencia un baúl y una silla de esparto pero hoy todo ha sido
arrasado por el fuego, hasta el  flequillo que desordenó  los días y la expiación y nota a
lápiz del  convenio  laboral, mientras  hay  personas aparcadas  como  muebles  y están 
dentro de ti, son tu apellido. Con  el agua que mana de sus letras humedeces tu frente y
te levantas.
                                                                                                        con Fernando Pessoa
                                                                                                        y Antonio Machado

                                                                            (De Incendio mineral, Vaso roto, 2021)
      

Mª Ángeles Pérez López./MANUEL LAYA
(elnortedecastilla.es)
María Ángeles Pérez López (Valladolid, España, 1967) es poeta y profesora titular de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Salamanca, donde coordina la Cátedra Chile. Ha sido profesora visitante en James Madison University (USA) y University of Washington (USA), y docente invitada en universidades europeas y americanas. Es miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (Anle) y de la red internacional "Escritura y discurso de mujeres latinoamericanas" (Universidad de Chile),  miembro de la Academia de Juglares de Fontiveros e hija adoptiva del pueblo natal de san Juan de la Cruz. 

Ha publicado los libros de poesía Tratado sobre la geografía del desastre (1997), La sola materia (Premio Tardor, 1998), Carnalidad del frío (Premio Ciudad de Badajoz 2000), La ausente (2004), Atavío y puñal (2012), Fiebre y compasión de los metales (2016), Diecisiete alfiles (2019), Interferencias (2019) e Incendio mineral (2021, Premio de la Crítica 2022). Catorce vidas (Poesía 1995-2009), 2010, recoge todos sus libros hasta esa fecha.

Antologías de sus obras han sido editadas en Caracas, Ciudad de México, Quito, Nueva York, Monterrey y Bogotá. También, en modo bilingüe, en Italia y Portugal. Poemas suyos han sido recopilados en antologías colectivas, y traducidos al gallego, portugués, inglés, francés, italiano, neerlandés, rumano, húngaro, armenio, árabe, polaco y chino. Ha sido incluida en el prestigioso dosier monográfico "Voix d'Espagne (XXe-XXIe siècles). Résonances contemporaines de la poésie espagnole: Poèmes, poétiques et critiques" en HispanismeS. Revue de la Société  des Hispanistes Français 13 (2020). Ha sido jurado, entre otros, del Premio Cervantes, del Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y del José Donoso.

Balcells Doménech* señala como singularidad de la poesía de María Ángeles Pérez López  que su poética de las cosas, desde las más cotidianas y domésticas (la cuchara, el hilo, el vestido, el armario) hasta las tecnológicas, como la lavadora, "las tamice un prisma en el que se proyecta [...] su vertiente misteriosa", así como su inocencia,  cuando se trata de instrumentos dañinos (filosos, cortantes...), como en los versos de Fiebre y compasión de los metales.  Para Balcells, uno de los vectores de la poesía de la autora cabría entenderlo como "una poética de la mujer en medio de las cosas y sumergiéndose en el interior de ellas". 

Entre los asuntos más representativos, destaca Balcells, el de la escritura del cuerpo femenino, "como si esa escritura brotase a veces de ese mismo cuerpo":

Merced a esa vertiente lo corpóreo se siente vibrar, se atestiguan su pálpito y su piel, se sufre, es violentado, se criminaliza, se goza eróticamente, ensalza, se ritualiza, se reivindica y, a través de la palabra poética, el cuerpo se dice como vida y se dice en el verso. Incluso llega por momentos a plantearse una ontología corporal y un saber atesorado por el cuerpo de la mujer a lo largo de la historia. Este saber de algún modo perviviría latente, acaso de una manera intra-histórica en cada una y en su contexto, al margen del grado de conciencia de ese legado genérico interno que pueda percibirse y manifestarse en personas determinadas.

Los poemas de La ausente "completan una ambiciosa poética corporal,  una aventura interrogativa y telúrica, poblada de imágenes potentes que son a la vez el instrumento para iluminar la oscuridad y la materialización de ese proceso de conocimiento propio y de lo ajeno en que se convierte el poema, siempre en busca del centro y sus alrededores"(Santos Domínguez). 

En Fiebre y compasión de los metales parte del motivo de los metales de los instrumentos y herramientas de trabajo para acercarnos a una realidad cotidiana tan áspera como enigmática. Una poesía barroca y a la vez indignada, inconformista, tan capaz de hablar de las cuchillas en las vallas de Melilla como del bisturí del cirujano o la hoz del campesino.

Incendio mineral, su último libro, es una reflexión sobre el tiempo y el fundirse de la poeta en él para abrazar lo individual y lo universal, lo cotidiano que es sustancia entre pasado y presente. Sus poemas nos formulan preguntas dolorosas: ¿qué hemos hecho por la dignidad del ser humano, la de los otros, la nuestra, con nuestro nombre, que lleva inscrita la propia identidad?: "¿Y si eres nadie?". "¿Y si nadie somos todos?".

*Balcells Domenech, José María, "La escritura de María Ángeles Pérez López: una escritura de las cosas y los cuerpos", en Lectura y Signo 13/2018. Recuperado en:  https://www.researchgate.net/publication/329942531_Antologia_poetica_personal

[La foto de los segadores está tomada de Pinterest; la del páramo, de ecologiaverde.com] 

sábado, 21 de mayo de 2022

Poesía para Llevar 24B. IES Goya

Francisco de Goya, Los fusilamientos del 3 de mayo, 1814
Museo del Prado, Madrid

Esta semana, la número 24 de Poesía para Llevar del curso 21/ 22, nos ha correspondido enviar a un buen número de centros educativos de Aragón nuestro poema seleccionado junto con un ramillete de comentarios que han hecho los alumnos de ESO del instituto Goya. Lástima que no hayan cabido todos, porque el poema ha gustado mucho.

En esta ocasión hemos querido compartir un poema de Manuel Machado inspirado en uno de los cuadros más conocidos e impresionantes del insigne pintor aragonés y universal que da nombre a nuestro instituto, Goya.

Como ha señalado en el blog del IES Goya nuestro compañero del departamento de Lengua y Literatura, José Luis Garrido, coordinador del programa PPLL de nuestro centro, hemos querido difundir un poema que ya apareció en este blog hace seis años, para que lo conozcan los estudiantes de todo Aragón.

Recuperamos el poema y reproducimos los comentarios de los alumnos: