EL BLOG DE LA BIBLIOTECA "IRENE VALLEJO" DEL IES GOYA DE ZARAGOZA


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martes, 21 de enero de 2020

Leer tiene premio


La alumna de 2º B de ESO Agnés Sorolla Muñoz, gran aficionada a la lectura y usuaria habitual de nuestra biblioteca, ha sido la afortunada en el sorteo del libro correspondiente al segundo trimestre del curso. Acompañada de sus amigas, recogió ilusionada en la mañana de ayer su obsequio.


domingo, 19 de enero de 2020

Dos poemas de Inmaculada Mengíbar





ERA ESCUCHAR A BACH ...

Era escuchar a Bach
el café recién hecho
y las islas moradas del crepúsculo. A veces
salir de clase y cinco mil semáforos
guardias atascos niños
autocares y cláxones
señoras lentas bolsas escaparates coches
corriendo clandestina
un ascensor en vilo esperándome cómplice
y mi uniforme azul. Entonces era
tirar los libros la nostalgia el frío
mirar fotos antiguas léeme
otra vez el poema de la luna
y esa forma tan tuya de callar de decirme
que un día vas a llevarme
al mar cuando oscurezca
para ver las primeras gaviotas de la noche
esa forma
tan tuya de decirme y las islas y el rojo
de la tarde cayendo
y esa desolación de los tejados grises
y de los pantalones tendidos
balanceándose
las camisas sin nadie
sobre la alfombra
quietas y ya sólo las islas y ya sólo tu boca
y ya sólo la noche rompiendo en oleadas
de oscuridad azul. De aquel invierno
conservo sobre todo
el recuerdo de un frío casi irreal de pronto
al salir de tu casa
la sensación inmensa de abandono
que me envolvía en medio
de esas calles extrañas de la vuelta
aquellas calles donde
todo era silencioso  casi irreal
el irse cerrando de los bares
algún borracho hablando de amor a las farolas
la gente haciendo cola
en las paradas últimas de autobús
gente triste
cargando con abrigos pesados como ausencias.

Era escuchar a Bach
y el café recién hecho
y las islas moradas del crepúsculo haciéndose
y deshaciéndose eran
bahías inconstantes arias tristes.

Atardeceres malvas sobre las azoteas.

    De Los días laborables, Hiperión, 1988


BUENA DISPOSICIÓN

¿Para tres días tantas maletas?
Me pregunta.

Él viene con lo puesto. (No lo puedo creer.
¿Es que no va a cambiar
siquiera de chaqueta?)

Al instante me acuerdo de unos versos de Donne.
(Como un feliz reproche): Ea, pues,
¿qué más ropa necesitas que un hombre?

De Pantalones blancos de franela, Hiperión, 1994

Inmaculada Mengíbar
Inmaculada Mengíbar (Córdoba, España, 1962) es poeta española cuya obra se ha convertido en referencia del feminismo. Ha vivido en Granada, en cuya universidad se licenció en Filología hispánica y donde entró en contacto con los poetas de la denominada "otra sentimentalidad", grupo en el que se encuadra la autora. Después se trasladó a Tenerife y, más tarde, a Almería. Actualmente reside en Torremolinos. 

Define su obra, caracterizada por la sobriedad ornamental,  como poesía de la experiencia, de la cotidianeidad, especialmente  la que alude "al papel de la mujer en todos los ámbitos". En 1988 publicó Los días laborables, que toma su título de un verso de Gil de Biedma. Se trata de un conjunto de poemas de corte intimista y tema amoroso  con el que quedó finalista del Premio Hiperión de Poesía. Con Pantalones blancos de franela ganó en 1994 el Premio Jaén de Poesía. En él continúa con la línea iniciada en su anterior poemario, pero incluye también un grupo de poemas breves en los que reinterpreta los mitos desde una óptica feminista muy irónica. Completa su producción con la aparición de  Poemas, en el número 3 de la revista Reverso, Abril de 1996. Poemas suyos han sido incluidos en distintas antologías, entre otras: Ellas tienen la palabra: dos décadas de poesía española (eds. Noni Benegas y Jesús Munárriz; Madrid, Hiperión, 1997), Los cuarenta principales: antología general de la poesía andaluza contemporánea (1975-2002) (ed. Enrique Baltanás; Sevilla, Renacimiento, 2002) o La otra sentimentalidad: estudio y antología (ed. Francisco Díaz de Castro; Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2003).

domingo, 12 de enero de 2020

"Sobre un verso extranjero", de Yorgos Seferis




SOBRE UN VERSO EXTRANJERO

A Eli, Navidad de 1931.

Dichoso quien hizo el viaje de Odiseo.
Dichoso si al marchar sintió firme la coraza de un amor
           extendida por su cuerpo, como las venas donde
           bulle la sangre.

De un amor con cadencia sin fin, invencible como la 
           música y eterno
porque nació cuando nacimos y cuando nos muramos, si es
           que muere, ni nosotros ni nadie lo sabe.

Pido a Dios que me ayude a decir, en un momento de gran
           felicidad, cuál es este amor:
me siento a veces rodeado del exilio y escucho su lejano
           bramido como el fragor del mar mezclado con la
           borrasca inexplicable.

Una y otra vez surge ante mí el fantasma de Odiseo, con
           los ojos arrasados por la sal de las olas
y por el deseo maduro de ver de nuevo el humo que brota
           del hogar de su morada y su perro ya viejo
           aguardándole a la puerta.

Inmenso él, se detiene musitando tras sus barbas encanecidas
           palabras en nuestra lengua, como la hablaban
           hace tres mil años.
Extiende una mano encallecida por las jarcias y el timón,
           con la piel curtida por el cierzo, la canícula
           y las nieves.

Parece querer arrojar de nosotros mismos al Cíclope
           sobrehumano que mira por un único ojo, a las Sirenas
           que te imponen el olvido, si las escuchas,
           a Escila y Caribdis:
a tantos monstruos extraños que nos impiden pensar que
           también él fue un hombre que luchó en el mundo
           con cuerpo y alma.

Es el gran Odiseo: aquel que sugirió construir el caballo
           de madera con el que los aqueos conquistaron
           Troya.
Sueño que viene a enseñarme cómo construir yo un caballo
           de madera con el que conquistar mi propia Troya.

Habla quedo y tranquilo, sin esfuerzo, parece conocerme
           como un padre
o como uno de esos viejos marineros que apoyados en sus
           redes —cuando había tormenta y bramaba el viento—
me decían, en mis años infantiles, la canción de Erotócrito
           con lágrimas en los ojos
—temblaba yo en medio de mi sueño al escuchar la triste
           suerte de Areti al bajar los peldaños de mármol.

Me dice el penoso esfuerzo de sentir las velas de tu
           nave henchidas de nostalgia y de tu alma
           convertida en timón.
Y también que estás solo, inmerso en la tiniebla de la
           noche y a la deriva como la parva en la era.

La amargura de ver naufragar a tus amigos  entre los elementos
           dispersos: uno a uno.
Y qué vigor extraño sientes al hablar con los muertos
           cuando los vivos que quedaron ya no bastan.

Habla... aún veo sus manos que sabían comprobar si estaba
           bien tallado, a proa el mascarón
que me den un sereno mar azul en el corazón del invierno.

              De Cuaderno de ejercicios, I. En Poesía completa
Alianza, Madrid, 1989.Traducción: Pedro Bádenas de la Peña


Cuaderno de ejercicios, I (1940) reúne poemas compuestos entre 1928 y 1937. Yorgos Seferis, en una nota a la primera edición que reproduce Pedro Bádenas, explica que este libro está formado por poemas que no tienen cabida en otras colecciones  y lo considera "como un ejercicio", "la prosecución de un esfuerzo de diez años para conseguir una expresión poética".

