EL BLOG DE LA BIBLIOTECA "IRENE VALLEJO" DEL IES GOYA DE ZARAGOZA


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domingo, 21 de febrero de 2016

Tres poemas de Blanca Varela

Foto: Josefina López


                 A rose is a rose*


inmóvil devora luz 
se abre obscenamente roja
es la detestable perfección
de lo efímero
infesta la poesía
con su arcaico perfume

        De Valses y otras falsas confesiones, 1972



            Strip tease


quítate el sombrero
si lo tienes
quítate el pelo
que te abandona
quítate la piel
las tripas     los ojos
y ponte un alma si la encuentras

        De El falso teclado, 2000



           A media voz  


la lentitud es belleza
copio estas líneas ajenas
respiro
            acepto la luz
bajo el aire ralo de noviembre
bajo la hierba sin color
bajo el cielo cascado y gris
            acepto el duelo
y la fiesta

no he llegado
no llegaré jamás
en el centro de todo está el poema
intacto sol
ineludible noche

sin volver la cabeza
merodeo su luz
               su sombra
animal de palabras
husmeo su esplendor
su huella
              sus restos
todo para decir
que alguna vez estuve
atenta desarmada
                                     sola
casi en la muerte
casi en el fuego

            De Canto villano, 1978


 En Donde todo termina abre las alas. Poesía reunida 
(1949-2000). Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2001

*A rose is a rose, cita de la escritora estadounidense Gertrude Stein (1874-1946), en la que la  rosa aparece despojada de la carga simbólica de que la ha dotado la tradición poética,  convirtiéndola en arquetipo de la mujer, la pasión y la belleza de lo efímero.


Blanca Varela (Lima, 1926-2009) está considerada la más importante poeta peruana del siglo XX. Nacida en el seno de una familia de escritores y artistas, su madre fue Esmeralda González, una compositora de valses y autora de textos criollos, más conocida por el seudónimo de Serafina Quinteros. 
   En 1943 ingresó en la Universidad Mayor de San Marcos de su ciudad, para estudiar Letras y Educación. En esta época  se inicia en la poesía y entra en contacto con poetas de la Generación del 50 (a la que pertenece por fecha de nacimiento), como Jorge Eduardo Eielson, Javier Sologuren* o Sebastián Salazar Bondy, con quienes formaría el grupo de los denominados por la crítica "poetas puristas" por oposición a los poetas sociales. También comienza a asistir a la tertulia de la Peña Pancho Fierro; en ella conocerá a César Moro y a José María Arguedas,  a los españoles Pedro Salinas*, Dámaso Alonso* y Corpus Barga  y a Christopher Isherwood. Finaliza sus estudios en 1947, y dos años más tarde contrae matrimonio con el pintor  Fernando de Szyszlo, con quien tuvo dos hijos y del que más adelante se divorciaría. 
   El mismo día de su boda el matrimonio emprende viaje a París, donde Blanca Varela permanecerá casi diez años, ocho de ellos con su esposo. Allí conoció a Sartre, Simone de Beauvoir, Michaux, Giacometti, Léger y a Octavio Paz*, figura determinante en su carrera y su introductor en los círculos de intelectuales y artistas latinoamericanos y españoles radicados en Francia, de los que formaban parte Julio Cortázar, Ernesto Cardenal* y Rufino Tamayo, entre otros. 
   Más tarde vivió en Florencia, y entre 1957 y 1960 el matrimonio y sus dos hijos residieron en Washington DC; en ambas ciudades la escritora se dedicó a la traducción y al periodismo. En 1962 regresó a Lima, y mantuvo contactos esporádicos con los ambientes literarios.  Fue secretaria general del Centro Peruano del PEN Club Internacional (1977-1979) y dirigió la oficina en Lima de la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica (1974-1997), además de colaborar en varias revistas. En 1996 recibió la Medalla Internacional Gabriela Mistral, otorgada por el gobierno chileno a figuras relevantes del mundo de la cultura. En 2001  fue galardonada con el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo, en 2006 con el Federico García Lorca, y en 2007 con el Reina Sofía de Poesía.

La breve y concentrada obra de Blanca Varela (apenas  unas 250 páginas) incluye ocho libros. Publicó el primero en 1959,    por iniciativa de Octavio Paz, que editó, prologó y dio título al mismo: Ese puerto existe. Le seguirán  Luz de día (1963), Valses y otras falsas confesiones (1972), Canto villano (1978), Ejercicios materiales (1993), El libro de barro (1993), Concierto animal (1999) y El falso teclado (2000).
    Su poesía, forjada al margen de tendencias y generaciones, no resulta fácil de clasificar. La propia autora decía de ella que no le gustaba pero que era la única que podía escribir, y la definía como una poesía honesta que transmite una visión del mundo "como duro, difícil, pero a veces hermoso". De  la poesía de Blanca Varela se ha dicho que  es una forma de descubrir la realidad individual y colectiva, una exploración del subconsciente y de una cotidianeidad marcada por el tedio, así como una visión insatisfecha y dolorosa de una vida incapaz de alcanzar la plenitud.

Otros poemas de la autora en este blog: 


*Entradas relacionadas:
-Javier Sologuren:
http://elhacedordesuenos.blogspot.com.es/2012/10/el-paso-de-los-anos-de-javier-sologuren.html
-Pedro Salinas:
http://elhacedordesuenos.blogspot.com.es/2013/10/si-me-llamaras-si-de-pedro-salinas.html
-Dámaso Alonso:
http://elhacedordesuenos.blogspot.com.es/2015/02/ciencia-de-amor-de-damaso-alonso.html
-Octavio Paz:
http://elhacedordesuenos.blogspot.com.es/2011/10/poema-de-la-semana_9452.html
-Ernesto Cardenal:


viernes, 19 de febrero de 2016

Raúl Vacas, un ilusionista de las palabras


   Ayer, jueves 18 de febrero, vino al instituto Raúl Vacas a hablarnos del libro de poesía que estamos leyendo en clase, Esto y ESO*. Nos contó que había empezado a escribir poesía a temprana edad, pero casi nadie de su clase lo sabía salvo un compañero y un profesor, porque entonces se veía extraño en un chico y, por eso, al principio le daba vergüenza. Dijo que la poesía le había cambiado la vida y que su poeta favorito es Miguel Hernández porque tuvo una vida dura ya que lo metieron en la cárcel por cómo pensaba y no quiso cambiar de opinión para poder salir.
  Nos contó en qué se inspiró para hacer determinados poemas de su libro. Para ello, sacó de una vieja maleta unos objetos que él había modificado para crear poemas: una cámara antigua, que en lugar de hacer fotos sacaba haikus; una cajetilla de tabaco, en la que había cambiado la advertencia que ponía por fuera y donde los cigarrillos eran poemas enrollados. Esto nos pareció “súper divertido” y curioso porque de lejos parecía una caja de tabaco con cigarrillos de verdad. También había un espejo de una antigua moto suya con el cual leyó uno de sus poemas escritos para ser leídos frente al espejo. Este juego era para intentar reconocernos  a nosotros mismos dentro del poema y ver si nos sentíamos reflejados en sus versos. Nos enseñó otros objetos que él había convertido en maravillosos.

  Nos habló de su punto de vista de los poemas; de que en muchos casos la poesía le servía para desahogarse y, también, que a las palabras no se les da la importancia que realmente tienen. Los poemas necesitan mucho tiempo, paciencia y soledad. No son algo que haya que forzar. Y hasta de algo muy cotidiano puede salir un poema.

Carinia Costache, Estela Cervero y Aroa Haisheng Soro (2º B de ESO)


Raúl Vacas agradeciendo el regalo de un mural de poemas
con versos acrósticos de un grupo de alumnos

¿Cuál ha sido nuestra valoración? He aquí una muestra de opiniones:

- Melissa Jiménez: Me ha gustado mucho la charla, sobre todo sus inventos. Ha sido muy entretenido.
- Gabriel Ostáriz: Me ha gustado porque me he sentido identificado con Raúl Vacas debido a que a mí me gusta también la poesía.
- Sara Joustra: Ha estado muy  bien, ha sido divertido e interesante. Tiene ideas muy originales con lo de la maleta.
- Marcos Duque: Sinceramente, no es que me entusiasme demasiado el libro porque muchos poemas tienen referencias de otros autores que nosotros no conocemos. Además hay poemas que no entiendo y otros que me parecen ridículos. Pero por ello el libro no es malo, simplemente a mí no me gusta.
- Bereket Ezpeleta: Me ha parecido un escritor muy listo y la verdad es que me ha hecho ver la poesía de otro modo, ha conseguido que me guste por su visión humorística y de juego, me ha hecho gracia.
- Cari Costache: La charla me ha parecido muy interesante y los objetos que guardaba en su maleta eran muy ingeniosos e imaginativos. Su punto de vista de la poesía es un poco diferente a como pensaba que iba a ser. Y también me ha parecido un hombre gracioso y simpático.
- Estela Cervero: Me ha gustado mucho la charla porque, al ser un escritor de poesía, explicaba las cosas de manera distinta a un escritor de una novela. Lo de la maleta me ha gustado mucho porque había cosas que no te esperabas que pudieran estar allí dentro.
- Alondra Firpo: Me ha parecido una persona muy graciosa y divertida por las anécdotas increíbles que nos ha contado. Ha sido muy entretenido, no me lo esperaba así.
- Manuela Calderón: La idea de la maleta con objetos sorprendentes como las “fotografías haikus” me ha parecido muy original ya que no es algo que se vea habitualmente. La charla me ha gustado bastante, aunque no esté de acuerdo al 100% con su opinión sobre la tecnología, y me gustaría que volviera al instituto algún otro día.

*Entrada relacionada:




miércoles, 17 de febrero de 2016

Rosa Montero: "Un pequeño error de cálculo"

Pintura de La Valltorta, Castellón


UN PEQUEÑO ERROR DE CÁLCULO


    Regresa el Cazador de su jornada de caza, magullado y exhausto, y arroja el cadáver del tigre a los pies de la Recolectora, que está sentada en la boca de la caverna separando las bayas comestibles de las venenosas. La mujer contempla cómo el hombre muestra su trofeo con ufanía, pero sin perder esa vaga actitud de respeto con que siempre la trata; frente al poder de la muerte del Cazador, la Recolectora posee un poder de vida que a él le sobrecoge. El rostro del Cazador está atirantado por la fatiga y orlado por una espuma de sangre seca; mirándole, la Recolectora recuerda al hijo que parió en la pasada luna, también todo él sangre y esfuerzo. Se enternece la mujer, acaricia los ásperos cabellos del hombre y decide hacerle un pequeño regalo: durante el resto del día, piensa ella, y hasta que el sol se oculte por los montes, le dejará creer que es el amo del mundo.

                                        En  Por favor, sea breve. Antología de relatos hiperbreves, Páginas de espuma, 2001


Rosa Montero (Madrid, 1951) es escritora y periodista. Estudió periodismo y psicología. Colaboró con grupos de teatro independiente, como Canon o Tábano, a la vez que empezaba a publicar en diversos medios informativos.

Desde finales de 1976 trabaja en exclusiva para el diario El País, en el que fue redactora jefa del suplemento dominical (1980-1981). Ha ganado el Premio Mundo de Entrevistas (1978), el Premio Nacional de Periodismo para reportajes y artículos literarios (1980) y el Premio de la Asociación de la Prensa de Madrid a toda una vida profesional (2005).

Ha publicado las siguientes novelas: Crónica del desamor (1979), La función Delta (1981), Te trataré como a una reina (1983), Amado Amo (1988), Temblor (1990), Bella y Oscura (1993), La hija del caníbal (Premio Primavera de Novela 1997), El corazón del Tártaro (2001), La loca de la casa (2003), Premio Qué Leer 2004 al mejor libro del año, Premio Grinzane  Cavour al mejor libro extranjero publicado en Italia en 2005 y Premio "Roman Primeur" 2006 en Francia; Historia del rey transparente (2005) , Premio Qué Leer al mejor libro del año 2005, y Premio Mandarache 2007 ; Instrucciones para salvar al mundo (2008), Premio de los Lectores del Festival de Literaturas Europeas de Cognac (Francia), en 2011; Lágrimas en la lluvia (2011); Lágrimas en la lluvia. Cómic (2011), Premio al Mejor Cómic 2011 por votación popular (Salón del Cómic de Barcelona); La ridícula idea de no volver a verte (2013), Premio de la Crítica de Madrid (2014), y El peso del corazón (2015).

Ha publicado, además, el libro de relatos Amantes y enemigos, Premio Círculo de Críticos de Chile 1999, y dos ensayos biográficos, Historias de mujeres y Pasiones, así como cuentos para niños y recopilaciones de entrevistas y artículos.

Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas, es Doctora Honoris Causa por la Universidad de Puerto Rico y Premio Internacional Columnistas del Mundo 2014.


[La fotografía de Rosa Montero está tomada de laverdad.es, y la información sobre la autora, de su página oficial]

Actualización (14 de noviembre de 2017):
Rosa Montero ha sido galardonada con el Premio Nacional de las Letras 2017, por el conjunto de su obra.

domingo, 14 de febrero de 2016

"El beso", de Ernestina de Champourcín



                                  EL BESO


   ¡Tus labios en mis ojos!
Qué dulzura de estrellas alisa lentamente
mis párpados caídos...
Nada existe del mundo. Sólo siento tu boca
y el temblor de mi espíritu hecho carne de luz.
   Sé cruel al besarme. Desgarra mis pupilas
y arranca de su sombra la lumbre de mi sueño.
Con ella te daré mi última mirada.
   ¡Abrásame los ojos! Que el peso de tus labios
despoje mi horizonte de lo que tú no has visto.
Quiero olvidarlo todo y anularme en la niebla 
que ciñen tus caricias.

                                        De Cántico inútil, 1936

Ernestina Michels de Champourcín y Morán de Loredo, poeta española, pertenece por edad, amistad y estilo a la generación del 27, si bien esta condición ha sido cuestionada e incluso ignorada, a pesar de que Gerardo Diego la incluyó en la segunda edición de su antología Poesía española contemporánea, de 1934.  
    Nació el 10 de julio de 1905 en Vitoria. Su padre, barón de Champourcín, era un abogado de ideas monárquicas cuya familia procedía de Provenza. Su madre, hija única de un militar asturiano, nació en Montevideo, pero viajó con frecuencia a Europa. Ernestina recibió desde niña  una exquisita educación a cargo de institutrices francesas e inglesas, por ello dominaba el inglés y el francés, algo poco frecuente en la España de la época, y más tratándose de una mujer. Este conocimiento de idiomas le permitió convertirse en la madurez en una excelente traductora. 
    Pasó su infancia y su juventud en Madrid. A partir de los diez años estudió en el colegio Sagrado Corazón  y más tarde  se examinó de bachillerato, como alumna libre,  en el instituto Cardenal Cisneros. A pesar de su interés, no pudo ingresar en la universidad por la oposición de su padre. Su  preocupación por la cultura femenina la llevó a colaborar en el Lyceum Club Femenino (fundado por María de Maetzu y Concha Méndez en 1926), del que fue secretaria y encargada de asuntos literarios. En el Lyceum se desarrolló una intensa actividad cultural y en sus tertulias participaron los principales artistas e intelectuales de la época. En 1930 conoció al poeta  Juan Domenchina, secretario personal del Presidente Manuel Azaña, con quien contrajo matrimonio civil  en noviembre de 1936.
Champourcín y Domenchina
   Al comenzar la Guerra Civil,  Zenobia Camprubí, esposa de Juan Ramón Jiménez y presidenta de la Junta de Protección de Menores, solicitó su ayuda para paliar la situación de desamparo en que habían quedado algunos huérfanos. Ernestina cocinó para ellos en un viejo convento situado en la calle Fúcar hasta que, debido a la violencia  en las calles y a los lazos familiares de Ernestina, Zenobia le aconsejó que no volviera. Después cuidó niños en una guardería del Instituto-Escuela y colaboró en el hospital de sangre, presidido por Lola Rivas Cherif de Azaña, al que trasladaban a los heridos del frente de la sierra. En noviembre de 1936, poco después de su boda,  el matrimonio fue evacuado a Valencia, y más adelante, cuando todo estaba perdido para los republicanos, se vieron obligados a trasladarse a Barcelona.
   Al finalizar la guerra,  marcharon al exilio en Francia y, finalmente, una invitación de Alfonso Reyes, de la Casa de España en México, los llevó a este país. Ernestina se adaptó con facilidad a su nueva vida, pero no así su esposo, que se sintió siempre un transterrado. En México, Ernestina colaboró en revistas literarias y trabajó como intérprete para la Asociación de Personal Técnico de Conferencias Internacionales y tradujo unos cincuenta volúmenes para la editorial Fondo de Cultura Económica. Juan Domenchina falleció en 1959 y Ernestina sufrió una crisis espiritual que la acercaría al Opus Dei. En 1972 regresó a España y se instaló en Madrid, donde murió en 1999. 
    Solo a partir de 1989 fue reconocida en su país, con el Premio Euzkadi de Poesía, el Premio Mujer Progresista, la creación en Vitoria del Certamen de Poesía Ernestina de Champourcín, la nominación al Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1992 y la concesión de la Medalla al Mérito Artístico del Ayuntamiento de Madrid en 1997.



En la producción poética de Ernestina Champourcín se distingue una primera etapa cuyo tema principal es el amor humano y que abarca los cuatro libros escritos antes de la Guerra Civil: En silencio (1926), Ahora (1928), La voz del viento (1931) y Cántico inútil (1936). En ella evoluciona desde una poesía influida por el romanticismo tardío y el modernismo hasta una poesía pura bajo el magisterio de Juan Ramón. 
   Su segunda etapa está separada de la anterior por un largo paréntesis durante el cual la escritora, dedicada a la traducción como medio de vida, no tiene apenas tiempo para escribir. Este nuevo periodo, centrado en en el amor divino y la inquietud religiosa, comprende los libros Presencia a oscuras (Madrid, 1952), El nombre que me diste... (México, 1960), Cárcel de los sentidos (México, 1964), Haikais espirituales (México, 1967), Cartas cerradas (1968) y Poema del ser y del estar (Madrid, 1972). 
   El regreso del exilio da lugar a una nueva etapa en su poesía (la mejor, en opinión de algunos estudiosos), en la que se conjuga la evocación de lugares y momentos del pasado con la reflexión sobre el paso del tiempo, la conciencia de la vejez y la búsqueda de la verdad. Pertenecen a ella Primer exilio (1978), La pared transparente (1984), Huyeron todas las islas (1988) y Presencia del pasado (1996). En 1991 apareció la recopilación de gran parte de su poesía bajo el título de Poesía a través del tiempo.
    El poema elegido, formado por doce versos sin rima (tres heptasílabos y nueve alejandrinos), expresa un anhelo absoluto de amor, un deseo de entrega total, de unión definitiva mediante la disolución del yo poético en el tú.

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domingo, 7 de febrero de 2016

"Sonatina", de Rubén Darío





                        SONATINA

   La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave[1] sonoro;
 y en un vaso olvidada se desmaya una flor.

   El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

   ¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda[2] o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz[3]?

   ¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

   Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos[4] del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

   ¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Esta presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real,
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas[5],
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

   ¡Oh quién fuera hipsipila[6] que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(la princesa está pálida, la princesa está triste)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

  —¡Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—,
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor!

            De Prosas profanas, 1896 y 1901




[1] clave o clavecín, instrumento musical con cuerdas y teclado 
que se caracteriza por el modo de herir dichas cuerdas desde 
abajo por picos de pluma que hacen el oficio de plectros.
[2] Opulenta ciudad de la India antigua.
[3] Isla a la entrada del golfo Pérsico famosa por sus perlas.
[4] Planta ninfácea, de flores blancas o amarillas, que comprende 
el loto de la India.
[5] Pica con cuchilla en forma de media luna.
[6] Mariposa.

Ayer se cumplió el primer centenario de la muerte del poeta nicaragüense Rubén Darío (Metapa, hoy Ciudad Darío, 18 de enero de 1867-León, Nicaragua, 6 de febrero de 1916), gran renovador de la lírica en castellano y uno de los autores que mayor influencia ha ejercido en la poesía hispanoamericana del siglo XX.

"Sonatina", uno de sus poemas más conocidos, apareció en el diario La Nación de Buenos Aires el 17 de junio de 1895 y fue incluido en la primera edición de Prosas profanas y otros poemas (Buenos Aires, Imprenta de Pablo E. Coni e hijos, 1896). Narra una historia enmarcada en un mundo de fantasía, un cuento de hadas, cuya princesa protagonista se siente presa en su palacio y espera la llegada de un príncipe salvador. Se trata de un argumento recurrente en el Modernismo que, como indica José Vicente Nebot Nebot*, "Darío adorna con su imágenes refinadas y estetizantes: flores y metales preciosos que consiguen un valor cromático, mariposas, aves, animales fantásticos y mitológicos y miradas hacia oriente". La historia ha sido relacionada con el cuento de la Bella Durmiente, liberada del sueño-muerte por el beso del príncipe. Según el autor, el tema de "Sonatina" es el despertar de la adolescencia, la espera del amor, la alegoría de las ansias  amorosas de la mujer: el poema "contiene el sueño cordial de toda adolescente, de toda mujer que aguarda el instante amoroso.Es el deseo íntimo, la melancolía ansiosa, y es, por fin, la esperanza" (Historia de mis libros, pág. 143).

Compuesto por sextetos de versos alejandrinos de ritmo dactílico, con acento en la sílabas tercera y sexta de cada hemistiquio, es una de las composiciones más representativas de Rubén Darío y del Modernismo, por su perfección formal, su musicalidad y la plasticidad y elegancia de las imágenes. Parte de la crítica ha visto en el poema una muestra  de preciosismo vacío y superficial en el que no encontramos la emoción del sentimiento ni profundidad de pensamiento.

Pero otros críticos consideran que  contiene algo más que belleza y perfección formal. Así, Jaime Concha explica que el poema admite dos niveles de lectura, como anécdota maravillosa o como alegoría de un estado de alma. De acuerdo con esta segunda lectura, la princesa se convierte en símbolo del alma prisionera y angustiada del poeta  que espera el amor que lo salve, y el anhelo de libertad de la princesa puede interpretarse como búsqueda de la belleza y del misterio  de la trascendencia. Alberto Acereda Extremiana** recuerda, a este respecto,  las circunstancias en que Rubén Darío compuso "Sonatina", angustiado por "su tragedia vital y sentimental": por la muerte de su esposa Rafaela Contreras el 26 de enero de 1893, por la trampa tendida al poeta dos meses después por la familia de Rosario Murillo, con quien había mantenido una relación, para casarlo con ella bajo los efectos del alcohol, y por la muerte de la madre del poeta, Rosa Sarmiento, acaecida el tres de mayo de 1895, un mes antes de la publicación del poema.

María Luisa Redondo Figuero ("La poesía de la generación del 98 y modernismo", en Monte Buciero 2. Cursos 1998) explica el poema como una alegoría ambivalente:
la princesa prisionera en su palacio podría ser una personificación  de la belleza libertada por el poeta; aunque podría ser también un trasunto lírico del alma de Rubén que, triste ante la realidad que le rodea, anhela un mundo de ensueño, donde reine la belleza y la felicidad.
Para María A. Salgado, por el contrario,   el poema expresa el hastío del poeta no de la realidad que lo rodea, de la que se evade su poesía, sino "de su mundo poético, de ese mundo ideal forjado como escape y refugio  de su angustiosa realidad vital: [...] Darío confirma el fracaso de su mundo al rechazar   el palacio y el jardín encantado de su Bella-Durmiente"  ("El alma de la Sonatina").

*"Sobre la musicalidad en Prosas Profanas de Rubén Darío", en FÒRUM DE RECERCA, nº 16.
**"La expresión del alma en el modernismo: relaciones contextuales entre la Sonatina de Rubén Darío y algunos escritos de Amado Nervo", en www.cervantesvirtual.com.

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