Sobre el poema elegido, dedicado a una prima del poeta, explica Pedro Bádenas  que el primer verso es la traducción del famoso "Hereux qui comme Ulysse a fait un beau voyage"* con que comienza el soneto del poeta francés Joachim du Bellay (1522-1560), amigo de Ronsard,  en Les Regrets (1558). Y añade:
Seferis ha sabido conciliar perfectamente sus lecturas del gran maestro de la Pleïade con el espíritu de la Odisea. Y, desde luego, ha logrado una penetrante síntesis del símbolo de Odiseo, capaz de las mayores astucias y audacias -como hablar con los muertos  cuando los vivos no bastan-, hábil navegante, domeñador de monstruos, necesitado de afecto y consciente de lo efímero. La asunción biográfica de todos estos elementos lleva a Seferis a enlazar sin solución de continuidad con otro de sus mitos de referencia, el Erotócritos, a través de Areti, la protagonista del poema de Cornaros.
 *"¡Feliz quien, como Ulises, ha hecho un largo viaje, / igual que aquel que conquistó el toisón, / y ha regresado luego, sabio y lleno de experiencia, / para vivir entre su gente el resto de sus días! // ¿Cuándo volveré a ver, ay, de mi pequeño pueblo / humear la chimenea, y qué estación será / cuando vea de nuevo el jardín de mi pobre casa, / que es para mí todo un reino, y mucho más aún? // Amo más la morada que erigieron mis abuelos / que de los palacios romanos las soberbias fachadas; / más que el mármol duro amo la arcilla fina, // más mi Loira galo que el latino Tíber / más mi pequeño Liré que el alto Palatino / y más que el aire del mar la dulzura angevina" (En adolfogarciaortega.com).

[Imagen: Booking.com]

martes, 7 de enero de 2020

Relatos para pasarlo de miedo 11

  Cuadernos de biblioteca núm. 30: "Relatos para pasarlo de miedo 11"

El número 30 de los "Cuadernos de biblioteca" reúne, por un lado, una selección de los relatos escritos por alumnos de ESO y Bachillerato como parte de las actividades realizadas en torno a la Semana de la Literatura de Misterio y Terror, que se celebró del 29 de octubre al 4 de noviembre pasados, y, por otro, una serie de ilustraciones de los alumnos de la asignatura ‘Artes del Libro’ de 1º del Bachillerato de Artes, realizadas para la exposición que tuvo lugar durante el mes de noviembre en el Instituto Goya en torno al tema de El miedo y los conceptos asociados de Lo sobrenatural, El genocidio, El canibalismo, Las pesadillas, La guerra, La locura, Lo oculto y La decapitación.

domingo, 5 de enero de 2020

"El don" ((The Gift), de William Carlos Williams

Edward Burne-Jones y Morris and Co., tapiz de La adoración de los Magos (1901)
Art Gallery of  South Australia, Adelaide


EL DON

Cuando los Reyes Magos de antaño trajeron dones
     guiados por una estrella
         al humilde hogar del nacimiento

del dios del amor,
     los demonios
         como muestra un antiguo grabado
huyeron en desbandada.

     ¿Qué podía saber un niño 
         de ornamentos de oro,
de incienso y mirra,
     de vestiduras sacerdotales
         y genuflexiones devotas?

Pero la imaginación
     conoce todas las historias
         antes de que sean contadas
y conoce la verdad sobre esta
     más allá de toda duda

Los suntuosos regalos
     tan inadecuados para un niño
         aunque ofrecidos devotamente
simbolizan lo que el amor puede traer.

     Los Magos eran viejos
         ¿qué podían saber ellos 
de las necesidades de una madre
     o de los deseos
     de un niño?

Pero cuando se arrodillaron
     el niño se sintió saciado.
         ¡Ellos lo vieron
y
     dieron gracias!

         Un milagro
había tenido lugar,
     oro sólido transformado en amor,
¡la leche de una madre!,
     ante sus
         maravillados ojos.

El asno rebuznó
     y los bueyes mugieron.
         Era su naturaleza.

Los hombres por naturaleza dan gracias.
     No pueden
         hacer otra cosa.

Los mismos demonios
     alaban a Dios con su huida.
         ¿Qué cosa es la muerte,
al lado de esto?

     Nada. Los Reyes Magos
         vinieron con sus dones
y se inclinaron
     para reverenciar
     esta perfección.

VERSIÓN ORIGINAL EN INGLÉS:

THE GIFT

As the wise men of old brought gifts
   guided by a star
      to the humble birthplace

of the god of love,
   the devils
      as an old print shows
retreated in confusion.

   What could a baby know
      of gold ornaments
or frankincense and myrrh,
   of priestly robes
      and devout genuflections?

But the imagination
   knows all stories
      before they are told
and knows the truth of this one
   past all defection

The rich gifts
   so unsuitable for a child
      though devoutly proffered,
stood for all that love can bring.

   The men were old
      how could they know
of a mother's needs
   or a child's
      appetite?

But as they kneeled
   the child was fed.
      They saw it
and
   gave praise!

      A miracle
had taken place,
   hard gold to love,
a mother's milk!
   before
      their wondering eyes.

The ass brayed
   the cattle lowed.
      It was their nature.

All men by their nature give praise.
   It is all
      they can do.

The very devils
   by their flight give praise.
      What is death,
beside this?

   Nothing. The wise men
      came with gifts
and bowed down
   to worship
   this perfection.

(William Carlos Williams, Poesía reunida. Traducciones de
Edgardo Dobry, Juan Antonio Montiel y Michael Tregebov.
Barcelona, Lumen, 2017)



William Carlos Williams (1883-1963) fue un escritor estadounidense. Vivió la mayor parte de su vida en Rutherford, New Jersey. Ejerció como médico y escribió dramas, prosa variada y poesía.

De padre con ascendencia inglesa y madre puertorriqueña con ascendencia francesa, dominó pronto el inglés, el francés y el castellano. Cursó dos años en Suiza y París (1897-1899), pero terminó el bachillerato en Nueva York. Estudió Medicina en la Universidad de Pensilvania, donde conoció a los poetas Hilda Doolite y Ezra Pound, que le  influyeron en sus inicios. Se especializó en Pediatría en Leipzig. Desde 1910 fue médico en Paterson y en su ciudad natal, donde se estableció definitivamente en 1911. Trabajó en el Hospital General de Passaic (actual St. Mary's), donde fue jefe de pediatría desde 1924. En 1912 contrajo matrimonio con Florence Herman (1891-1976), la "Flossie" de sus poemas.

Su producción poética de los primeros años se asocia al modernismo y al imagismo, pero pronto abandonó la  experimentación para escribir una poesía que jugaba con las posibilidades del inglés coloquial y se centraba en la experiencia cotidiana. Contrario al cosmopolitismo de Pound y al estilo intelectual de T. S. Eliot, quiso desarrollar una poética netamente americana basada en un credo objetivista y localista cuyo núcleo resumió en la frase "no ideas, but in things" ("ninguna idea, salvo en las cosas"), que apareció enunciado por primera vez en el poema "A manera de canción", de 1944, y que posteriormente se convirtió en leitmotiv de Paterson

Respecto a la métrica, Williams acuñó el término "pie variable", que nunca definió claramente, aunque se refería, de forma vaga, al método para determinar los saltos de línea. Se trataría de "un dispositivo métrico para resolver el conflicto entre la forma y la libertad en el verso". Su objetivo era mostrar el ritmo estadounidense, que, para el poeta,  se diferenciaba del europeo y estaba presente en el lenguaje cotidiano de sus compatriotas.

Entre sus principales obras, figuran: Kora en el infierno (1920), La música del desierto y otros poemas (1954), Viaje al amor (1955), Cuadros de Brueghel (1962) y los cinco tomos de Paterson (1946-1958), su proyecto más ambicioso y la culminación de su búsqueda de un espacio poético estadounidense. Su influencia como poeta creció lentamente durante los años 20 y 30, pues según él, su poesía quedó ensombrecida por la enorme popularidad de La tierra baldía (1922), de Eliot. No obstante, en los años 50 y 60 gozó del reconocimiento de los poetas más jóvenes, como Allan Ginsberg, que lo consideraba su mentor, e influyó en el movimiento Beat, en la escuela poética de Black Mountain y en la escuela de Nueva York. Recibió el Premio Nacional del Libro de Poesía en 1950 y el año de su muerte, a título póstumo, el Premio Pulitzer de Poesía por Cuadros de Brueghel y otros poemas.

Otros poemas del autor en este blog:

domingo, 29 de diciembre de 2019

"Happy New Year", de Julio Cortázar

Foto: Jeanloup Sieff



Happy New Year

Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche
de fin de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

                                                   31 de diciembre de 1951

 De Salvo el crepúsculo, 1984

Julio Cortázar (1967)./ Sara Facio [wikipedia]

Julio Cortázar
, uno de los grandes renovadores de la narrativa hispanoamericana,  fue escritor, traductor y guionista argentino. 

De padres argentinos, nació en Bruselas en agosto de 1914, pues su padre era agregado comercial en la embajada argentina en Bruselas. Su nacimiento coincidió con la ocupación de la ciudad por los alemanes durante la Primera Guerra Mundial. Los Cortázar  se refugiaron en Suiza y poco después en Barcelona, hasta que en 1918 pudieron regresar a su país. Pasó el resto de su infancia y su adolescencia en el suburbio bonaerense de Banfield, junto a su madre, su única hermana y su abuela, pues su padre los abandonó cuando Cortázar tenía seis años. Fue una etapa poco feliz para él, un joven enfermizo que pronto encontró refugio en la lectura y se convirtió en un escritor precoz.

Se formó como maestro (1932)  y profesor en Letras (1935) en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta. Comenzó la carrera de Filosofía y Letras en 1935, pero la abandonó para trabajar y ayudar a su madre. Impartió clases en  Bolívar, Saladillo, en la Escuela Normal de Chivilcoy y, desde 1944,  en la Universidad Nacional de Cuyo, en la ciudad de Mendoza, trabajo que tuvo que abandonar por motivos políticos. Publicó artículos y relatos en revistas literarias. Tras conseguir en 1948  el título de traductor público de inglés y francés, emigró para siempre a París en octubre de 1951, becado por el Gobierno francés.  En diciembre de 1952 se le unió en París Aurora Bernárdez,  traductora argentina de ascendencia gallega a quien había conocido en 1948. Habían iniciado una relación antes de la marcha de Cortázar y habían planeado viajar juntos a París, donde contrajeron matrimonio civil el 22 de agosto de 1953.  Poco después, Cortázar consiguió trabajo como traductor temporal de la UNESCO, entidad para la que trabajó también Aurora. Juntos viajaron por distintos países y vivieron la época más fecunda del escritor. En los años 60 se ocupó de la traducción, considerada canónica, de la obra en prosa de Edgar Allan Poe para la Universidad de Puerto Rico.

En 1967 el matrimonio se separó y Cortázar se unió a la lituana Ugné Karvelis, con la que no se casó, y en 1970, tras divorciarse de Aurora, contrajo matrimonio con la fotógrafa y escritora Carol Dunlop.  En esta época manifiesta un enorme interés por la política, interés que se había  despertado con su viaje a Cuba en 1963 y que le llevó a donar los derechos de autor de alguna de su obras a los presos políticos de diferentes países. En 1970 visitó el Chile de Salvador Allende y, un año después, se opuso junto a un grupo de escritores a la detención del  cubano Heberto Padilla. En 1974 se manifestó a favor de la libertad  de Juan Carlos Onetti, detenido por la dictadura argentina por formar parte del jurado que premió el cuento "El guardaespaldas" de Nelson Marra. En 1973 publicó su novela más comprometida políticamente, El libro de Manuel, galardonado en 1974 con el Premio Médicis Étranger, cuyo importe donó al Frente Unificado de la resistencia chilena. Ese mismo año formó parte del Tribunal Russell reunido en Roma para estudiar la violación de los Derechos Humanos en América Latina. En 1976 viajó clandestinamente  a Nicaragua para entrevistarse con los dirigentes del Frente Sandinista Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez.

Cortázar, en el Pont Neuf de París./ Antonio
Gálvez
En 1981 el presidente Mitterrand le otorgó la nacionalidad francesa. La muerte de Carol en noviembre de 1982 lo sumió en una profunda depresión, a pesar de lo cual, en 1983, una vez acabada la dictadura, pudo viajar por última vez a su país. Murió en París el 12 de febrero de 1984 a causa de la leucemia y fue enterrado en el cementerio de Montparnasse. Aurora Bernárdez (1920-2014), que lo acompañó tras la muerte de Carol, fue la heredera única de su obra publicada y su albacea literaria.

Cortázar fue un maestro del relato breve, género en el que destacó tempranamente. En sus primeros cuentos es evidente la influencia de Borges; sin embargo, Cortázar se centra en sucesos cotidianos y personajes normales, afectados de pronto por fenómenos o presencias extrañas, que ellos no consideran como anormales. Esos hechos extraordinarios que irrumpen en la vida cotidiana desbordan el racionalismo de los lectores, haciéndoles sentir la presencia de otra causalidad, la mágica,  y desvelando facetas desconocidas de la realidad. Reunió sus cuentos en varios volúmenes: Bestiario (1951), Final del juego (1956), Las armas secretas (1958, que incluye la novela corta El perseguidor, obra maestra del género), Todos los fuegos el fuego (1966), Último round (1972), Octaedro (1974), Alguien que anda por ahí (1977), Un tal Lucas (1979) y Queremos tanto a Glenda (1981).

Aurora y Cortázar, en la India, 1956
(elpais.com)
Cortázar es autor asimismo de una de las novelas más innovadoras de la literatura hispanoamericana contemporánea, Rayuela (1963), obra dividida en tres partes -de una de las cuales se puede prescindir, según el escritor-, y en 155 capítulos que se pueden leer en dos órdenes distintos. Una novela vanguardista que narra la historia de amor entre el argentino Horacio Oliveira y la figura prodigiosa de la Maga, en la que se utiliza la técnica del collage, distintos tipos de narrador o rupturas temporales. Escribió también libros de difícil clasificación como la original Historias de cronopios y de famas (1962) o La vuelta al día en ochenta mundos (1967).

La poesía, que empezó a escribir a los doce años, fue la gran pasión de Cortázar, según Aurora Bernárdez, para quien  Cortázar era poeta hasta cuando escribía en prosa. Sin embargo, la brillantez de su  narrativa, por una parte,  y la timidez del escritor  para mostrar unos versos que descubren sus más profundos sentimientos, por otra, explica el olvido de su obra poética, reunida en tres poemarios. En 1938 publicó, con el seudónimo de Julio Denis, Presencia, un libro de sonetos, al que siguieron Pameos y meopas (1971) y Salvo el crepúsculo (1984), cuyo título procede de un haiku de  Basho. Se trata de una poesía muy próxima a sus vivencias personales: "La mejor biografía que uno puede encontrar sobre Julio Cortázar está en sus poemas", en opinión de Aurora Bernárdez, lo que  el poema seleccionado ilustra a la perfección. Incluido en la sección "Ars Amandi" de Salvo el crepúsculo,  fue compuesto 31 de diciembre de 1951, la primera noche de fin de año que Cortázar pasó en París, lejos de sus tierra y de las personas queridas. Por ello el yo poético expresa su nostalgia de la persona amada  y su deseo de tenerla con él en un momento tan especial.

Carol Dunlop y  Julio Cortázar. Fotografía incluida en el libro
Los autonautas de la cosmopista. © Fondo Aurora Bernárdez, CGAI
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